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Blog de masallaesoteric
25 de Noviembre, 2010 · General

PARACELSO Maestro Rosacruz

PARACELSO ,EL MAESTRO ROSACRUZ  :

ARQUETIPO DEL ROSACRUZ VERDADERO... 

QUIEN ERA PARACELSO ?-SOBRE LA ALQUIMIA (POR ALVARO LOPEZ)-PARACELSO SEGUN WIKIPEDIA-MAS DATOS DE PARACELSO-PARACELSO Y AGRIPPA,SIMILITUDES-SOBRE LA DOCTRINA DE PARACELSO-LA ALQUIMIA DE PARACELSO SEGÚN JUNG-EL HOMUNCULO O ANDROIDE DE PARACELSO-PLANTAS CURATIVAS,SEGUN UN ESTUDIANTE DE PARACELSO-CANON FILOSOFICO (ALQUIMIA) DE PARACELSO-CATECISMO ALQUIMICO DE PARACELSO-LIBRO DE LOS PROLOGOS DE PARACELSO-LIBRO DE LAS ENTIDADES DE PARACELSO-TRATADO DE LOS SERES ELEMENTALES DE PARACELSO-EL APOCALIPSIS DE HERMES POR PARACELSO-LIBRO DE RENOVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE PARACELSO-LA ARCHIDOXIA MÁGICA  DE PARACELSO. 


QUIEN ERA PARACELSO ? : 
 

Teofrasto Bombast von Hohenheim nació el 10 de noviembre de 1493, (llamado Paracelso) fue un niño casi raquítico que contó con los amorosos cuidados de su padre que era médico y lo amaba profundamente. El Dr. ya creía fervientemente en el respirar aire libre y puro como forma de curación.

Autor: Carmen Linares 
 

Desde su corta infancia aprendió entonces a conocer la naturaleza, estudiando plantas, y hierbas curativas. Estudió gran variedad de plantas tanto de los prados, como de los bosques y de los pantanos.

El habla de su primer maestro, su padre que lo instruyó en latín, botánica y cirugía. En su  juventud lo envían al monasterio de los benedictinos de San Andrés en Levanthal y allí se conoce con el obispo Eberhard Baumgartener gran alquimista. Luego pasa a Basilea donde continúa con los estudios y alli es cuando reconoce que es imposible dedicarse a la medicina sin saber astrología.

Paracelso quería la unión del alma y el espíritu divino, para concebir el funcionamiento del Espíritu Universal dentro de la Naturaleza.

Fue el primero en hablar de la transmisión psíquica, o sea transmisión de pensamiento a distancia. En sus escritos se lee: ”la Magia es sabiduría, es el empleo consciente de las fuerzas espirituales, para la obtención de fenómenos visibles, o tangibles, reales o ilusorios, es el uso bienechor del poder de la voluntad, del amor y de la imaginación; es la fuerza mas poderosa del espíritu humano empleada en el bien. La Magia no es brujería.”

Paracelso fue  quien dividió la naturaleza en Fuego, Aire, Agua y Tierra como lo hacían los antiguos, pero él quería separalos y analizarlos. Su laboratorio era el de un gran alquimista, con crisoles, balanzas, alambiques.

Comparó y utilizó el Macrocosmos y Microcosmos y dice “la fe es una estrella luminosa que guía al investigador a través de los secretos de la Naturaleza.  Es necesario buscar vuestro punto de apoyo en Dios”. Y hace que el macrocosmos y el microcosmos no quede solo en teoría, sino que debe ser una terapéutica eficaz.

Para él “ un médico antes de extender una receta hay que mirar el cielo” “No se puede comprender al hombre, sino por medio del cielo, pues somos hijos del cielo”. “El médico debe ser lo Astral”.

Cuando fallece, se celebran sus funerales con gran pompa y en su lápida se lee la siguiente inscripción:

“Aquí yace Felipe Teofrasto Bombast von Hohenheim. Famoso doctor en Medicina que curó toda clase de heridas, la lepra, la gota, la hidropesía y otras varias enfermedades del cuerpo, con ciencia maravillosa. Murió el día 24 de septiembre del año 1541”.

Fuente: Mujer Bonita


SOBRE LA ALQUIMIA (POR ALVARO LOPEZ)

LA ALQUIMIA

La alquimia constituye uno de los grandes sistemas de desarrollo iniciático y esotérico de la humanidad. Este Arte Regio, como también se le llama en algunos escritos medievales, es muy amplio y antiguo, por lo que al igual que los otros grandes sistemas que aún hoy en día coexisten, es muy difícil tratarlos, con algo de profundidad, en unas pocas páginas. 
 Seguramente existe mucha información que sólo manejan unos pocos preparados e incluso que se ha perdido o está a la espera que aparezca la o las personas idóneas para cogerla y ponerla en práctica. Información teórica y práctica que pueden transformar completamente la vida o vidas de los que la apliquen. Después de todo la alquimia es la reina de las disciplinas que involucran cambios, y también una de las más misteriosas. Pero, aún así, se ha escrito suficiente sobre ella como para poder entregar una breva sinopsis sobre la parte más exotérica del tema, vale decir, su historia, sus postulados y otras cosas. 
 Es indudable que para poder captar las verdades esenciales que se esconden tras las enseñanzas de la alquimia, es necesario pertenecer a una Escuela de Desarrollo Real, en donde un verdadero Maestro irá entregando las distintas claves para ir desentrañando el misterio de las enseñanzas, afortunadamente he tenido la suerte de pertenecer a una de ellas y una pequeña cantidad de esta enseñanza ha quedado patente en mi ser. 
 Para comenzar tratemos de definir lo que el término alquimia significa o significará para propósitos de este capítulo de la obra. 
 No está claro la raíz etimológica de la palabra alquimia; algunos plantean que deriva de la palabra árabe en su forma al-Kimyá, cuya raíz a su vez deriva del griego (Kimyá), y que dice relación al nombre que el pueblo heleno daba a Egipto: Khem o Keme (tierra negra) y que a la vez puede indicar en alguna forma hacia el origen de este arte. 
 Otras versiones hacen derivar a alquimia de la raíz griega chyma, que significa derretir o fundir, estableciendo una relación con la operación más comúnmente encontrada en las prácticas de los alquimistas. 
 Sea como sea entendemos a alquimia como el conjunto de conocimientos  transmitidos en forma iniciática y esotérica que permitan la transmutación de los metales innobles (plomo, hierro) en oro o plata desde el punto de vista físico, y desde el punto de vista espiritual o metafísico la transformación real de las partes más densas de la existencia y del ser en energías y expresiones superiores y divinas.  A la primera la conoceremos como espagiria y la segunda como alquimia propiamente tal o alquimia mística o metafísica. Sea como sea, al parecer originalmente iban siempre unidas ambos aspectos de expresión. Este punto lo analizaremos en otro punto de este capítulo, el que se refiere a Principios, fundamentos y simbología alquímica. 
 

 BREVE RESEÑA HISTÓRICA

 Como sucede en la mayoría de estos cuerpos de conocimiento esotéricos es muy difícil de precisar cuando surge como una disciplina estructurada y definida. Sus orígenes se pierden en el tiempo y se confunden con los mitos, las leyendas y la realidad. 
 Algunos historiadores y esoteristas plantean que este arte es tan antiguo como la humanidad misma e incluso más. Zósimo, un alquimista de principios de la era cristiana, plantea que son los ángeles descendidos que se unen a las hijas de los hombres los que transmiten los misterios de este conocimiento . De esta forma se estructura toda una cadena de enseñanza entre los antiguos patriarcas hebreos antes del diluvio. Noé habría sido depositario de este conocimiento y lo habría transmitido a sus sucesores, de esta manera habría llegado hasta nuestros días. 
 Como vimos en la definición previa la palabra alquimia podría referirse al pueblo de Egipto, por lo que se plantea que allí justamente tuvo su origen. Es interesante observar que la historia tradicional se inclina más a creer que este es justamente el punto de origen de esta disciplina. Al respecto la arqueología ha descubierto, hace más de un siglo,  dos papiros  muy interesantes, conocidos con los nombres de Papiros de Leyden y de Estocolmo. Sus autores son desconocidos, pero su valor radica en que son los escritos más antiguos que se conocen en donde se tratan temas de alquimia. Se piensa que estos dos papiros fueron escritos hacia fines del siglo III d. de C., y específicamente contienen cientos de recetas para la preparación del oro, la plata, el asemos, piedras preciosas y colorantes. Y más significativo es que uno de estas antiguas reliquias nombre al alquimista Demócrito. 
 De haber nacido la alquimia en Egipto,  es interesante observar que se ha tratado de establecer una estrecha relación con Hermes Trismegisto. Específicamente este gran Iniciado habría sido el que confeccionó la Tabla de Esmeralda, una pieza de esmeralda en el que se encuentran grabados los fundamentos y preceptos del arte alquímico y del Hermetismo en general (las Leyes Universales). Según la leyenda habría sido Alejandro Magno, quien después de conquistar Egipto, habría arrancado de las manos del cadáver de Hermes que descansaba en la Gran Pirámide de Gizeh, esta Tabla de Esmeralda. 
 Por otra parte otra posición plantea que las bases de la alquimia fueron establecidas en la antigua Grecia. Específicamente un mago de Medea (Persia) llamado Ostanes habría instruido en el arte a Demócrito y a partir de allí se habría iniciado una cadena de transmisión de este conocimiento hasta los días de hoy. 
 El centro cultural de donde más se desarrollaron las teorías, fundamentos y prácticas alquimistas fue Alejandría, ciudad de Egipto fundada por el sucesor de Alejandro El Grande: Ptolomeo I. En esta ciudad se produjo uno de los sucesos culturales  y de progreso más interesante en la historia de la humanidad. Los Ptolomeos otorgaron las garantías necesarias para que se desarrollaran las artes y la ciencia, principalmente a través de su famosa Biblioteca y Museum, especie de universidad multidisciplinaria. En este centro se dieron cita las mentes más brillantes de la época antigua y se llevaron a cabo los experimentos más decidores para el futuro del conocimiento humano. 
 No es de extrañar que en este crisol maravilloso la alquimia se haya enriquecido en su doctrina con diversos matices filosóficos, esotéricos y místicos, así como también ella misma influyó otras corrientes de pensamiento. Seguramente una de las corrientes que más interactuaron con la alquimia en esta época fue el Gnosticismo, el cual habíase fortalecido y rejuvenecido en el reciente advenimiento del Cristianismo. 
 Posteriormente al gran auge que tuvo la alquimia en Alejandría, ésta tuvo la gran influencia de los árabes, ya que éstos invaden Egipto. Todo esto permite la introducción a nuevos conceptos doctrinales provenientes del esoterismo islámico. Alquimistas árabes destacados fueron muchos, entre otros podemos nombrar a Cahlid Ibn Jazid, Yabir, Geber y Avicena. Este último especialmente se destacó en la búsqueda de una nueva aplicación de la piedra filosofal (elixir de la vida), la de otorgar salud y vida eterna. Precisamente elixir es una palabra árabe que significa piedra. 
Otro gran alquimista de principios de medioevo que buscó principalmente el objetivo de sanación y cura, fue Arnaldo de Vilanova. Fue importante y famoso médico de connotadas cortes de la época. 
 San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino y Roger Bacon son algunos de los nombres que sobresalen en el estudio de la cuestión alquímica de la época. 
 En el siglo XVI aparece un personaje que se considera de especial importancia en la alquimia, y también en lo que después sería en la ciencia química, se trata de Teophrastus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso. Entre otras cosas él propuso la idea de un disolvente universal, que lo llamó alkahest, aplicado al componente básico del vino, de aquí deriva la palabra alcohol. 
 La alquimia siguió su rumbo a través de la historia y así encontramos otros representantes de su arte en Rodolfo II, Conde de Saint Germain, Cagliostro, John Dee, Fludd, el moderno Fulcanelli, y otros más. 
 Es interesante observar que, como no siempre sucede en otras Escuelas o movimientos, la alquimia claramente expresa una relación directa con lo que más tarde  (siglo XVII en adelante) será conocida como Hermandad de la Cruz Rosada o Rosacruces, describiendo la historia esotérica, e incluso la exotérica, que en su seno se desarrolló ampliamente el sistema alquímico, especialmente a lo que el aspecto místico de él se refiere. Prácticamente todos los nombres de los alquimistas de el renacimiento en adelante se mencionan formando parte de esta misteriosa hermandad. 
  
 

 PRINCIPIOS, FUNDAMENTOS Y SIMBOLOGÍA  ALQUÍMICA.

 Analicemos brevemente el principal objetivo que posee la alquimia, y que no es otro que la transmutación de los metales innobles en plata o en oro. Por supuesto que esto se puede tomar en forma literal, y en esta caso hablamos de la alquimia práctica, material o Espagiria, también conocida como el Arte de los sopladores. 
 O bien considerar este gran objetivo como una alegoría de una cambio a realizarse en nuestro ser interior, para lo cual se habla de alquimia mística o espiritual. Es decir la plata o, principalmente, el oro a alcanzar con la transmutación es el símbolo de la realidad espiritual del Yo, en otras palabras el transformar los metales innobles en oro se refiere a transformar la consciencia personal en consciencia individual, más adelante trataremos un poco más en detalle esto.  Con respecto a este cambio interno, surgió una interpretación psicológica de los cambios internos o de la psique de una persona, la cual está estrechamente relacionada con los símbolos alquímicos y sus procesos. Esta visión fue principalmente desarrollada por Carl. G. Jung. 
 Cualquiera sea la visión o el enfoque que queramos darle a la alquimia, es obvio que su principal objetivo se basa en la transmutación. Y cualquiera haya sido el enfoque, los alquimistas conocían a todo el proceso de transformación como La Gran Obra; y la distinguían en una roja, cuando el producto final era el oro, y la blanca cuando el resultado era plata. 
 Muchos investigadores, estudiosos e iniciados plantean que los dos enfoques de la alquimia son perfectamente compatibles y que los distintos pasos se podían realizar tanto en el aspecto físico como en el aspecto espiritual, tan sólo dependía de la orientación del operador. También la mayoría coincide en que los objetivos buscados principalmente eran los de la alquimia espiritual, e incluso se afirma que los de tipo material no se lograrán mientras no se hayan logrado los de tipo espiritual, y una vez que se haya hecho lo primero, no habrá necesidad de los segundo. De allí la explicación de la gran cantidad de fracasos, en los que quisieron hacerse ricos saltándose la etapa de lo místico; y si la hacían, ya no encontraban razón de seguir adelante con la segunda parte. 
 Si consideramos la época en que la alquimia principalmente tiene su apogeo (Edad Media y Renacimiento), y la realidad de intolerancia religiosa que existía en este período, es lógico de pensar que cuestiones de tipo espirituales y religiosas fueran tratadas en forma de elementos y procesos físicos naturales, y así poder quedar impunes a los devastadoras persecuciones de la inquisición. Y esta es otra explicación de porque el enfoque material y el espiritual están entremezclados, se podría pensar que esto es hecho intencionalmente, y sólo los iniciados podían dar el correcto significado. 
 Para conseguir La Gran Obra, los alquimistas debían encontrar el quinto elemento, al que confluían los cuatro elementos naturales, a saber: el fuego, el aire, el agua y la tierra. Este quinto elemento era llamado La Quinta Essentia y descubrirlo llevaba a la Piedra Filosofal, instrumento maestro para lograr cualquier transmutación y así definitivamente llegar a finalizar la Obra. 
 El misterio del proceso que lleva a la Piedra Filosofal es el que han tratado de desvelar por siglos muchos ilusos que solamente han tomado la alquimia como una disciplina eminentemente práctica o experimentable en la materia, sin tomar en cuenta que para lograr éxito es necesario haber logrado el cambio o transmutación interna y superior, tal como lo mencioné antes. 
 El trabajo de los alquimistas, el proceso para alcanzar la Piedra Filosofal se lleva a cabo en un atanor, en donde el fuego debía estar siempre ardiendo. Sobre esta especie de cámara o laboratorio de trabajo el proceso consiste en la mezcla de diversas proporciones de distintos elementos químicos, además de someterla a distintas fases, las cuales cada una constituye una serie de acciones físicoquímicas, en donde se toman en cuenta, además condiciones ambientales, mágicas y espirituales o religiosas, que no se consideran en los experimentos científicos tradicionales. 
 Antes del desarrollo cientista racional y objetivo, tal cual existe hoy en día, existía una concepción más participativa de las cosas, es decir, el experimentador no se separaba del experimento, sino que formaba parte de un conjunto total, en donde cada cosa cumplía un papel y se podría decir que cada elemento tenía vida propia que a la vez entregaba vida al sistema al que pertenecía.  Naturalmente esta posición, muchas veces caía en el animismo y la superstición, tomando en cuenta que no se conocían los conocimientos de ahora. 
 Es interesante observar  que esta visión participativa más holística del universo está nuevamente siendo considerada, claro que de acuerdo a los nuevos conceptos y conocimiento de la ciencia, de esta forma el ser humano podrá formar parte del universo en el que está inserto y no se aísle como una entidad enfermiza e indeseable. 
 La alquimia es una concepción holística del universo, y por ello no es comprendida por la ciencia tradicional como es posible que los distintos elementos químicos, metales y otras cosas al parecer inertes se les otorgara cualidades vitales y hasta caracteres y personalidad definidas. Pero si consideramos que todo en el universo está interrelacionado y cada elemento que participa en él desarrolla un papel que incide en el resultado global, podemos concluir actualmente, con lo que se sabe que realmente los distintos elementos de la alquimia posee una característica animada especial, que no se expresa en una burda animación vital del elemento en sí sino que en la acción que provoca sobre nuestra psique, sobre nuestra emocionalidad y vitalidad. 
 Los procesos que realizaban dieron paso posteriormente a las bases operativas de la moderna química, ciencia desprovista de todo el espíritu holístico y animado, tan sólo se conservan las reglas estrictamente mecánicas y científicas, procesos tales como: disolución, extracción, calcinación,, destilación, digestión, entre otros; y algunos procesos que fueron desechados por la moderna ciencia por considerarlos ajenos al quehacer científico tales como: transmutación y sublimación. 
 Como ejemplo del concepto holístico que los alquimistas daban a las distintas fases u operaciones es que se han relacionado con aspectos que según la ciencia tal cual la conocemos hoy en día no  guardan ninguna relación. Tenemos el ejemplo de las equivalencias entre los sacramentos de la Iglesia y los siete procesos alquímicos entregados en un libro llamado "Foundations of Newton's Alchemy" de Dobbs :

  Putrefacción   -    Extremaunción 
  Destilación    -    Ordenación 
  Calcinación    -    Arrepentimiento (Confesión) 
  Coagulación    -    Matrimonio 
  Solución       -    Bautismo 
  Sublimación    -    Confirmación 
  Transmutación  -    Eucaristía

  Por supuesto no es que estemos diciendo que estas relaciones son correctas o no lo son, simplemente es un ejemplo que nos clarifica la posición que tenía el alquimista.

 Los elementos químicos principales son tres:

 Azufre. Asociado al oro y al Sol. Es el principio activo, combustibilidad, acción sobre los metales. Simboliza lo masculino y el espíritu. 
 Mercurio. Asociado a la  plata y a la Luna. Simboliza la femenino, el alma. Principio pasivo, fusibilidad, volatilidad. 
 Sal. Es el producto de los dos anteriores, es decir, lo masculino-femenino, el cuerpo. Muchas veces se habla de que activar esta sal significa encontrar la Quinta Essentia de la cual ya hablamos. También guarda relación con el símbolo del Hermafrodita, que tiene características tanto masculinas como femeninas, y que aparece constantemente entre los símbolos del oculto lenguaje alquímico. 
El trabajo alquímico se lleva a cabo con siete metales, que dicen relación a su vez con los siete planetas. Con respecto a esto existen diversas relaciones y equivalencias. Pero al parecer la secuencia equivalencias se dio en la siguiente forma. El oro recibió el símbolo    que representa al Sol; la plata el de la luna creciente; el mercurio el de la luna menguante; el cobre tiene el símbolo de Venus (Afrodita-Isis, Hathor); el plomo tiene el de Saturno; el hierro el de Marte; quedan los símbolos del electrum y el estaño. En estas viejas citas el estaño tiene el símbolo de Hermes y el electrum el de Zeus. En épocas posteriores (entre el año 500 y 700 d. de C.) el símbolo de Hermes fue dado al Mercurio en lugar de la luna menguante. El electrum dejó de considerarse como un metal separado y le dio su símbolo al estaño. 
 Todos los metales formaban parte de la materia prima, pero el oro es el fin constante de la naturaleza, la Perfección. 
Ya hemos mencionado la Piedra Filosofal, como la pieza clave para lograr éxito en la transmutación. Con respecto a este elemento es un verdadero misterio, tanto en la elaboración de ella, como en su apariencia, lo que si parece ser que de existir no tiene precisamente la apariencia de una piedra. 
 La descripción que se hace de la Piedra Filosofal es variada a través de la literatura, y seguramente existen una serie de errores intencionales o no, que sirven para que sólo la persona que tiene las claves pueda reconocer las verdaderas. 
 En general se dice que debía ser de color rojo bermellón, transparente, fluida, licuable capaz de penetrar cualquier cuerpo. De este misterioso elemento se puede extraer el líquido que puede brindar salud y juventud por siglos, el llamado el Elixir de la Vida, al mismo tiempo se pude elaborar la preparación universal que cura todos los males: La Panacea. 
 Como he dicho más misterioso que la apariencia de esta Piedra Filosofal es el procedimiento para poder elaborarla, y buscándolo se han dilapidado verdaderas fortunas, aunque siempre se plantea que es posible y sólo unos pocos elegidos lo han logrado. Fulcanelli es el seudónimo de un alquimista de este siglo, sobre el cual se forjado una verdadera leyenda, sobre todo si tomamos en cuenta que su nombre verdadero jamás se supo, escribió dos obras en donde describe y explica maravillosamente los secretos alquímicos inscritos en las catedrales góticas, y se supone que habría alcanzado la iniciación completa dentro de la alquimia, desarrollando la Piedra Filosofal. Según Fulcanelli en la elaboración de este elemento es necesario considerar no solamente los productos a mezclar y la forma en que se hace, sino que muy importante también es el crisol o recipiente en donde se hace, su forma y material, así como el período del día en que se realiza (debe ser alejado de la luz del sol). Así también plantea como otros alquimistas de más antiguo renombre la necesidad de que el operante esté puro y su fuero interno se haya espiritualizado, es decir, sea un verdadero Iniciado. 
Finalmente se agrega a este gran conjunto de símbolos El Homúnculo, el cual guarda relación con la posibilidad por parte del alquimista de generar un ser humano en forma artificial. Paracelso fue unos de los iniciados que describe este Homúnculo, y él lo hace a partir de un procedimiento con esperma humana que descansa en un matraz por un determinado número de días y a una determinada temperatura. 
 Es interesante observar que este concepto de generación fuera del vientre materno fue hasta hace poco un absurdo y sólo posible gracias a elementos mágicos, sin embargo, aunque con una serie de trascendentes diferencias, actualmente es posible la fertilización in vitro y al menos en teoría es posible el crecimiento del feto en forma completa fuera del vientre materno, por lo que los alquimistas a la luz de la moderna ciencia no estaban tan desorientados. 
Por otra parte es necesario considerar, como sucede con toda la literatura esotérica en general, que sean símbolos y alegorías de otra cosa, una generación y crecimiento interno por ejemplo o en otro plano de manifestación como puede ser el mental, o bien es una forma velada de hacer referencia a la elaboración de la Piedra Filosofal. 
 

LA ALQUIMIA COMO GUÍA PARA EL DESARROLLO ESPIRITUAL.

 Los Rosacruces (véase capítulo correspondiente) adoptan esta rica simbología alquímica en su significado místico, es decir, como guía de los pasos a seguir para el desenvolvimiento espiritual y lograr así transformarse en un ser humano completamente renovado, incluso más que humano podríamos decir. 
 Esta es la llamada Alquimia Mística, la cual interpreta todos los elementos de la alquimia, así como sus procedimientos como pasos y elementos a obtener en la realidad interna y superior, para alcanzar así la Gran Obra: El Ser espiritual; al adeptado. 
 De esta forma la Quinta Essentia, corresponde a aquella parte inmaterial y trascendente, que es necesario despertar en nuestro ser. El Atanor es nuestro propio ente, con todas sus potencialidades y expresiones, desde el físico hasta lo más sutil, es el laboratorio del alquimista; es aquí donde se deben tomar los materiales impuros y a través de los procesos indicados se transformarán eventualmente en oro o plata, correspondiendo el primero a la iniciativa espiritual masculina y la segunda a la receptividad espiritual femenina. 
 Existen muchas reglas, indicaciones e instrucciones respecto a conseguir la alquimia interna o superior, analicemos brevemente cuatro conceptos básicos en este camino.

 1. Sigue a la naturaleza. 
 Es inútil buscar el Sol, con la luz de la vela. En otras palabras para llegar a acceder a conocimientos y realidades tan maravillosas es necesario realizar todo un  proceso de evolución interna, tal cual la naturaleza lo ha hecho con el planeta que habitamos a través de miles de años. Otra cosa que nos indica este precepto es que llegaremos a las metas con las cuales vibramos, es decir si nuestro sentir está lleno de amor, altruismo, anhelo de servir; seguramente seremos atraídos por algo que en su naturaleza esencial esté conformado por estas energías; por el contrario si nuestras intenciones con oscuras, egoístas y mal intencionadas; nuestro "sol" está en estos mismos niveles de energía. 
 Para llegar a desarrollarse espiritualmente debemos desarrollar en nuestro interior paso a paso las virtudes que deseamos alcanzar.

 2. Primero conoce y luego actúa. 
 El real conocimiento está constituido por el triángulo compuesto por: Ver, Sentir y Comprender. 
 El conocimiento verdadero nos llevará a la perfección espiritual y a consumar la Gran Obra en nosotros; pero éste es principalmente de orden práctico; en otras palabras, el intelectualismo no sirve de nada si eso no se ha internalizado a través de la acción.

 3. No uses procedimientos comunes. Usa solamente una vasija, un fuego, un instrumento. 
 La puerta del éxito descansa en la unidad de Voluntad y Propósito, y la justa adaptación de los medios al fin. 
 Hay muchos caminos que conducen al centro celestial, pero es importante concentrar los esfuerzos en uno solo. El que sigue la senda elegida, puede tener éxito, mientras que el intenta caminar por muchos caminos, será retrasado. 
 Todo esto nos habla de la paciencia que es necesario en los estudiantes en un camino de iniciación. Muchas veces quieren resultados espectaculares en corto tiempo, y si no sucede así se cambian de Escuela o de guía. La verdad es que las enseñanzas más puras y verdaderas son aquellas que en un primer momento ponen a prueba la paciencia y disciplina del candidato y los resultados se vienen a evidenciar en forma brusca y explosiva después. Antes de renunciar a una guía, escuela o línea de enseñanza iniciática yo sugeriría que la persona se empapara bien de sus instrucciones y contenidos y solamente después de un lapso razonable (uno o varios años) pueda resolver si le satisface o no. 
 ¿Para qué tanto apuro, cuando tenemos decenas de vidas, a lo menos, que se traducen en miles de años de aprendizaje en este planeta y en este plano? Es absurdo tratar de lograr en unos pocos años, incluso en una vida lo que estamos tratando de hacer en todo este tiempo.

 4. Guarda el FUEGO constantemente ardiendo. 
 Si a los metales fundidos se les permite enfriar, antes de su transmutación en otros más puros, los mismos volverán a su primitiva vileza, y todo el proceso tendrá que ser reiniciado, desde su principio. 
 En otras palabras, es necesario siempre estar trabajando en uno mismo, en el conocimiento y trabajo sobre sí. El verdadero iniciado jamás descansa en sus trabajos de perfeccionamiento. 
 Usa la lámpara inextinguible, su luz no se pierde a menos que sea arrancada por la fuerza.


PARACELSO SEGUN WIKIPEDIA :

Philippus Aureolus Bombast von Hohenheim, conocido como Teofrasto Paracelso (n. en Zúrich, en la Teufelsbrücke, Einsiedeln, 10 de noviembre de 1493 – Salzburgo, 24 de septiembre de 1541), fue un alquimista, médico y astrólogo suizo.[1]

El nombre Paracelso (Paracelsus, en latín), que escogió para sí mismo y por el que es generalmente conocido, significa «superior a Celso», un médico romano del siglo I.

Nació en Einsiedeln (Suiza), hijo del médico y alquimista suabo Wilhelm Bombast von Hohenheim. Su madre era suiza. Se educó en Suiza, y en su juventud trabajó en las minas como analista. Comenzó sus estudios a los dieciséis años en la Universidad de Basilea, y más tarde en Viena. Se doctoró en la Universidad de Ferrara.

Estaba contra la idea que entonces tenían los médicos de que la cirugía era una actividad marginal relegada a los barberos.

Sus investigaciones se volcaron sobre todo en el campo de la mineralogía. Viajó bastante, en busca del conocimiento de la alquimia. Produjo remedios o medicamentos con la ayuda de los minerales para destinarlos a la lucha del cuerpo contra la enfermedad. Otro aporte a la medicina moderna fue la introducción del término sinovial; de allí el líquido sinovial, que lubrica las articulaciones. Además estudió y descubrió las características de muchas enfermedades (sífilis y bocio entre otras) y para combatirlas se sirvió del azufre y el mercurio. Se dice que Paracelso fue un precursor de la homeopatía, pues aseguraba que «lo parejo cura lo parejo» y en esa teoría fundamentaba la fabricación de sus medicinas.

Lo que le importaba a él en primer lugar era el orden cósmico, que encontró en la tradición astrológica. La doctrina del Astrum in corpore es su idea capital y más querida. Fiel a la concepción del hombre como microcosmos, puso el firmamento en el cuerpo del hombre y lo designó como Astrum o Sydus. Fue para él un cielo endosomatico cuyo curso estelar no coincide con el cielo astronómico sino con la constelación individual que comienza con el «Ascendente» u horóscopo.

Se le atribuye la paternidad del término Espagiria.

Uno de los principios de Paracelso fue: «Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico»; para él la medicina tenia cuatro pilares:

Astronomía. 
Ciencias naturales. 
Química. 
El amor. 
Introdujo el uso del láudano. Su principal libro fue La gran cirugía (Die Grosse Wundartzney).

A pesar de que se ganó bastantes enemigos, y obtuvo fama de mago, contribuyó en gran manera a que la Medicina siguiera un camino más científico y se alejase de las teorías de los escolásticos.

También aportó datos alquímicos. A Paracelso le atribuimos la idea de que los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) pertenecían a criaturas fantásticas que existían antes del mundo. Así pues, la tierra pertenecería a los gnomos, el agua a las nereidas (ninfas acuáticas), el aire a los silfos (espíritus del viento) y el fuego a las salamandras (hadas de fuego).

Igualmente, Paracelso aceptó los temperamentos galénicos y los asoció a los cuatro sabores fundamentales. Esta asociación tuvo tal difusión en su época que aún hoy en día, en lenguaje coloquial, nos referimos a un carácter dulce (tranquilo, flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo, dicharachero) y el carácter ácido pertenecería al temperamento melancólico.



MAS DATOS DE PARACELSO :

El poder curativo de la magia natural

(Felipe Aureolus Teophrastus Bombast Von Hohenheim, 1493-¿1541?) Médico, filósofo hermético y alquimista. Estudió en la Universidad de Basilea y viajó mucho. Fue discípulo de Trithemius y posiblemente de los alquimistas Trimousin y Valentino. Van Helmont, expresa que habria sido iniciado por una escuela de sabios islámicos en Constantinopla. En 1526 se radicó como médico en Basilea, combatiendo los viejos sistemas curativos y convirtiéndose en uno de los grandes precursores de la medicina química. En el campo esotérico ocupa una posición excepcional, siendo considerado un gran mago y astrólogo y miembro o cabeza de los rosacruces. Su filosofía tiene tendencias neo-platonicas. *El Maestro Paracelso "ES" uno de los mas grandes Maestros alquimistas que jamás haya existido, alcanzó el elixir de la Larga Vida y como nos dice el Maestro Samael, aún vive todavía en el Templo de Bohemia (Alemania) junto a otros Maestros Inmortales, incluso reviso los originales de la obra "Medicina Oculta" del Maestro Samael.

Paracelso, nacido con el nombre de Phillipus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, era un médico, un curandero que utilizaba remedios naturales y que vivió a principios del siglo XVI. No se dedicó activamente a la magia ni fue mago, pero algunas de sus teorías sobre la relación entre el ser humano y el universo se convirtieron en importan tes conceptos para las brujas y magos posteriores. Como alquimista, creía que el alma, a la vez que el cuerpo, debería ser tratada para poder curar una enfermedad. En su juventud buscó un elixir llamado el Catholicon, una poción fabulosa que podría curar todas las enfermedades. A lo largo de sus investigaciones inventó pociones para curar algunas de ks enfermedades más comunes en la Europa del Renacimiento al añadirles -con éxito- ciertos minerales como el mercurio. En 1536", a pesar de estar acusado de ser un charlatán y un exhibicionista, logró publicar su obra acerca de sus teorías médicas Die Grosse Wundartzney.  Estas teorías le dieron cierta popularidad.

Paracelso sostenía que cuando existía el equilibrio entre la humanidad y la naturaleza se conseguía tener buena salud. Estaba especialmente interesado en la relación de la humanidad con el cosmos, que él llamaba Diva Matrix, clasificándolo así de elemento femenino. Paracelso estudió astrología, y creía que las estrellas y los planetas afectaban profundamente a toda la vida y a la materia. También estaba fascinado por la magia natural, a la que describía como un poder que provenía directamente de Dios, y que podía ser canalizada por un médico para provocar efectos curativos. Paracelso afirmó que el poder de la imaginación podía contactar con el universo y, a su vez, reflejarlo en la humanidad para conducirla al autodescubrimiento.

Nacido en Suiza, en Einsielden. Debió hacer los estudios de medicina en Ferrara. Muy pronto, ataca a los médicos. Viaja muchísimo.

Conferenciante en la Universidad de Basilea, escandaliza por su inconformismo, criticado por médicos y boticarios.

Gran mago, habría trabajado la alquimia con el abate Jean de Tritheim: empleando el imán, fue un precursor del magnetismo y de Mesmer. Predicando la omnipotencia de la fe, denostaba a Lutero. Renovando la medicina, predica la comprensión de la naturaleza, el estudio de los remedios (teoría de las « signaturas » base de la homeopatía divulgada ulteriormente por Hahnemann) la observación clínica, la patología general (en su “Paraminum”). Murió en 1541. 
 

Sabemos que Paracelso (1493-1541) era muy consciente de tales importantes secretos ya que en su "Filosofía Oculta" escrita para los Miembros del Sagrado Colegio de su época casi 400 años antes escribió:

"...Estas cosas que eran tenidas como los más grandes secretos entre los antiguos Magos y Adeptos cosas, que ni Cornelio Agrippa, ni Pedro de Abano, ni el Abate Tritemio comprendieron... o al menos (jamás) escribieron sobre ello." -Paracelso.

Einsiedeln, Suiza, 1493 - Sañzburgo,. Austria, 1541]

 Corriente filosófica: Hermetismo

Nombre completo: Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim. Adoptó el nombre de "Paracelso" que significa "Superior a Celso", siendo éste un médico romano del siglo I.

Antecesores: Johannes Trithemius, Cornelio Agrippa, etc. 



PARACELSO Y AGRIPPA,SIMILITUDES :

Los nombre famosos y misteriosos a la vez, dos nombres relacionados con la ciencia y la magia, con lo natural y lo sobrenatural, con la visión hacia el futuro y la mirada hacia atrás, en una mezcla que invalida su experiencia, pero que los mantiene vivos, por su personal interés humano más que por su aportación real al mundo del conocimiento.

Sus vidas discurren con bastante paralelismo. Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim nace en 1486; en 1493 lo hace el suizo Teophrastus Bombast von Hohenheim, más conocido como Paracelso para la posterioridad. Agrippa muere en 1535, antes también que Paracelso, quien fallece en Salzburgo en 1541. Como vemos, el desfase de seis años en el nacimiento se mantiene idéntico en la muerte, pero estas son consideraciones anecdóticas que poco o nada tienen que ver con sus vidas y, menos aún, con sus obras.

Son hombres del Renacimiento, pero, como pasa con otros muchos hombres famosos del pensamiento y de la acción de su época, como es el caso tan evidente de Nostradamus, sus corazones se quedan en el pasado medieval aunque su pensamiento quiera ponerse a la vanguardia de su tiempo. Agrippa y Paracelso, siendo rescatadores del pensamiento clásico, son hijos de la alquimia y de la teología y no pueden sobreponerse a ese sentido mágico de la vida, mezclando las verdades evidentes con lo oculto, con las fuerzas escondidas en otro plano, que ellos suponen celestial y que no es más que la formulación de un deseo, a falta de un verdadero conocimiento científico.

Agrippa es un seguidor de la idea neoplatónica, y como él intenta desdibujar la realidad en tres esferas paralelas. Es el mismo sistema que intenta plasmar como perfecto Paracelso, los tres universos que forman el sustrato del hombre, las tres zonas separadas entre sí y que sólo el ser humano puede conocer. Para los dos filósofos queda clara la pertenencia del hombre a esos tres planos y sólo él -el hombre creado directamente por Dios- puede saber que existen los planos y que él pertenece a todos, simultáneamente; de ahí su grandeza y su debilidad, puesto que es el único ser sobre la tierra que es consciente de su pequeñez.

Otro factor en común en los dos pensadores es que, tanto Agrippa como Paracelso, son médicos, y lo son de un modo muy especial, puesto que ambos encuentran en la medicina una posibilidad cierta de aliviar al ser humano de sus males y dolores; los dos ven en la ciencia médica la salida única para toda esa carga insoportable que es la miseria de la enfermedad. La medicina se torna entonces en mucho más que una especialidad o una profesión: la medicina es una vocación, un sacerdocio, puesto que está destinada a servir a todos por igual, a aliviar a los que sufren, sean quienes sean. Los médicos son los sacerdotes del culto al ser humano y a ellos se deben, porque esa es la tarea primera y definitiva, la de poner su ciencia y su intuición al servicio de los que la necesitan.

Los tres planos de la realidad

Tanto para Agrippa como para Paracelso, nuestro Universo consta de tres planos:

1. El espiritual/lo divino.

2. El cosmos/lo sideral.

3. El de los elementos/lo terrestre.

El ser humano pertenece a los tres, simultáneamente, porque está compuesto de elementos; es parte del cosmos, y pertenece, por su alma, al mundo espiritual, al mundo invisible e intangible formado por todo aquello que se llama divino. El ser humano debe siempre saber que está unido a los tres planos y que la armonía entre los tres es la perfección para su vida física y para su equilibrio espiritual.

Lo más valioso, el verdadero hallazgo de esta formulación está en la definición del ser humano como una producción realizada a partir de los elementos que también forman la materia inanimada o la animada, pero no racional, la meramente animal. La doble pertenencia a la Tierra y a los planetas y estrellas, hoy en día superflua, es un punto muy significativo para la época, porque implica también que Tierra y resto de los cuerpos celestes son la misma cosa con distinta forma o composición, pero parte de un mismo Universo material. En cuanto a la espiritualidad, a la dependencia de almas y dioses, la sabiduría aceptada de la época, la tradición teológica, es la única culpable del desenfoque, que, por otra parte, todavía se mantiene con fuerza, ya a cientos de años de distancia de esos días tan azarosos para el descubrimiento de las grandes leyes físicas.

Si se sustituyera, en la misma construcción, el apartado alma por el de psique, nos encontraríamos a muy corta distancia de los pioneros del comienzo de este siglo, cuando se da al mundo de lo intangible una nueva composición, y se busca en la profundidad de la mente humana la clave para el reajuste de su personalidad. Con los dos nuevos sectores, con la reducción a elementos (sean terrestres o siderales) y a mente, la unidad del ser humano sí que se sitúa en su verdadero terreno; pero no debemos tratar de hacer encajar las definiciones del siglo XVI con las de principios del XX o finales del XIX, porque se trata de una ucronía voluntariosa, de un hecho que nosotros, desde aquí, sí podemos desear cambiar para reconstruir la realidad, pero desde el tiempo de Agrippa y Paracelso, simplemente no existía.

A pesar de esta aparente inutilidad (vista desde hoy, insistimos) del esfuerzo intelectual de los dos médicos-filósofos germánicos, lo que sí se debe subrayar es la importancia que conceden a la complejidad del hombre, por una parte, y a su proximidad con la naturaleza, por otra, como una nueva y muy distinta dirección, en la cual quieren encontrar los elementos con los que se pueda recuperar el equilibrio perdido. Este es el anticipo, la visión de vanguardia, de su enfoque médico; se trata de la primera aproximación a la quimioterapia, aunque la mayor parte de las recetas concretas sea inútil o hasta perniciosa. Los dos, por separado, buscan productos esenciales en su lucha contra la enfermedad y contra sus síntomas, contra el dolor.

Nuestros pensadores han ahondado, como hacía la escuela naturalista italiana, en el orden nuevo de la filosofía, en la doble escala ascendente y descendente de un macrocosmos gigantesco y englobador, y un microcosmos que se extiende hacia atrás, hacia lo infinitamente pequeño, pero que es la esencia de todo lo que existe, de todo lo que se puede sentir y desmenuzar con el análisis. El hombre está a caballo entre lo grande y lo pequeño, formando parte de las dos parcelas y, más que nada, dándose cuenta de la existencia de lo inmenso y de lo minúsculo.

Entonces, según Agrippa, el alma del hombre se pone en contacto con el alma del Universo. Se logra la armonía o se suscita una incompatibilidad: surgen, según esta concepción las simpatías y las antipatías entre seres animados y cosas inanimadas, porque todo, al estar hecho del mismo caldo primigenio o de la misma espiritualidad que se nos escapa, tiene en sí el poder de atraer o repeler. Esta filosofía de lo negativo y lo positivo, que después se extendería en el "magnetismo" del XIX, o que se concita con fuerza entre los "parapsicólogos", no es exactamente similar a la oriental, pero se acerca a ese concepto misterioso que trata de explicar lo desconocido. Su importancia radica en que ahora, con la fuente de conocimientos que suponen en la alquimia, los nuevos naturalistas pretenden dar con las subpiedras filosofales que vayan en contra o a favor de los males o de la felicidad.

Ellos, los médicos científicos del Renacimiento, pretendían hacer dar el gran salto a la medicina, pero no para provecho propio, sino para encontrar la panacea, el remedio universal, igual que los alquimistas trataban de transmutar sustancias o de encontrar los elementos básicos. Realmente, estaban en busca de la química, de los elementos, pero partían de una base tan desesperanzadoramente inútil, que poco podían hacer en ese sentido. En sus días bastaban con enunciar cosas como azufre, fuego, humores, aire, aqua vitae, potasa u otras palabras-clave y ya todo quedaba autoexplicado, pero nada desgraciadamente estaba resuelto. Ellos tenían las palabras y una nebulosa idea de elementos constituyentes y cuerpos constituidos, y el resto se les escapaba, porque todavía no existían ni ciencia ni un simple catálogo elemental, y todo lo que podían nacer era expresar un deseo y reafirmarlo con la fiereza de su entrega.

Pero la necesidad de dar con la fórmula, de buscar y encontrar el vínculo entre lo que la alquimia -como saber sobre los elementos- y la astrología -como saber sobre lo sideral- compartían en su misteriosa unidad e identidad, hacía que se profundizase en el camino equivocado, ya que no se ponían en dudas las teorías ni las hipótesis de partida, sino que se trataba de hacerlas válidas e indiscutibles, Con la ayuda de la teología -como la ciencia del espíritu invisible y superior- para mayor confusión, pero no para menor mérito de los que así pensaban, ya que ellos intentaban alcanzar un máximo partiendo, no del mínimo sino de las bases más erróneas posibles.

Agrippa, a pesar de su interés por lo cognoscible, por lo verdadero, publicó en 1510 "De occulta philosophia" y volvió a reimprimirla después, convencido de su contenido y del interés de lo expuesto en ella.

Paracelso, por su parte, estaba convencido de la existencia del principio vital, del "archeus", una fuerza que animaba a la materia y le daba sus cualidades diferenciadoras. La busca de ese "archeus" era su trabajo, como lo era establecer la unidad química de la materia a partir de azufre, mercurio y sal. En ambas cuestiones, Paracelso estaba completamente ajeno a la realidad, más que nada, como rehén de su siglo. Pero Paracelso también estableció que la individualidad era la base y que la enfermedad sólo podía contrarrestarse teniendo en cuenta que cada enfermo era uno e irrepetible, que sólo tratándolo como un caso particular y específico se podía llegar a un resultado favorable. Con ese concepto, Paracelso llegaba a distanciarse totalmente de la escuela de Galeno y de la norma imperante, como llego a establecer la total separación entre filosofía (en su sentido más amplio de conocimiento) y teología, haciendo hincapié en la existencia de dos campos: Naturaleza y Dios



SOBRE LA DOCTRINA DE PARACELSO :

 LA NATURALEZA QUE ES EL MUNDO Y TODO TIENE SU ORIGEN EN ELLA,ES UN GRAN TODO,UN ORGANISMO EN EL QUE TODO ESTA EN ARMONIA;EN ELLA NO EXISTE NADA MUERTO;TODO ES ORGANICO Y VIVO;TOD EL MUNDO SE ASEMEJA A UN SER GRANDE Y VIVO.

NO EXISTE NADA CORPORAL QUE NO HAYA COBIJADO VIDA EN SI Y QUE NO HAYA VIVIDO,NO SOLO AQUELLO QUE SE MUEVE COMO EL HOMBRE Y EL ANIMAL TIENE VIDA SINO TAMBIEN TODAS LAS COSAS CORPORALES Y ESENCIALES;ASI RESULTA QUE NO EXISTE NINGUNA MUERTE EN LA NATURALEZA Y LA LLAMADA MUERTE DE LOS SERES 
NO ES OTRA COSA QUE LA VUELTA AL SENO MATERNO;

EL HOMBRE ES UN SER TRINO :MATERIAL POR LOS ELEMENTOS QUE FORMAN SU CUERPO;ETEREO POR SU ESPIRITU;DIVINO POR SU ALMA;

POR ESTO PARTICIPA DE LOS 3 MUNDOS; 
ASI EL HOMBRE MISMO ES UN PEQUEÑO MUNDO O MICROCOSMO,A IMAGEN Y SEMEJANZA EN ASPECTOS DEL GRAN MUNDO O MACROCOSMO; 
EL ESPIRITU ES EL AMO,LA IMAGINACION EL INSTRUMENTO Y EL CUERPO LA MATERIA PLASTICA;LA LUZ DE LA NATURALEZA ENSEÑA LAS REVELACIONES DEL MAS ALLA Y COMO ESTA LUZ NO PUEDE HABLAR FORMA DURANTE EL SUEÑO IMÁGENES;

PRECISAMENTE EN SUEÑOS ES CUANDO TRABAJA LA LUZ DE LA NATURALEZA SOBRE EL HOMBRE INVISIBLE; 
EL HOMBRE POSESE 2 CUERPOS,UNO ELEMENTAL( ETEREO,VITAL O FANTASMAL,EL DOBLE) 
YEL OTRO SIDERAL,FLUIDICO(EL ASTRAL) Y POR LA UNION DE AMBOS CUERPOS FORMA EL HOMBRE EN ESTA VIDA;

LA MUERTE SEPARA AMBOS CUERPOS,EL ELEMENTAL SE DESCOMPONE EN LA TUMBA, MIENTRAS EL SIDERAL O ASTRAL SE DESCOMPONE EN EL FIRMAMENTO Y ES EL ASPECTO DE LA CONCIENCIA QUE REVISA SU EXISTENCIA Y SUFRE EL CIELO O EL INFIERNO; 
EL CUERPO ELEMENTAL REPOSA DURANTE EL SUEÑO,MIENTRAS EL ASTRAL SE ALEJA A SU PLANO EL ASTRAL UNIVERSAL; 
EL CUERPO ELEMENTAL PERMANECE EN LA TUMBA Y ES INMOVIL,PERO EL SIDERAL 
SE MUEVE Y BUSCA LA MIRADA Y VIDA QUE EL HOMBRE TUVO EN  LA VIDA;

ASI ADAN TIENE UNA NATURALEZA DOBLE,PARA LO NO TERRENAL,PUEDE PASRA A TRAVES DE LA SPAREDES,NO PUEDE ATARSE PUE SON ESTA HECHA DE TIERRA;

SOBRE LOS ESPIRITUS O ENTIDADES QUE HABITAN ESOS PLANOS SUTILES,EXISTEN EN NUMERO INFINITO EN EL ESPACIO Y ENTRAN EN CONTACTO Y COMUNICACIÓN CON EL QUE CONOCE LOS MISTERIOS DEL CAOS,POR MEDIO DEL MYSTERIUM MAGNUM (EL ETER O CUARTA DIMENSION DE ZOLLNER) Y CUYO ESTUDIO ES LA MAGIA CEREMONIAL Y LA INVOCACION CON EL VIAJE ASTRAL Y LA CANALIZACION Y EVOCACION DE ENTIDADES ;



LA ALQUIMIA DE PARACELSO SEGÚN JUNG :

Un médico alquimista

Con motivo del 400 aniversario de la muerte de Paracelso (1493-1541), el psicólogo y hermeneuta Carl Gustav Jung -suizo también-, pronunció dos conferencias en septiembre y octubre de 1941 que un año después conformarían el libro Paracélsica, editado por vez primera en castellano, en 1966, por editorial Sur (que es la edición consultada), y que recientemente ha sido publicada en Paidós.

El aspecto que vamos a abordar de Paracelso será su faceta alquimista. "Paracelso es también, además de otras cosas, y tal vez más profundamente, un ‘filósofo alquimista’, cuya concepción religiosa del mundo, está en oposición al pensamiento y la fe cristiana. Él fue inconsciente de esta oposición, que es para nosotros casi inextricable", resume Jung en su prólogo al abordar su Opera omnia, formada por 2.600 folios y editada en 1616 (p.10). Jung ve en el viajero incansable y médico altruista que fue Paracelso a un precursor de la medicina química, así como de la psicología empírica y de la terapéutica psicológica (p.139).

A Paracelso "se le puede caracterizar como un crisol alquímico en el que hombres, dioses y demonios de aquella época exorbitante de la primera mitad del siglo XVI, han vertido cada uno de por sí su savia individual", sintetiza Jung (p.12), a la par que asegura que la segunda parte del Fausto de Goethe (obra alquimista, en opinión de Jung) presenta "algunas vigorosas sugestiones del espíritu paracélsico"(p.37). Su discípulo más importante fue el alquimista y médico alemán, Gerhart Dorn (Gerardus Dorneus).

Como médico y alquimista otorgaba gran importancia al orden cósmico tradicional de la astrología; orden en el que existe un entrelazo espiritual y físico entre el macrocosmos y el microcosmos, identificándose a éste con el ser humano: "Pues el cielo es el hombre y el hombre es el cielo, y todos los hombres un cielo y el cielo sólo un hombre". Éste último era denominado por Paracelso como "hombre grande", "Adech" o "Archeus", "Protothoma", "Idechtrum"..., que no son sino nombres que personifican al concepto hermético del Antrhopos u "hombre primigenio", que suele tener casi siempre una magnitud cósmica y que, en otras cosmogonías, son Prajapati y Purusha en los Vedas, Gayomard en Irán, Metratón en el Zohar kabalístico.., etc.

Paracelso, en este sentido, insistía en la presencia del Astrum in corpore. He aquí algunas de sus afirmaciones: "El verdadero hombre es el astro en nosotros", "El astro desea llevar al hombre a una gran sabiduría", escribió igualmente. La fuerza de la acción del astro en el hombre es la imaginatio (meditación), por la que fluye la influencia del "hombre interior superior", del Antrhopos, que no es sino el Sí-Mismo de la psicología junguiana..

Paracelso insistía en que el auténtico médico tenía que tener conocimientos alquimistas para diagnosticar y curar. "La alquimia -explica Jung- no es sólo una especulación química tal como la entendemos hoy, sino que es, y en mayor medida, un procedimiento filosófico de transformación, es decir, una especie de Yoga, en cuanto éste apunta a una transformación anímica. Por esta razón los alquimistas han establecido un paralelismo entre la ‘Transmutatio’ y el simbolismo de la transfiguración de la iglesia cristiana" (p.21).

La alquimia fue empleada por Paracelso, como hemos dicho, para la farmacognosis y farmacopea, así como para fines filosóficos. Pero ¿qué hay que entender por alquimia? Veamos lo que dice Jung al respecto (p.52):

"La alquimia contenía ya desde los más antiguos tiempos una doctrina secreta, o directamente lo era. Las concepciones paganas no desaparecieron de ningún modo por la vistoria del cristianismo bajo Constantino; continuaron vivas en la curiosa terminología arcana y en la filosofía de la alquimia. Su principal figura es Hermes, es decir, Mercurio, en su notable doble significado de mercurio y alma del mundo, acompañado por el sol (el oro) y la luna (la plata). La operación alquímica consiste esencialmente en una separación de la ‘prima materia’, del llamado Caos, en lo activo, es decir, el alma, y lo pasivo, el llamado cuerpo; los cuales volverán a reunirse personificados en una figura, en la llamada ‘coniunctio’, la ‘boda química’; la ‘coniunctio’ es alegorizada como Hieros Gamos, como boda ritual del sol y la luna. De esta unión surge el llamado ‘filius sapientae’ o ‘philosophorum’, ‘Mercurius’ transformado, que como signo de su acabada perfección era pensado como hermafrodita. El ‘opus alchymicum’, a pesar de su aspecto químico, siempre fue pensado como una especie de acción ritual, entendida en el sentido de un ‘opus divinum’; por eso pudo ser presentada por Melchior Cibinensis, al comienzo del siglo XVI, como una misa, ya que mucho antes el ‘filius’ o ‘lapis philosophorum’, había sido concebido como ‘allegoria Christi’. Y es en virtud de esta tradición como se entienden muchas cosas de Paracelso que de otro modo serían incomprensibles".

"En la alquimia -señala Jung-, la materia es material y espiritual, y el espíritu es, a su vez, espiritual y material". "En el primer caso la materia es ‘materia cruda,confusa,grossa,crassa, densa’; en el último, al contrario, ‘subtilis’. Así pensaba también Paracelso" (p.76).

Paracelso, en su Liber Paragranum, reconocería que por medio de la alquimia el mismo médico "sazona", o sea madura espiritualmente, pero al mismo tiempo creía en los grandes arcanos de la alquimia: la creación del homúnculo y la transformación de los metales innobles en oro. 
  
 

La luz de la naturaleza

Un concepto trascendental en la filosofía alquimista paracélsica es el de la "luz de la naturaleza" ("lumen naturae"), concepción que Jung retrotrae a la obra Filosofía Oculta de Agrippa von Nettesheim, en 1510. Agrippa hablaba aquí, en efecto, de la luminositas sensus naturae, que permitía incluso a los animales augurar. Igualmente es un concepto primordial en Meister Eckhart.

Ahora bien, la "luz natural" es, en verdad, una concepción muy antigua en el seno de la alquimia. Se encuentra ya en la Carta de Aristóteles, Tractatus Aureus, Dicta Belini.., y hasta aparece en el más antiguo alquimista chino, Wei-Po-Yang.

"La idea de esta luz -resume Jung- coincide en Paracelso, como en los alquimistas, con el concepto de ‘sapientia’ y ‘scientia’. La luz puede ser caracterizada sin vacilación, como el misterio central de la filosofía de la alquimia. Casi siempre es personificada como ‘filius’, o por lo menos citada como una de las propiedades sobresalientes del mismo." (p.57).

Tal luz de la naturaleza proviene del astro: "Nada hay en el hombre que no le sea dado por la luz de la naturaleza y lo que está en la luz de la naturaleza es obra del astro", aseguraba Paracelso (p.41).

Esta luz de la naturaleza es, en la alquimia paracélsica, la quinta essentia que Dios extrajo de los cuatro elementos y que yace "en nuestro corazón", intuición paracélsica que coincide en este ámbito con el sufismo de Ibn al´ Arabî, en mi opinión. Tal luz la enciende el Espíritu Santo y ella consiste en una especie de "captación intuitiva de las circunstancias, una forma de iluminación", estima Jung. Su fuente es duplex: mortal e inmortal, y esto es así porque el hombre, según Paracelso, "es también un ángel, con todas sus propiedades", de ahí que pueda penetrar las cosas sobrenaturales (p.42).

La dicotomía espiritual con la que se encontró Paracelso deriva de su cristianismo y paganismo, que intentaba reconciliarlos como médico y como filósofo alquimista. "Hay pues dos sabidurías en este mundo, una eterna y otra mortal. La eterna surge de la luz del Espíritu Santo sin mediación, la otra de la luz de la naturaleza también sin mediación", afirmaba (p.43). Ambas formas de conocimiento, sin embargo, provienen de la Unidad de Dios, concluye conciliadoramente Paracelso. Y es que él tuvo, en verdad, dos madres: la Iglesia y la Madre Naturaleza (a su madre natural la perdió siendo niño).

"En verdad -aclara Jung- el escepticismo y la rebelión de Paracelso se detienen ante la Iglesia, pero también ante la alquimia, la astrología y la magia, en las que creía tanto como en la revelación sagrada, pues para él estaban dadas por la autoridad del ‘lumen naturae’..." (p.44).

Ahora bien, merced a esta luz natural el alquimista está convencido de que redime a la naturaleza, transfigura al universo como creador, coparticipando por tanto con Dios en la Creación.

"La ‘luz natural del hombre’ o el ‘astro en el hombre’ suena como algo bastante inofensivo, de modo que ninguno de los autores de entonces se percató de la posibilidad conflictiva que acechaba allí. Y sin embargo aquel ‘Lumen’ o aquel ‘filius philosophorum’, eran abiertamente designados como la más grande e invicta de todas las luces; ¡y como ‘Salvator’ y ‘Servator’, eran puestos codo a codo con Cristo! Pero en Cristo es Dios mismo quien se vuelve hombre, mientras que el ‘filius philosophorum’ es extraído de la protomateria por un deseo y un arte humanos, y a través de la Obra (‘Opus’) es convertido en un nuevo portador de la luz. En el primer caso ocurre el milagro de la salvación del hombre por Dios, en el último la salvación, y respectivamente la transfiguración, del universo por el espíritu del hombre -‘Deo concedente’-, como agregaban los autores", desvela Jung (p.58). 
  
 

Esta luz de la naturaleza se encuentra en lo que Jung denomina Inconsciente Colectivo, especialmente en su ámbito "supraconsciente", que debido a su caracter "psicoideo" sirve de puente de unión entre la materia y el espíritu. Y en la visión paracélsica tal lumen naturae está relacionada con la Venus magistra, la Aphrodita ourania, la Sophia, que en Paracelso adopta la forma de Melusina. (Véase para ampliar estos conceptos así como el posicionamiento de Jung ante la alquimia la página Web del autor de este artículo: http://www.oninet.es/usuarios/sotabur/).

Melusina

Melusina, ondina mágica del folklore europeo, se encuentra transformada en la secreta doctrina alquimista de Paracelso, quien dice de ella que vive en la sangre, "y como la sangre es el antiquísimo sitio del alma, se puede suponer que en su concepción es un ‘Art anima vegetativa’. En el fondo -concluye Jung- no es más que una variante del ‘spiritus mercuriales’ que en los siglos XIV y XV fue presentado también como un monstruo femenino" (p.18). "Como la ‘serpens mercurialis’ de los alquimistas es designada con frecuencia como ‘virgo’, y presentada bajo la figura de Melusina (ya antes de Paracelso), su capacidad de transformación y su arte de curar es de mucha importancia, en cuanto que precisamente estas particularidades, son atribuidas con especial énfasis a Mercurio. Por el contrario, Mercurio es presentado también en la figura del anciano Hermes (Trimegistos) con lo que se hace visible que en la fenomenología simbólica de Mercurio confluyen dos arquetipos extraordinariamente repetidos, a saber, el del Anima y el del Anciano Sabio" (p.126). 
  
 

En la terminología junguiana, Melusina es una variante simbólica del arquetipo del Anima y Paracelso no la concretiza en una soror mystique real, sino en una figura de la imaginatio. 
  
 

"Las historias de Melusina son imágenes engañosas de la fantasís, en las que se mezcla el más alto sentido y el más funesto absurdo, un velo de la Maga que atgrae a los mortales en todos los laberintos de la vida. De estas imágenes extrae el sabio las ‘más altas inspiraciones’, es decir, todo lo pleno de Sentido y valor; lo extrae como un proceso de destilación y recoge las exquisitas gotas del ‘liquor Sophiae’ en el recipiente predispuesto de su alma, donde ellas ‘abren una ventana’ a su entendimiento, es decir, lo iluminan. Por eso alude Paracelso a un proceso de separación y discriminación, a un proceso crítico de juicio, que separa el grano de la paja -una parte imprescindible en la contraposición con el inconsciente (...) Melusina, la Shakti engañadora, debe retornar al reino de las aguas, debe hacer prosperar la Obra hacia su meta. No debe enfrentar ya al Adepto con gestos cautivantes, sino que debe llegar a ser lo que siempre fue: parte de una Totalidad. Como tal debe abrazar su espíritu. Con esto se obtiene aquella reunión de conciencia e inconsciente, que inconscientemente ya existía, pero que era siempre negada por la unilateralidad de la conciencia. De esta unión, nace aquella Totalidad, que la filosofía o el conocimiento introspectivo de todas las regiones y épocas ha designado con símbolos, nombres y conceptocs, cuya multiplicidad es inagotable. Estos mil nombres disimulan el hecho de que en esta ‘coniunctio’ no se trata de algo captable discursivamente, sino de una vivencia absolutamente irreproducible, a cuya naturaleza pertenece un sentimiento de eternidad o atemporalidad irrevocables", ratifica Jung (pp. 128-129).



EL HOMUNCULO O ANDROIDE DE PARACELSO :

El concepto de homúnculo (del latín homunculus, ‘hombrecillo’, a veces escrito homonculus) es el diminutivo de hombre (a menudo despectivo) y se usa frecuentemente para ilustrar el funcionamiento de un sistema. En el sentido científico de un actor primordial incognoscible, puede ser visto como una entidad o agente.

Historia

El término parece haber sido usado por primera vez por el alquimista Paracelso, quien una vez afirmó haber creado un falso ser humano al que se refería como el homúnculo. La criatura no habría medido más de 30 centímetros de alto y hacía el trabajo normalmente asociado con los golems. Sin embargo, tras poco tiempo, el homúnculo se volvía contra su creador y huía. La receta para crearlo consistía en una bolsa de huesos, esperma, fragmentos de piel y pelo de cualquier animal del que el homúnculo sería un híbrido. Todo esto había de enterrarse rodeado de estiércol de caballo durante cuarenta días, tiempo en el cual el embrión estaría formado.

Hay también variantes citadas por otros alquimistas. Una de ellas implicaba usar mandrágora. Las creencias populares sostenían que esta planta crecía donde el semen a veces eyaculado por los ahorcados (durante las últimas convulsiones antes de la muerte) caía al suelo, y sus raíces tiene una forma vagamente parecida hasta cierto punto a un ser humano. La raíz había de ser recogida antes del amanecer de una mañana de viernes por un perro negro, siendo entonces lavada y «alimentada» con leche y miel y, en algunas recetas, sangre, con lo cual se terminaría de desarrollarse en un humano en miniatura que guardaría y protegería a su dueño. Aún un tercer método, citado por el Doctor David Christianus en la Universidad de Giessen durante el siglo XVIII, era tomar un huevo puesto por una gallina negra, practicar un pequeño agujero en la cáscara, reemplazar una porción de clara del tamaño de una alubia por esperma humano, sellar la abertura con pergamino virgen y enterrar el huevo en estiércol el primer día del ciclo lunar de marzo. Tras treinta días surgiría del huevo un humanoide en miniatura que ayudaría y protegería a su creador a cambio de una dieta regular de semillas de lavanda y lombrices.

El término homúnculo fue posteriormente usado en la discusión de la concepción y el nacimiento. En 1694, Nicolas Hartsoeker descubrió «animalúnculos» en el esperma de humanos y otros animales. La escasa resolución de aquellos primeros microscopios hizo parecer que la cabeza del espermatozoide era un hombre completo en miniatura. A raíz de ahí se desataron las teorías que afirmaban que el esperma era de hecho un «hombre pequeño» (homúnculo) que se ponía dentro de una mujer para que creciese hasta ser un niño; éstos llegarían más tarde a ser conocidos como los espermistas. Se pensaba que ya desde Adán estaba enclaustrada toda la humanidad, que se iría transmitiendo a su descendencia. Esta teoría biológica permitía explicar de forma coherente muchos de los misterios de la concepción (por ejemplo, por qué necesita de dos). Sin embargo más tarde se señaló que si el esperma era un homúnculo, idéntico a un adulto en todo salvo en el tamaño, entonces el homúnculo debía tener su propio esperma. Esto llevó a una reducción al absurdo, con una cadena de homúnculos «siempre hacia abajo».

Por su parte Goethe también popularizó el término, ya que denominó homunculus al pequeño ser que creó Fausto mediante operaciones quirúrgicas.

Actualmente el término se usa de determinadas formas para describir sistemas que se cree que funcionan gracias a los «hombrecillos» de su interior. Por ejemplo, el homúnculo sigue siendo una de las principales teorías sobre el origen de la consciencia, que afirma que es una parte (o proceso) del cerebro cuyo cometido es ser «tú». El homúnculo se cita con frecuencia también en la cibernética, por razones similares. 
 

Los homúnculos sensorial y motor 
 

Homúnculos sensorial (izquierda) y motor (derecha) 
El término homúnculo se usa también comúnmente para describir una figura humana distorsionada dibujada para reflejar el espacio sensorial relativo que nuestras partes corporales representan en la corteza cerebral. Los labios, manos, pies y órganos sexuales son considerablemente más sensibles que otras partes del cuerpo, por lo que el homúnculo tiene labios, manos y genitales extremadamente grandes.

El Dr. Wilder Penfield usaba una imagen parecida para representar el cuerpo según la superficie del córtex motor que las controlaba en movimiento voluntario. A veces visto como un mapa cerebral del cuerpo, el homúnculo motor es en realidad un mapa de la asociación proporcional del córtex con los miembros del cuerpo. También refleja la propiocepción cinestésica, es decir, cómo se siente el cuerpo al moverse. Desempeña un papel principal en el fenómeno de los miembros fantasmas y su opuesto, la desaparición de miembros corporales de la percepción consciente presente en ciertas lesiones cerebrales. Por ejemplo el pulgar, que se usa en miles de actividades complejas, aparece mucho más grande que el muslo, que tiene un movimiento relativamente simple. El homúnculo motor evoluciona con la edad y difiere de una persona a otra. La mano en el cerebro de un infante es diferente a la mano en el cerebro de un pianista. Este tipo de diferencias está abierto a introspección. Probablemente puedas flexionar y extender sólo la punta de tu pulgar a voluntad. La mayoría de la gente puede hacer esto con bastante facilidad, pero relativamente poca gente puede hacer movimientos análogos con el resto de los dedos. La diferencia se debe a las variaciones en la organización funcional de las áreas del cerebro relacionadas.

Véase también: Homúnculo cortical

El razonamiento del homúnculo en la filosofía de la mente

En la medida que el razonamiento del homúnculo explica un fenómeno en términos del propio fenómeno que se supone que explica (Richard Gregory, 1987) cae con frecuencia en el paralogismo y en el dialelo. Aunque no todas las teorías que recurren a homúnculos merecen ser rechazadas, generalmente los razonamientos del homúnculo suelen ser falaces, sobre todo si se les atribuye a los hombrecillos la realización de tareas complejas. En la psicología y la filosofía de la mente los razonamientos del homúnculo son extremadamente útiles para detectar los puntos en los que las teorías sobre la mente fallan o son incompletas.

Los razonamientos del homúnculo son frecuentes en la teoría de la visión. Considere a una persona viendo una película. Ésta ve las imágenes como algo ajeno a ella, proyectado en una pantalla. ¿Cómo puede ocurrir esto? Una teoría simple podría proponer que la luz de la pantalla forma una imagen en las retinas de los ojos y que algo en el cerebro la ve como si estuviesen en la pantalla. El razonamiento del homúnculo indica que esto no es una explicación completa porque todo lo que propone es situar a una nueva persona u homúnculo detrás del ojo, mirando a la retina. Una teoría más sofisticada podría proponer que las imágenes en las retinas son transmitidas al córtex visual donde son procesadas. De nuevo, esto no puede ser una explicación completa porque todo lo que propone es situar al homúnculo en el cerebro, tras el córtex. En la teoría de la visión el razonamiento del homúnculo invalida las teorías que no explican la «proyección», la experiencia que separa el punto de vista de las cosas que se ven. (Adaptado de Gregory, 1987/1990.)

Un razonamiento del homúnculo debe formularse de tal forma que la conclusión sea siempre que si se necesita un homúnculo, entonces la teoría está equivocada. Al fin y al cabo, los homúnculos no existen.

Muy pocas personas propondrían que realmente hay un hombrecillo en el cerebro examinando la actividad cerebral. Sin embargo, estas propuestas se han hecho, como en las teorías del «hombre de paja» sobre la mente. Gilbert Ryle (1949) propuso que la mente humana se reconoce por sus actos inteligentes (véase la regresión de Ryle). Ryle arguyó que si hay un ser interior dentro del cerebro que dirigiera sus propios pensamientos entonces esto llevaría a un ciclo repetitivo absurdo o regresión antes de que un pensamiento pudiera darse:

«Según la leyenda, cada vez que un agente hace algo inteligente, su acto va precedido y es dirigido por otro acto interno de considerar una proposición regulativa apropiada a su problema práctico.»

«[...] Debemos afirmar entonces que para las reflexiones [del agente] sobre cómo actuar inteligentemente, ¿éste debe primero reflexionar sobre cómo reflexionar correctamente sobre cómo actuar? La infinitud de esta regresión implícita muestra que la aplicación de la adecuabilidad no supone la ocurrencia de un proceso de contemplación de este criterio.»

El razonamiento del homúnculo y el argumento de la regresión suelen ser considerados iguales pero no es así. El razonamiento del homúnculo afirma que si se necesita un hombrecillo para completar una teoría entonces ésta es errónea. El argumento de la regresión afirma que un agente inteligente necesitaría pensar antes de poder tener un pensamiento.

Si el razonamiento del homúnculo se aplica al problema del agente inteligente se obtiene un resultado sutilmente diferente del argumento de la regresión. El razonamiento del homúnculo aplicado a la teoría de Ryle sería expresado en términos de si la cualidad mental de «reflexionar sobre cosas internamente» puede ser explicada por la teoría de que la mente consiste en «actos inteligentes» sin la necesidad de un homúnculo. La respuesta, proporcionada por la propia lógica de Ryle, es que la reflexión interna necesitaría al homúnculo para evitar que se convirtiera en una regresión infinita. Por tanto con estas suposiciones el razonamiento del homúnculo no apoya la teoría de que la mente se deba completamente a los actos inteligentes.

El ejemplo de la teoría de Ryle demuestra otro aspecto del razonamiento del homúnculo en el que es posible atribuir a la mente diversas propiedades tales como una «reflexión interna» que no son universalmente aceptadas y usarlas argumentativamente para declarar que una teoría sobre la mente no es válida. 
 

Referencias culturales

Los homúnculos aparecen en la literatura durante varios siglos:

En La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy de Laurence Sterne (volumen I, capítulo II) hay una referencia al homúnculo: «[...] los espíritus animales, cuya responsabilidad era escoltar e ir mano a mano con el homúnculo y guiarlo seguro hasta el lugar designado para su recepción.» 
En El péndulo de Foucault de Umberto Eco hay varias referencias a los homúnculos, especialmente detalladas en el capítulo que trata sobre los ritos druídicos llevados a cabo en una fiesta en el castillo de un rico rosacruciano. Tras efectuar una serie de actos ocultos sensualmente estimulantes para una pequeña audiencia, varios homúnculos parecen ser creados, siendo incapaz de decidir el protagonista Casaubon si son de cera o auténticos. 
En la segunda parte de Fausto, el dramaturgo alemán Goethe hace que el famoso mago cree un homúnculo, quien mantiene entonces largas convesaciones con su creador y con Mefistófeles. 
En su estudio original sobre la novela de la inglesa Mary Shelley Frankenstein, el Profesor Radu Florescu señala que el padre de Shelley, William Godwin, y su marido, Percy Bysshe Shelley, estaban bastante familiarizado con la vida y obra de alquimistas como Paracelso y otros. Florescu también sugiere que Konrad Dippel, un alquimista nacido en el Castillo Frankenstein de quien cree que puede haber sido la inspiración para el Doctor Frankenstein, fue un estudiante del Doctor David Christianus.

El escritor alemán de terror Hanns Heinz Ewers usó la receta de la mandrágora para crear un homúnculo como inspiración para su novela de 1911 Alraune, en la que una prostituta queda embarazada del semen de un asesino ahorcado para crear una mujer desprovista de moral y conciencia. Se ha hecho varias adaptaciones cinematográficas de Alraune a lo largo de los años, siendo la más reciente de Erich von Stroheim en 1952. La película de 1995 Species también parece inspirarse en parte en esta variante de la leyenda del homúnculo. 
En la obra de 1908 del novelista inglés W. Somerset Maugham El mago, Oliver Haddo, un personaje basado en el ocultista británico Aleister Crowley, está obsesionado con la creación del homúnculo. 
El autor estadounidense David H. Kellner escribió dos obras en la que aparecen homúnculos. Una era una historia corta, Un homúnculo del siglo XX, publicada en Amazing Stories en 1930, que describía la creación de homúnculos a escala industrial por parte de una pareja de misóginos. En la otra, una novela titulada El homúnculo, publicada en 1949 por Prime Press de Filadelfia, el coronel retirado Horatio Bumble creaba dicho ser.

Cine

El homúnculo también ha sido un tema popular en las películas desde hace tiempo, empezando con la serie alemana de 1916 de seis episodios Homunculus. 
En la película de terror clásica La novia de Frankenstein el viejo profesor del Doctor Frankenstein, el Doctor Praetorius, le enseña sus propias creaciones, una serie de diminutos humanoides conservados en tarros, incluyendo un obispo, un rey, una reina, una bailarina, una sirena y un diablo. Se da claramente a entender que éstos son tipos de homúnculos, basados en las criaturas descritas en Esfinge de Emil Besitzny y en Vida de Paracelso de Franz Hartmann. 
En la película estadounidense El viaje fantástico de Simbad (1974) el homúnculo es retratado como una criatura alada en miniatura parecida a una gárgola, que resulta ser la némesis de Simbad. 
En diversas obras de fantasía y ciencia ficción, el término «homúnculo» describe a cualquier humano o criatura humana o humanoide creada por el hombre mediante alquimia o magia.



PLANTAS CURATIVAS,SEGUN UN ESTUDIANTE DE PARACELSO : 
 

(ENVIADO A UN FORO YAHOO POR : HRamRe)

1º TODA PLANTA MEDICINAL TIENE SU DOBLE.

OJITO PUES CON ESO. ME EXPLICO:

POR EJEMPLO UNA SETA COMESTIBLE TIENE SU DOBLE VENENOSA. IDENTICA EN TODO SALVO EN EL PARAGUAS. UNA TIENE UNA ESPECIE DE ADORNO EN EL TALLO Y LA OTRA NO. Y ASI...

POR LO TANTO MUCHO OJO SI DECIDES LANZARTE A POR ELLAS EN EL CAMPO. ( PLANTAS IDEM. )

2º UNA PLANTA VENENOSA EN VERDE PUEDE DEJAR DE SERLO EN SECO. Y AL REVES.

3º CIERTAS PARTES DE UNA PLANTA PUEDEN SER COMESTIBLES Y OTRAS MORTALES. ( POR EJEMPLO LAS SEMILLAS. )

SUPONGO QUE LLEGADOS A ESTE PUNTO SE TE HABRAN PASADO LAS GANAS DE EXPERIMENTAR. SI ES QUE ESTAS VERDE EN EL TEMA.

4º LA ASTROLOGIA ESTA LIGADA A LA MEDICINA NATURAL.

CIERTAS PLANTAS SON DE UN PLANETA Y OTRAS DE OTRO. ( PARACELSO BOTANICA OCULTA. Y OTROS. )

CIERTAS PARTES DE UNA PLANTA SON DE UN PLANETA. Y OTRAS DE OTRO DISTINTO.

Y CADA PLANETA EJERCE SU ACCION Y DOTA DE CIERTAS CUALIDADES A CADA PLANTA. Y A SUS DISTINTAS PARTES.

HAN DE RECOGERSE CUANDO DICHO PLANETA SEA LO MAS FAVORABLE.

CADA ENFERMEDAD HA DE TRATARSE CON CIERTAS INFLUENCIAS PLANETARIAS DISTINTAS.

CADA PLANETA RIGE SOBRE CIERTAS PARTES DEL CUERPO.

CADA PERSONA SEGUN SU SIGNO ASTROLOGICO ES PROPENSA A CIERTAS ENFERMEDADES Y REACIA A CIERTAS PLANTAS.

LA MEDICINA CHINA LO TRATA DE OTRA MANERA. SEGUN LOS 5 ELEMENTOS.

LA INDU LO MISMO. ( DE OTRO MODO. )

EN CADA PAIS SE HACE DE UN MODO DISTINTO.

PARECE COMPLICADO... PERO TODO SON ESQUEMAS.

5º A UNA PERSONA ENFERMA LA DOSIS MINIMA DE DROGA... ( PLANTA MEDICINAL. ) LE HACE MAS EFECTO, QUE UNA DOSIS NORMAL O EXTREMA A UNA PERSONA SANA. OJITO CON ESO. ( PUEDES CARGARTE A ALGUIEN. )

6º CIERTAS PLANTAS SUBEN LA TENSION...

Y OTRAS LA BAJAN.

SI LE DAS ALGO QUE LA SUBA A UNO QUE TIENE TENSION ALTA...

LO MATAS.

7º LO MISMO QUE LAS PERSONAS, LAS PLANTAS TIENEN FAMILIA.

EN LA FAMILIA DE LAS MENTAS. VERAS QUE LA REINA ES LA MENTA PIPERITA. LUEGO TIENES MENTA SALVAJE. MENTASTRO. POLEO. ETC... Y ASI EN TODAS.

CUANDO NO ENCUENTRES UNA PUEDES SUPLIRLA 
POR OTRA DE LA MISMA FAMILIA.

8º PARA SU ESTUDIO Y APLICACION SE DIVIDEN EN GRUPOS. LOS PODRAS ENCONTRAR EN PLANTAS Y FLORES MEDICINALES DE ALDO POLETI. EDITORIAL PARRAMON. 2 TOMOS. A TODO COLOR. MUY BUENOS. CON UN MONTON DE RECETAS CASERAS. POLVOS. JARABES. VINOS. LICORES. EMPLASTOS. CATAPLASMAS. INFUSIONES. BAÑOS. COCIMIENTOS. ETC...

9º DEBERAS CONOCER TAMBIEN LAS PROPIEDADES DE LAS ARCILLAS ROJA. VERDE Y BLANCA. MEZCLADAS CON CIERTAS PLANTAS. LLEGAN A CURAR EL CANCER, EN UN 80%. ENTRAX. ETC...

TIENEN TANTA FUERZA. QUE REGENERAN LOS TEJIDOS. TOMANDOLAS ANULAN TODO ANTIBIOTICO. Y VAN DIRECTAMENTE A LA ZONA INTERNA AFECTADA.

EL CARTILAGO DE TIBURON ENTRA EN LA MEDICINA NATURAL. ES LO UNICO QUE CURA LA ARTROSIS. ( Y EL CANCER. INCLUIDAS LAS METASTASIS. ) EL TIBURON ES EL UNICO ANIMAL DEL PLANETA QUE NO ACEPTA EL CANCER. ( LO REPELE. ) Y REGENERA LA MEDULA DE LOS HUESOS. ( UN ALUCINE. )

10º DEBES CONOCER LA EPOCA DE FLORACION Y RECOLECCION DE LAS PLANTAS. Y EL MODO DE SECARLAS, Y ENVASARLAS.

UNAS A LA LUZ. Y OTRAS A LA SOMBRA.

INCLUSO SI DEBEN DE COLGARSE AL REVES.

PARA QUE LOS PRINCIPIOS ACTIVOS BAJEN DE LA RAIZ AL RESTO DE LA PLANTA.

11º LA DOSIS MINIMA DE PLANTA A TOMAR ES LO QUE CABE ENTRE 2 DEDOS. Y UN PUÑADO LO QUE CABE ENTRE 3.

12º HOY EN DIA TE PESAN Y EL ESPECIALISTA TE DA LA CANTIDAD DE PLANTA A TOMAR. ( ESPECIALMENTE SI SON VENENOSAS. ) QUE TAMBIEN A DOSIS MINIMAS SON MEDICINALES. ( NO SE MIDEN CON EL DEDO. ( ESTAS VAN SEGUN EL PESO. )

Y A PARTIR DE ESTOS CONSEJOS...

ESTUDIA. Y OJITO CON LOS LIBROS. LAS RECETAS Y LAS DOSIS.

13º LOS LIBROS HAN DE ESTAR REVISADOS POR UNA EMINENCIA EN EL TEMA. ( CATEDRATICO. ETC... ) LO VERAS EN LAS PRIMERAS HOJAS. SI NO ES ASI TE ARRIESGAS A IRTE AL OTRO BARRIO.

14º Y AUN ASI NUNCA TE CREAS QUE LAS DOSIS RECOMENDADAS SON LAS CORRECTAS PARA TODO EL MUNDO.

15º UNA SIMPLE HOJA DEL TAMAÑO DE UNA HOJA DE MARGARITA PEQUEÑA DE CAMPO... ( MAYA. )

DEJADA CAER SOBRE UN VASO DE AGUA CALIENTE.

PUEDE PRODUCIR LA MUERTE.

16º IMAGINATE UNA CUCHARADA POR LITRO DE LA MISMA PLANTA. ( COMO HE VISTO POR AHI. )

17º USA EL SENTIDO COMUN.

18º LAS PLANTAS. TIENEN TAMBIEN PROPIEDADES MAGICAS. LAS PODRAS VER EN LAS OBRAS DE PARACELSO. EN UN LIBRO DE SANTERIA LLAMADO: EL MONTE. EN EL FORMULARIO DE ALTA MAGIA DE EDAF. Y EN 40.000 LIBROS POR EL ESTILO.

19º SON MUY INTERESANTES TAMBIEN. LA MAGIA DE LAS DISTINTAS CULTURAS Y PAISES.

20º EL POLVO ZOMBI... MUY USADO EN LA CULTURA VUDU DE AHITI...

CONVIERTE A LOS HOMBRES EN ZOMBIS.

EN MUERTOS VIVIENTES.

CONVIENE ESTAR AL TANTO DE ESO. AUNQUE SOLO SEA PARA DESCUBRIR EL ANTIDOTO.

21º CIERTAS PLANTAS SON AFRODISIACAS.

OTRAS ANAFRODISIACAS. TODO TIENE SU CONTRARIO.

22º FILTROS DE AMOR.

23º PERFUMES.

24º ALQUIMIA.

ETC... ETC... ETC...

PIEDRAS REDUCIDAS A POLVO.

METALES... ( OLIGOELEMENTOS. )

TODO ESTO ES TODAVIA MAS AMPLIO DE LO QUE PARECE.

PERO MUY INTERESANTE.

INCLUSO EN EL KAMASUTRA. ENCONTRARAS RECETAS MUY BUENAS.

Y AHI ENTRAMOS YA EN LOS MANTRAMS.

Y EN LA RELIGION.

25º EXCREMENTOS DIVERSOS Y SUS PROPIEDADES. VER CRISTO Y LA CEGUERA. )

26º INSECTOS REDUCIDOS A POLVO. ( CHICLES. COLORANTES PARA REFRESCOS. ETC... ETC... ETC... )

27º COMO VES...ESTO ES EL CUENTO DE NUNCA ACABAR.

ASIQUE LO DEJAMOS ASI POR HOY.

QUIEN BUSCA A LA SABIDURIA...

LA ENCONTRARA SENTADA A SU PUERTA.



CANON FILOSOFICO (ALQUIMIA) DE PARACELSO :

 Paracelso

Lo que está cerca de la perfección, fácilmente se lleva a la perfección. 
 

2. 
Los imperfectos no pueden llevarse a la perfección hasta ser despojados de su azufre feculento y de su grosura terrenal, que están mezclados con el Mercurio y el Azufre. Esta es una medicina perfecta. 
 

3. 
Es imposible fijar lo imperfecto sin el espíritu y el Azufre de los perfectos. 
 

4. 
El Cielo de los filósofos resuelve todas las cosas a su primera materia, es decir, a Mercurio. 
 

5. 
Quien pretenda reducir los metales a Mercurio sin el Cielo Filosófico o el aqua vitae metálica se engaña, ya que la impureza del Mercurio puede verse en todas las disoluciones. 
 

6. 
Nada puede fijarse de forma perfecta, si no se mezcla indisolublemente con lo fijo. 
 

7. 
El oro fusible puede alterarse y convertirse en sangre. 
 

8. 
Para que se fije la plata, ésta no debe pulverizarse ni disolverse en agua. Esto supondría su destrucción. Su fijación pasa por reducirla necesariamente a Mercurio. 
 

9. 
La plata no puede convertirse en oro si no es mediante la Piedra Filosofal, a menos que la hayamos reducido primero a Mercurio. La misma cosa sucede con los demás metales. 
 

10. 
Los cuerpos imperfectos se llevan a la perfección y al oro perfecto cuando se reducen por primera vez a Mercurio, añadiéndoles Azufre blanco o rojo. 
 

11. 
Todos los cuerpos imperfectos se llevan a la perfección mediante la reducción a Mercurio y posteriormente, hirviéndolos con Azufre y el fuego adecuado. Entonces se convierten en plata y oro. Aquellos que pretendan crear oro y plata de otro modo, se engañan y trabajan en vano. 
 

12. 
El azufre de Marte es el mejor. Unido al azufre de oro, se convierte en una medicina. 
 

13. 
No se genera oro si antes no ha sido plata. 
 

14. 
La Naturaleza crea y genera los minerales por grados. De una sola raíz, se generan todos los metales, siendo el resultado final, el oro. 
 

15. 
El Mercurio corrompe el oro, lo resuelve en Mercurio y lo hace volátil. 
 

16. 
La Piedra se compone de Azufre y Mercurio. 
 

17. 
Si la preparación del Mercurio no la enseña un artista maestro, jamás se encontrará leyendo libros. 
 

18. 
La preparación del Mercurio para la Menstruación Filosófica se llama Mortificatio. 
 

19. 
La praxis de este arcano va más allá de todos los secretos de la Naturaleza y a menos que se revele o se enseñe, lo cierto es que no se encontrará en los libros. 
 

20. 
El Azufre y el Mercurio son las materias de la Piedra. Por tanto, el conocimiento del Mercurio es necesario para la elección de un Mercurio, digno para la Obra. 
 

21. 
Hay un Mercurio oculto en un cuerpo, sin preparación alguna y el arte de su extracción es difícil. 
 

22. 
El Mercurio puede fijarse y convertirse en oro y plata para el compendio o la abreviación de la Obra. 
 

23. 
La fijación y la congelación son una sola labor, que se hace a partir de una sola cosa y en un solo recipiente. 
 

24. 
Aquello que fija y congela el Mercurio, también lo tiñe, de la forma que antes hemos mencionado. 
 

25. 
Durante la Obra hay que observar la graduación del fuego. En el primer grado, el Mercurio disuelve el cuerpo; en el segundo grado, el Azufre seca el Mercurio; en el tercer y cuarto grado, el Mercurio se fija. 
 

26. 
Las cosas mezcladas radicalmente se convierten después en inseparables. Se parecen a la nieve y el agua. 
 

27. 
Varios simples, pasados por la putrefacción, producen otros simples. 
 

28. 
La forma y la materia deben ser, por necesidad, de la misma especie. 
 

29. 
El Azufre homogéneo es de la misma naturaleza que el Sol y la Luna. Este Azufre produce oro y plata puros, no de los que pueden verse a diario, sino de un tipo que puede disolverse en Mercurio. 
 

30. 
Sin la disolución filosófica del oro en Mercurio, no se puede extraer del oro una forma fija de untuosidad. Esta sustituye a un fermento, que genera al Sol y a la Luna, además de sustituir también lo que se hace por medio de una forma de reducción, que Geber llama Rebis. 
 

31. 
Los metales resueltos en Mercurio se reducen a un cuerpo otra vez, añadiendo una pequeña cantidad de fermento. De otro modo, este siempre retiene la forma del Mercurio. 
 

32. 
La levadura del Tártaro de los Filósofos, que reduce a todos los metales a Mercurio, es el aqua vitae metálica de los filósofos, a la que llaman también heces disueltas. 
 

33. 
El Azufre y el Mercurio son de la misma naturaleza homogénea. 
 

34. 
La Piedra de los Filósofos no es otra cosa que oro y plata, elevados ambos a una tintura muy elevada. 
 

35. 
El Sol y la Luna por sí mismos, en sus propias especies, tienen suficientes riquezas. Entonces, los tenéis que reducir a la naturaleza de un fermento. La masa resultante puede multiplicarse. 
 

36. 
Los extremos en el Mercurio son dos: la crudeza, por una lado y por el otro, la más exquisita decocción 
 

37. 
Los filósofos observan que las cosas secas beben rápidamente sus húmedos. 
 

38. 
La cal alterada de la Luna en seguida bebe su Mercurio, fundamento de los minerales filosóficos. 
 

39. 
El Azufre es el alma, pero el Mercurio es la materia. 
 

40. 
El Mercurio se congela en un cuerpo imperfecto y adopta la misma especie del cuerpo imperfecto, por cuyo azufre se congeló al principio. 
 

41. 
Hacer el Sol y la Luna con los azufres de los cuerpos imperfectos es imposible. Es imposible que cualquier cosa dé más de lo que tiene. 
 

42. 
El Mercurio de los metales es la semilla femenina, ya que por proyección, atraviesa las cualidades de todos los metales hasta llegar al oro. 
 

43. 
Para la extracción de la tintura roja, el Mercurio se anima con el fermento del oro; la extracción de la tintura blanca se hace con el fermento de la plata. 
 

44. 
La labor de los filósofos se hace rápidamente sin ningún esfuerzo, en cualquier lugar y en cualquier momento, siempre que tengan la verdadera materia. 
 

45. 
Los azufres del Sol y de la Luna fijan los espíritus de sus especies. 
 

46. 
Los azufres del Sol y de la Luna son las verdaderas semillas masculinas verdaderas de la Piedra. 
 

47. 
Todos los que tienen el poder de fijar deberán ser permanentes y fijos. 
 

48. 
La tintura que da la perfección a los imperfectos se hace de la fuente del oro y de la plata. 
 

49. 
Aquellos que toman el Azufre de Venus, se engañan. 
 

50. 
Venus no tiene nada que sea útil o que sirva en la gran obra espagírica. 
 

51. 
El Sol convertido en Mercurio, antes de la conjunción con la Menstruación no puede ser un fermento, un alma o un azufre. 
 

52. 
La obra, finalizada por la reiteración, se convierte en ígnea. 
 

53. 
En la abreviación del trabajo, los cuerpos perfectos deben ser reducidos a un Mercurio vulgar, que pueda tomar debidamente el fermento. 
 

54. 
La preparación del Mercurio por la sublimación es mejor que aquella que se hace mediante la amalgama. Pero toma nota de que deberás reanimarla. 
 

55. 
El alma no puede imprimir una forma si no es con la ayuda de un espíritu. Este no es más que oro convertido en Mercurio. 
 

56. 
El Mercurio recibe la forma del oro por mediación del espíritu. 
 

57. 
El Oro resuelto en Mercurio es espíritu y alma. 
 

58. 
El Azufre de los filósofos, la tintura y el fermento, todo esto se refiere a una sola cosa. 
 

59. 
El Mercurio Vulgar equivale a la naturaleza del Mercurio de los cuerpos. 
 

60. 
El fermento hace que el Mercurio sea muy pesado. 
 

61. 
Cuando el Mercurio Vulgar no se anima o no tiene alma, no vale ni para una operación universal ni para una operación particular. 
 

62. 
Sólo entonces, el alma se imprime en el Mercurio mortificado. 
 

63. 
El Sol puede prepararse como un fermento, de modo que una parte del mismo anime a diez partes de Mercurio y esta labor no tiene fin. 
 

64. 
El Mercurio de los cuerpos imperfectos sustituye a aquel Mercurio vulgar, más el arte de extraerlo es difícil. 
 

65. 
El Mercurio Vulgar se vuelve oro por la proyección de la Piedra Filosofal. Por tanto puede ser exaltado y podrá ser equivalente a todos los Mercurios de los cuerpos. 
 

66. 
El Mercurio Vulgar animado es un gran secreto. 
 

67. 
Los mercurios de todos los metales por la abreviación del trabajo, se convierten en oro o Plata. 
 

68. 
La calor húmeda y suave se llama el fuego de Egipto. 
 

69. 
Nota. La Luna no es la Madre de la Plata vulgar, sino un mercurio con alguna cualidad de la Luna Celeste. 
 

70. 
La Luna Metálica es de una naturaleza metálica. 
 

71. 
El Mercurio Vulgar toma una naturaleza femenina por su esterilidad. 
 

72. 
El Mercurio de los minerales medios muestran la naturaleza de la Plata por similitud. 
 

73. 
Todas las cosas se producen a partir del Sol y de la Luna. 
 

74. 
El hombre y la mujer, es decir, el Sol y el Mercurio se coagulan juntos. 
 

75. 
El Mercurio Vulgar sin preparación es algo ajeno a la Obra. 
 

76. 
Cuatro partes de Mercurio y una de oro, que sustituye al fermento, constituyen un matrimonio. 
 

77. 
La solución se realiza cuando el oro se ha resuelto en Mercurio. 
 

78. 
Sin putrefacción no hay disolución. 
 

79. 
La putrefacción dura hasta que la blancura aparece. 
 

80. 
Es un gran secreto mundificar el Mercurio, con el que se prepara la Menstruación, en la que hemos disuelto oro. 
 

81. 
El Mercurio resuelve el oro en forma de agua, es decir, en Mercurio fluente como sí mismo. 
 

82. 
La disolución es el inicio de la congelación. 
 

83. 
El Sol disuelto en Mercurio fluente durante un espacio corto de tiempo, sigue en esa forma. 
 

84. 
El fermento seca el Mercurio, lo hace pesado y lo fija. 
 

85. 
El Sol de los filósofos es calificado como fuente. 
 

86. 
La Materia, mediante el poder de la putrefacción, se convierte en una parte, que es el principio de la congelación. 
 

87. 
Hay una forma breve de extraer el Azufre del Sol y de la Luna, por medio de la cual todo el Mercurio se fija en el oro y en la Plata. 
 

88. 
La Materia nunca debe retirarse del fuego para que no se enfríe, ya que sino se estropea. 
 

89. 
Cuando la Materia se vuelva negra, aplícale el segundo grado del fuego. 
 

90. 
La Limpieza de los Filósofos es una mera similitud, puesto que sólo el fuego lo perfecciona todo. 
 

91. 
El veneno y el hedor se retiran solamente por medio del fuego, que es lo único que lo absuelve todo. 
 

92. 
El fuego, por su virtud penetrante y aguda, lava más que cualquier otra agua. 
 

93. 
Cuando en cualquier cosa vegetal se extingue la calor o el color, lo que sigue es su muerte. 
 

94. 
El espíritu es el color. 
 

95. 
(fragmento perdido). 
 

96. 
Cuando la Materia se ha llevado a la blancura, entonces ya no puede destruirse. 
 

97. 
Toda corrupción de las cosas se nota por un veneno mortal. 
 

98. 
El vidrio o el recipiente se llama Madre. 
 

99. 
La virtud del Azufre puede extenderse hasta cierto punto. 
 

100. 
Deberás observar la cuestión de porqué los filósofos llaman a su Materia Menstruación. 
 

101. 
El Azufre disuelve el nombre de una forma, pero la Menstruación disuelve el nombre de la Materia. 
 

102. 
La Menstruación representa los elementos pequeños e inferiores, es decir, la tierra y el agua. El Azufre es el elemento superior y el fuego y el aire son los agentes. 
 

103. 
Todo se estropea cuando rompes la cáscara del huevo y sale el polluelo y se le mata; esto sucede igualmente cuando abres el recipiente y el aire toca a la materia. 
 

104. 
La calcinación, hecha con Mercurio en un horno de reverbero, es buena. 
 

105. 
Los métodos del estilo filosófico deben ser laboriosamente anotados, puesto que por sublimación comprenden la disolución de los cuerpos en Mercurio por el primer grado del fuego. A ello se sigue la segunda operación, que es la condensación o acto de espesar el Mercurio con el Azufre. La tercera es la fijación del Mercurio en un cuerpo perfecto y absoluto. 
 

106. 
Hay un infinito número de heterogeneidades que no permiten que el Mercurio, en su forma original, mezclada por la cal de los cuerpos perfectos, sea la materia de la Piedra. 
 

107. 
La medicina blanca se lleva a la perfección en el tercer grado del fuego y este grado no puede transgredirse cuando se hace la medicina blanca o destruirás la Obra Blanca. 
 

108. 
El cuarto grado del fuego hace que la materia enrojezca y en ese momento, aparecen varios colores. 
 

109. 
El trabajo después del Blanco, que no se ha llevado a una rojura elevada es imperfecto; esto se refiere no sólo a la Tintura blanca sino también a la Roja. 
 

110. 
Tras el primer grado del fuego persa, la materia se vuelve más poderosa. 
 

111. 
La obra no se lleva a la perfección, a menos que se encere y sea fundible como la cera. 
 

112. 
La labor de inceración se hace mediante el añadido de dos y tres partes de Mercurio, que da el ser a la Piedra. 
 

113. 
La inceración de la medicina Blanca se hace con el agua Blanca o el Mercurio animado con la Luna, pero el incerado de la medicina roja se hace con el Mercurio animado con oro. 
 

114. 
Basta que la materia tras el incerado sea como una pasta. 
 

115. 
Sigue incerando hasta que tenga la consistencia adecuada. 
 

116. 
Cuando el Mercurio con el que se ha hecho el incerado huye, esto no perjudica nada. 
 

117. 
La medicina debidamente incerada explica el enigma del rey saliendo de la fuente. 
 

118. 
El Sol reducido a su agua o primera materia, mediante el Mercurio vulgar, se estropea si se enfría. 
 

119. 
El filósofo toma la materia preparada por la naturaleza y la reduce a la primera materia, ya que todo se reduce a su origen, del mismo modo en que la nieve se mezcla con el agua. 
 

120. 
Los hombres sabios convierten los años en meses, los meses en semanas y las semanas en días. 
 

121. 
La primera decocción del Mercurio hecha por la naturaleza es la única causa de su perfección simple. No puede alcanzar mayor perfección simple, aunque tú debes ayudar a esta simplicidad. Esto lo puedes hacer inseminando oro en su propia tierra, que no es nada más que puro Mercurio, que por naturaleza está poco o imperfectamente digerido. 
 

122. 
En la segunda decocción del mercurio, la virtud del mercurio se aumenta por diez. 
 

123. 
La Piedra del Mercurio se hace reiterando la decocción, añadiéndole oro, además de hervir al hombre y la mujer dos veces. 
 

124. 
El Sol debe añadirse al Mercurio para que pueda convertirse en Azufre y tras ser hervido, se transforma en la Piedra física. 
 

125. 
Muchos contemplan el Mercurio filosófico, pero no lo conocen. 
 

126. 
Cualquier mercurio de cualquier original representa la materia de la Piedra, tomada de forma debida. 
 

127. 
Cualquier cosa es el sujeto de la Piedra, del que puede extraerse Mercurio. 
 

128. 
Todos los que interpretan los escritos de los filósofos al pie de la letra, se engañan, ya que ellos afirman un solo mercurio. 
 

129. 
(Fragmento perdido). 
 

130. 
Un Mercurio supera a otro en calidez, sequedad, decocción, pureza y perfección, cuando sin corrupción de la forma debe ser preparado y purgado de todo cuanto es superfluo. En esto consiste el secreto de la Piedra. 
 

131. 
Si la preparación del Mercurio vulgar fuera conocido para los estudiantes de este Arte, no se buscaría ningún otro mercurio, ni cualquier otra aqua vitae ni cualquier otra agua mercurial, ya que el Mercurio común contiene todo esto. 
 

132. 
Todos los mercurios metálicos pueden ser llevados y exaltados a la cualidad de cualquier mercurio de los cuerpos, por grados sucesivos. 
 

133. 
El Mercurio vulgar antes de la digestión debida no es el Mercurio Filosófico. Después de la preparación se le conoce por este nombre, puesto que contiene una forma verdadera y un método de extraer el mercurio de los demás metales. Este es el principio de la obra. 
 

134. 
El mercurio vulgar preparado es la aqua vitae metálica. 
 

135. 
El Mercurio pasivo y la Menstruación no pierden en modo alguno, la forma externa del Mercurio. 
 

136. 
Cualquiera que emplee en vez de Mercurio corriente, cualquier tipo de sublimado, polvo calcinado o precipitado, se engaña. 
 

137. 
Cualquiera que resuelva el Mercurio en agua clara para realizar la gran obra, se equivoca. 
138. Hacer el Mercurio de agua limpia no depende del poder de cualquier cuerpo, sino que únicamente depende del poder de la naturaleza. 
 

139. 
Es el Mercurio crudo, el que necesariamente disuelve el oro en el Mercurio en la labor filosófica. 
 

140. 
Cuando el Mercurio se reduce a agua, disuelve el oro en el agua. Para el trabajo de la Piedra, es necesario que éste se disuelva en Mercurio. 
 

141. 
El esperma y la Menstruación deben parecerse externamente. 
 

142. 
Se dice en la doctrina de los filósofos que necesariamente él (el esperma) debe humedecer la naturaleza, pero si la menstruación está seca, no hay disolución posible. 
 

143. 
Debes considerar la semilla de la Piedra, de forma parecida a los metales. 
 

144. 
Resulta necesario que la semilla de la medicina filosófica sea como el Mercurio vulgar. 
 

145. 
El mayor secreto de todos es saber que el Mercurio es simultáneamente materia y Menstruación, y que el Mercurio de los cuerpos perfectos es la forma. 
 

146. 
El Mercurio por sí mismo, no hace nada en la generación. 
 

147. 
El Mercurio es la tierra elemental en la que se insemina el oro. 
 

148. 
La semilla del oro está dotada con una virtud multiplicativa. 
 

149. 
El Mercurio perfecto busca una mujer para la obra de la generación. 
 

150. 
Cada mercurio consta de dos elementos, los crudos que proceden del agua y de la tierra, extraídos por ebullición del fuego y del aire. 
 

151. 
Si cualquiera quiere convertir al Mercurio en un metal, entonces hay que añadirle un pequeño fermento, para que pueda alcanzar el grado de perfección que deseas. 
 

152. 
El mayor arcano del mundo es la disolución física y la reducción a Mercurio. 
 

153. 
La disolución del oro debe ser perfeccionada por la naturaleza y no por obra del hombre. 
 

154. 
Cuando el oro se une con su mercurio, tiene la forma del oro, pero la preparación principal se da en la cal. 
 

155. 
Se da una pregunta entre los hombres sabios. Esta es si la unión del mercurio de la Luna y el del oro puede sustituir a la Menstruación Filosófica. 
156. 
El mercurio de la Luna mantiene la naturaleza de un hombre y dos hombres pueden generar, como mucho, dos mujeres. 
157. 
Para la extracción del elixir, deberás conseguir la más pura substancia del Mercurio. 
158. 
Aquel que trabaje, deberá buscar en la sublimación de las dos luminarias. 
159. 
El oro da una tintura dorada y la plata da una tintura plateada, más aquel que sepa teñir el Mercurio con plata u oro posee un gran secreto. 
 

* EXTRAIDO DE WEB :  edaddorada.net



CATECISMO ALQUIMICO DE PARACELSO : 
 

Capítulo I. La Naturaleza 
Capítulo II. Requisitos y método de la filosofía 
Capítulo III. La Quintaesencia 
Capítulo IV. De los planetas y los metales. Cosmología alquimica 
Capítulo V. La piedra, el caos y el cielo. El Génesis según la alquimia 
Capítulo VI. Cómo se llega a ser alquimista 
Capítulo VII. El oro de los alquimistas 
Capítulo VIII. La Estrella Flamígera 
Capítulo IX. La materia 
Capítulo X. Palabras rituales 
 

CAPITULO 1

La Naturaleza

PREGUNTA (P): ¿Cuál es el principal objeto de estudio de un Filósofo? 
RESPUESTA (R): Es la investigación de las operaciones de la Naturaleza. 
P: ¿Cuál es el fin o extremo último de la Naturaleza? 
R: Dios, quien es también su Principio o Comienzo. 
P: ¿De dónde se derivan todas las cosas? 
R: De la Naturaleza, una e indivisible. 
P: ¿En cuántas regiones se separa la Naturaleza? 
R: En cuatro regiones relevantes: lo seco, lo húmedo, lo cálido, lo frío, que son las cuatro cualidades elementales, de las que se originan todas las cosas. 
P: ¿Cómo se Diferencia la Naturaleza? 
R: En macho y hembra. 
P: ¿A qué podemos comparar a la Naturaleza? 
R: A Mercurio. 
P: Dad una definición concisa de la Naturaleza. 
R: No es visible, aún cuando opera visiblemente; es simple-mente un espíritu volátil, completando su trabajo en el cuerpo, y animado por el espíritu universal: el aliento di-vino, el fuego central y universal, que vivifica todas las cosas que existen.

CAPITULO II

Requisitos y método de la filosofía

P: ¿Cuáles serían las cualidades que deben poseer los estu-diosos de la Naturaleza? 
R: Deberían ser como es la Naturaleza. Es decir, sinceros, simples, pacientes y perseverantes. 
P: ¿Qué cuestiones deberían atraer su atención, por consi-guiente? 
R: Los filósofos deberían considerar muy cuidadosamente si sus designios están en armonía (harmonium) con la Natu-raleza, de una forma posible y atendible; si ellos podrían realizar por su propio poder cualquier cosa que es usual-mente realizada por el poder de la Naturaleza, ya que ellos deben imitarla en cada uno de los detalles. 
P: ¿Qué método debe ser seguido para producir algo que de-berá ser desarrollado a un grado superior al que la Natu-raleza misma lo desarrolló? 
R: La manera de este mejoramiento debe ser estudiada, y esto es operado invariablemente por medios de una naturaleza similar. Por ejemplo, si se desea desarrollar la virtud in-trínseca de un metal dado según su condición natural, el químico se debe proveer de una naturaleza metálica, y debe ser capaz de discriminar entre las diferenciaciones mascu-linas y femeninas.

CAPITULO III

La Quintaesencia

P: ¿Dónde almacena sus semillas la naturaleza metálica? 
R: En los cuatro elementos. 
P: ¿Con qué materiales puede el filósofo solo realizar cual-quier cosa? 
R: Con el germen de una materia dada: este es el elixir o quintaesencia, más precioso y mucho más útil, al artista, que la Naturaleza misma. Antes que el filósofo haya ex-traído la semilla, o germen, la Naturaleza, en su propio interés, estará dispuesta a pagar su deuda. 
P: ¿Cuál es el germen o semilla de cualquier sustancia? 
R: Es la más sutil y perfecta decocción y digestión de la sus-tancia misma: o mejor, es el Bálsamo de Sulfuro, que es idéntico con la Humedad Radical de los Metales. 
P: ¿Qué es lo que engendra esta semilla o germen? 
R: Es engendrado por los cuatro elementos, sujetos a la yo-luntad del Ser Supremo y a través de la directa intervención de la imaginación de la Naturaleza. 
P: ¿De qué modo operan los cuatro elementos? 
R: Por medio de un movimiento incesante y uniforme, cada uno de acuerdo a su cualidad, depositando su semilla en el centro de la tierra, donde es sometida a acción y digerida, y subsecuentemente expelida hacia una dirección externa por las leyes de movimiento. 
P: ¿Qué es lo que los filósofos entienden por el centro de la tierra? 
R: Un cierto vacío ubicado donde nada puede reposar, y cuya existencia es supuesta. 
P: ¿Dónde, entonces, los cuatro elementos expelen y depositan sus semillas? 
R: En el ex-centro (área excéntrica) o en el margen de la cir-cunferencia del centro, el que, luego que se ha apropiado de una porción, expulsa el remanente en la región de escre-mento, escoria, fuego y caos informe. 
P: Ilustrad lo dicho por medio de un ejemplo. 
R: Tomad cualquier mesa nivelada, y colocad en su centro un vaso lleno con agua; rodead el vaso con varias cosas de colores variados, especialmente sal, teniendo cuidado que una distancia apropiada intervenga entre todos ellos. Lue-go derramad el agua del vaso, y éste fluirá en arroyuelos aquí y allí; uno encontrará una sustancia de color rojo, y asumirá el tinte rojo; otro pasará sobre la sal, y tomará un gusto salino; pero lo que es cierto es que el agua no modi-fica los lugares que atraviesa, sino que las diversas carac-terísticas de los lugares modifica la naturaleza del agua. Del mismo modo la semilla que es depositada por los cuatro elementos en el centro de la tierra es sometida a una va-riedad de modificaciones en los lugares que atraviesa, de modo que cada sustancia existente es producida en seme-janza a su canal, y cuando una semilla en su punto de lle-gada encuentra tierra pura y agua pura, resulta una sus-tancia pura, pero lo contrario en el caso opuesto. 
P: ¿De qué modo los elementos procrean esta semilla? 
R: Para una completa elucidación de este punto, se debe ob-servar que hay dos elementos densos y pesados y dos que son volátiles en carácter. Dos, del mismo modo, son secos y dos son húmedos, uno de los cuatro excesivamente seco y uno de los cuatro excesivamente húmedo. Son también masculino y femenino. Ahora, cada uno de ellos tiene una marcada tendencia a reproducir su propia especie en su propia esfera. Más aún, nunca están en reposo, sino que interactúan perpetuamente, y cada uno separa, fuera y por sí mismo, la parte más sutil. Su lugar general de encuentro es en el centro, aún en el centro de Archeus, ese sirviente de la Naturaleza, donde yendo a mezclar sus varias semillas, ellos se agitan y finalmente las expelen hacia el exterior. 
 

CAPITULO IV

De los planetas y los metales. 
Cosmología alquímica

P: ¿Cuál es la verdadera materia prima de todos los metales? 
R: La materia prima, propiamente dicha, es dual en su esencia o es en sí misma de una naturaleza doble; una, de ningún modo, puede crear un metal sin el concurso de la otra. La primera y más destacada esencia es una humedad aérea, añejada con un aire cálido, en la forma de un agua espesa, que se adhiere a toda sustancia indiscriminadamente, sea pura o impura. 
P: ¿Cómo ha sido llamada esta humedad por los Filósofos? 
R: Mercurio. 
P: ¿Por quién es gobernada? 
R: Por los rayos del Sol y la Luna. 
P: ¿Cuál es la segunda materia? 
R: El calor de la tierra; dicho de otro modo, es el calor seco que es llamado Sulfuro por los Filósofos. 
P: ¿Puede el entero cuerpo material ser convertido en se-milla? 
R: Solamente su 1/800 parte; esto es, la que es segregada en el centro del cuerpo en cuestión, y que puede ser visto, por ejemplo, en un grano de maíz. 
P: ¿Qué utilidad tiene el bulto de la materia en relación a la semilla? 
R: Es útil para salvaguardarla contra el excesivo calor, frío, humedad o aridez y, en general, de toda inclemencia da-ñina, contra lo que el bulto de la materia actúa como un recipiente. 
P: ¿Podrían aquellos artistas que pretenden reducir la totali-dad de la materia de cualquier cuerpo en semilla, obtener cualquier ventaja del proceso, suponiendo que ello fuera posible de hacer? 
R: No; por el contrario, su labor sería totalmente improducti-va porque nada que es bueno puede ser llevado a cabo por medio de una desviación de los métodos naturales. 
P: ¿Qué se debería hacer entonces? 
R: La materia debe ser eficientemente separada de sus impu-rezas, pues no hay metal, sea cual fuera su grado de pure-za, que este totalmente libre de imperfecciones, aunque éstas varíen en grado. Todo lo superfluo, cortezas y escorias deben ser extraídas y purgadas de la materia a los efectos de descubrir su semilla. 
P: ¿Qué debería recibir la más dedicada atención del Filósofo? 
R: Seguramente, el extremo último de la Naturaleza, o su fin, y esto de ningún medio debe ser buscado en los metales vulgares, ya que, al estar ya trabajados o extraídos de la mano del forjador, no puede ser encontrado allí. 
P: ¿Cuál es precisamente la razón? 
R: Porque los metales vulgares, y principalmente el oro, están absolutamente muertos mientras que los nuestros, por el contrario, son absolutamente vivientes, y poseen alma. 
P: ¿Cuál es la vida de los metales? 
R: No es otra sustancia que Fuego, cuando están todavía alo-jados en la mina. 
P: ¿Cuál es su muerte? 
R: Su vida y muerte son en realidad un principio, pues ellos mueren, como viven, por el fuego, pero su muerte es de un fuego de fusión. 
P: ¿Cómo son los metales concebidos en el vientre de la tierra? 
R: Cuando los cuatro elementos han desarrollado su poder o virtud en el centro de la tierra, y han depositado sus semi-llas, el Archeus de la Naturaleza, en el curso de un proceso destilatorio, los sublima superficialmente por medio de una calidez y energía de movimiento perpetuo. 
P: ¿En qué se resuelve el viento mismo cuando es destilado a través de los poros de la tierra? 
R: Se transforma en agua, cuando todas las cosas florecen; en este estado es meramente un vapor húmedo, fuera del que es subsecuentemente evolucionado el principio original de todas las sustancias, y el que también sirve como materia prima de los Filósofos. 
P: ¿Qué es el principio original, que es empleado como ma-teria prima por los Niños del Conocimiento en su accionar filosófico? 
R: Es esta materia idéntica la que, en el momento que es con-cebida, recibe una forma permanente e incambiable. 
P: ¿Son Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Sol, Luna, etc., fun-dados separadamente con semilla individual? 
R: Una es común a todos; sus diferencias surgen por la loca-lidad de la que derivan, sin hablar de que la Naturaleza completa su trabajo con mayor rapidez en la procreación de la plata que en la del oro, y así de los otros metales, cada uno en su propia proporción. 
P: ¿Cómo se forma el oro en las entrañas de la tierra? 
R: Cuando este vapor, del que hemos hablado, es sublimado en el centro de la tierra, y cuando ha pasado a través de lugares cálidos y puros, donde una viscosidad sulfúrea adhiere a los canales, entonces este vapor, al que los Filó-sofos han denominado su Mercurio, se adapta y une a esta viscosidad, la que es sublimada con él; de esta amalgama se produce una cierta untuosidad, la que abandonando la forma vaporosa asume la de viscosidad, siendo sublimada a otros lugares que han sido limpiados por este precedente vapor, y la tierra por tanto se ha hecho más sutil, pura, y húmeda; esto llena los poros de esta tierra, los une entre sí, y el oro es producido como resultado. 
P: ¿Cómo se engendra Saturno? 
R: Esto ocurre cuando la mencionada untuosidad o viscosi-dad, pasa a través de lugares totalmente impuros y fríos. 
P: ¿Cómo es obtenida Venus? 
R: Se produce en lugares donde la tierra misma es pura, pero manchada con un sulfuro impuro. 
P: ¿Qué poder tiene el vapor, recién mencionado, en el centro de la tierra? 
R: Por su progreso continuo tiene el poder de rarificar perpe-tuamente todo aquello que es crudo e impuro y de sucesi-vamente atraer hacia sí todo aquello que es puro alrededor de él. 
P: ¿Cuál es la semilla de la materia prima de todas las cosas? 
R: La materia prima de las cosas, esto es, la materia del prin-cipio original es dada por la Naturaleza, sin la asistencia de ninguna otra semilla; en otras palabras, la Naturaleza recibe la materia de los elementos, de los que, subsecuentemente, extrae la semilla. 
P: ¿Cuál es en consecuencia, en términos absolutos, la semilla de todas las cosas? 
R: La semilla en un cuerpo no es otra cosa que aire congelado, o un vapor húmedo que no tiene uso alguno salvo que sea disuelto por un vapor cálido. 
P: ¿Cómo es la generación de la semilla específicamente en el reino metálico? 
R: Por el artificio del Archeus los cuatro elementos, en la pri-mera generación de la Naturaleza, destilan un poderoso vapor de agua en el centro de la tierra; éste es la semilla de los metales y es llamado Mercurio, no en consideración de su esencia, sino por su fluidez y la facilidad con que se adhiere a cada una y a todas las cosas. 
P: ¿Por qué se compara este vapor con el sulfuro? 
R: Por su calor interno. 
P: ¿De qué especies de Mercurio debemos concluir que están compuestos los metales? 
R: Cuando hablamos de Mercurio nos referimos exclusiva-mente al Mercurio de los  Filósofos, y en ningún sentido a la sustancia común o vulgar, la que no puede transformarse en semilla en vista que, como los otros metales, tiene en sí su propia semilla. 
P: ¿Qué es lo que actualmente debe ser aceptado como sus-tanda de nuestra materia? 
R: La semilla solamente, o dicho, de otro modo, es el grano fijo y no el cuerpo entero el que se diferencia en Sulfuro, macho viviente, y Mercurio, o hembra viviente. 
P: ¿Qué operación debe realizarse luego? 
R: Deben ser juntados, de modo que puedan formar un ger-men, luego de esto procederán a la procreación de un fruto que es de acuerdo a sus naturalezas. 
P: ¿Cuál es la parte del Artista en esta operación? 
R: El Artista no tiene que hacer nada más que separar lo sutil de lo grosero. 
P: ¿A qué es reducida, en consecuencia, la total combinación filosófica? 
R: El desarrollo de uno en dos, y la reducción de dos en uno, y nada más. 
P: ¿Dónde debemos buscar la semilla y vida de metales y minerales? 
R: La semilla de los minerales es específicamente el agua que existe en el centro y el corazón de los minerales. 
P: ¿Cómo opera la Naturaleza con la ayuda del Arte? 
R: Toda semilla, sea cual fuere su clase, es inútil, a menos que por medio de la Naturaleza o el Arte sea ubicada en una matriz acorde, donde recibe su vida por la cocción del germen y por la congelación de la partícula pura, o grano fijo. 
P: ¿Cómo es alimentada y preservada la semilla? 
R: Por la calidez de su cuerpo. 
P: ¿Qué otra cosa es realizada por el Artista en el reino mi-neral? 
R: El termina lo que no puede ser terminado por la Naturale-za debido a la crudeza del aire, que ha penetrado los poros de todos los cuerpos por su violencia, pero en la superficie, no en las entrañas de la tierra. 
P: ¿Qué correspondencias tienen los metales entre sí? 
R: Es necesario para una apropiada comprensión de la natu-raleza de esta correspondencia considerar la posición de los planetas, y prestar atención a Saturno, que es el mayor de todos, y luego es sucedido por Júpiter, luego de Marte, el Sol, Venus, Mercurio, y finalmente, por la Luna. Se debe observar que las virtudes influidas por los planetas no as-cienden sino que descienden, y la experiencia nos enseña que Marte puede ser fácilmente convertido en Venus, no Venus en Marte, que es de una esfera inferior. Así, también, Júpiter puede ser fácilmente transmutado en Mercurio, porque Júpiter es superior a Mercurio, uno estando luego del otro en el firmamento, el otro segundo detrás de la Tierra, y Saturno es el mayor de todos, mientras la Luna es la más baja. El Sol entra en todos, pero nunca es superado por sus inferiores. Es claro que hay una gran correspon-dencia entre Saturno y la Luna, en la mitad de los que está el Sol; pero a todos estos cambios el Filósofo debería pro-curar administrar el Sol. 
P: Cuando los Filósofos hablan de oro y plata, de los que ex-traen sus materias, ¿debemos suponer qué se refieren al oro vulgar y la plata? 
R: De ningún modo; la plata vulgar y el oro están muertos, mientras que los de los Filósofos están llenos de vida.

CAPITULO  V

La piedra, el caos y el cielo 
El Génesis según la alquimia

P: ¿Cuál es el objeto de investigación entre los Filósofos? 
R: Eficiencia en el arte de perfeccionar lo que la Naturaleza ha dejado imperfecto en el reino mineral, y alcanzar el tesoro de la Piedra Filosofal. 
P: ¿Qué es esta Piedra? 
R: La Piedra es nada más que la humedad radical de los ele-mentos, perfectamente purificada y extractada en una fija-ción soberana, lo que causa que realice grandes cosas para la salud, vida, bienes residentes exclusivamente en su hu-medad radical. 
P: ¿En qué consiste el secreto de la realización de este trabajo admirable? 
R: Consiste en conocer como extraer de la potencialidad a la actividad la calidez innata, o el fuego de la Naturaleza, que está encerrado en el centro de la humedad radical. 
P: ¿Cuáles son las precauciones que se deben tomar para evitar fallar en el trabajo? 
R: Se debe tener gran cuidado en eliminar los excrementos de la materia, y en no conservar nada, salvo el núcleo, que contiene todas las virtudes del compuesto. 
P: ¿Por qué esta medicina cura toda especie de enferme-dades? 
R: No es en consideración de la variedad de sus cualidades, sino simplemente porque fortifica poderosamente la calidez natural, la que es sutilmente estimulada, mientras que otros medicamentos la irritan por una acción muy violenta. 
P: ¿Cómo puede demostrar la verdad del arte en materia de tinturas? 
R: Primeramente, su verdad se funda en el hecho que el polvo físico, estando compuesto de la misma sustancia que los metales, digamos, azogue, tiene la facultad de combinarse con éste en fusión, una naturaleza abrazando a otra que es similar a sí misma. 
Segundo, viendo que la imperfección de los metales base se debe a la crudeza de sus azogues, y únicamente a esto, el polvo físico, que es un azogue en bruto y decoccionado, y1 en sí, un fuego puro, puede fácilmente comunicarles su propia madurez y puede transmutarlos en sus naturalezas, luego que haya atraído su cruda humedad, esto es, su azogue, que es la única sustancia que los transmuta, siendo el resto nada sino escoria y excrementos, que son rechaza-dos en la proyección. 
P: ¿Qué camino debería el Filósofo seguir de modo que al-cance el conocimiento y ejecución del trabajo físico? 
R: Aquel precisamente que siguió el Gran Arquitecto del Uni-verso en la creación del mundo, esto es, observando como el caos fue desenvuelto. 
P: ¿Cuál era la materia del Caos? 
R: No puede ser otra cosa que un vapor húmedo, porque el agua sola entra en todas las sustancias creadas, las que terminan en un término extraño, siendo este término un sujeto apropiado para la impresión de todas las formas. 
Un ejemplo puede encontrarse en la producción especial de las sustancias compuestas, cuyas semillas invariable-mente se resuelven en cierto humor, que es el caso de la materia particular cuando asumen, por una clase de irra-diación, la completa forma de una planta. Además, debería observarse que la Sagrada Escritura no menciona nada salvo agua como sujeto material sobre el que el Espíritu de Dios aleteaba, nada salvo luz como la forma universal de las cosas. 
P: ¿Qué beneficio puede obtener el Filósofo de estas conside-raciones, y qué debería él especialmente destacar en el método de creación seguido por el Ser Supremo? 
R: En primer lugar debería observar la materia a partir de la que el mundo fue hecho; verá que a partir de esta masa confusa, el Supremo Artista comenzó extrayendo luz, y esta luz en el mismo momento disolvió la oscuridad que cubría la superficie de la tierra, y que sirvió como la forma uni-versal de la materia. Percibirá fácilmente que, en la gene-ración de todas las sustancias compuestas, toma lugar una especie de irradiación, y una separación de luz y oscuridad, ya que la Naturaleza es una fiel copista de su Creador. El Filósofo comprenderá igualmente luego de esto, por la ac-ción de esta luz, que el empíreo o firmamento que divide las aguas superiores de las inferiores fue creado en su consecuencia: cómo el cielo fue poblado de cuerpos lumi-nosos; y cómo surgió la necesidad de la Luna a la que per-tenece el espacio intermediario entre las cosas de arriba y las cosas de abajo; dado que la Luna es una antorcha in-termediaria entre los mudos inferiores y superiores, reci-biendo las influencias celestes y comunicándolas a la Tierra. Finalmente comprenderá como el Creador reunió las aguas y produjo la tierra seca. 
P: ¿Cuántos cielos podéis enumerar? 
R: Estrictamente hay uno solo que es el firmamento, que divide las aguas de las aguas. De todos modos, tres son admitidos, de los que el primero es el espacio que está por encima de las nubes. En este cielo las aguas están rarificadas y caen sobre las estrellas fijas, y es el espacio donde los planetas y estrellas errantes realizan sus revoluciones. El segundo cielo es el firmamento de estrellas fijas, mientras que el tercero es el correspondiente a las aguas supercelestiales. 
P: ¿Por qué la rarefacción de las aguas está confinada al pri-mer cielo? 
R: Porque en la naturaleza de las cosas rarificadas está el as-cender, y porque Dios, en Sus Leyes Eternas, ha designado su propia esfera a cada cosa. 
P: ¿Por qué cada cuerpo celeste invariablemente gira alrede-dor de un eje? 
R: Ello es debido al ímpetu primal que es recibido y en virtud de la misma ley que causará que cualquier sustancia pesa-da suspendida de una hebra gire a la misma velocidad, si el poder que la impele en su movimiento permanece cons-tante. 
P: ¿Por qué las aguas superiores nunca descienden? 
R: Por su extrema rarefacción. Es por esta razón que un cali-ficado químico puede derivar mayor ganancia del estudio de la rarefacciónque de cualquier otra ciencia. 
P: ¿Cuál es la materia del firmamento? 
R: Es propiamente aire, que es más apropiado que el agua como medio de luz. 
P: Luego de la separación de las aguas y las tierras secas, ¿qué hizo el Creador para originar la creación? 
R: El creó una cierta luz que estaba destinada a su tarea, El la ubicó en el fuego central y moderó este fuego por medio de la humedad del agua y por la frialdad de la tierra, de modo de controlar su energía y adaptarla a su designio. 
P: ¿Cuál es la acción de este fuego central? 
R: Continuamente opera sobre la materia húmeda más pró-xima, que se exalta en vapor; este vapor es el Mercurio de la Naturaleza y la materia prima de los tres reinos. 
P: ¿Cómo es el Sulfuro de la Naturaleza subsecuentemente formado? 
R: Por la interacción del fuego central con el vapor mercurial. 
P: ¿Cómo es producida la sal del mar? 
R: Por la acción del mismo fuego sobre la humedad acuosa, cuando la humedad aérea, que está allí contenida, es ex-halada. 
P: ¿Qué debería ser hecho por un Filósofo verdaderamente sabio cuando ya ha aprendido el fundamento y el orden en el procedimiento del Gran Arquitecto del Universo en la construcción de todo lo que existe en la naturaleza? 
R: Debería, tanto como sea posible, transformarse en un co-pista de su Creador. En el Caos Físico debería hacer su caos tal como el original actualmente fue; debería separar la luz de la oscuridad; debería formar su firmamento por medio de la separación de las aguas que están arriba de las aguas de las aguas que están abajo; y seguir, sucesivamente y punto por punto, la entera secuencia del acto creativo. 
P: ¿Con qué se realizaba esta grande y sublima operación? 
R: Con un corpúsculo simple, o cuerpo menudo, el que, para decirlo así, contiene sólo heces, orina y abominaciones, pero donde una cierta humedad tenebrosa y mercurial es ex-traída, la que contiene en sí todo lo que es requerido por el Filósofo, porque, de hecho, él no busca nada más que el verdadero Mercurio. 
P: ¿Qué clase de Mercurio debe, en consecuencia, emplear en la obra? 
R: Un Mercurio como tal no se encuentra en la tierra sino que es extraído de los cuerpos, no del azogue vulgar, como equivocadamente se ha dicho. 
P: ¿Por qué éste no se ajusta a las necesidades de nuestra obra? 
R: Porque el artista sabio debe darse cuenta que el mercurio vulgar tiene una cantidad insuficiente de sulfuro, y debería operar consecuentemente sobre un cuerpo creado por la Naturaleza, en el que la Naturaleza misma ha unido el sul-furo y el mercurio de lo que resulta el trabajo de separarlo. 
P: ¿Qué debe hacer en consecuencia? 
R: Debe purificarlos y unirlos nuevamente. 
P: ¿Cómo denomináis al cuerpo del que hemos estado ha-blando? 
La Piedra Bruta, o Caos, o Iliaste o Hyle: esa masa confusa que es conocida pero universalmente ignorada.

CAPITULO VI

Cómo se llega a ser alquimista

P: Ya que decís que el Mercurio es la única cosa que el Filósofo debe entender absolutamente, ¿me podríais dar una des-cripción circunstancial de él, para evitar cualquier malen-tendido? 
R: Respecto a su naturaleza nuestro Mercurio es dual-fijo, y volátil; en relación a su movimiento también es dual, pues tiene un movimiento ascendente y también descendente; por este último se da la influencia de las plantas, pues es-timula el fuego que emana de la Naturaleza, y éste es su primer trabajo previo a la congelación. Por su movimiento ascendente, se eleva, buscando ser purificado, y como éste es posterior a la congelación, es considerado ser la hume-dad radical de las sustancias, el que más allá de su escoria vil, sigue preservando la nobleza de su primer origen. 
P: ¿Cuántos tipos de humedad suponéis que hay en cada cosa compuesta? 
R: Hay tres: la elemental, que es propiamente el contenedor de los otros elementos; la Radical que, específicamente ha-blando es aceite, o bálsamo, en la que la total virtud del sujeto reside finalmente; la Alimentaría, el verdadero di-solvente natural, que eleva el fuego interno causando co-rrupción y negritud por su humedad, y creando y soste-niendo el sujeto. 
P: ¿Cuántas especies de Mercurio son conocidas por los Filó-sofos? 
R: El Mercurio de los Filósofos debe ser considerado bajo cuatro aspectos; el primero es llamado el Mercurio de los Cuerpos, el que es actualmente su semilla oculta; el se-gundo es el Mercurio de la Naturaleza, el que es el Baño o Vaso de los Filósofos, dicho de otro modo, la humedad radical; al tercero se le ha aplicado la designación de Mer-curio de los Filósofos porque es encontrado en sus labora-torios y sus minas. Es la esfera de Saturno, es la Diana del Sabio, es la verdadera sal de los metales, luego de la ad-quisición del cual el verdadero trabajo filosófico puede ser considerado verdaderamente comenzado. En su cuarto aspecto es llamado Mercurio Común, el que, sin embargo, no es todavía el Vulgar, sino que es el verdadero aire de los Filósofos, la verdadera sustancia media del agua, el ver-dadero fuego secreto y oculto, llamado también fuego co-mún, porque es común a todas las minas, dado que es la sustancia de los metales y del que ellos derivan sus cuali-dades y cantidades. 
P: ¿Cuántas operaciones están comprendidas en nuestro tra-bajo? 
R: Hay una sola, la que puede ser resuelta en sublimación, y sublimación, de acuerdo a Geber,' no es otra cosa que la elevación de la materia seca por la mediación del fuego, con adherencia a su propio vaso. 
P: ¿Qué precaución se debería tomar en la lectura de los Fi-lósofos Herméticos? 
R: Un gran cuidado, sobre todo, debe ser tomado en este punto. Poco de lo que ellos dicen sobre este tema debe ser interpretado literalmente y de acuerdo con el mero sonido de las palabras: pues la letra mata, pero el espíritu vivifica. 
P: ¿Qué libros debería leer para tener familiaridad con nuestra ciencia? 
R: Entre los antiguos, todos los trabajos de Hermes deberían ser especialmente estudiados; en segundo lugar, un cierto libro titulado El Pasaje del Mar Rojo y otro, La Entrada en la Tierra Prometida. 
Seguidamente, Ramon Llull debe ser leído, y su Vade Mecum (aforismos), sobre todo su diálogo llamado El Arbol de la Vida, su testamento y codicillo. Se deben tomar ciertas precauciones con estos dos últimos porque, como Geber (1) y también Arnoldo de Villanova, abundan en falsas recetas y ficciones fútiles, que parecen haber sido injertadas con el objeto de apartar más efectivamente la verdad del ignorante. En tercer lugar, la Turba Filosophorum, que es una colección de autores antiguos, y contiene material muy bueno junto con otros escritos de ningún valor. Entre los autores medie-vales, Zachaire, Trevisano y Roger Bacon, y un cierto autor anónimo, cuyo libro es titulado Los Filósofos, deben ser teni-dos en particular estima por los estudiantes. 
 

1 Geber o Jabir (Abu Abdallah Jabir ben Hayyain), alquimista árabe del siglo VIII. 
 

P: ¿Cuándo puede el Filósofo aventurarse a llevar adelante la obra? 
R: Cuando él es, teoréticamente, capaz de extraer, por medio de un espíritu crudo, un espíritu digerido a través de un cuerpo en disolución, siendo ese espíritu digerido reunido nuevamente con él, con el óleo vital. 
P: Explicad más claramente esta teoría. 
R: Puede ser demostrado más claramente en el proceso actual; el gran experimento puede ser llevado a cabo cuando el Filósofo, por medio de un menstruo vegetal unido a un menstruo mineral, es calificado para disolver un tercer menstruo esencial, y con tales menstruos unidos debe lavar la tierra, y entonces exaltarlo en una quintaesencia celestial, para componer el huracán sulfúreo, que instantáneamente penetra las sustancias y destruye sus excrementos. 
P: ¿Tienen una apropiada familiaridad con la Naturaleza aquellas personas que pretenden emplear el oro vulgar por semilla, y el mercurio vulgar por disolvente, o la tierra en la que debería ser sembrado? 
R: Seguramente no, porque ni uno ni otro poseen el agente externo oro, porque él ha sido privado de aquél por la de-cocción, y mercurio porque eso jamás lo ha tenido. 
P: En la búsqueda de esa semilla aurífera en otro lugar que en el oro mismo, ¿no hay peligro de producir una especie de monstruos, como aquellos que surgen de la Naturaleza, en apari2ncia? 
R: Es indudablemente verdadero que en el oro está contenida la semilla aurífera y que en una condición más perfecta se encuentra en cualquier otro cuerpo; pero esto no nos fuer-za a usar el oro vulgar, pues tal semilla es igualmente en-contrada en cada uno de los otros metales, y no es otra cosa sino ese grano fijo que la Naturaleza ha infundido en la primera congelación del Mercurio, todos los metales te-niendo un origen y una sustancia común, como será por último revelado a aquellos que resulten merecedores de recibirlo por la aplicación y el estudio asiduo. 
P: ¿Qué resulta de esta doctrina? 
R: Resulta que, aunque la semilla es más perfecta en el oro, debe ser extraída más fácilmente de otro cuerpo que el oro mismo, otros cuerpos más abiertos, es decir, menos dige-ridos, y menos restringida su humedad. 
P: Déme un ejemplo tomado de la naturaleza. 
R: El oro vulgar puede ser comparado a una fruta que, ha-biendo llegado a una perfecta madurez, ha sido extraída de su árbol, y aunque contiene una semilla bien digerida y perfecta, nadie la plantaría para que se multiplique, pues mucho tiempo y trabajo y atención serían consumidos en el desarrollo de sus capacidades vegetales. Por otra parte, si un gajo o una raíz, se toma del mismo árbol y es similarmente plantado, en un corto tiempo y sin ningún problema crecerá y producirá muchas frutas. 
P: ¿Es necesario que un aprendiz en esta ciencia debiera en-tender la formación de metales en las entrañas de la tierra si él desea completar su trabajo? 
R: Es tan indispensable tal conocimiento que nadie se debería abstener de él, antes que cualquier otro estudio, sino apli-carse a él con atención y del mismo modo imitar la Natu-raleza punto por punto. 
P: ¿Cómo entonces, la Naturaleza deposita metales en las entrañas de la tierra y de qué los compone? 
R: La Naturaleza manufactura a los metales a partir del sul-furo y el mercurio, y los forma por su doble vapor. 
P: ¿Qué es lo que queréis decir por este doble vapor, y cómo pueden los metales ser formados por él? 
R: Para tener un completo entendimiento de esta cuestión se debe decir primero que el vapor mercurial es unido al vapor sulfúreo en un lugar cavernoso que contiene un agua salina, que les sirve de matriz. Entonces es formado primeramente el Vitriolo de la Naturaleza; segundo, por la conmoción de los elementos se extrae de este Vitriolo de la Naturaleza un nue-vo vapor, que no es ni mercurial ni sulfúreo, sino que es aliado a ambas naturalezas, y esto, pasando por lugares a los que la grasa del sulfuro se adhiere, se produce la unión, y a partir de esa unión una sustancia gelatinosa se produce, esto es, una masa informe, la que es penetrada por el vapor que llena estas cavidades cavernosas. Por este vapor, actuante a través del sulfuro que contiene, son producidos los metales perfectos asegurándose que el vapor y la localidad son pu-ros. Si la localidad y el vapor son impuros, resultan metales imperfectos. Los términos perfección e imperfección tienen referencia a los varios grados de decocción. 
P: ¿Qué contiene este vapor? 
R: Un espíritu de luz y un espíritu de fuego, de la naturaleza de los cuerpos celestes, la que en forma apropiada debería ser considerada la forma del universo. 
P: ¿Qué es lo que representa este vapor? 
R: Este vapor, impregnado por el espíritu universal, repre-senta, en forma completa, el Caos original, que contiene todo lo que fue requerido para la creación original, esto es materia universal y forma universal. 
P: Y uno ¿no puede, de todos modos, emplear el mercurio vulgar en este proceso? 
R: No porque el mercurio vulgar, como ya se ha dicho, carece del agente externo. 
P: ¿Por qué el mercurio común carece de su agente externo? 
R: Porque en la exaltación del doble vapor, la conmoción ha sido tan grande y errática que ese espíritu, o agente, se ha evaporado como ocurre, con una gran similitud, en la fu-sión de los metales. El resultado es que la única parte mercurial es privada de su agente masculino o sulfúreo, y consecuentemente no puede nunca ser transmutado en otro por la Naturaleza.

CAPITULO VII

El oro de los alquimistas

P: ¿Cuántas especies de oro son distinguidas por los Filósofos? 
R: Tres clases: Oro Astral, Oro Elemental y Oro Vulgar. 
P: ¿Qué es el oro astral? 
R: El oro astral tiene su centro en el sol, con el que se comunica por sus rayos con todas las cosas inferiores. Es una sus-tancia ígnea, que recibe una continua emanación de cor-púsculos solares que penetran todas las cosas semovientes, vegetales y minerales. 
P: ¿Qué queréis decir con el término Oro Elemental? 
R: Es la más pura y fija porción de elementos, y de todo lo que los compone. Todos los seres sublunares incluidos en los tres reinos contienen en su centro más interno un precioso grado de este oro elemental. 
P: ¿Cómo descubriríais el Oro Vulgar? 
R: Es el más maravilloso metal que conocemos, el mejor que la Naturaleza pueda producir, tan perfecto como inalterable. 
P: ¿De qué especie de oro es la Piedra de los Filósofos? 
R: Es de la segunda especie, como siendo la más pura porción de todo, los elementos metálicos luego de su purificación, cuando es llamado oro filosófico viviente. Un perfecto equilibrio e igualdad de los cuatro elementos entra en la Piedra Física, y cuatro cosas son indispensables para la consecución del trabajo, digamos, composición, ubicación, mezcla, y unión que, una vez llevada a cabo de acuerdo a las reglas del arte será el legítimo Hijo del Sol, y el Fénix que eternamente surge de sus propias cenizas. 
P: ¿Qué es actualmente el oro viviente de los filósofos? 
R: Es exclusivamente el fuego de Mercurio, o esa virtud ígnea, contenida en la humedad radical, a la que ha ya comuni-cado la fijeza y naturaleza del sulfuro, cuando él ha ema-nado el carácter mercurial de la totalidad de la sustancia del sulfuro filosófico, permitiéndole ser alternativamente lla-mado mercurio. 
P: ¿Qué otro nombre es también dado por los Filósofos a su oro viviente? 
R: Ellos también lo llaman su viviente sulfuro, y su verdadero fuego; reconocen su existencia en todos los cuerpos, y no hay nada que pueda subsistir sin él. 
P: ¿Dónde debemos buscar nuestro oro viviente, nuestro vi-viente sulfuro y nuestro verdadero fuego? 
R: En la casa de Mercurio. 
P: ¿Qué alimenta ese fuego? 
R: El aire. 
P: Dadme una explicación comparativa del poder de este fuego. 
R: Para ejemplificar la atracción de este fuego interior, no hay mejor comparación que aquella derivada del ciclón, el que originalmente es simplemente una exhalación seca y te-rrestre unida a un vapor húmedo. Por su exaltación, y por asumir la naturaleza ígnea, actúa en la humedad que le es inherente; esto es atraído, se lo transmuta en su propia na-turaleza, y entonces rápidamente se precipita a la tierra, donde es atraída por una naturaleza fija que es igual a sí. 
P: ¿Qué deben hacer los Filósofos luego de haber extraído su Mercurio? 
R: Deben desarrollarlo de la potencialidad a la actividad. 
P: ¿No puede la Naturaleza hacerlo ella misma? 
R: No, porque ella se detiene un poco antes de la primera su-blimación y fuera de la materia en la que puede el metal engendrar. 
P: ¿Qué es lo que los Filósofos entienden por su Oro y Plata? 
R: Los Filósofos aplican a su Sulfuro el nombre de Oro y a su Mercurio el nombre de Plata. 
P: ¿De dónde se derivan? 
R: Ya he establecido que ellos se derivan de un cuerpo ho-mogéneo donde se encuentran en gran abundancia, donde también los Filósofos saben como extraerlo por un admi-rable y enteramente filosófico proceso. 
P: Cuando esta operación ha sido correctamente llevada a cabo, ¿a qué otro punto de la práctica deben ellos aplicarse? 
R: A confeccionar la amalgama filosófica, que debe ser hecha con gran cuidado, pero que sólo puede ser realizada luego de la preparación y sublimación del Mercurio. 
P: ¿Cuándo debería su materia ser combinada con el oro vi-viente? 
R: Durante el período de la amalgama solamente, es decir, el 
Sulfuro es introducido en él por medio de la amalgama, y de lo que resulta una sustancia; el proceso es acortado por medio de la adición de Sulfuro, mientras que la tintura al mismo tiempo es aumentada. 
P: ¿Qué es contenido en el centro de la humedad radical? 
R: Contiene un Sulfuro oculto, cubierto con una corteza dura. 
P: Qué debe hacerse para aplicarlo a la Gran Obra? 
R: Debe ser extraído de sus huesos con consumada pericia, y por el método de putrefacción. 
P: ¿Tiene la Naturaleza, en su trabajo en las minas, un mens-truo adaptado a la disolución y liberación de este sulfuro? 
R: No, porque no hay movimiento local. Si pudiera la Natu-raleza, sin ayuda, disolver, putrificar y purificar el cuerpo metálico, ella misma nos proveería de la Piedra Física, la que es el Sulfuro exaltado e incrementado en virtud. 
P: ¿Podéis elucidar esta doctrina por medio de un ejemplo? 
R: Por extensión de la anterior metáfora de la fruta (véase capítulo VI) o una semilla la que, en primer lugar, es puesta en la tierra para su solución y luego para su multiplicación. Ahora, el Filósofo, que está en la posición de discernir qué es una buena semilla, la extrae de su centro, la consigna a su tierra apropiada, cuando ha sido bien curada y prepa-rada y entonces la rarifica de tal modo que su virtud pro-lífica es aumentada e indefinidamente multiplicada. 
P: ¿En qué consiste el total secreto de la semilla? 
R: En el verdadero conocimiento de su tierra apropiada. 
P: ¿Qué entendéis por semilla en el trabajo del Filósofo? 
R: Entiendo por ella el calor interior, o el espíritu específico, que está encerrado en la humedad radical, la que, en otras palabras, es la sustancia media de la plata viviente, el apropiado esperma de los metales, que contiene su propia semilla. 
P: ¿Cómo libera el sulfuro de sus huesos? 
R: Por putrefacción. 
P: ¿Cuál es la tierra de los minerales? 
R: Es su menstruo apropiado. 
P: ¿Qué cuidados debe tomar el Filósofo para extraer la parte que él requiere? 
R: Debe tomar grandes precauciones para eliminar los vapo-res fétidos y los sulfuros impuros, luego de los que la se-milla debe ser plantada. 
P: ¿Por cuál indicación puede el Artista asegurarse que está en la vía correcta al comienzo de su trabajo? 
R: Cuando encuentra que el disolvente y la cosa disuelta son convertidos en una forma y una materia en el período de disolución.

CAPITULO VIII

La Estrella Flamígera

P: ¿Con cuántas soluciones contáis en el Trabajo Filosófico? 
R: Hay tres. La primera solución es aquella que reduce el cuerpo metálico y puro en sus elementos de sulfuro y de plata viviente; la segunda es la del cuerpo físico; y la tercera es la solución de la tierra mineral. 
P: ¿Cómo es reducido el cuerpo metálico por la primera so-lución en mercurio y luego en sulfuro? 
R: Por el secreto fuego artificial, que es la Estrella Flamígera. 
P: ¿Cómo es realizada esta operación? 
R: Por la extracción del sujeto, en primer lugar, del mercurio o vapor de los elementos y, luego de purificación, por su empleo para liberar el sulfuro de sus huesos, por corrup-ción, de lo que el negro es la indicación. 
P: ¿Cómo es llevada a cabo la segunda solución? 
R: Cuando el cuerpo físico es resuelto en las dos sustancias mencionadas previamente y ha adquirido la naturaleza celestial. 
P: ¿Cuál es el nombre que aplican los Filósofos a la Materia durante este período? 
R: Es llamado su Caos Físico y es, de hecho, la Verdadera Materia Prima, un nombre que difícilmente puede aplicarse antes de la conjunción del macho -que es el sulfuro- con la hembra -que es la plata-. 
P: ¿A qué se refiere la tercera solución? 
R: Es el humedecimiento de la tierra mineral y está estrecha-mente unida con la multiplicación. 
P: ¿Qué fuego debe ser empleado en nuestro trabajo? 
R: El fuego que es usado por la Naturaleza. 
P: ¿Cuál es la potencia de este fuego? 
R: Disuelve todo lo que está en el mundo porque es el princi-pio de toda disolución y corrupción. 
P: ¿Por qué es también llamado Mercurio? 
R: Porque es en su naturaleza aéreo, y un vapor muy sutil, que participa al mismo tiempo de sulfuro cuando ha contraído alguna contaminación. 
P: ¿Dónde está ocultado este fuego? 
R: Está oculto en el sujeto del arte. 
P: ¿Quién está familiarizado con él y puede producirlo? 
R: Es conocido al sabio, quien puede tanto producirlo como purificarlo. 
P: ¿Qué es la potencia esencial y característica de este fuego? 
R: Es excesivamente seco, y está continuamente en movi-miento; busca sólo desintegrar y guiar cosas de la poten-cialidad a la actualidad; es aquel que, en una palabra, procediendo de lugares sólidos en las minas, circula en una forma vaporosa sobre la materia y la disuelve. 
P: ¿Cómo puede ser distinguido más fácilmente este fuego? 
R: Por los restos sulfurosos en los que es envuelto por el me-dio ambiente salino del que es revestido. 
P: ¿Qué debe ser agregado a este fuego de modo de acentuar su capacidad para incineración en las especies femeninas? 
R: Debido a su extrema sequedad requiere ser humedecido. 
P: ¿Cuántos fuegos filosóficos podéis enumerar? 
R: Hay tres en total: natural, innatural y contranatural. 
P: Explicad estas tres especies de fuego. 
R: El fuego natural es el fuego masculino, el agente jefe; el innatural es el femenino, que es el disolvente de la Natu-raleza, que alimenta un humo blanco y asume esta forma. Este humo es rápidamente disipado, aunque se debe tomar mucho cuidado y es incombustible, a pesar que por medio de la sublimación filosófica deviene en corporal y resplan-deciente. El fuego contranatural es aquel que desintegra los compuestos, y que tiene el poder de desunir lo que ha sido unido muy estrechamente por la Naturaleza.

CAPITULO IX

La materia

P: ¿Dónde debe ser encontrada nuestra materia? 
R: Se puede encontrar en todas partes, pero debe ser espe-cialmente buscada en la naturaleza metálica, donde es más fácil de extraer que en otra parte. 
P: ¿Qué clase debe ser preferida antes que otras? 
R: La más madura, la más apropiada y la mas fácil; pero cui-dar, por sobre todas las cosas, de que la esencia metálica esté presente, no sólo potencialmente sino también actual-mente, y que haya por sobre todo un esplendor metálico. 
P: ¿Está todo contenido en este punto? 
R: Sí, pero la Naturaleza, al mismo tiempo, debe ser asistida, de modo que el trabajo pueda ser perfeccionado y llevado a su fin, y esto por medios que son familiares a los más al-tos grados del experimento. 
P: ¿Es esta materia excesivamente preciosa? 
R: Es vil, y originalmente sin ninguna elegancia natural; nadie diga de ella que es vendible, porque sólo es útil en nuestro trabajo. 
P: ¿Qué es lo que contiene nuestra Materia? 
R: Contiene, Sal, Sulfuro y Mercurio. 
P: ¿Qué operación es más importante de realizar? 
R: La sucesiva extracción de la Sal, el Sulfuro y el Mercurio. 
P: ¿Cómo es hecho esto? 
R: Por la mera y perfecta sublimación. 
P: ¿Qué es extraído en primer lugar? 
R: Mercurio en la forma de un humo blanco. 
P: ¿Qué sigue? 
R: Agua ígnea, o sulfuro. 
P: ¿Qué más? 
R: La disolución con sal purificada, en primer lugar volatili-zando aquello que es fijo y luego fijando aquello que es volátil en una tierra preciosa que es el Vaso de los Filósofos, y es totalmente perfecta.

CAPITULO X

Palabras rituales

P: ¿Cuándo debe el Filósofo comenzar su empresa? 
R: En el momento del amanecer, pues su energía no debe nunca atemperarse. 
P: ¿Cuándo debe descansar? 
R: Cuando el trabajo ha llegado a su perfección. 
1': ¿A qué hora está el fin de la Obra? 
R: Al mediodía, es decir, en el momento cuando el Sol está en su total poder, y el Hijo de la Estrella de la Mañana en su más brillante esplendor. 
P: ¿Cuál es la contraseña del Magnesio? 
R: Vos sabéis cuando yo debo o debería responder: reservo mi respuesta. 
P: Dadme el saludo de los Filósofos. 
R: Comience; yo le responderé. 
P: ¿Sois un aprendiz de Filósofo? 
R: Mis amigos, y el Sabio, me conocen. 
P: ¿Cuál es la edad del Filósofo? 
R: Desde el momento de sus investigaciones hasta el de sus descubrimientos, el Filósofo no tiene Edad. 
 

FIN DEL CATECISMO ALQUIMICO



LIBRO DE LOS PROLOGOS DE PARACELSO :

* (SINTESIS SOBRE ENTIDADES)

PROLOGO TERCERO

(Naturaleza de las Entidades)

Definido el nombre y número de las Entidades según aca-bamos de expresar en el prólogo anterior, vamos a ocuparnos en éste de conocerlas debidamente. La Entidad es la causa o cosa que tiene el poder de dirigir (regendi) el cuerpo. 
Cuando habláis tendenciosamente contra nosotros y afir-máis que la peste proviene de humores cuya malignidad está mantenida latente en el interior del cuerpo, sentáis una notoria falsedad. En vez de entreteneros en ver cómo está el cuerpo cuando se halla atacado de infección, deberíais ocuparos en averiguar cual es o qué es el veneno que los contamina. Recor-dad que todos los males posibles surgen ellos mismos del cuerpo en un momento dado, en el cual el organismo resulta inflamado o atacado de una u otra manera, a pesar de que no se pueda en la mayoría de los casos precisar la causa determi-nante de la enfermedad. 
Aparte esto, recordad también que hay cinco cosas que hieren el cuerpo y lo disponen a la enfermedad y que es nece-sario que el organismo se someta a ellas, pues sólo así logrará su debilitamiento. 
De esta manera veremos cómo cinco fuegos invaden y sur-gen del organismo toda vez cada una de las Entidades lo al-canza con su tremendo poder aflictivo (afficere). 
Así, cuando os halléis ante un paralítico, vuestra primera precaución será examinar cuidadosamente el fuego, o sea la Entidad que ha producido la parálisis. Con lo cual os diré que el médico que no llegue a precisarlas y poseerlas completa-mente, está verdaderamente ciego y no logrará jamás la cura-ción de ninguna otra enfermedad.

PROLOGO CUARTO

(Más sobre la naturaleza de las Entidades)

Continuaremos aquí el estudio de la naturaleza de las En-tidades. Previamente diremos que en los escritos de gran nú-mero de nuestros antepasados y predecesores se encuentran alusiones e ideas plenamente acordes con nuestro concepto de medicina, cuyo principio quíntuple condensaban ellos en uno solo, que llamaban "soplo-vital". De la misma manera, y por más que demos hoy la preferencia a los remedios hechos con nervios y médula, nos guardaremos muy bien de menospreciar sus recetas. 
Como final del exordio de este paréntesis vamos a definir las Entidades como las directoras, moderadoras y reguladoras de nuestro cuerpo. 
En el primer tratado nos ocuparemos de la esencia y la fuerza que encierran los astros. Esta fuerza, que actúe e influye constantemente sobre nuestro ser, se llama Entidad Astral (Ens astrorum) y debe ser tenida en cuenta como la primera a la que estamos sometidos. 
La segunda fuerza o potencia es la Entidad de los Venenos (Ens veneni), cuya acción es siempre perturbadora (alterat) y violenta. En este sentido debéis observar la diferencia esencial que distingue a estas dos Entidades, pues así como la influen-cia de los astros es intrínsecamente saludable e incapaz de proporcionamos perjuicios de ninguna clase, la de los venenos resultará siempre nociva. 
La tercera fuerza es aquella que debilita y desgasta nuestro cuerpo por el simple hecho de vivir y puede coexistir o no con las demás. La llamaremos Entidad Natural. Estaremos expues-tos a esta Entidad en todas aquellas ocasiones en que exijamos abusos o esfuerzos inmoderados a nuestro cuerpo o el mismo se halle debilitado por una complexión .deficiente, de lo cual pueden resultar todas las enfermedades sin excepción, aunque las otras entidades aparezcan favorablemente dispuestas. 
La cuarta Entidad proviene del poder de los Espíritus, que hieren (violant) y debilitan los cuerpos que caen bajo su in-fluencia. 
La quinta Entidad que puede afectarnos, no obstante nos sean favorables las otras cuatro y a pesar y por encima de ellas, es la Entidad de Dios (Ens Dei); Entidad que debemos conside-rar con la mayor atención y antes que toda otra cosa, pues en ella está la razón de todas las enfermedades. 
Observad pues, en fin, que de acuerdo con esto y según lo que repetidamente hemos venido explicando, todos los males provienen de cinco Entidades o Principios diferentes y no de una sola Entidad, corno sin ningún fundamento y con notorio error habéis sostenido.

PROLOGO QUINTO

(Razón de la especificidad de los remedios)

El asombro ante los resultados proviene siempre de igno-rancia o de impericia. No debe haber pues razón para que os asombréis ante este prólogo. Si a pesar de esto gustáis de asombraros, podéis perfectamente pasar por alto este parén-tesis. No tememos vuestra pluma, por más que en varias oca-siones la hayáis usado en contra nuestra. 
Es cierto que habéis contado siempre con toda especie de medicamentos y recetas (recepta) contra las fiebres, compues-tas con la mayor habilidad, a pesar de lo cual no es menor el temor que os produce pensar que acaso no os sirvan para nada o que sus efectos puedan ser contraproducentes, ya que si consideráis sus fundamentos, podéis daros cuenta de vuestra ignorancia, pues realmente habéis estado atentos a otra cosa de la que verdaderamente deberíais haber considerado. 
Entendéis acerca de setenta clases de fiebres cuando ver-daderamente existen cinco veces ese número. Ello ocurre por-que vosotros sólo dirigís vuestro espíritu y vuestra inteligencia hacia la Entidad Natural, única que habéis adoptado. Si sólo existiera esa Entidad vuestra actitud y vuestras afirmaciones serían lógicas; el que no lo sean proviene de que no os ocupáis más que de la enfermedad, lo que os lleva una y otra vez al error. Del mismo modo, si fuerais más honestos con vosotros mismos, reconoceríais que en más de una ocasión os habéis quedado sin saber si vuestros enfermos febricitantes han cu-rado por los medicamentos que les administrasteis o bien a pesar de ellos. En cuanto a mí, puedo deciros que si el febrici-tante ha sido abrasado (inflamatus est) por el astro, sólo él y nadie más que él será capaz de matarlo o de devolverle la sa-lud (restituitur). 
No es serio que déis los medicamentos de manera fantásti-ca, haciendo beber al enfermo una farmacia entera, pues según se demuestra en el tratado de la Entidad Astral, ello será de dudosa eficacia para el enfermo, aparte de resultar un negocio deplorable para vosotros mismos. 
Cuidad pues que las Entidades no os sean desconocidas ni extrañas, a fin de que podáis comprender todo cuanto hagáis y que ello acaba siendo útil y no perjudicial para vuestros en-fermos. 
Acabo de exponeros esta teoría dentro de unos límites es-trictamente físicos para que la comprendáis, ya que únicamente sois capaces de alcanzar los significados de la Entidad Natural, por más que sospeche que en este punto confundís y mezcláis todo lamentablemente. Ello explicaría en fin vuestra incapaci-dad para distinguir los diversos medicamentos que hay que escoger, así como el cuándo y cómo de su administración.



LIBRO DE LAS ENTIDADES DE PARACELSO :

(Textus parenthesis super Entia quinque) 
 

Primer libro pagano acerca de las entidades morbosas. 
Tratado de las Entidades de los astros sobre los cuerpos  inferiores 
Segundo libro pagano acerca de las entidades morbosas. 
Tratado de la Entidad del Veneno 
Tercer libro pagano acerca de las entidades morbosas. 
Tratado de la Entidad Natural 
 

PRIMER LIBRO PAGANO (pagoyum) 
ACERCA DE LA ENTIDADES MORBOSAS

TRATADO DE LAS ENTIDADES DE LOS ASTROS - 
SOBRE LOS CUERPOS INFERIORES (De Ente Astrorum)

Capítulo primero

(Origen del cuerpo por la entidad del Semen)

Lo primero que se impone al intentar la descripción de la Entidad Astral es considerar con toda exactitud la esencia, la forma y las propiedades de los astros e inmediatamente, a continuación, averiguar los caminos o el mecanismo por los que se produce la atracción (eliciatur) de dicha Entidad sobre nuestros cuerpos. 
Vosotros habéis dado a la Entidad Astral una interpretación puramente astronómica sin otro detenimiento o estudio, cuando verdaderamente deberíais haber hecho mucho más. Asimismo, cuando enseñáis abiertamente que el cuerpo se ha formado (constituere) directamente del cielo o de los astros, mantenéis una falsedad, ya que el hombre al constituirse lo hace exclusivamente partiendo del Espíritu del Semen (Ens Seminis) sin la menor participación de los astros. 
Vamos a probaros la nulidad de vuestros conceptos y de vuestras ideas sobre el particular y para empezar vamos a de-clarar lo siguiente: Adán y Eva han sido, es cierto, resultado de la creación, pero se han continuado y se continuarán hasta el fin del mundo gracias a la Entidad del Semen. De tal manera que si no hubieran existido o no existieran en la Naturaleza estre-llas o planetas, seguirían naciendo niños de distintas com-plexiones, sin relación alguna con los astros y sí en cambio con los temperamentos o complexiones de los padres e igual hoy que en las remotas épocas. Así habrá unos melancólicos, otros coléricos, éstos fieles, los otros infieles, aquéllos sobrios y aquéllos otros no, ya que la naturaleza humana, caracterizada por una Entidad de propiedad y especificidad, deriva y resulta de la Entidad del Semen y no tiene nada que ver con los Astros. Los Astros en efecto no ocupan ninguna parte del cuerpo ni le in-funden complexión, color, naturaleza o sustancia.

Capítulo segundo

(En donde se discute la influencia de los astros en la naturaleza humana)

Debemos advertir a todo médico que las Entidades del hombre son dos: la Entidad del Semen y la Entidad de la Po-tencia (Ens seminis e Ens virtutis), las cuales deben retener cui-dadosamente y recordar en el momento oportuno. Ahora, y como texto iniciatorio de este Tratado de la Entidad Astral, enunciaremos un axioma que consideramos perfectamente adecuado. Es el siguiente: “Ningún astro del firmamento, sea planeta o estrella, es capaz de formar o provocar nada en nuestro cuerpo, ya sea color, belleza, fuerza o temperamento.” 
Sin embargo, como se ha dicho que la Entidad Astral puede perjudicamos (loedere) de diversas maneras, yo debo decir a mi vez que ello es falso y que va es hora que desterréis de vuestros espíritus esos absurdos juicios, basados en la naturaleza o en la posición de las estrellas, que sólo pueden mover a risa. 
En este punto vamos a detenemos, sin llevar más adelante este discurso contra nuestros adversarios: primero porque la finalidad de este Paréntesis no es responder a cada instante a todas las cuestiones que se nos plantean exprofeso, para lo cual haría falta disponer de una cantidad de papel y de tinta tan grande como debería ser nuestra capacidad de contestar, por más asistidos que estuviéramos de la inspiración y de la ayuda divina. Y en segundo lugar porque a pesar de que hayáis comprendido que los astros no confieren ninguna propiedad ni naturaleza individual, seguís adoptando la opinión contraria, basados en el hecho de que a veces son capaces de atacamos y aún de provocar la muerte. 
La verdad es que no por haber nacido en la línea de Satur-no nos corresponde una vida más o menos larga; ello es per-fectamente vano. El movimiento de Saturno no afecta a la vida de ningún hombre y menos la prolonga o la abrevia. Aparte de lo cual, y aunque ese planeta no hubiera operado su ascensión a la esfera celeste, habrían habido y existirían hombres dotados del carácter de ese astro. E igualmente existirían lunáticos, aunque jamás hubiera aparecido ninguna luna en la naturale-za del firmamento. 
Tampoco debéis creer que la ferocidad y la crueldad de Marte sea responsable de la existencia y de la descendencia de Nerón, pues una cosa es que ambas naturalezas hayan coinci-dido en ese punto y otra que se hayan mezclado o tomado entre sí. 
Para ejemplo de lo que acabamos de decir os recordaremos, entre otros, el caso de Helena y Venus. Ambas fueron indu-dablemente de la misma naturaleza y, sin embargo, Helena habría sido adúltera aunque Venus no hubiera existido jamás. A lo que añadiremos que aunque Venus sea en la historia mucho más antigua que Helena, las cortesanas existieron mu-cho antes que una y otra.

Capítulo tercero

(Discurso sobre la semilla y el germen)

A pesar de lo que acabamos de decir debéis pensar que el firmamento y los astros han sido creados de tal modo que ni los hombres ni las criaturas animales podrían vivir <vigere) sin ellos, no obstante la incapacidad (de los astros) que tienen para llevar a cabo nada por sí mismos. 
La semilla que se deposita en la tierra, por ejemplo, pro-duce el fruto por ella misma, esto es, porque lleva en sí la Entidad del Semen (o de la semilla). Pues aunque es cierto que si el sol no hubiera calentado la tierra durante algún tiempo no habría germinado la semilla, ello ha resultado justamente así gracias a la acción del calor y de la digestión que dicho estímulo provoca. Sabed bien lo que es la digestión y consideradla como el resultado de una cocción lenta (dige-rere) que reduce las cosas a sus principios constitutivos esenciales. La digestión es sólo una operación estimulada por la temperatura, pero cuya acción está y existe ya en la cosa misma que se digiere. Sin digestión no podría prosperar el desarrollo de los fetos, el cual se realiza dentro de la matriz justamente a expensas de su propia digestión. 
En la comparación y ejemplo que os hemos dado, la diges-tión de la semilla se realiza en la tierra, que es la que necesita el sol, en tanto que en la matriz la digestión no necesita de ningún astro, sea Sol, Mercurio o cualquier otro, engendrándose, cre-ciendo y desarrollándose el feto en ella sin que nada le falte. 
Los astros carecen efectivamente de poder para cambiar la naturaleza de los hombres, los que tampoco poseen disposición alguna para recibir su influencia. 
Considerad aún otros ejemplos: De dos soldados igual-mente feroces o combativos, ¿podréis decir cuál es el que en-gendra, provoca o estimula (inegniat) el natural del otro (natu-rat)? ¡Ninguno! Y entre dos mellizos exactamente semejantes, ¿podréis saber cuál es el que da al otro su semejanza? ¡Ningu-no tampoco! 
¿Por qué, pues, llamar a éstos o a aquéllos Jupiterinos o Lunáticos cuando, al igual que en el ejemplo de los mellizos, todos y cada uno llevamos en nosotros mismos nuestra propia razón de ser? 
Os digo que el feto viene a ser como la semilla de su propia sustancia; por eso el mellizo es según la semilla que lo produ-ce y no una progenitura del Sol como hasta ahora se ha venido sosteniendo.

Capítulo cuarto

(De la supremacía de la sangre sobre los astros)

A pesar de todo lo que hemos dicho hasta aquí y sin que esto implique concesión o redundancia, es cierto que los astros pueden herirnos o matarnos. Hasta ahora se os ha enseñado que estamos dirigidos por los astros y que, consiguientemente, encaminamos esta inclinación hacia la naturaleza particular del planeta que nos domina. Y aunque sobre el particular, e incluso sobre la manera de resistir y combatir las influencias astrales, se ha escrito no poco, puedo deciros que todo ello no es sino ganas de perder el tiempo. 
Poco importa el sentido que déis a este proverbio: “El hombre sabio tiene mayor poder que los astros y dispone y manda sobre ellos, pues nosotros lo interpretamos tal cual acabamos de enunciarlo.” 
Los astros, en efecto, no coagulan, adaptan, forman ni diri-gen nada en nosotros, así como tampoco nos imbuyen de su similitud. Son absolutamente libres en sí mismos, tanto como podamos serlo nosotros en nuestra propia e íntima determi-nación y albedrío. 
Notad, sin embargo, que la vida no es posible sin los astros: 
en efecto, el frío, el calor, y la digestión de las cosas que cons-tituyen nuestro sustento, provienen justamente de ellos. 
¿Para qué andar, pues, removiendo esas minuciosas e in-terminables disputas acerca de si son ellos los que se asemejan a nosotros o nosotros los que nos parecemos a ellos? 
Las cosas son así por designio del Creador y no es posible pretender saber lo que está oculto en el firmamento, dado que ignoramos incluso la utilidad que puedan tener las propias cualidades de los astros; la gloria del Sol, el arte de Mercurio o la belleza de Venus, las que, por otra parte, si vamos a decir verdad, no nos sirven para gran cosa (commodare). 
Únicamente aprovecharemos la luz y el calor del Sol, ya que de ello se producen las frutas y las hermosas estaciones en las que crece y se da todo cuanto la vida proporciona. 
Para terminar este discurso y a fin de que podáis daros cuenta bien de la esencia de este Paréntesis, os pido que pres-téis una especial atención a lo que sigue. 
Cuando el feto, que ha sido concebido y que ha nacido bajo la influencia favorable y generosa de los astros, toma una naturaleza diferente y aun absolutamente contraria a la que por tal motivo debería corresponderle, obedece indudable-mente a alguna razón Pues bien; os diré que esa razón pro-viene (defluxit) de la sangre de sus ascendientes, lo cual está plenamente de acuerdo con todo cuanto sabemos acerca de la generación. 
Si la hora prescripta para la acción de cada cual coincide con la de los planetas, ello se debe a la sangre y nada más. Lo cual no invalida la lógica de que las buenas influencias vayan a menudo de acuerdo con los buenos resultados, e igualmente las malas influencias con los malos resultados. Sin embargo, insistimos en que, de las dos influencias que ahora hemos es-tudiado —la astral y la generativa—, sólo una posee la potencia necesaria para actuar de verdadera causa determinante. Y esa es la segunda, quiere decir, la Entidad del Semen. 
  
  
 

Capítulo quinto

(Razón de la diversidad de las formas)

Haremos ahora algunos comentarios acerca de la habilidad o la aptitud que son discernidas a los cuerpos. Hasta aquí, y según los estudios a los que particularmente os habéis dedi-cado, llegásteis a la conclusión de que todas las propiedades y virtudes nos vienen de los astros: fortuna e industria, arte y erudición, fuerza y riqueza..., por más que unas y otras nos alcancen en desigual medida. Nosotros vamos a destruir estos postulados, dando la siguiente interpretación: la suerte pro-viene del trabajo y éste de la calidad del espíritu. Quiere decir que cada hombre resultará hábil y afortunado para tal o cual cosa en la medida de su genio y de su espíritu, con todo lo cual podrá alcanzar finalmente la riqueza (fortunatus). 
Asimismo, dais numerosas razones para explicarlas dese-mejanzas de las formas humanas, cuando es notorio que desde Adán y durante todos los siglos transcurridos, entre tantas miríadas de hombres, jamás rostro alguno ha sido absoluta-mente semejante a otro, excepción hecha de los admirables y milagrosos parecidos que tienen los mellizos entre sí. Bien sé que atribuís el origen de estas diferencias al influjo del movi-miento de los astros, pero a nosotros eso no nos parece sufi-cientemente claro. 
Sabed más bien que la misma Entidad del Semen ha sido creada por Dios de tal suerte que todas las infinitas formas, colores y especies de hombres han sido agotadas en ella y que cada forma no volverá a repetirse hasta que todos los tipos se hayan producido, en cuyo momento los nuevos hombres volverán a su punto de partida, presentando las mismas caras que tuvieron antes de morir, varios siglos atrás. Cuando llegue el día del Juicio Final se habrán producido y agotado, pues, todos los colores y todas las variedades de hombres. Igualmente en-tonces todo habrá ya precedido de una u otra manera, debido a lo cual no podrá nacer hombre alguno que no se parezca a otro de los nacidos primeramente. En ese momento habrá so-nado la última hora de la primera gran rotación del primer ciclo (circuitus) del Mundo. 
Este hecho no debe empujaros a especulaciones inadecua-das por la que pudiérais pensar en dividir el Mundo en partes o en épocas, ya que si todos los colores y variedades humanas se han manifestado, es lógico que no pueda haber lugar para nuevas formas. En ese momento habrá terminado el período de la verdad (vera odas) y empezarán las nuevas semejanzas.

Capítulo sexto

(Acerca del principio M)

El fin de estas reflexiones no es otro que haceros compren-der con mayor claridad nuestras proposiciones y enseñanzas. Debéis admitir, pues, la Entidad Astral como aquella cosa in-definida e invisible que mantiene y conserva nuestra vida, así como la de todas las cosas del universo dotadas de sentimien-to y que proviene (profluit) de los astros. 
Explicaremos esto con un ejemplo: El fuego necesita un combustible para arder, pongamos por caso la madera, sin la cual no puede existir. Considerad ahora que el fuego es la vida y que de igual modo necesita alguna madera para existir. Y recordad esto bien, pues por más que sea un ejemplo grosero, entiendo que resultará suficiente y hasta mejor para vosotros: 
el cuerpo es la madera y la vida su fuego. Es decir, que la vida ““del cuerpo. 
En compensación a esto resulta necesario que el cuerpo posea algo que impida su consumición por la vida y que tien-da a conservarlo (perduret) en su propia sustancia. Este “algo”, que emana de los astros o del firmamento, es justamente la “Entidad” de que os hemos venido hablando. 
Vosotros decís con mucha verdad que si no existiese el aire todas las cosas caerían al suelo; y que perecerían por asfixia todas las que tuvieran vida propia. Debo decir a esto que existe aún algo que sostiene el cuerpo y que el mismo cuerpo ali-menta, cuya pérdida no es menos soportable que la pérdida del aire mismo. 
Este “principio” que hace vivir el firmamento, que conserva y calienta (fovetur) el aire y sin el cual se disolvería la atmósfera y perecerían los astros, lo llamamos M. (1) 
Nada existe en efecto más importante ni nada más digno de ser tenido en cuenta por el médico. Por otra parte, ese “prin-cipio” no está en el firmamento, ni emana de los cuerpos ce-lestes, ni es proyectado por ellos hacia nosotros pobres mor-tales!, siendo mucho más y distinto que todo esto junto.

Sea como fuere, tened por cierto que dicho “principio” conserva todas las criaturas del cielo y de la tierra, viviendo de él y en él todos los elementos. 
Recibid cuanto acabo de deciros como una opinión justa, que podéis referir en todo cuanto concierne al primer ser de la creación y de todo cuanto expliquemos a propósito de M en el presente discurso.

Capítulo séptimo

(Sobre la bondad suprema del aire libre)

Luego de haber seguido con todo detenimiento cuanto os hemos referido acerca de M, os ruego que consideréis con atención el siguiente ejemplo: He aquí un hornillo (hipocaus-tum) cerrado y obstruido, en el que la viciosa combustión os produce un olor desagradable. En realidad el mal olor no nace del hornillo, sino de vosotros mismos y todos los que se acer-quen notarán igualmente vuestro olor. 
  
 

1 Es muy difícil precisar a qué quiere referirse Paracelso con esta letra-símbolo. Los latinos opinan que representa el “Mercurio Filosófico”, que fue uno de los grandes medicamentos de la trilogía paracelsiana. Los astrólogos creen que representa el hie-roglifo maternal, la llave de la Cábala ola inicial de “María”, primer ser de la creación. La versión francesa de Grillot de Givryr, acorde en cierto modo con este último con-cepto, lo considera como expresión del agua primordial o menstruación original del Mundo. Otros creen que esta misteriosa “M“no es otra cosa que la inicial de la “Mu-mia”, o sea el gran principio de conservación y perduración del Universo. 
 

De semejante manera se comprende que podáis, en un re-cinto determinado, provocar enfermedades o curaciones en todos los que lo habiten, pues si el aire no proviene de voso-tros, el olor en cambio sí. Más aún: cuando hablamos de la Entidad Astral, nos referimos precisamente al aire. 
Vosotros creéis que el aire nace del movimiento de los as-tros, lo cual es falso, pues ocurre que confundís el aire con el viento y la atmósfera con el soplo, lo que, por otra parte, ex-plica perfectamente la meteorología. 
El aire proviene (defluit) del bien soberano y ha existido anteriormente a todas las criaturas: sólo después ha sido crea-do lo restante. El mismo firmamento vive del aire y se conser-va en el aire como los demás seres y no resulta un producto de aquél, sino al revés. Puede decirse que si todos los firmamentos se parasen, el aire seguiría existiendo, pues sólo por falta de aire podría perecer el Mundo y el firmamento entero, incluido por supuesto el hombre y todos los elementos. 
Venimos a concluir de esta manera con que la universalidad de las cosas se sostiene en el aire y por el aire. 
Este es el que llamamos “principio” M; principio incorrup-tible e inalterable, refractario a todo veneno. Los venenos están en el hombre y sólo pasan al aire extrasustancialmente, lo mismo que en la comparación del hornillo, que huele porque quema mal su combustible. En definitiva, lo que M corrompe (inquinat) existe en el cuerpo y sale precisamente de él.

Capítulo octavo

(De cómo la Entidad Astral sirve de vehículo a los contagios de las enfermedades)

La Entidad de los astros se comprende de la siguiente ma-nera: todos los astros, lo mismo que los hombres, poseen una serie de propiedades y de naturalezas y encierran en sí mismos la posibilidad de hacerse mejores, peores, más dulces, más ácidos o más amargos. Cuando persisten en estado de equili-brio no emanan ninguna clase de maldad o perjuicio, pero cuando caen en depravación se transforman inmediatamente, dando curso a sus propiedades malignas. 
Recordemos que la Entidad Astral rodea verdaderamente (ambire) el orden universal, del mismo modo que la cáscara circunscribe el huevo. El aire penetra primero a través de la cáscara, calando luego hasta el centro del Mundo. Debéis considerar pues, nuevamente, que ciertos astros son venenosos y que emponzoñan el aire por contagio, a lo que sigue que los mismos males aparecerán y se propagarán hasta el último lu-gar que haya alcanzado el aire libre venenoso, es decir, el ma-leficio del astro. Sin embargo, ese poder maléfico no alcanza a la totalidad del aire del Mundo sino solamente a una parte, mayor o menor según la importancia de su fuerza. 
Lo mismo ocurre con las influencias favorables. 
Resumiremos pues diciendo que la naturaleza de la Entidad Astral (Ens Astrale) se compone del olor, de la respiración o va-por, y del sudor de las estrellas mezclado con el aire. De ahí proviene el frío, el calor, la sequedad y las demás propiedades de este tipo. Deduciéndose de este modo que los astros no pue-den ejercer influencia alguna por sí mismos (nihil inclinare), si bien su emanación (halitus) pueda contaminar a M y de esta manera, por su intermedio, alcanzar a afligimos o envenenamos. Nuestros cuerpos pues, pueden disponerse al bien o al mal se-gún el comportamiento que nos ofrezca la Entidad Astral. Cuando el temperamento del hombre, según su sangre natural, sea opuesto (adversatur) al hálito astral, sobrevendrá la enfer-medad, no sufriendo inconveniente alguno en caso contrario, o bien cuando posea un temperamento fuerte y noble, cuya sangre generosa le basta para protegerse y vencer de todo maleficio o cuando, finalmente, haya tomado una medicina que lo capacite para resistir los vapores venenosos de los seres superiores. 
De lo que se concluye que todas las cosas de la creación son contrarias al hombre y viceversa.

Capítulo noveno

(De la influencia astral de los venenos)

Después de las observaciones que acabamos de hacer a propósito de M, vamos a demostrar por medio de un ejemplo de qué manera pueden perjudicar a nuestro cuerpo las exha-laciones de los planetas. 
He aquí un lago lleno de peces a causa del benéfico influ-jo (probum) de su M: si a consecuencia de un frío excesivo y persistente se hiela este lago, los peces morirán. Y ello porque M, dada la naturaleza del agua, se habrá enfriado también demasiado. El frío en este caso no proviene de M, sino de la naturaleza del astro que reacciona así. Si, por el contrario, las aguas se calientan excesivamente por el calor del Sol, los pe-ces pueden morir igual, aunque en este caso por un meca-nismo opuesto. 
Estos dos hechos emanan sencillamente de las propiedades de ciertos astros. Otros a su vez pueden amargar, dulcificar, agriar, arsenificar e impregnar a M de una infinidad de calidades y gustos, entendiendo que toda alteración importante produce o puede producir trastornos en el cuerpo. 
Juzgad de todo lo explicado que si el astro puede llegar a corromper a M, con mayor razón seremos presa nosotros de las enfermedades y aun de la muerte, si ello está en la naturaleza del influjo astral. En adelante y según lo que acabamos de ex-poner, ningún médico se asombrará de encontrar escondidos en los astros muchos más venenos que los que conocemos en la tierra. 
Sepa pues todo médico y téngalo presente por absolutamente cierto, que ninguna enfermedad se manifestará en par-te alguna sin la presencia evidente de algún veneno, siendo el veneno el principio y origen de todas las enfermedades sin excepción, sean externas o internas. 
Al Arsénico corresponden así más de cien enfermedades distintas, por más que todas provengan del único Arsénico del Universo. Del mismo modo debemos contar con las que pro-vienen de la Sal, del Mercurio, del Azufre y del Realgar. (2) 
Os indicamos todas estas cosas a fin de que sepáis y com-prendáis que no es posible alcanzar habilidad alguna sobre las enfermedades sin un perfecto conocimiento de los orígenes o del origen, ya que una sola puede ser la causa del mal. Cuando hayáis percibido bien esto, os será fácil ir conociendo todas las causas, a propósito de lo cual la observación diaria y la práctica os serán de gran utilidad. 
  
 

2 Miguel Toxites, en Onomasticon Paracelsi, dice “Realgar est fumus míneraliun, quidquid arsenicale est, aut operimenti naturat habeL” Este término expresa en general el humo de los minerales y se lo refiere a la naturaleza corrompida (vitiosa) del cuer-po humano, productora de las úlceras y llagas. Según el elemento de que se trate, se dirá Realgar de la tierra del agua o del fuego. 
Gerardo Dom en su Dictionarium Paracelsi, define las clases de Realgar: “El Real-gar del agua es la espuma (spuma) que sobrenada en su superficie; el de la tierra es el Arsénico, y el del fuego, la conjunción de Saturno, aparte de lo cual existe un Realgar del aire que se llama Maná.” 
La ciencia moderna ha conservado el nombre de Realgar para designar al sulfuro rojo de arsénico o arsénico sulfurado (AsS). 
 

Capítulo décimo

(De la contaminación del agua por el arsénico de los astros)

A fin de que el conocimiento que alcancéis sobre estas cosas sea más profundo, será conveniente que os diga que nosotros no creemos que el verano o el invierno solos sean perjudiciales (camnosae) para los cuerpos; el perjuicio y el daño vienen de los planetas o estrellas, cuyos efluvios, diariamente producidos y acumulados, llegan a penetrar en M, atemperándolo según sus naturalezas respectivas. 
Por dicha acción M se impregna de Sal, de Arsénico, de Mercurio o de Azufre y con ello nuestros cuerpos alcanzan la enfermedad o la salud, salvo los casos en que el efluvio o poder de penetración astral se pierde, como ocurre a veces cuando los astros se encuentran a demasiada distancia. 
La siguiente observación confirma lo que venimos diciendo: 
Cuando la exaltación de las estrellas arsenicales alcanza el centro de la tierra o del agua, la tierra o el agua resultan con-taminadas por la potencia arsenical. Cuando el agua se infecta de esta manera, los peces que viven en ella emigran a otras aguas y se ponen a salvo nadando desde la profundidad a la superficie, en busca de aguas dulces o de zonas no contami-nadas. Esa es la razón que los hace aparecer a veces en masas compactas y número prodigioso, en las inmediaciones de las costas. 
Cuando en un lugar cualquiera se congrega una cantidad de peces como no se ha visto en varios años, seguramente vamos a ver aparecer una epidemia, pues al arsénico que ha impregnado desde mucho antes a los peces, acabará envenenando a los hombres, debiéndose a la constitución más fuerte y resistente de estos últimos el que tarden más que los peces en enfermarse. 
Otro tanto puede decirse a propósito de las demás especies de venenos emitidos por los astros, que, luego de alterar a M, no solamente debilitan a los hombres y a los peces sino que 
envenenan los frutos de los campos y a todos los seres vivos de la tierra.

Capítulo undécimo

(Afinidad de los venenos con sus correspondientes entidades)

Adaptando al cuerpo humano el ejemplo que acabamos de referir, vemos que podemos comparar el tronco a un lago yios miembros a otros tantos peces. Cuando la vida que existe en todo nuestro ser se corrompe por la influencia del veneno emanado de los astros, la mayor debilidad aparece en las piernas por ser precisamente allí donde se acumula la mayor cantidad del veneno. Todas las demás Entidades astrales po-seen a su vez su veneno correspondiente y así, unas visitan solamente la sangre, como la “realgárica”; otras los huesos y las articulaciones, como las derivadas de la Sal; otras sólo la ca-beza, como las mercuriales; éstas engendran tumefacciones e hidropesías, como las auripigmentadas y aquéllas producen la fiebre, como los amargos. (3) 
 

3 Paracelso llamaba “Realgar” (véase nota anterior) a la espuma que representa-ba la infección aflorando a la piel, bajo forma de sarpullidos, aczemas, llagas, úlceras, erupciones y urticarias. Su atribución, expresiva a las enfermedades de la sangre, es perfectamente lógica. Asignar el Mercurio a la cabeza se comprende también, no so-lamente por las cefaleas y estomatitis que provoca, sino por los espectaculares resul-tados que procura en las úlceras gomosas sifilíticas de la cara y la nariz, tan frecuentes en aquellos tiempos. 
La Sal correspondería a los huesos, por natural conjunción telúrica o afinidad geológica. 
La ictericia —que era indudablemente la enfermedad “auripigmentada”— encaja perfectamente en el cuadro de la cirrosis (ascitis, hepatomegalia e ictericia, corres-pondiendo a hidropesía, tumefacción y piel teñida de amarillo, o “auripigmentada”). Atribuir la fiebre a los amargos es simplemente invertir los términos de causa a sín-toma, pues es clásico de la fiebre el mal gusto de la boca la lengua saburral y el sabor amargo, que es lo que impresionaba más al espíritu deductivo y al fino observador que fue sin duda Paracelso. 
 

 A fin de que asimiléis mejor todo esto, vamos a simplifica-ros las cosas con toda prodigalidad e incluso cuanto concierne a la naturaleza de la propia Entidad Astral. De esta manera echaréis de ver cómo algunas de estas cosas penetran profun-damente en nuestro cuerpo, afectando el mismo licor vital y produciendo las enfermedades clínicas, en tanto que otras, que determinan las heridas, ponen en actividad a la potencia ex-pulsadora (supuración). Toda la teoría se halla universalmen-te en estas dos cosas. 
El saber, aparte de esto, a qué estrella corresponde cada ve-neno es cosa más propia de la Astronomía que de la Medicina. 
De cualquier manera no olvidéis que los venenos que en-gendran la hidropesía, por ejemplo, son quíntuples, reunidos en un solo género, pero difiriendo en cinco naturalezas. Una de ellas proveniente de los astros y de las otras cuatro Entidades las demás, todas las cuales dan lugar a una sola hidropesía. Lo que se repite del mismo modo para los cinco azufres y para todas las demás cosas dentro de este mismo orden. 
Conocer la Entidad a la que corresponde una hidropesía determinada o bien saber cuáles son los mejores remedios de que podremos disponer para su curación, son cosas que en-contraréis referidas más adelante en el libro correspondiente a la terapéutica general de las enfermedades. 
Llegados a este punto vamos a terminar el estudio de la Entidad Astral añadiendo lo siguiente: pretender curar las enfermedades astrales mientras se mantenga dominante en el firmamento la estrella específica del morbo, es tarea yana, trabajo inútil y tiempo perdido, pues el poder del astro es siempre superior al poder del médico. 
De ello deduciréis como enseñanza y prudencia elemental, según conviene a médicos de conciencia, observar con todo detenimiento el tiempo en que vayáis a operar o a emprender cualquier tratamiento, pues por más grande que sea vuestro esfuerzo, no lograréis nada antes o después del tiempo ver-daderamente propicio para tal fin.

SEGUNDO LIBRO PAGANO (Pago yum) 
ACERCA DE LAS ENTIDADES MORBOSAS

TRATADO DE LA ENTIDAD DEL VENENO 
(De Ente Veneni)

Capítulo primero

(Cómo y cuándo deben ser considerados venenosos los alimentos)

Terminada nuestra disertación sobre la Entidad Astral, va-mos a ocuparnos, siguiendo un orden lógico, de la Entidad del Veneno (Ens Veneni), segunda causa de los trastornos aflictivos de nuestro cuerpo. 
Recordaremos primero, una vez más, que el organismo pue-de ser dañado (violan) por cinco Entidades, a las que queda sometido (induci) para todo padecimiento (ut patiantur). 
En este discurso vamos a ocuparnos de la Entidad del Ve-neno. 
Es sabido que todos los cuerpos necesitan vivir, para lo cual utilizan determinados vehículos que los nutren y conservan, resultando imposible la vida allí donde faltan tales medios. E igualmente hay que recordar que el mismo que ha formado nuestros cuerpos ha creado los alimentos, si bien su obra no haya sido tan perfecta en este punto. 
Hay una cosa cierta: y es que nuestro cuerpo nos ha sido dado exento de venenos, los que se encuentran precisamente en los alimentos que ingerimos. Quiere decir que el cuerpo ha sido creado perfecto y que las imperfecciones, o sea los vene-nos, están en los frutos y en los otros animales que nos sirven de sustento, si bien ellos, para sí mismos, tampoco contengan imperfección, como corresponde a obras del Creador igual-mente perfectas. 
De esta manera, sólo cuando una cosa es tomada del exte-rior en calidad de alimento adquiere la propiedad del veneno, de la que carece en sí y para sí misma. 
 

Capítulo segundo

(De donde resulta la perfección de las criaturas de la naturaleza)

Vamos a detenernos aún en estas consideraciones: Quiero deciros que no existe cosa alguna que no sea perfecta dentro de su propio ser ni para su propia razón de existencia y que sólo cuando la destinamos a usos diferentes puede hacerse mala, aunque no necesariamente. 
Ved un ejemplo: el buey alimentándose de malas hierbas recibe al mismo tiempo salud y veneno, en tanto que la savia y los jugos de la hierba no son venenos para ella, lo que igual-mente ocurre en el hombre con todo cuanto come o bebe. Comprended bien pues estas dos situaciones o circunstancias: una, la naturaleza intrínseca del hombre, y otra la absorción (assumtio) de lo exterior a él. 
Diremos en otras palabras, para conseguir mayor claridad o comprensión, que el hombre es la “gran naturaleza” (magna natura) y que lo demás es el veneno añadido, mezclado o in-jertado en la naturaleza. 
El fundamento de nuestra segunda Entidad, o Entidad del Veneno, radica en el hecho de la perfección de todas las cosas de la naturaleza en cuanto se manifiestan en sí mismas como obra de Dios. Y en su imperfección en cuanto se salen, al mez-clarse unas con otras, de su propia naturaleza. 
Tampoco ha creado Dios, Alquimista alguno entre los hombres o las demás criaturas de modo absoluto, pero sí si nos referimos al uso imperfecto que podamos dar a nuestros co-nocimientos, por lo cual nos ha permitido separar y discernir el veneno de apariencia inofensiva o saludable que pueda haber en determinados alimentos, a fin de que no los comamos. 
Fijad pues bien vuestra atención en todo cuanto vamos a deciros a propósito de este Alquimista.

Capítulo tercero

(Sobre la sabiduría divina de los médicos alquimistas)

Dado que toda cosa, por más que sea perfecta en sí misma, puede transformarse en venenosa o bien persistir en su carác-ter saludable y benéfico bajo la influencia de las demás de su ambiente tenemos que convenir en que Dios ha creado y per-mitido la existencia de un Alquimista con tal habilidad que pueda llegar a discernir perfectamente el veneno contenido en las cosas extrañas del alimento adecuado para el cuerpo. 
Un ejemplo os hará más fácil esta comprensión: Considerad un Príncipe o Señor cuya naturaleza fuera perfecta según cuadra y conviene en tales personajes; ese Príncipe no puede serlo y manifestarse como tal sin una corte de servidores y vasallos que le rindan pleitesía, pues aunque tal cosa pueda ser un veneno o un perjuicio, resulta indudablemente al mismo tiempo una necesidad. 
Con lo que os he dicho del Alquimista de la Naturaleza, podéis tener por cierto que Dios mismo le ha conferido la ciencia que necesita, exactamente como a un Príncipe. Y lo mismo que él, sabrá separar el veneno que haya en sus servi-dores, tomando de ellos solamente el bien que le proporcionan. Si este ejemplo no os satisficiera podéis encontrar la base de esta enseñanza en la doctrina del “Sapiente”, donde está per-fectamente explicada. 
He aquí su contenido: el hombre tiene necesidad de comer y de deber porque su cuerpo, que es el verdadero albergue de su vida (hospitium jus vitae), necesita absolutamente bebidas y alimentos. De donde resulta fatalmente que el hombre se ve compelido a absorber el veneno, las enfermedades y la misma muerte de esta manera. 
Claro es que de acuerdo con esto podríamos pensar que el Creador ha dado la vida y el sustento para esclavizarnos, pero la realidad es que las criaturas conservan siempre su libre al-bedrío y que Dios ha dejado a cada una librada a su propia capacidad de perfección. Por eso, si ciertas cosas resultan un veneno para otras, no por ello debemos acusar ni reprochar nada al Creador. 
Capítulo cuarto

(En donde se descubre que un alimento y un veneno pueden ser la misma cosa) 
 

Ved ahora cómo podéis seguir mejor la obra del Señor: Si todas las cosas son perfectas en sí mismas y están compuestas por orden del Creador de tal manera que una realiza la con-servación de la otra, como por ejemplo la hierba que alimenta a la vaca y la vaca que alimenta al hombre...; si por ello la perfección de una cosa puede ser un bien o un mal para otra cosa que lo consume, haciéndose por semejante causa imper-fecta, hay que reconocer que el Creador lo ha permitido así para conseguir que lo creado de esta manera resulte más rico y abundante (ubenior) que la creación misma. 
Esa es la razón por la que ha creado las cosas de tal suerte que en todo lo que sea necesario a otra cosa se esconda (lateat) una virtud, arte o eficacia, capaz de separar el veneno de lo que no lo es, y que el equilibrio entre la salud del cuerpo y la ne-cesidad de alimentos se mantenga mutuamente. 
Ejemplo: El pavo real devora las serpientes, los lagartos y las arañas, animales que aunque sanos, perfectos y salubres para ellos mismos, no lo son para los demás animales, excepción hecha del pavo real. La razón de este fenómeno estriba en que el Alquimista del pavo real es más particular y sutil que el de ningún otro animal, ya que puede separar exquisitamente lo que es venenoso de lo que no lo es y conseguir que ese alimento sea perfectamente apto para él, es decir, para el pavo real. 
Sobre esto debo deciros que cada animal tiene asignado un alimento especial y un Alquimista propio que se lo prepara. El Alquimista del avestruz, por ejemplo, tiene el poder de separar el hierro, es decir, el excremento, del alimento, habilidad que le es peculiar y exclusiva. El de la salamandra permite que dicho animal pueda alimentarse del propio cuerpo del fuego. El del cerdo ha hecho posible que el excremento le sirva de alimento a la vez que de veneno, razón por la cual el Alquimista de la Naturaleza ha excluido a este animal del cuerpo del hombre, demostrando así que el Alquimista del cerdo es mucho más sutil que el Alquimista del hombre. 
Esa es la razón por la que vemos cómo el excremento del cerdo no sirve de alimento para animal alguno, lo que indica que ningún Alquimista es capaz de hacer lo que hace el Al-quimista del cerdo, cuya habilidad en separar y seleccionar los alimentos es superior a todo lo que pueda imaginarse. 
Y así en muchos otros casos en cuyo detalle no nos detene-mos en gracia a la brevedad de nuestro discurso.

Capítulo quinto

(Plan de estudio para la Entidad de los Venenos)

Además de cuanto os he dicho ya a propósito del Alqui-mista, debo informaros que el mismo ha sido creado por Dios para que separe de los alimentos necesarios para nuestro sus-tento todo lo que es bueno de lo que no lo es. Todo esto no debe hacernos olvidar sin embargo que las cosas que pueden dañar al hombre y a las cuales está sometido, son cinco. 
Ya nos hemos ocupado de la Entidad Astral, cuya influencia directa sobre nosotros es nula, según hemos podido ver. Con la Entidad de los Venenos la cuestión cambia fundamentalmente y el hombre dará buena muestra de prudencia aprendiendo a temerla y a defenderse contra ella, pues la verdad es que en este punto se halla desprovisto de toda protección o defensa y en permanente estado de contaminación. 
Lo primero que debemos determinar es la razón por la cual nos es perjudicial el veneno. A continuación tendremos en cuenta la existencia del Alquimista que Dios ha colocado en nosotros para separar lo bueno y lo malo de nuestros alimentos y evitarnos así todo perjuicio. Deteniéndonos en esta disquisi-ción, será conveniente que nos ocupemos de El con toda aten-ción, que averigüemos su razón de ser y su modo de existir. Y en fin, que investiguemos porqué todas las enfermedades hu-manas provienen igualmente de la Entidad del Veneno y de las otras entidades, entendiendo que para mayor claridad, supri-miremos de nuestro discurso todo aquello que pueda procurar salud, beneficio o comodidad. 
 

Capítulo sexto

(Alegato contra los que se especializan precozmente)

Ahora os diré que cuando los Astrónomos se refieren a las enfermedades y afirman la existencia de un cuerpo feliz (fon-tunatum) y salutífero en nuestro organismo, divagan y fanta-sean por demás. Ello no es posible por la sencilla razón de que las otras cuatro Entidades tienen la propiedad de poder dañar nuestro cuerpo, propiedad que en cambio no poseen los astros. Por eso nos mueven a risa los libros de esos autores cuando prometen la salud con tanta liberalidad, sin tener en cuenta para nada a las Cuatro Entidades restantes, cada una de las cuales tiene tanto poder como la Entidad Astral y por eso re-chazamos firmemente esta doctrina. 
Podemos divertirnos entretanto un poco a costa de tales médicos: ¿cómo se comprendería un gato sin ratones o un príncipe sin bufón? En verdad os digo que tampoco el Fisio-mántico conseguirá con sus historias merecer nuestra seriedad. Pues es notorio que cuando promete la salud no piensa en las otras cuatro Entidades.., sencillamente porque las ignora, lo que le permite hacer augurios basado en la sola Entidad Na-tural, mientras guarda un celoso silencio sobre lo demás. 
Corresponde, por el contrario, al hombre verdaderamente instruido preveer y predecir las cosas que dependen del curso de los acontecimientos (ex cursu), pues en verdad existen cinco especies de movimientos o cursos contra una especie de hom-bres solamente, por lo que aquél que omite un movimiento y sigue su camino por los otros es un falso Profeta. 
Dividir y hablar de acuerdo a esta división, especializándose según lo que cada uno haya aprendido, es para estos médicos incompletos e imperfectos perfectamente lícito. Así el Entista (1) Quiromántico, basa sus principios y juicios en el estudio del es-píritu, el Fisionómico lo hace según la naturaleza del hombre, el Teólogo lo considera según el impulso de Dios (ex cursu Dei) y el Astrónomo por los efluvios de los astros. Sin embargo yo os digo que cada uno considerado aisladamente es un farsante y que sólo resultan verdaderos y justos cuando se reúnen en uno solo. 
Hemos querido poneros sobre aviso acerca de todo esto para evitaros esa cómica ignorancia que resulta de conocer las cinco Entidades a través de una sola. 
 

1 Entistas: los versados en una sola Entidad. Quiere referirse con esto a lo que ahora llamaríamos Especialistas. 
 

Capítulo séptimo

(Sobre la naturaleza y función del Alquimista)

Sabed que Dios al formar las sustancias de cada criatura las ha provisto de todo cuanto hubieran menester (et quoe ad hauc requiruntur), no para que usen de ello sin discernimiento, sino para que puedan subvenir debidamente a sus necesidades: 
todas esas cosas están unidas al veneno y el conocimiento de lo que acabamos de expresar os será de gran utilidad para el es-tudio del Alquimista, quien, desde el fondo de cada criatura y valido de sus artes químicas, separa los venenos de las demás sustancias no venenosas que forman su materia. 
El Alquimista, pues, se ocupa de separar lo malo de lo bueno, que transforma en tintura para así distinguirlo mejor. De ese modo tiñe el cuerpo dotado de vida y ordena y dispone todo lo sometido a la naturaleza, a la que tiñe y transforma en sangre y en carne. 
El Alquimista habita en el ventrículo,2 donde actúa a dis-creción (in instrumento suo) y lleva a cabo sus cocciones (ubi coquit).

Cuando el hombre come carne, ingiere en ella misma una parte nutritiva y saludable y otra parte venenosa. La confusión y el peligro está en que en el momento de comerlas, las dos partes parecen buenas y puras. Sin embargo, mientras bajo lo bueno se halla el veneno escondido, bajo lo malo no existe nunca nada bueno. Por eso, antes que la carne pase al vientre, el Alquimista se lanza sobre ella y lleva a cabo la separación. Lo que no ha de contribuir a la salud del cuerpo, lo deposita en lugares especiales en espera de poderlo devolver al exterior, en tanto que lo bueno queda encerrado justamente allí donde convenga y deba encontrarse. Tal es lo ordenado por Dios. 
Con ello el cuerpo se preserva de la muerte a que podría conducirle la absorción del veneno, lo que el Alquimista pre-viene sin la menor intervención de la persona misma. Por todo lo cual puede decirse que la virtud y el poder del Alquimista se encuentran en el hombre.

Capítulo octavo

(Mecanismo de producción de las enfermedades debidas a los venenos)

Comprended ahora que en cada cosa que el hombre toma para su sustento se encuentra constantemente el veneno es-condido bajo la buena sustancia. La sustancia es, pues, el ali-mento que da vida, en tanto que el veneno la destruye y arra-sa por medio de las enfermedades, siendo de ver que ambos principios se encuentran universalmente en todos los alimentos y en todos los animales sin excepción alguna. 
 

2 El ventrículo se refiere genéricamente al epigastrio y en forma precisa al estó-mago, según la opinión de Paracelso y la de los anatómicos de la época, como Fernel, Teófilo y Rufo de Efeso. 
 

Y ahora, médicos. escuchadme bien: Si en la disposición que hemos explicado (hos pacto) resulta que el cuerpo se mantiene de los alimento, a cuya servidumbre queda obligado, con ellos le llega también lo bueno y lo malo, cuyo trabajo de separación es delegado al Alquimista. 
Cuando el Alquimista es demasiado débil (infirmus) y no puede llevar a cabo su sutil industria de separar el veneno de las sustancias sanas, se produce la putrefacción conjunta de todo ello, seguida de una especial digestión, cuyos signos ex-teriores son précisamente los que nos servirán para indicar e individualizar las enfermedades de los hombres. Las enfer-medades engendradas por la Entidad del Veneno provienen en efecto de una digestión alterada por la putrefacción, cuyas combustiones son tan temperadas que el Alquimista no llega a percibirlas. En este punto, al interrumpirse la digestión normal con todos estos excesos (excessus), el Alquimista queda inutili-zado para llevar a cabo su trabajo (in suo instrumento). 
La putrefacción o corrupción es pues necesaria, constitu-yéndose así, una vez aparecida, en madre de todas las enfer-medades. 
Es conveniente, por lo tanto, médicos que me escucháis, que observéis y retengáis bien estas cosas en vuestro espíritu, des-embarazándoos de vanas consideraciones. 
La corrupción ensucia el cuerpo; más adelante comprende-réis con ejemplos vivos lo que es y todo lo que puede llegar a ser esta corrupción. 
Ahora os diré sencillamente para terminar que, así como todas las ondas (¿de agua?) son claras, traslúcidas y aptas para teñirse de cualquier color, así el cuerpo puede adquirir todos los colores, es decir, todas las corrupciones. Y no hay ningún color que no provenga de algún determinado veneno, con lo que puede constituirse en el indicador preciso de su veneno correspondiente.

Capítulo noveno

(Sobre los métodos en que puede manifestarse la putrefacción)

Para vuestro mejor entendimiento, os diré ahora que la co-rrupción se realiza siempre por dios vías: la local y la de los emunctorios (Localiter et Emunctorialiter). Corrupción local es la que se produce en el estómago a causa de una digestión per-turbada, capaz de vencer o descomponer al Alquimista du-rante su trabajo de separación de las materias sanas, veneno-sas, con lo que en lugar del Alquimista, queda libre el veneno, o sea la putrefacción. La putrefacción corrompe entonces todo lo bueno, substituyéndolo por lo venenoso, más peligroso aún en este caso por cuanto conserva las apariencias de lo inocuo o de lo saludable. 
Cuando, por el contrario, llega el Alquimista a dominar la putrefacción, cada clase de veneno es rechazada y expulsada hacia el emunctorio natural que le corresponde: de esta manera el azufre blanco se elimina por las narices, el arsénico por los oídos y el excremento por el intestino ciego y así sucesiva-mente. Ahora bien cuando en esta situación, sea por debilidad de la naturaleza de los emunctorios o por la especial potencia putrescente del veneno, se retarda o se retiene la eliminación, pueden desarrollarse todas las enfermedades que dependen del mismo. Esto comporta desde luego una cierta aberración de la naturaleza y constituye el segundo mecanismo de corrup-ción: el de la corrupción de los emunctorios. 
Dos causas se manifiestan pues, universalmente, en todas las enfermedades. Más adelante volveremos a ocuparnos de esto con mayor detenimiento.

Capítulo décimo

(Sobre las condiciones de la salud)

Habiendo expuesto en los capítulos anteriores todo lo con-cerniente a la Alquimia natural, a su existencia en todo animal y a la capacidad discriminadora química que se desarrolla en el ventrículo, vamos a referiros ahora la buena doctrina, con cuya aplicación podáis buscar y reconocer todas las demás enfer-medades. 
Para que el hombre se conserve sano se necesita por lo pronto un Alquimista hábil que pueda llevar a cabo perfecta-mente su obra separadora de buenos y malos principios; esa obra deberá realizarse además en unos instrumentos, reservorios y emunctonios, cómodos y eficientes, contando además con el favor de los astros y con la bienhechora disposición de las otras cuatro Entidades. 
Todavía, y aunque todas las circunstancias previas citadas sean favorables, pueden ocurrir diversos accidentes que hieran, manchen, pudran u obstruyan los instrumentos, reservorios y emunctorios referidos. 
El fuego, el agua y el aire son, por ejemplo, tan necesarios en sus diversas combinaciones como perjudiciales en estado de pureza, lo que ocurre igualmente con todos los accidentes ex-ternos de gran potencia que puedan romper o alterar los ins-trumentos y emunctonios, haciéndolos inaptos para las fun-ciones que les están encomendadas. La presencia de estos elementos puede poner fuera de uso los delicados medios del Alquimista provocando su enfermedad o su muerte.

Capítulo undécimo

(Sobre la esencia del gran veneno de la digestión)

También la boca puede ser puerta de entrada para la co-rrupción, bien por medio del aire, de los alimentos, de las be-bidas o de otras cosas semejantes. 
El mecanismo por el que esto llega a producirse es sencillo, tanto más cuanto que en el aire se encuentran habitualmente grandes cantidades de veneno, al que estamos permanente-mente expuestos. En cuanto a los alimentos y bebidas, sena conveniente precisar que no sólo resulta dañina su calidad sino también su cantidad, la que puede igualmente discordar con la capacidad de los instrumentos del cuerpo, que puede llegar a lesionarse, con la consiguiente perturbación del Alquimista y de todas las funciones que realiza. El resultado de todo esto conduce a la corrupción y putrefacción de la digestión. 
Cuando la corrupción ocupa el cuerpo del hombre, el ven-trículo y todos los demás órganos aparecen revestidos (induit) por el veneno, el cual adquiere desde ese momento la categoría de “madre” de las enfermedades de ese cuerpo, pues debéis saber que sólo existe un veneno, y no varios, que tenga la ca-tegoría de madre de las enfermedades. 
Cuando coméis carne, por ejemplo, o bien legumbres, purés, especias (aromata)... etc., y se declare la corrupción en el vien-tre, debéis saber que la causa de esa corrupción no está en cada uno de tales alimentos sino en todos, pues todos en ese caso responden a un solo veneno, ya provenga de las legumbres, de la carne, del puré o de las especias. Es decir: que basta con que un solo alimento esté alterado para que su corrupción invada por igual a todos los demás, originalmente saludables. 
Saber cuál es y qué es ese veneno único, constituye uno de los más grandes misterios (arcanos). 
Por eso, si conocierais verdaderamente ese veneno, madre de enfermedades, sería lamentable que todavía se os siguiera lla-mando médicos, pues no habría entonces profesión más sencilla. 
Con todo y aunque conocieseis el remedio que correspon-dería usar en cada caso, es más que probable que aun come-tieseis numerosos errores. 
Sean pues estos razonamientos el fundamento de la esencia de todas las seiscientas enfermedades. 
  
  
 

Capítulo duodécimo

(Resumen de la doctrina fisiopatológica de la digestión)

Vamos a comunicaros aquí una breve enseñanza acerca de los venenos, a fin de precisaros lo que debe entenderse por veneno y en qué consiste su propia naturaleza. 
Ya hemos indicado que en todos los alimentos existe un veneno. Y también que de los alimentos extraemos una cierta “Entidad de potencia”, superior a nuestros propios cuerpos. Asimismo hemos explicado la naturaleza del Alquimista que hay en cada uno de nosotros, el que por medio de su industria, con los instrumentos y en los reservorios que le son propios, separa los venenos de los alimentos en beneficio del cuerpo, terminado lo cual deja a la esencia nutritiva incorporada en forma de tintura y de color, en tanto que el veneno es dirigido hacia los emunctorios para su expulsión fuera del organismo. Todas las cosas se administran en este mismo orden y el hombre luego, bajo esta “Entidad de potencia”, se hace sano y fuerte. 
Sin embargo, cuando dicha Entidad resulta debilitada o destruida a consecuencia de cualquier accidente hostil, vemos aparecer y desarrollarse lo que hemos llamado madre de las enfermedades, con referencia y aptitud para toda clase de ve-nenos. 
Ya sabéis cuales y cuantos emunctorios hay: estudiadlos ahora y llegaréis así al conocimiento de los venenos. Según esto, todo lo que se exuda sustancialmente por los poros de la piel proviene del mercurio, y del azufre blanco lo que se destila por las narices. A su vez las orejas rechazan el arsénico, los ojos el azufre, la vejiga de la orina la sal y el ano el azufre en estado de descomposición. Por ahora no adelantaremos otros conoci-mientos, por más que vuestra razón se acucie de curiosidad. 
En el libro De humana constructione os daré los fundamen-tos de la filosofía que necesita conocer el médico; alli encon-traréis ampliamente expuestos los remedios exigidos por las numerosas causas que provienen de la putrefacción y la forma y modos con que el veneno se oculta en los alimentos.

Capítulo decimotercero

(Conclusión sobre la Entidad de los Venenos)

Vamos a dar un ejemplo ahora para demostrar en pocas palabras cómo se encuentra el veneno en los alimentos y de qué manera se transforma en veneno la naturaleza de las cosas originariamente puras y perfectas que hay en los hombres o en los animales. 
El buey con su apariencia (ornatus) se basta perfectamente a sí mismo: la piel defiende a su carne de todo accidente y sus emunctorios sirven perfectamente al trabajo de su Alquimista. Este animal ha sido creado con la forma que le es propia en atención a su actividad y a sus necesidades, que son en defi-nitiva servir de sustento al hombre. De este modo resulta para el hombre un veneno a medias, ya que si hubiese sido creado efectivamente por el hombre mismo para su provecho, care-cería de cuerpos, de pezuñas y de huesos, dado que ninguna de estas cosas constituye alimento ni reporta utilidad alguna. Veis pues que, en cuanto buey, dicho animal ha sido muy bien creado, pues nada le falta ni nada le resulta superfluo. 
Cuando el hombre lo emplea como alimento, absorbe con él todo lo que le conviene y a la vez todo lo que le es contrario, por más que nada de ello sea contrario ni venenoso para el buey. Y como os hemos dicho repetidamente, se llega al mo-mento en que la presencia y la acción del Alquimista se hace necesaria a fin de separar lo venenoso y rechazarlo hacia los emunctorios. 
Tomando ahora así este ejemplo comprenderéis que sólo el que es Alquimista entre los hombres puede cumplir con ellos lo que el Alquimista de la Naturaleza realiza en nuestros cuerpos. 
Piense cada cual en esto y esfuércese en obrar como el Al-quimista de la Naturaleza. El no contar al moco que destilan las narices entre los venenos, como hasta ahora se ha venido ha-ciendo, es un gran error, pues se trata en verdad de uno de los venenos más malignos, del que nacen todas las enfermedades catarrales (morbi destillationum), según puede verse perfecta-mente en los cuadros clínicos de estas dolencias. 
Con lo dicho consideramos haberos explicado suficiente-mente todo cuanto concierne a la Entidad del Veneno. 
En definitiva debéis retener que el veneno proviene sola-mente de la perturbación de la digestión, que deja en nosotros esa parte venenosa que constantemente ingerimos pero que normalmente eliminamos. Y que todo veneno se engendra siempre en el mismo lugar, de donde, pasado algún tiempo, resultan las enfermedades o la muerte. 
Finalmente, si en este estudio sobre la segunda Entidad no os hemos explicado la manera cómo los venenos de los ali-mentos producen las enfermedades, ha sido en beneficio de la claridad, de nuestra exposición. Más adelante, en el libro de los orígenes de las enfermedades, encontraréis de nuevo este pa-réntesis. 
Entonces conoceréis en un solo estudio las enfermedades del arsénico, de la sal, del azufre y del mercurio, según la dis-tribución de cada forma y especie. 
Concluimos con estas palabras el estudio de esta Entidad, que ofrecemos a vuestro conocimiento como base de otros libros. 
 

TERCER LIBRO PAGANO (Pagoyum) 
ACERCA DE LAS ENTIDADES MORBOSAS

TRATADO DE LA ENTIDAD NATURAL 
(De Ente Naturali)

Capítulo primero

(Concepto de la Naturaleza del hombre)

Como no me cabe la menor duda de que la idea que os ha-béis hecho de la Entidad Natural, según el juicio emanado de vuestros libros, es muy distinta de la nuestra, vamos a pre-sentárosla con la categoría que le corresponde, muy superior a la que vosotros le dais, pues en realidad se trata de la tercera de las Entidades creadoras de todas las enfermedades, las cuales se manifiestan en cualquier caso cada vez que la Entidad Na-tural experimenta una mutación, como vamos a enseñaros en los Capítulos inmediatos. 
En la definición que vamos a darle no usaremos los térmi-nos de vuestra lengua materna, tal como fuera dicho por Heinrichmann, a pesar de lo cual quisiera recordaros que nada de esto es demasiado nuevo y que, no obstante su simplicidad, gran parte de estos conocimientos estuvieron presentes en los viejos autores, injustamente olvidados hoy día. 
He aquí pues la Entidad Natural. 
Sabéis por la ciencia astronómica las influencias de las es-trellas y de los planetas, del firmamento y de todos los astros, es decir, en una palabra, del genio del cielo, todo lo cual ha sido objeto de vuestro más detallado estudio y que va a serviros perfectamente de introducción al tema, ya que al igual que los elementos celestes, también el hombre tiene una constelación y un firmamento. 
Esa doctrina por la cual llamáis al hombre “Microcosmos” tiene de exacto el nombre, pero no la interpretación, demasia-do cargada, en efecto, de confusión y oscuridad, así pues será necesario que os expliquemos claramente lo que es el Micro-cosmos. 
Así como el cielo existe según sus atributos, por él y para él mismo, así el hombre aparece en su interior constelado de as-tros. Y al igual que el firmamento, que está en el cielo en su propio poder (pro se), libre de toda dependencia, el firmamen-to del hombre está en él libre también de toda obediencia, po-deroso e independiente de las influencias de todas las criaturas. 
De lo cual debéis concluir que hay en verdad dos clases de seres: una, el cielo y la tierra (Macrocosmos) y otra, el hombre (Microcosmos).

Capítulo segundo

(Esquema del hombre natural)

Al continuar esta exposición queremos manifestar que no ignoramos vuestros conocimientos sobre los movimientos del firmamento, que habéis estudiado hasta sus más pequeños detalles, así como los que poseéis sobre la tierra, los seres que la pueblan, los “elementos” y las “sustancias”. 
Lo único que nos extraña es que no hayáis reconocido ese mismo Universo en el hombre, al considerar los admirables movimientos de los cuerpos de los planetas y de las estrellas, sus exaltaciones, conjunciones y oposiciones y todo lo que la abstrusa y profunda doctrina astronómica encierra, tanto más cuanto que nadie que ignore la astronomía puede llegar a al-canzar una verdadera sabiduría médica. 
Bueno será por lo demás, que no olvidéis que la tierra pro-duce sus frutos justamente para que el hombre viva y use y se alimente de ellos. Supongo que estaréis de acuerdo con esto; tanto en lo que se refiere a la naturaleza del hombre como a su propio cuerpo, del cual salen (emergunt) todos los alimentos que él mismo pueda necesitar. En otras palabras, os diré que los miembros son los alimentos del cuerpo, cuyo desarrollo sigue las mismas leyes que las que rigen el crecimiento de los frutos de la tierra. Y que, al igual de los frutos de la tierra destinados al cuerpo, los alimentos que el cuerpo produce van a parar a los miembros, también, al fin y al cabo, productos del hombre. 
Os hemos dicho todo esto a fin de que comprendáis que los miembros del cuerpo no necesitan ningún alimento extraño (1) y que es el cuerpo el que se lo procura por propia elaboración. 
Observad que el cuerpo se nutre exclusivamente a través de esos cuatro miembros y que todo lo demás son planetas que no necesitan alimentarse, al igual que el resto del firmamento. O sea que el cuerpo es doble: planetario y terrestre. Y que el hombre se compone de esas dos criaturas: el conjunto de cosas nutritivas y el conjunto de cosas que necesitan ser alimentadas. 
 

1 Estos párrafos, un tanto extraí~os, tienen sin embargo una explicación: quieren decir que los alimentos elaborados en la tierra sufren en el seno del microcosmos (hombre), una nueva elaboración que los transforma en un alimento muy puro, que es el quilo o linfa concentrada, único alimento especial de los miembros. Con lo que el es-tómago realiza así una operación análoga a la que lleva a cabo la tierra con las semillas. 
 

Capítulo tercero

(Sobre el elemento prolífico)

Recordad ahora que hay algo en nuestro organismo que no necesita de los alimentos exteriores y que llamamos el firma-mento del cuerpo, ya que de la misma manera que el cielo vive en su firmamento sin necesitar alimento alguno, así también el firmamento corporal se nutre por sí mismo (se habet). 
El cuerpo, semejante en todo a la tierra, provee de alimentos a sus cuatro miembros, que no necesitan de ninguna otra cosa más, ya que sus cuatro espíritus se robustecen y nutren con el propio cuerpo. 
Todavía hay algo más que se añade a lo anterior para pro-tegerlo en cierto modo, de manera semejante a como ocurre en el firmamento. El que lleguemos sin embargo a encontrar o no la forma o la apariencia de esta cosa, no aumentará nuestra gloria. Escuchad pues cuanto os digo y tened por cierto que el hombre no tiene más remedio que aceptar un alimento exterior que su propio destino le proporciona, alimento destinado ex-clusivamente al cuerpo, en la misma comparación con que el humus lo está a la tierra. 
Este fruto no es suyo, ni nace de él, ni se desarrolla por él y su única misión es robustecer la sustancia del cuerpo y hacer-la prolífica, en Ígual finalidad y semejanza que el humus con la tierra de los campos. Ese fruto o alimento nutre al hombre como si fuera su propio humus, pues en verdad os digo que ni la vida, ni el intelecto, ni el espíritu, ni ninguna otra cosa de este género tienen su principio en la comida o la bebida y no pueden mejorarse o deteriorarse por ellas. 
El alimento, pues, se comporta en relación al cuerpo, igual que el humus con el campo. Y así como el humus calienta y “engorda” misteriosamente a la tierra, así obra el alimento con el cuerpo, aunque sin ejercer acción alguna sobre las cosas que en el cuerpo existen. 
Sírvaos esto de introducción para comprender los capítulos siguientes y para saber que nosotros colocamos al hombre en el firmamento de su cuerpo, en su propia tierra (et suoe ipsius te-rrae) y en todos sus elementos. Con lo que os dejamos dis-puestos para aprovechar debidamente los siguientes capítulos.

Capítulo cuarto

(Sobre la influencia específica de los planetas)

Abordaremos ahora el estudio del firmamento teniendo en cuenta sus dos principios: la Creación y el Destino; en el inter-valo de los cuales, desde el principio, encamado por la primera, hasta el fin, que representa el segundo, todo debe consumarse. 
Notemos igualmente que los siete miembros del cuerpo, como si fueran otros tantos planetas, se bastan a sí mismos sin necesitar alimentos de ninguna clase. Seguido lo cual os pro-ponemos que consideréis ahora este ejemplo: El planeta Júpiter es de tal naturaleza que no necesita de ningún abono para proveer al sustento de su cuerpo, ya que desde el momento mismo de su creación recibió suficientes provisiones, exacta-mente igual que ocurre con el hígado. 
Por eso, cuando insistís en vuestras objeciones y habláis de la digestión del hígado, no podemos por menos de retorcemos de risa (id nos in risum detorquebimus), lo mismo que cuando oímos las líricas tonterías de algún poeta alemán hablando del color azulado de las montañas, en lugares completamente llanos. 
En cuanto a la descripción del modo de realizar la cocción preferimos que sea el campesino quien os la haga, pues a él le corresponde por derecho propio, por ser el Alquimista del campo que con su trabajo abona y hace fructificar. Porque en tocante al cuerpo, ninguno de sus siete miembros requiere el menor abono. 
Lo mismo que habéis comprendido lo precedente sobre Jú-piter y el hígado, entended ahora que la Luna es el cerebro, el Sol el corazón, Saturno el bazo, Mercurio los pulmones, Venus los riñones.., etc., y que de manera semejante podréis juzgar el curso de los firmamentos inferiores. 
Así pues, si deseáis diagnosticar una enfermedad y conocer su punto crítico (si cognituri crisiu estis) es necesario que sepáis ante todo cuál es el curso o movimiento natural que se está produciendo en el cuerpo, sin lo cual os digo verdaderamente que no podréis de ninguna manera tratar las crisis de las en-fermedades naturales, pues, al igual que las crisis de las en-fermedades que resultan de la Entidad Astral, están muy dis-tanciadas entre sí.

Capítulo quinto

(Doctrina de la predestinación)

Vamos ahora a informaros acerca de la doctrina de la crisis. Cuando nace un niño, nace al mismo tiempo con él su firma-mento y sus siete miembros, que al igual que los planetas, se-gún os hemos dicho antes, se bastan a sí mismos. Teniendo en cuenta que cuando hablamos de firmamento nos referimos al firmamento “lleno”, es decir, ocupado, precisamente como el firmamento del niño. 
El firmamento de cada niño, ya al nacer, tiene marcada su predestinación, que es el tiempo que la Entidad Natural debe seguir la ordenación de los planetas. Durante ese lapso de tiempo seguramente se cumple una creación, cuyo fin ocurre al mismo tiempo que la predestinación, pongamos por caso a los 30 años. La característica de esa creación es justamente pre-sentir hasta qué punto y durante cuántos años debe la Entidad Natural ordenar el curso de la vida. 
Os daré el siguiente ejemplo: cuando se pone en marcha un reloj de arena se puede saber exactamente cuánto tardará en pasar la arena del globo superior al inferior. Así la naturaleza obra igual con los seres de la creación y por lo tanto sabe per-fectamente cuánto durará el curso de su Entidad, disponiendo el tiempo con más o menos amplitud según la distancia reco-rrida o por recorrer y adaptando los movimientos de los astros de manera que todas sus influencias se cumplan en el tiempo que va desde la creación a la predestinación. 
Ved este otro ejemplo: suponed un niño que nace en este momento y cuya Entidad Natural le tiene dispuesta una pre-destinación de 10 horas. Ocurrirá que todos los planetas cor-porales cumplirán su curso en ese plazo, lo mismo que si ese niño hubiese vivido 10 años. Los centenarios no tienen un curso vital diferente que el niño que vive una hora o menos, pues ambos son de igual naturaleza y sólo se diferencian por la longitud o dimensión de su desarrollo. 
Con esto hemos querido haceros notar y comprender lo que en la Entidad Natural es Creación y predestinación, siendo justamente esta última la que resulta rota o perturbada a me-nudo por las otras Entidades.

Capítulo sexto

(Más sobre la predestinación)

En el capítulo anterior hemos enseñado que el hombre y su firmamento se crean a la vez y duran el mismo tiempo. Ahora diremos que si bien uno y otro engendran e influyen mutuamente su curso vital y su predestinación, no pueden nada en cambio sobre su descendencia. 
Por lo demás, hemos visto que el curso de la vida del hom-bre se prolonga siempre lo necesario para poder completar el ciclo de su predestinación o se acorta, en todos los casos en que les corresponde una Entidad Natural reducida. 
Esa es la razón por la que las fases de la luna carecen de influencia sobre el cerebro, pues así como el cerebro se renue-va (innavatur) varios cientos de miles de veces por el corazón, la Luna sólo recibe del Sol una sola y misma luz. 
La crítica o explicación astronómica del final o crisis de la Entidad Natural es completamente arbitraria. En efecto: todo lo que debilita el cuerpo a través de la Entidad Natural manifiesta la crisis según su propio movimiento y no según el firmamento del cielo. Considerada de esta manera la Entidad Natural, se comprende que no haya —por ejemplo— relación alguna entre Saturno y el bazo y viceversa. 
Observad ahora el tiempo comprendido entre el instante de la creación y la predestinación de un ser humano cualquiera, con el firmamento de su cielo: ocurrirá que así como el instante creación-predestinación es el mismo, el cielo del nacimiento 
—o sea el firmamento astrológico del ser— varía infinitamente a cada momento. 
Lo indudable es que el padre no puede tener mas relación con el hijo que el hijo con el padre y que, abstracción hecha del temperamento y de la complexión, ningún niño puede recibir ninguna influencia exterior una vez que alcance y viva su propia vida. 
Nadie pues recibe nada de nadie por afinidad ni influencia de la Entidad, pues si alguien conociese o llegase a conocer la predestinación del cielo, conocería también la de los hombres, lo cual sólo es atributo de Dios, único conocedor de la predes-tinación y de la crisis. 
Para no olvidar esto considerad aquí conmigo las exalta-ciones, conjunciones y oposiciones de cada caso, en relación a sus firmamentos respectivos y tened en cuenta que dichas re-laciones son de naturaleza espiritual y no material, pues así como los astros realizan su curso, la sustancia permanece in-animada, ya que la rapidez del curso, o sean las mutaciones del firmamento corporal, no pueden concebirse en la naturaleza de la sustancia. 
Sólo el espíritu y los planetas determinan los movimientos por los cuales se crece o se decrece. Por eso llamamos al planeta “Entidad durable” (Ens ion gum) y al hombre “Entidad breve” (Ens breve).

Capítulo séptimo

(Correlación de los planetas con las partes de la Entidad Natural)

El corazón es el Sol del cuerpo. Y así como el Sol influye por sí mismo sobre la tierra, así el corazón lo hace sobre el cuerpo. Por eso, aunque el Sol no se manifieste esplendorosamente, puede el cuerpo aparecer de este modo, debido justamente al corazón. De la misma manera resultan equivalentes la luna y el cerebro, aunque en este caso las semejanzas e influencias co-rresponden a la esfera espiritual y no a la sustancia, lo cual explica el gran número de accidentes que afligen al cerebro. El bazo realiza su movimiento de manera semejante a Saturno y cumple su curso tantas veces como el planeta va de su creación a su predestinación. A su vez la bilis corresponde a Marte, aunque no de manera absoluta sustancial. Vemos que todo el firmamento posee su modo y sustancia propia, en perfecta re-lación con el sujeto corporal al que aparece destinado. 
De lo que resulta que la bilis es tan independiente (se habet) en su sustancia como Marte en su espíritu. 
La naturaleza y la exaltación de Venus se encuentra en los riñones, en el grado y predestinación que corresponde al pla-neta o a las entrañas. Ahora bien, como que la operación que realiza Venus está conducida hacia los frutos de la tierra que deben engendrarse, resulta así que la potencia de los riñones se concentra en el fruto humano, con lo cual Venus no llegará nunca a consumir al cuerpo. 
Es natural que los riñones realicen esta función y en verdad que ningún otro órgano podría cumplirla mejor. Así, cuando Venus, por ejemplo, recibe de la Gran Entidad la potencia de la concepción, los riñones sacan su fuerza del sentimiento (sensus) y de la voluntad del hombre. 
Mercurio es el planeta correlativo de los pulmones. Uno y otros son muy poderosos en sus firmamentos respectivos, pero conservan entre sí una gran independencia. 
Júpiter corresponde al hígado con gran semejanza y de la misma manera que nada puede subsistir en el cuerpo cuando falta el hígado, ninguna tempestad puede desencadenarse tampoco en presencia de Júpiter. De esta manera resultan animados ambos del mismo movimiento, produciendo igual efecto y existiendo cada uno en su firmamento propio con pleno dominio y entidad.

Capítulo octavo

(Sobre la circulación de los espíritus corporales)

Todo cuanto acabamos de referir a la Entidad Natural, a propósito de cómo mora (abeat) en sus constelaciones, puede ser proyectado ahora sobre los astros del cuerpo (de sidéribus corporum), dicho lo cual descansaremos. 
Entretanto y a los efectos de una inducción más perfecta, afirmaremos todavía algunos otros principios que no dejarán de ser útiles para nuestro Paréntesis y que desarrollaremos en los próximos capítulos. 
Será preciso, sin embargo, que conozcáis esto: el movimiento de los espíritus de los astros corporales va desde su origen o principio de los miembros hasta la extremidad de dichos miem-bros, retomando luego a su origen, como una reflexión al centro de donde partió. He aquí un ejemplo: el corazón envía (diffundit) su espíritu por todo el cuerpo, exactamente como lo hace el Sol sobre la tierra y los demás astros; dicho espíritu (del corazón) sirve para el sustento del cuerpo, pero no para el de los otros siete miembros. Va del cerebro al corazón y de aquí a su centro, por vía del espíritu, sin franquear otros límites. El hígado hace circular su espíritu hacia la sangre sin mezclarlo en ninguna otra parte. El bazo dirige su corriente por los flancos (latera) y los intestinos. Los riñones fraguan su camino por los lomos, vías urinarias y partes vecinas. La vía de los pulmones se halla en el perímetro del pecho y en la garganta. Y la bilis toma su movi-miento del ventrículo a los intestinos. 
Dado pues que cada una de estas partes tiene un destino perfectamente establecido, no podréis ignorar que si cualquiera de e!las se extravía y penetra en las vías que no le corresponden 
—por ejemplo cuando el bazo toma las vías de la bilis— necesa-riamente se producirán diversos trastornos, todo lo cual os explicaremos con mayor claridad y amplitud en el Libro de los orígenes de las enfermedades. (2) Por ahora basta con esto. 
Hagamos el mismo razonamiento sobre las demás estrellas que, según las normas del firmamento, se encuentran en el cuerpo, lo que es igualmente verdadero para los astros del cuerpo y para los errores que pueden determinar por las re-flexiones y rebotes de sus movimientos. 
A modo de introducción diremos —y debéis comprenderlo así— que hay siete vidas, ninguna de las cuales puede identifi-carse exclusivamente con aquella en la que reside el alma o mentalidad (anima seu mens), que es la auténtica y verdadera vida (genuina et vera). 
De todo lo dicho resulta que los otros miembros toman la vida de esas siete clases de vidas, cada una de las cuales lo hace a su vez de su planeta correspondiente, en el movimiento que le ha sido adjudicado. 
 

2 Véase Paracelso, Obras completas, en esta misma colección. 
 

Capítulo noveno

(Sobre la disposición de los cuatro elementos)

Al terminar el capítulo anterior dejábamos establecido cómo cada miembro asegura su nutrición y conservación por medio de siete vidas, bajo la protección de un Planeta particular en cada caso. Quiere ello decir que todo lo que toma su vida del —hígado por ejemplo— queda sometido al hígado, así como al corazón lo que se origina en dicha víscera y lo mismo sucesi-vamente para todas las demás. 
Observad ahora los Elementos del cuerpo y notad que no ha de inmutarnos que nuestro estilo y doctrina sea diferente del preferido por vosotros y que trasuntan vuestros escritos. 
Todos los elementos del cuerpo dominan en la Entidad Natural: así, ciertas enfermedades nacen efectivamente de las estrellas, tales otras provienen de las cualidades, éstas se ori-ginan en los humores, aquéllas resultan de las complexiones o temperamentos..., etcétera. 
Sin embargo, a fin de que los comprendáis bien, vamos a examinar a fondo la naturaleza de los elementos del cuerpo. 
El fuego se origina en el séptimo movimiento, ya que el movimiento que poseen los elementos expulsa de ellos el calor. El fuego de los Elementos es invisible en el cuerpo y no se re-vela más que a través de las heridas o contusiones (ictus). En tales casos las chispas salen por las lesiones (doctus patent), es-pecialmente cuando se encuentran cerca de los ojos, pues es sabido que allí las chispas se disimulan muy difícilmente. 
El fuego pues está escondido en el cuerpo y lo mismo que el del mundo en general, estamos incapacitados para poseerlo, a menos que lo hagamos surgir por la fuerza (excutiatur). El agua a su vez inunda el cuerpo entero, venas, partes nerviosas, huesos, carne y miembros. Los miembros en particular están rodeados y sumergidos (perfusum) exactamente como los ár-boles en la tierra. 
En cuanto al aire, su presencia en el cuerpo obedece a los vientos que crea el movimiento continuo de los miembros, cuyos vientos, al igual que los que surgen (exoriuntur) en el mundo, existen en número de cuatro. Finalmente, la tierra es aquello para lo cual han sido producidos los alimentos. 
De esta manera encontramos los cuatro Elementos en el hom-bre, con las mismas predestinaciones que poseen en el mundo. 
Sobre esto pensamos sin embargo que el Creador debió formar a la criatura libre inicialmente de los cuatro Elementos, por cuanto los mismos no se han originado (oriuntur) tampo-co en los otros miembros. Lo cual está demostrado en los libros que tratan de la Primera Criatura (de Creato Primo).

Capítulo décimo

(Estudio de las cuatro complexiones)

Habiéndoos expuesto a propósito del movimiento de las estrellas, es decir, del firmamento mismo y de los Elementos, la forma como viven en el Cuerpo y como subsisten sustancial-mente en sí mismas en su propia potencia, vamos a añadir to-davía algunos conceptos a fin de completar nuestra doctrina. 
Para que conozcáis fundamentalmente la Entidad Natural, repetiremos la enunciación de las cuatro complexiones. Existe una complexión colérica, otra sanguínea, otra melancólica y otra flemática, ninguna de las cuales existe por los astros ni por sus elementos, como insisten en afirmar algunas erróneas opiniones contemporáneas. 
En cambio estamos dispuestos a cederos en un punto, y es aquel en que afirmáis que todas ellas (las complexiones) han sido dadas al cuerpo de todas y de cada una de las criaturas. 
Es sabido que en el cuerpo encontramos los cuatro sabores de la tierra: el ácido, el amargo, el dulce y el salado. Y que, aun siendo perfectos en todos los sujetos, no pueden reconocerse (pervestigabiles) bien más que en el hombre. 
La cólera saca su principio de la amargura, la cual es siem-pre caliente y seca como el fuego, por más que no aparezca en ningún caso afectada por él. La acidez produce melancolía, la que a su vez es siempre fría y seca, como la tierra, sin que ninguna de las dos tenga tampoco nada que ver con la tierra. La flema proviene de la dulzura, que, como el agua, es fría y húmeda, a pesar de lo cual resultan notorias las diferencias entre la flema y el agua. Finalmente, la sangre proviene de la sal; todo lo salado puede decirse que es sangre y todo ello re-sulta siempre caliente y húmedo. 
De todo lo anterior podemos concluir que si la entidad de la Complexión del hombre ha dado un predominio a la sal, el hombre será sanguíneo; colérico si prevalece la amargura; melancólico cuando su influencia mayor corresponde a la aci-dez; o bien flemático, cuando la dulzura sea la nota tempera-mental dominante. 
Las cuatro complexiones están pues en el cuerpo del hom-bre como en un jardín en que crecieran la amansas (3) el poli-podio, el vitriolo y la sal de nitrato, todas las cuales pueden subsistir conjuntamente, aunque siempre bajo el mayor pre-dominio de una de ellas.

Capítulo undécimo

(Sobre el humor y los colores del cuerpo)

A pesan de cuanto acabamos de referir a propósito de las complexiones, debéis saber que nada de lo que conviene a la esencia del hombre puede ser considerado como fijo o defini-tivo. 
Así pues no es necesario que el sanguíneo sea alegre o el melancólico triste. Más aún; diremos que esto es falso. Y ello así, porque estamos persuadidos de que la alegría, la tristeza, la ciencia, etc., no son fruto de la naturaleza, razón por la cual llamamos a vuestras propiedades de la naturaleza, propieda-des del espíritu. 
Sólo los espíritus en efecto son capaces de engendrar tales propiedades, que provienen, no de la naturaleza, sino de cier-tos seres incorpóreos que se encuentran encerrados en el cuerpo. Retened, pues, esto como si fuera un proverbio. Y no hagáis nunca uso para tales menesteres de nada que provenga de la naturaleza, ya que nada tampoco han divulgado los sa-bios sobre esto. 
Entre todo lo que significa la Entidad Natural, debéis pres-tar la mayor atención al humor, pues él es el verdadero licor de la vida del cuerpo. 
Sobre esto, sabed que existe un cierto humor que calienta y sostiene el cuerpo y que es la vida de los miembros. Este hu-mor es por sí mismo una verdadera Entidad, que engendra los metales de la tierra y la bondad o la malicia en el hombre. Ve-remos cómo se explica esto. 
El hombre ha sido dispuesto para que pueda tener mil virtudes y otras tantas malicias, lo cual no le proviene (defluxit) de los astros ni de las estrellas del firmamento, sino que le nace (emersit) precisamente del humor. Hagamos esto más evidente con un ejemplo. 
El mundo posee en sus entrañas diversos metales, es decir, diversas virtudes mejores en unos sitios y peores en otros, lo cual se encuentra en el hombre de manera semejante. La razón es que el humor viene a ser la mina del bien de la naturaleza y que en el hombre los vicios resultan de que la naturaleza en-gendra en él muchos metales malos, no evaluándose ni co-rrespondiendo las virtudes a las costumbres o al natural de los hombres, sino a sus colores y complexión (ha bit us). De tal ma-nera que todo aquel que tiene buenos colores lleva en él una buena mina y unos buenos metales, y una mala mina y unos malos metales si por el contrario está mal coloreado. 
En cambio no podréis afirmar que el hombre sonrosado sea ya un sanguíneo por esta sola razón, ni que deban ser coléricos todos los de tinte cerúleo o amarillento. 
He aquí cómo deberéis juzgar: El que tenga el color sonro-sado estará sometido a la influencia del Sol, ya que ese noble color corresponde a la rosa y al oro. Y de manera semejante para todos los demás colores. 
Por eso hemos dicho antes que los colores atestiguan el humor y que de ello debéis serviros para vuestros juicios, pues en verdad son muchas las enfermedades sometidas a su influjo (del humor), superior a la potencia de cualquiera de las demás causas.

Apéndice

(Semiología general de la Entidad Natural)

A todo lo que acabamos de decir debéis agregar cuanto se refiere al movimiento del cuerpo, entendiendo que existen en él cuatro movimientos, que son: el Firmamento, los Elementos, las Complexiones y los Humores; a los que se asignan y de los que se originan todas las enfermedades. Según la Entidad Natural, todas las enfermedades están distribuidas en cuatro géneros: el género de las estrellas, de donde emanan las en-fermedades crónicas; el de los elementos, que da las afecciones agudas; el de las Complexiones, de donde resultan las enfer-medades naturales, y el de los Humores, de donde provienen las eruptivas (ting.entes) y las que provocan manchas. De esta manera debéis disponeros a considerar las enfermedades de la Entidad Natural. 
En cuanto a los nombres por los que deban ser designados los diversos géneros y especies de dolencias, no vamos a ocu-parnos de ellos ahora, dejándolos para el libro en que tratare-mos de los orígenes de las enfermedades. 
Para terminar, os diremos que a pesar de que hayamos de-dicado once capítulos a la Entidad Natural, no debéis olvidar que el cuerpo no llega a ser atacado por ella más que cuando las demás Entidades lo permiten. 
En el ejercicio de vuestra práctica encontraréis los funda-mentos más sólidos para el tratamiento de gran número de enfermedades. Tened por cierto que lo que faltare, podrá ser perfectamente interpretado por vuestra experiencia.



TRATADO DE LOS SERES ELEMENTALES DE PARACELSO :

TRATADO DE LOS NINFOS, SILFOS, PIGMEOS, SALAMANDRAS Y OTROS SERES

PARACELSO 
  
 

Me propongo hablaros de las cuatro especies de seres de naturaleza espiritual, es decir, de las ninfas (o ninfos), gnomos (pigmeos o duendes), silfos y salamandras: a estas cuatro especies, en verdad, habría que añadir los gigantes y otros muchos. Estos seres, aunque tienen apariencia humana no descienden de Adán y tienen un origen completamente diferente de los hombres y de los animales. Se unen, por tanto, al hombre y de esta unión nacen individuos de la raza humana, yo diré la causa inmediatamente.

He aquí cómo he dividido este libro: en el primer tratado estudiaré la generación y naturaleza de estos seres; en el segundo, su medio y régimen; en el tercero, aquellos de dichos seres que se nos aparecen y mezclan a nosotros; en el cuarto, los milagros de que son capaces: en el quinto, la generación, origen y fin de los gigantes.

Aunque nada se opone a que me inspire en libros escritos por otros, yo no lo haré, por la excelente razón de que los filósofos nada han dicho de estos seres y no han proporcionado sobre los mismos ningún dato, a causa de que no creen más que en lo que ven. Apenas han dicho algunas palabras sobre los gigantes. Pero está plenamente permitido el tratar de este tema, puesto que en el Antiguo y el Nuevo Testamento se describen determinadas maravillas que Dios opone a la razón. Y si no está prohibido el admitir la existencia de los diablos y los espíritus, tampoco está prohibido el estudiar su 
naturaleza. Examinemos, por tanto, todas las creaciones de Dios y reconozcamos que hay aquí abajo cosas verdaderamente inexplicables.

Para creer en una cosa, es suficiente el conocer su finalidad. El lector podrá encontrar mi libro inútil y vano, en tanto no haya llegado al tratado VI, en el que expongo con toda claridad la finalidad de estos seres; una vez que haya leído este tratado, me felicitará por haber estudiado el primero tal tema y releerá con atención. mi libro. El que mira ve. 
 

 TRATADO I 
Lo que son el espíritu y el alma. 
 

Hay dos especies de naturaleza: la de Adán y la que no le pertenece. La primera es palpable, objetivable, por estar formada de tierra. La segunda no es ni palpable ni visible, porque es sutil, porque no está formada de tierra. La naturaleza de Adán es compuesta; el hombre —que es de esta naturaleza— no puede pasar a través de los muros si en ellos no existe una abertura. Para los seres de la otra naturaleza los muros no existen, penetran a través de los obstáculos más densos sin tener necesidad de deteriorarlos. Por último, existe una tercera naturaleza que participa de las dos.

A la primera naturaleza pertenece el hombre, que está formado de sangre, carne, huesos, que se reproduce, bebe, evacua, habla; a la segunda pertenecen los espíritus, que no pueden hacer nada de esto. A la tercera pertenecen los seres que son ligeros, como los espíritus, y que engendran como el hombre, poseen su aspecto y su régimen.

Esta última naturaleza participa a la vez de la del hombre y de la del espíritu, sin llegar a constituir ni una ni otra de dichas naturalezas. Efectivamente, los seres que pertenecen a esta categoría no podrían ser clasificados entre los hombres, puesto que vuelan de la misma forma que lo hacen los espíritus; no podrían tampoco clasificarse entre los espíritus, puesto que evacuan, beben, tienen carne y huesos, de la misma forma que los hombres. El hombre tiene un alma, el espíritu no la necesita; las criaturas en cuestión no tienen alma y, por lo tanto, no son semejantes a los espíritus; estos últimos no mueren nunca, pero aquellos sí mueren. ¿Estas criaturas que mueren y tienen alma, son acaso animales? No son animales, efectivamente, hablan y nada de cuanto hacen pueden 
realizarlo los animales. En consecuencia, se parecen más a los hombres que a los animales. Pero se asemejan a los hombres sin llegar a ser seres humanos, de forma parecida a como un mono se parece por sus gestos y su industria, y el cerdo por su anatomía, sin dejar por ello de ser un mono o un cerdo. Se puede decir también que son superiores a los hombres por ser impalpables como los espíritus; pero, conviene añadir que el Cristo, habiendo nacido y muerto para rescatar a los seres dotados de alma y que descienden de Adán, no ha rescatado a estas criaturas, que no poseen alma y no descienden de Adán.

Nadie puede asombrarse o dudar de su existencia. Es preciso solamente sentir admiración por la inmensa variedad que ha dado Dios a sus obras. Es verdad que no se ve todos los días a estos seres, no siendo posible verlos más que muy raramente. Yo mismo no los he visto si no era en una especie de ensueño. Pero no se puede sondar la profunda sabiduría de Dios, ni apreciar sus tesoros, ni conocer todas sus maravillas. Los que guardan estos tesoros y nos los descubren de cuando en cuando no pertenecen a la naturaleza de Adán, esto lo volveré a decir en mi último tratado.

Estas criaturas se reproducen dando a luz seres que se les parecen y no se asemejan a nosotros. Son seres prudentes, ricos, sabios, humildes, a veces maniáticos, como nosotros. Son la imagen grosera del hombre, como éste es la imagen grosera de Dios. Continúan siendo tal como fueron concebidos por Dios, que no quiere que sus criaturas puedan elevarse a un rango superior o proseguir otro objetivo que el que les es propio y les prohíbe obtener un alma y prohíbe, igualmente, que el hombre trate de igualárseLe.

Estos seres no temen ni al fuego, ni al agua. Están sometidos, sin embargo, a las enfermedades y las indisposiciones humanas. Mueren como seres salvajes y su carne se pudre como la carne animal. Virtuosos o viciosos, puros o impuros, mejores o peores, como los hombres, tienen sus costumbres, sus gestos, su lenguaje, como ellos difieren en su aspecto externo y viven bajo una ley común, trabajando con sus manos, tejiendo sus propios vestidos, gobernándose con sabiduría y justicia, dando pruebas en todo momento de razón. Para ser hombres sólo les falta el alma y no pueden ni servir a Dios ni seguir sus mandamientos; el instinto solamente les impulsa a conducirse honestamente.

Así, de la misma forma que entre las criaturas terrestres el hombre es la que se aproxima más a Dios, entre los animales son nuestros seres lo que están más cerca del hombre. 
  
 

 TRATADO II 
Acerca de su habitación. 
 

Nuestras criaturas tienen cuatro tipos de habitación: acuática, aérea, terrestre e ígnea. Aquellos que habitan en el agua se llaman Ninfos; en el aire, Silfos; en la tierra, Duendes o Pigmeos y en el fuego, Salamandras. No creo que estos sean los nombres que verdaderamente ellos utilizan entre sí, y pienso que se les han atribuido por personas que no han estado nunca en contacto con ellos. Pero, puesto que están en uso entre nosotros, los conservaré, aunque también se puede llamar a las criaturas acuáticas Ondinas, a las aéreas Silvestres, a las terrestres Gnomos y a las ígneas Vulcanos. En último término, poco importan los nombres, lo que es preciso saber es que estas cuatro 
clases de seres habitan en medios muy diferentes que los ninfos, por ejemplo, no tienen en absoluto comercio con los pigmeos. De esta forma, los hombres, comprendiendo la sabiduría de Dios, ven que éste no ha dejado un solo elemento vacío o estéril.

Se sabe que hay cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Se sabe también que nosotros, los hombres, descendientes de Adán, vivimos en el aire, que estamos rodeados, como los peces lo están por el agua. Para los peces la onda reemplaza el aire, para los hombres, el aire reemplaza el agua. Cada criatura es apropiada al elemento en el que está sumergida; los ondinos, concebidos para vivir en el agua, se asombran al vernos vivir en el aire, como nosotros nos admiramos de verlos vivir en el agua. De la misma forma, los gnomos atraviesan sin la menor dificultad las rocas más densas, como 
nosotros atravesamos el aire, porque la tierra está en su caos y porque este caos está formado por piedras y rocas, como el nuestro lo está de aire.

Cuanto más espeso es el caos, sus habitantes son más sutiles, y viceversa. Los gnomos, que habitan un caos espeso, son sutiles; el hombre, que habita un caos sutil, es espeso. Son los silvestres los que se parecen más a nosotros; viven en el aire, se sofocan en el agua, se aplastan bajo tierra y se consumen en el fuego.

Que esto no nos admire. Dios prueba que es Dios creando cosas que nosotros no podemos comprender, porque si pudiéramos comprender todo lo que Él ha creado, resultaría muy débil y nosotros querríamos compararnos a Él.

Para comprender lo que vamos a decir sobre la nutrición de nuestros seres, es necesario saber que cada caos tiene por encima de él un cielo y por debajo, una tierra; nuestro caos tiene encima el cielo y debajo la tierra; así, cielo y tierra nos nutren a nosotros. Los habitantes del agua, es decir, aquellos que tienen el agua por caos, tienen, por debajo de ellos, la tierra y por encima el cielo. Los gnomos que tienen la tierra por su propio caos, tienen por encima de ellos al agua y por debajo, la superficie de la tierra, porque la tierra reposa sobre el agua: así, los ondinos y los gnomos se nutren, en consecuencia. Los silfos, que tienen el mismo caos que los hombres, siguen su mismo régimen.

Nosotros tenemos el agua para aplacar nuestra sed; para apagar la suya, estos seres tienen un agua que nos es desconocida y que no podemos ver. Tienen necesidad de comer y beber, pero comen y beben aquello que es alimento y bebida propios de ellos.

Se visten y ocultan sus partes vergonzosas a su manera, no a la nuestra. Ellos nombran guardias, magistrados, jefes, como las abejas eligen una reina, o las bestias salvajes escogen un guía. Dios ha ocultado las partes secretas de todos los animales, pero no lo ha hecho para estos seres que, como el hombre, deben valerse de su propia industria. Como a nosotros, Dios les ha dado la lana de oveja. Dios, en efecto, puede crear ovejas diferentes de las que nosotros vemos y que pastan en el fuego, el agua o la tierra.

Nuestros seres duermen, reposan, velan de la misma forma que los hombres, tienen un sol y un firmamento como ellos. Los gnomos ven a través de la tierra, el sol, la luna y las estrellas, de la misma forma los ondinos descubren el sol a través del agua y las salamandras lo ven fecundar y calentar su caos y sucederse el verano, el invierno, el día y la noche.

Como nosotros, están sometidos a la peste, las fiebres, la pleuresía y otras enfermedades, enviadas por el cielo, porque son hombres, o mejor dicho, porque lo serán: ya que, hasta el juicio final, permanecerán como animales.

En cuanto a su físico, es bien evidente que varía: los ondinos de ambos sexos tienen aspecto humano, los silvestres son más espesos, más grandes, más robustos. los gnomos más pequeños, de una altura de unos dos palmos, las salamandras delgadas, gráciles, esbeltas. Los ninfos habitan en los ríos, cerca de los lugares en donde se lavan los hombres y bañan sus caballos. Los gnomos habitan en las montañas; es por esto por lo que se encuentran túneles y excavaciones del diámetro de un codo. En el monte Etna se pueden oír los gritos de las salamandras, el ruido de sus trabajos, que movilizan su elemento. Se conoce más fácilmente la habitación de los silfos, pudiendo verlos.

Podría añadir otras muchas cosas admirables, en relación con la moneda, las costumbres de estos seres. Lo haré cuando sea llegado el momento. 
 

 TRATADO III 
Por qué razón estos seres se nos aparecen. 
 

Todo cuanto Dios ha creado termina por manifestarse ante el hombre. Dios algunas veces le envía el Diablo y los espíritus con el fin de que el hombre quede persuadido de su existencia. De lo alto del cielo, le envía también los ángeles, sus servidores. Estos seres se nos aparecen, por tanto, no para permanecer con nosotros o aliarse a nosotros, sino con el fin de que podamos comprenderlos. Estas apariciones son raras, en verdad; pero, ¿por qué no habían de serlo? , ¿no basta que uno de nosotros perciba un ángel para que todos nosotros creamos en los demás ángeles?

Por otra parte, para que la prueba de su existencia sea más manifiesta, Dios permite que los ninfos no solamente sean vistos  por ciertos hombres, sino que mantengan comercio carnal con ellos y les den hijos. Permite igualmente que los hombres no vean solamente a los pigmeos, sino que de ellos reciban plata, y que otros viajen con los silfos.

De la misma forma que un hombre no aparece semejante ante dos personas, los ninfos se nos presentan de forma diferente a como nosotros aparecemos. Los ninfos y nosotros no juzgamos de manera paralela, porque diferimos en nuestro medio y cada uno juzga según las ideas de su propio medio ambiente. Los ninfos y los pigmeos no se dan cuenta de que pueden venir a vivir, morar y amar entre nosotros, porque siendo sutiles, soportan nuestro caos, mientras que nosotros, siendo espesos, no sabríamos soportar el suyo.

Hemos dicho que estos seres podían mantener comercio carnal con los hombres y tener hijos. Estos hijos son de raza humana porque el padre, siendo hombre y descendiendo de Adán, les da un alma que los hace semejantes a él y eternos. Y yo creo que la hembra que recibe este alma con la semilla, es, como la mujer, rescatada por el Cristo. Nosotros no llegamos al reino divino más que en cuanto comulgamos con Dios. De la misma forma, esta mujer no adquiere un alma mas que al conocer un hombre. Lo superior, en efecto, comunica su virtud a lo inferior.

He aquí, por tanto, una de las razones de la aparición de estos seres: buscan nuestro amor para elevarse, como los paganos buscan el bautismo para adquirir un alma y renacer con el Cristo.

Es preciso añadir que si se aproximan a nosotros es porque se nos asemejan, como el lobo se parece a un perro salvaje. Todos estos seres, efectivamente, no tienen relaciones carnales con el hombre. Los ninfos son los que las tienen en mayor grado, les siguen los silfos y en cuanto a los pigmeos, no tienen en absoluto este tipo de relaciones con el hombre y se contentan con servirle. Se considera generalmente a los pigmeos y las salamandras como espíritus, porque aparecen como seres brillantes y deslumbradores, y es que no se reflexiona que su carne y su sangre son de naturaleza luminosa. Los pigmeos y las salamandras son ágiles y ligeros como los espíritus, conocen el presente, 
el futuro y el pasado, revelan a los hombres lo que está oculto; tienen la razón del hombre sin poseer el alma, tienen la ciencia y la inteligencia de los espíritus sin poseer su conocimiento de Dios.

Hemos dicho que los ninfos dejan las aguas para venir a vernos, hablar y aliarse con nosotros. Los silfos son más groseros, y no conocen en absoluto nuestra lengua. Los gnomos hablan el mismo lenguaje que los ninfos. Las salamandras hablan poco. Los silfos son más tímidos que los hombres. Los gnomos son más pequeños y se les toma con frecuencia por llamas errantes, espíritus, almas en fuego o fantasmas. Las llamas que vuelan por encima de los prados, se alejan y se aproximan, no son otra cosa que gnomos. Las salamandras son parecidas, pero, a causa de su naturaleza, frecuentan poco al hombre, prefieren el trato con las mujeres viejas y con las hechiceras. Por ello, su 
vecindad es peligrosa, porque en ellas bulle el Diablo. Por lo demás el Diablo se inmiscuye algunas veces en el cuerpo de los gnomos, de los silfos, sobre todo en el de los individuos del sexo femenino, complaciéndose en hacerles parir fetos afectos de lepra, sífilis u otra enfermedad incurable.

Que el hombre que tiene relaciones con una ninfa no la atormente cerca del agua; que el que tiene relaciones con un pigmeo no lo moleste cerca de sus cavernas; ninfa y pigmeo desaparecerán. Esta desaparición no puede cumplirse más que cuando la pareja se encuentre cerca del elemento de la ninfa o el pigmeo, lejos de este elemento, el hombre puede siempre forzarlos a seguir morando a su lado.

Los gnomos, cuando han acudido a nuestra llamada, nos sirven con fidelidad a condición de que cumplamos sus deseos. Si nosotros mantenemos nuestras promesas, ellos mantienen las suyas y nos dan plata; efectivamente, ellos tienen mucha plata a su disposición, ya que la extraen y trabajan por sí mismos. Pero no nos la regalan si no es con la condición de no atesorarla, sino de distribuirla. 
  
 

 TRATADO IV 
 

Hemos dicho que estos seres se alían a los hombres y tienen hijos de ellos; hemos dicho también que, si el hombre los irritaba cerca de su elemento, desaparecían. Añadamos que lo que le sucede a una ninfa le ocurre igualmente a su esposo; si ella se sofoca, él se sofoca igualmente. Él cree que ella ha desaparecido simplemente en el agua, y no se da cuenta de que su propia vida está en peligro grave, que su unión con la ninfa no se ha deshecho y que no es como la unión de una mujer con un hombre, que puede quedar disuelta por la simple huida de ella. Es preciso, efectivamente, para que tal unión se disuelva, el consentimiento de los dos esposos; es preciso recordar que la ninfa que se ha unido a un hombre, estará presente en el juicio final, porque ha ganado por tal unión un alma en este comercio, siendo por lo tanto una mujer y su unión con un hombre no se disuelve más que si ello consiente. Si el marido toma otra esposa sin su permiso, ella reaparece y lo mata.

Las sirenas nadan especialmente en la superficie de las aguas, más que en su interior y aunque no tienen el aspecto de la mujer, se le parecen en parte. Son verdaderos monstruos lo que engendran los hombres y las mujeres con ellos.

Supongamos, en efecto, que los ninfos, que engendran entre ellos como lo hacen los hombres, engendren monstruos que nadan en la superficie de las aguas; estos serán sirenas. Estas sirenas saben cantar y tocar la flauta. Los ninfos y los gnomos engendran todavía otros monstruos, los monacos, que se parecen a los hombres y habitan en su medio. De la misma manera las estrellas engendran monstruos los cometas, que no siguen su curso. Dios, como veis, crea cosas admirables.

 TRATADO  V 
Los gigantes. 
 

Es preciso hablar de dos razas que tienen relación con la de los ninfos y los pigmeos, son los gigantes y los enanos. Los gigantes y los enanos no descienden tampoco de Adán. San Cristóbal, en realidad fue un gigante, pero él poseía la naturaleza humana y no debe ser colocado entre estos seres, una de cuyas características es el no poseer esta naturaleza. Testigos los gigantes Bernensis, Sigenotto, Hildebrando, Dietrico. Diremos otro tanto de los enanos, testigos de ello, Laurino y otros.

No ignoramos que muchas personas no creen, ni en los gigantes ni en los enanos. Se contentan con decir: los gigantes son extraordinarios y muy fuertes, los negaremos y consideraremos que son ilusiones.

Los gigantes son engendrados por los silfos y los enanos por los pigmeos. Gigantes y enanos son monstruos de los silfos y de los pigmeos, como las sirenas son los monstruos de las ninfas. He aquí por qué son tan raros; sin embargo, se han visto en demasiadas ocasiones para dudar de su existencia. Son notables por su sólida constitución.

He aquí lo que es preciso pensar de su alma: Se trata de hombres originados en los animales y son monstruos, por lo tanto, carecen de alma. Se creerá, por lo tanto, que tienen una, al ver sus buenas acciones y su amor a la verdad. Porque, así como el mono imita los gestos del hombre, ellos pueden también actuar como los hombres.

Dios habría podido dar a estos seres un alma si lo hubiera querido, como le ha otorgado una al hombre, comunicándose con él y como le da una a las ninfas que se casan con los hombres. No lo ha querido así, para no crear una raza semejante a la humana. A pesar de todas sus buenas acciones, no creo que los gigantes ni los enanos participen en la redención. Pero, si no tienen fe, son sabios de la misma forma que los animales.

Los enanos nacen de los pigmeos. He aquí porqué no tienen la talla de los gigantes, porque los silfos de los que nacen éstos, son mucho más grandes que los pigmeos.

Los gigantes y los enanos pueden tener comercio carnal con las mujeres descendientes de Adán y satisfacerlas. Pero no sabrían engendrar hijos de su propia raza, bien se casen entre ellos o se alíen a la especie humana. En efecto, son monstruos y no pueden engendrar entre ellos, como tampoco pueden hacerlo los consanguíneos; por otra parte, si se alían al hombre, el feto será de una doble naturaleza, es decir, de la suya y de la del hombre y como consecuencia, el niño será de raza humana, porque teniendo como padres a un ser sin alma y otro con alma, pertenece a la raza de este último. Los gigantes y los enanos mueren, pues, sin herederos. De la misma forma, los cometas no engendran otros cometas, ni los temblores de tierra otros temblores de tierra.

 TRATADO VI 
Por qué Dios ha creado estos seres.

Dios ha hecho estos seres para proporcionar unos guardianes a su creación. De tal manera que los gnomos guardan los tesoros de la tierra, metales y otros: e impiden que se vean a la luz del día antes del tiempo querido. Porque esos tesoros, oro, plata, hierro, etc. no deben ser encontrados todos el mismo día, sino ser distribuidos poco a poco y no a algunas personas solamente, sino a todos. Las salamandras guardan los tesoros de las regiones ígneas. Los silfos guardan los tesoros que llevan los vientos, los ondinos los que se encuentran en el agua. Es en las regiones ígneas, por el cuidado de las salamandras, donde son fabricados todos los tesoros para ser inmediatamente 
distribuidos y guardados en los demás medios.

Las sirenas, los gigantes, los manes y las escintillas (que son monstruos engendrados por las salamandras) han sido creados con otro fin: deben prevenir de los acontecimientos graves a los hombres, indicarles que estalla un incendio, advertirles de la ruina de un reino. Los gigantes anuncian más especialmente la devastación de un país, los manes el hambre y las sirenas la muerte de los reyes y los príncipes.

La causa inicial del universo sobrepasa nuestro entendimiento. Pero, a medida que el mundo se aproxima a su fin, las cosas se manifiestan a nosotros, cada vez con mayor claridad; vemos así su naturaleza y su utilidad. El día postrero todo aparecerá claro, todo será conocido y nada quedará ignorado, cada uno recibirá la recompensa de sus esfuerzos y de su amor a la verdad. Entonces no será médico o profesor el que lo desee. La cizaña será separada del grano, la paja del trigo. Entonces se inhibirá aquel que hoy grita. Aquel que cuenta el número de las páginas que tiene todavía por escribir sucumbirá bajo el peso de su obra. Entonces será feliz aquel que en este momento trata de ver. Y se podrá comprobar si yo he mentido.



EL APOCALIPSIS DE HERMES POR PARACELSO :

(De la revelación del espíritu oculto de la naturaleza) 
Helvetius Aureolus (Paracelso)

Introducción y traducción: L. Tera

Introducción

Aureolus Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, llamado Paracelso (1493-1541), nacido en Einsiedeln (Suiza), está considerado como uno de los mayores alquimistas de todas las épocas. Como médico, su obra supone una auténtica revolución en los estudios médico-alquímicos: no sólo por las síntesis –que se hallan en sus libros- de todo lo que anteriormente a él se había investigado en este campo, sino por las muchas medicinas que encontró mediante procedimientos alquímicos, para remediar las enfermedades del género humano. Su prosa es un modelo de honestidad en el resbaladizo terreno de los escritos de alquimia. Como maestro, tuvo muchos continuadores y discípulos –médicos, en su mayor parte- en Europa Central durante los siglos XVI y principios del XVII; hacia 1580 comienza pues a florecer una verdadera fábrica de textos paracélsicos: el que aquí presentamos forma parte de ellos. 
«El Apocalipsis de Hermes» aparece por vez primera en la edición de las obras de Paracelso, publicada en latín por Paltenius y Dorn (Estrasburgo, 1603, en la imprenta del célebre Zetzner). Este texto está incluido en la parte dedicada a los «libros mágicos y astrológicos... y tratados aplicados a la piedra filosofal»

El Apocalipsis de Hermes

Hermes, Platón, Aristóteles y los demás filósofos que han florecido en tiempos diferentes, inventores de las artes que han considerado con asiduidad las potencias de las criaturas inferiores, se han preguntado, animados por un gran deseo, si era posible encontrar entre las criaturas alguna cosa que protegiese el cuerpo del hombre de la destrucción y que le mantuviese en una vida permanente. La respuesta ha sido que no existía nada que liberase al cuerpo destructible de la muerte, pero que no obstante existía realmente una cosa que suprimía la corrupción, devolvía la juventud, prolongaba la breve vida hasta la edad de los patriarcas. La muerte ha sido el castigo infligido a nuestros antepasados: Adán y Eva, y sus descendientes no pueden sustraerse de ella. Así, dichos filósofos y otros aún se han esforzado mucho en buscar, antes de cualquier otra cosa, este uno único, y han descubierto que lo que preserva el cuerpo del hombre de la corrupción y prolonga la vida es, en todas sus propiedades, comparable al cielo por lo que respecta a su relación con los demás elementos. 
Han comprendido que el cielo es una esencia superior a los cuatro elementos tanto como a las cuatro cualidades y lo han considerado como la quintaesencia, por la relación que mantiene con los cuatro elementos, ya que el cielo es indestructible, inmutable y no soporta jamás ninguna intrusión ajena. Pensaron que era preciso extraer este uno único de las potencias de nuestro cuerpo, y los filósofos le han dado este nombre. No es caliente ni seco como la tierra, y es para todos los elementos finalidad, ecuación perfecta, mezcla exacta de las potencias necesarias, reunión particular de las virtudes espirituales, unión invisible del cuerpo y del alma, esencia más pura y más noble de un cuerpo indestructible, extraída por el arte, esencia que no puede ser destruida ni atacada en lo más mínimo por los elementos. Aristóteles se sirvió de ella para sazonar una manzana cuyo perfume prolongaba la vida, cuando la edad, -quince días antes de su muerte-, le quitó el apetito y la sed. 
Esta esencia espiritual y cosa única ha sido revelada desde lo alto a Adán, los santos patriarcas han alimentado un deseo particular de ella, Hermes y Aristóteles la llaman la verdadera, sin mentira alguna, la cierta, la más cierta de todas, la más secreta de las secretas. Potencia divina escondida en la naturaleza, es la mejor y la más alta que pueda ser buscada bajo los cielos, la maravillosa conclusión y el término de todas las obras filosóficas, se encuentra en ella, el rocío del cielo y el peso graso de la tierra. En su espíritu se descubre lo que el hombre no es capaz de formular, como dice Morien: tenerlo es poseer todo, ya no tener necesidad de ninguna otra ayuda porque este espíritu encierra toda la bienaventuranza, toda la salud del cuerpo y la felicidad terrestre. El es el espíritu de la quintaesencia, el manantial de toda la alegría bajo el círculo lunar. Sostiene el cielo, mantiene la tierra, mueve el mar, excita el viento, hace bajar la lluvia, mantiene todas las cosas y potencias. Espíritu elegido que domina todas las demás cosas y espíritus celestes, da la salud, la felicidad, la alegría, la paz, el amor, expulsa en general todos los males, cura toda enfermedad, aleja el odio y la tristeza, introduce la alegría, destruye la pobreza y la miseria, en todo bien él es el guía, impide a cualquiera decir o pensar mal, da al hombre lo que desea su corazón, a los hombres piadosos da el honor terrestre y una larga vida, a los salvados que abusan de él, las penas eternas. He ahí el espíritu de la verdad que el mundo no puede asir sin la inspiración del Espíritu Santo o bien sin la enseñanza de aquellos que le conocen. Su naturaleza no puede ser reconocida, al igual que su potencia. Infinito es su poder, y los santos han deseado verle desde el inicio del mundo. 
Avicena llama a este espíritu «alma del mundo». En efecto, al igual que el alma pone en movimiento todos los miembros del cuerpo, asimismo este espíritu pone todos los cuerpos en movimiento. Y, así como el alma ocupa todos los miembros del cuerpo, asimismo este espíritu está presente en todas las criaturas elementales. Muchos lo buscan pero pocos lo encuentran. Se le cree lejos, pero se le coge muy cerca. Está presente en cada cosa, en todo lugar y en todo tiempo. Contiene las energías y la eficacia de todas las criaturas y tiene su lugar en todos los elementos a la vez. En este uno único se encuentra la potencia suprema de toda cosa y de cada cosa. De estas potencias Adán y los demás patriarcas extrajeron la salud de sus cuerpos y la longevidad de sus vidas, gracias a ellas, algunos conocieron gran riqueza y prosperidad. Los filósofos que lo descubrieron al precio de una gran labor y de una gran asiduidad, lo ocultaron en frases extrañas y misteriosas a fin de que no fuese revelado a los indignos y que las nobles perlas no fuesen echadas a los puercos. En efecto, si estuviera en el poder de cualquiera, toda asiduidad, toda actividad cesarían, el hombre no tendría más que un único deseo, la posesión de este uno único, la gente ya no viviría como se debe y el mundo se hundiría: por su avidez por su opulencia, irritarían a Dios. Porque ningún ojo ha visto ni ninguna oreja oído aquello de lo que el cielo ha revestido naturalmente a este espíritu, porque ningún corazón humano ha tenido el eco de él. Yo hago, en honor de Dios, un breve resumen de algunas propiedades de este espíritu que los filósofos han experimentado, a fin de que las personas piadosas que en el porvenir pudieran recibir este don divino lo celebren en sus beneficios con fervor. Y os mostraré también la virtud y las potencias que reserva a cada ser, cómo se manifiesta corporalmente, a fin de que sea descubierto y reconocido con tanta mayor facilidad. 
En su ser primero, este espíritu aparece en un cuerpo terrestre, sucio y lleno de una debilidad multiforme. Pero encierra las siguientes propiedades: cura todas las heridas y toda la corrupción que ataca a los miembros del hombre, engendrando carne sana y consumiendo la gangrena, purificando toda putrefacción y toda hediondez en cualquier lugar que se fijen, curándolo todo en el interior y en el exterior.

En su segundo ser, reviste la apariencia de un cuerpo acuoso, más bello que en el primer caso, lo que hace que todavía sea corruptible bajo ciertos aspectos. Pero cuánto mayores son su energía, su eficacia sus virtudes, más eficaz es también en todas sus operaciones, y está más cerca de la verdad. Bajo esta forma presta ayuda en general, debido a su naturaleza oculta, a todas las enfermedades, frías y calientes, y es notable su utilidad en los casos de envenenamiento. Expulsa el veneno del corazón, disuelve sin esfuerzo todos los depósitos pulmonares y, habiéndolos destruido y deteriorado, los cura independientemente de su agitación. De este modo purifica la sangre. Descompone los depósitos que se han producido en los lugares espirituales, evitando toda prosecución de la destrucción. Absorbido tres veces al día durante una semana, aporta consolación y esperanza a toda enfermedad. 
En su tercer ser, manifiesta un ser aéreo y un cuerpo de la naturaleza del aceite, que está casi liberado de todas sus imperfecciones. En este caso, demuestra obras completamente asombrosas, porque permite a los jóvenes que lo absorben de forma regular en su alimento, aunque sea en pequeñas dosis, conservar su cuerpo en un estado de belleza y de fuerza. Evita que domine la melancolía y lainflamación de la bilis, desarrolla más allá de la medida sangre y esperma, y a menudo los pacientes deben ser sangrados. Desobstruye, vuelve menos espesas las venas y los vasos sanguíneos y, cuando un miembro tiende a desaparecer, le vuelve a dar su justa medida. De igual modo, cuando un adolescente tiene un ojo alterado, en el momento de su crecimiento y antes de alcanzar la madurez, la instilación cotidiana de algunas gotas, seguida de un reposo de un mes, le devolverá la vista con total seguridad. Cuando un miembro alcanza un cierto grado de putrefacción y de superfluidad, él lo elimina y lo disuelve al instante, reemplazando las partes perdidas. 
En su cuarto ser, aparece en un cuerpo ígneo que todavía no está totalmente desembarazado de todas las imperfecciones, que aún tiene un componente ígneo, y cuya desecación es insuficiente. Grandes son sus virtudes: es eficaz, a todos da la juventud. Si un enfermo condenado a la muerte absorbiese mezclado en vino un poco de este fuego, del peso de un grano de cebada, y si este medicamento pudiera alcanzar el estómago por vía bucal, el paciente sería reconfortado, recalentado y el medicamento alcanzaría el corazón, donde suprimiría toda humedad superflua. Expulsa el veneno, vuelve a dar vida al calor natural del hígado. Este fuego, absorbido por los ancianos en pequeñacantidad, elimina la enfermedad de la edad y adquieren entonces la juventud del corazón y del cuerpo, por esto que se le llama Elixir de vida. 
En su quinto y último ser, aparece bajo un cuerpo glorificado e iluminado, sin defecto. Ahí brillan sol y luna, en ellos él posee todas las energías y todas las propiedades que posee en las demás esencias y de las cuales hemos hablado: con más belleza e incluso maravilla, pues las obras naturales son consideradas en él como misterios divinos, ya que vuelve a dar vida a los cuerpos viejos, muertos y desecados, dado que si se aplica en las raíces de un árbol, éste recobrará vida, reflorecerá y traerá frutos. Si se mezcla este espíritu con el aceite de una lámpara, ésta no se apaga, quema eternamente sin pérdida alguna. Transforma cada cristal en piedras preciosas de todos los colores, tan buenas y tan preciosas como las que salen de las minas, y realiza también muchas otras cosas que no hay que revelar a la gente malvada, cosas que son consideradas como imposibles. En efecto, cura a todos los cuerpos, muertos o vivos, sin adjunción de ninguna otra medicina, y pido que Cristo me sea testigo, pues no miento en nada: en él se encuentra la sola influencia de todos los cuerpos celestes que se buscan en todos los cuerpos y que se han esparcido en cada cosa en particular. Los primeros revelantodos los tesoros ocultos en el mar y sobre la tierra, mientras que él transforma en sol a todos los cuerpos metálicos y que, bajo los cielos, no se encuentra nada que le sea semejante. Este espíritu es el misterio oculto desde el origen del cual sólo algunos santos a quienes Dios ha otorgado la revelaciónhan percibido la profusión de honor; es este espíritu el que provoca en el aire una lluvia ígnea, el que conduce la terrestreidad hacia el cielo, mientras que ríos enteros de mar vivo fluyen de su vientre y de su cuerpo. 
Este espíritu vuela hacia el cielo por medio del mundo intermediario. Nube que sube de la aurora, introduce en el agua su fuego que arde y tiene en el cielo su tierra clarificada, eliminando la malignidad de Saturno y de Júpiter, dando a Júpiter el resplandor del sol y a Mercurio el de la Luna. ¡Para Venus, para Venus su hermana, hace fluir la miel de las rocas, por los minerales está lleno de un eterno amor! 
A pesar de las acusaciones de error que recaen sobre este espíritu que los calumniadores tendrán por falso, aquellos que saben, aquellos que lo experimentan realmente, lo juzgarán verdadero y posible, por poco que se quiera comprender fielmente las palabras escondidas. ¡No te enfrentes pues a este espíritu antes de tener de él una comprensión suficiente, porque Dios es maravilloso en sus obras, y sus obras son, como su Sabiduría, innumerables! 
En su naturaleza ígnea, este espíritu se Llama Sandaraca, en su naturaleza aérea Kubrick; Aliochat en su naturaleza terrestre. Pero estas denominaciones engañan a aquellos que le buscan sin antes haberlo reconocido, y que piensan que se descubrirá por estos procedimientos inútiles para nuestro arte. Aunque estos nombres designen las propiedades del espíritu que buscamos, él no está, ni puede encontrarse en estos cuerpos, ya que un espíritu clarificado no puede manifestarse en apariciones. En efecto, en un cuerpo como éste, -adaptado a su género, y aunque se le dé tal o cual nombre-, no debe considerarse que existen diferentes espíritus: sea cual fuere el nombre que se le atribuya, no hay más que un único espíritu, eternamente, espíritu cuya ascensión ilumina la claridad del cielo, cuya pureza en este instante es incorporada a la tierra y que, en el curso de su carrera, abraza el crecimiento de las aguas. No es un ángel de las jerarquías inferiores. Su nombre es Rafael, el ángel de Dios, el más sutil y el más noble, y también el más puro, y los demás le obedecen como se obedece a un superior. Esta substancia espiritual no es ni celeste ni infernal, es un cuerpo aéreo, puro y espléndido, la forma intermediaria entre los seres sublimes e inferiores, desprovista de entendimiento, pero fecunda en su operación, la más escogida y llena de gracia de todas las otras cosas celestes. Esta obra divina es demasiado profunda para que un insensato la pueda comprender, porque es el secreto último y sublime de la naturaleza, el Espíritu del Señor que llena el círculo de la tierra, que planeaba en el comienzo sobre las aguas y que el mundo no puede asir sin la secreta y graciosa infusión del Espíritu Santo, o bien sin la instrucción secreta de sus conocedores. El mundo entero lo desea a causa de las energías que encierra, energías que los hombres jamás serán capaces de apreciar suficientemente. En efecto, estas energías penetran los planetas, elevan las nubes y expulsan las brumas, dan la luz a cualquier cosa, transforman todo en oro y en plata, confieren la salud y la profusión de los tesoros, purifican la lepra, despejan la vista, reconfortan las almas tristes, cuidan a los enfermos, manifiestan todos los tesoros ocultos, curan en general todas las enfermedades y todas las imperfecciones. 
Este espíritu ha permitido a los filósofos descubrir las siete artes liberales, ha engendrado la riqueza de éstas, ha permitido a Moisés crear los utensilios de oro del templo, al rey Salomón realizar numerosas notables obras en honor de Dios, a muchos hombres ejecutar grandes acciones: a Noé construir el arca, a Moisés el tabernáculo, a Salomón el templo. Gracias a él, Esdrás restableció la ley, María, hermana de Moisés recibió la hospitalidad, Abraham, Isaac, Jacob y demás justos han obtenido de él larga vida y abundancia de riquezas, y todos los hombres piadosos que lo han conocido gracias a él han celebrado la alabanza a Dios. Así, su adquisición es preferible a cualquier operación realizada con la plata y con el oro, pues él es la mejor de todas las obras, ya que todos los bienes temporales que el hombre puede desear en este mundo no le son comparables, porque es desde el origen experimentado, perfecto, impecable, el único en alojar la verdad. Por eso se le llama voz y verdad; su obra ignora la falsedad, y no se puede celebrar suficientemente su alabanza. Soy incapaz de describir adecuadamente su potencia, porque sus propiedades y su poder superan nuestro pensamiento y no son expresables en palabras: en él, en efecto, existe una multitud de propiedades. 
En resumen, ¿qué más podríamos decir? No existe, no ha existido jamás, nunca existirá nada que pueda permitir una exploración más profunda de la naturaleza. ¡Oh tú, Sabiduría divina de desbordante profundidad, tú que has encerrado en la fuerza y la potencia de este espíritu único todo lo que posee el conjunto de todos los cuerpos, oh tú, Sabiduría inefable revelada a los mortales: la potencia de tu espíritu mejora las cosas destructibles de la naturaleza! ¡Oh tú, misterio de los misterios, misterio que surge de todas las cosas misteriosas, cura y medicina universales, última exploración de la naturaleza, maravillosa conclusión para todos, para todos los patriarcas, los nuevos Sabios y los Filósofos de todas las cosas celestes inferiores, conclusión deseada por el mundo y la tierra entera! 
¡Oh! ¡Qué espíritu maravilloso y digno de alabanza es tu pureza que, en su plena potencia, alberga toda alegría y toda riqueza, toda la fecundidad de la vida: arte de todas las artes, tú que otorgas la alegría temporal a aquellos que te conocen! ¡Oh tú, ciencia deseable y cosa amable entre todas las que están bajo el círculo de la luna, tú que confortas la naturaleza, renuevas el corazón y los miembros, mantienes a la juventud en la flor de la vida, expulsas la vejez y destruyes la debilidad, mantienes la belleza en su estadio más amable, contienes el bien en profusión y no cesas de dar todo lo que agrada al hombre! ¡Oh tú, potencia suprema, y que nada domina, que los ignorantes desprecian, pero que los Sabios aman en una alabanza, en una gloria, en un honor sublimes, tú que expulsas toda obra mortal nacida de los humores y toda enfermedad artificial provocada por hechizo! ¡Tú aclaras la voz de los moribundos y les das la palabra! ¡Oh tú, tesoro de los tesoros, misterio de los misterios, Avicena te ha llamado la substancia inefable, el alma más pura, más perfecta y más potente del mundo, no hay bajo el cielo producto alguno del arte cuya naturaleza y cuya potencia no sean más insondables, operación más maravillosa, potencia más infinita, algo que tenga su semejante a él entre las criaturas, tú que encierras las potencias de los cuerpos celestes! ¡De ti, en efecto, fluyen las aguas de la vida, la miel y el aceite de la salvación eterna, y como lo dice Morien, él «les ha saciado con rocas y miel»! Quien lo tiene posee todo y no tiene necesidad de ningún apoyo exterior. 
¡Bendito eres, tú, Dios nacido del Padre, tú que has dado a los profetas este conocimiento, esta inteligencia! ¡Estos lo han mantenido oculto a fin de que los ciegos, a fin de que aquellos que están ahogados en la impiedad de este mundo, no puedan descubrirla, a fin de que los hombres piadosos y 
capaces puedan gracias a ella celebrar tu alabanza! En efecto, aquellos que revelan y que descubren a los indignos el misterio de esta cosa quebrantan el sello celeste, la revelación del misterio es una ofensa para la entera Majestad divina, las desgracias les abruman y el castigo de Dios es inminente. 
Ruego pues de todo mi corazón a todos los creyentes en Cristo que tienen este conocimiento que no hablen de ello a nadie, que no la comuniquen a cualquiera, sino solamente a aquellos que viven de acuerdo con la divinidad, después de haberlos puesto a prueba mucho tiempo, después de que hayan conocido que viven virtuosamente, que alaban y que honran a Dios, Dios que ha dado a los hombres un tesoro semejante. ¡Muchos lo buscan y pocos lo encuentran, indignos que son de este saber, los impuros que viven en el vicio; arte que no debería ser mostrado más que a aquellos que temen a Dios, arte que nada puede comprar! 
Tomo a Dios como testimonio: lo que digo no es mentira, incluso si eso parece imposible para la naturaleza. No hay nadie actualmente, no existió jamás nadie ni existirá jamás nadie que permita una exploración tan profunda de la naturaleza. 
¡Alabado sea Dios, el Dios supremo y Todopoderoso, que ha creado este arte y se ha complacido en revelar este conocimiento a los hombres que le temen! Así pues, ha sido realizada esta obra excelente de las más preciosas, esta revelación del espíritu oculto que tiene escondidos en su seno los secretos y los misterios de este mundo. Este espíritu es una divinidad única, un ministerio sagrado, divino y maravilloso, que encierra el mundo por entero. Este último está en él, y en él y en un instante encuentra su verdad; este espíritu, en efecto, domina verdaderamente a los elementos y la quintaesencia. 



LIBRO DE RENOVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE PARACELSO :

      En este texto, Paracelso explica primero que la Restauración y la Renovación operadas sobre un metal (que se regenera a partir de sus minerales o a partir de sus óxidos) no tienen nada común con la Renovación y la Restauración que puede efectuarse en el cuerpo del Hombre. 
      Porque, si de una parte la regeneración de los metales los devuelve su origen, y si por otra parte, el tratamiento alquímico por los tres principios (Sal, Azufre, Mercurio) los hace perfectos e indestructibles, para el Hombre no sabría ser cuestión de volver a su punto de origen, ni de acceder a inmortal perfección. La Restauración y la Renovación en cuerpo del Hombre deben pues entenderse de otro modo que en laboratorio. 
      Aquí Paracelso, pionero del vitalismo e inspirador de Harnero Helmont, invoca a la vez el Espíritu de vida Spiritus vitae y el Humor radical y es su principio activo, precisando que no son a ellos quienes producen la Renovación y la Restauración pero sus emanaciones (decimos hoy su metabolismo). 
      La Renovación y la Restauración son adquiridas no por un fortalecimiento del Humor radical pero por una transformación de las reservas de la materia corporal. 
      Utilizando el método analógico que sirvió tanto antes de los rigores del racionalismo, compara este problema con la situación de un árbol, cuyo humor radical es la reserva de savia contenida en el tronco, mientras que la Renovación y la Restauración, cada año, consiste en la producción de las flores, las hojas y los frutos. 
      Bajo un aspecto más detallado, la Renovación y la Restauración pasan por la mediación de los cuatro humores (heredadas de Hipócrates y de la Antigüedad) y cuatro Elementos con sus cuatro componentes acoplados: calor y frío - humedad y sequedad. De ahí resultan cuatro constituciones (diremos más tarde "temperamentos"), que son unas propiedades nativas a través de las cuales se ejercitan el Humor radical y el Spiritus vitae, y no lo inverso. 
      A partir de allí, muestra que la Renovación y la Restauración no se refieren en los órganos del cuerpo propiamente dichos, sino sobre afecciones patológicas famosas en aquella época incurables, tales como la lepra, la epilepsia, la locura, el carbón y diferentes formas de gota deformadora. 
      En el caso de la lepra, por ejemplo, la Renovación y la Restauración tienen un efecto tan poderoso como cazan también otras enfermedades que lo acompañan. 
      En todos estos fenómenos, es el elemento DIFUNTO que opera(obra), como una emanación de Spiritus vitae, " tales las fuerzas animadas de una ortiga ", dice, y más lejos: " la Renovación y la Restauración son unas igniciones de la Naturaleza, nacidas de una fuerza que no podemos representar " y esto de allí toda lógica ya que " el Fuego es el gran purificador de la Naturaleza ". Pero se trata en este caso de un fuego que no es de llama, sino de un "esencial" difunto e invisible que actúa dentro del cuerpo (que apelamos hoy "calor"). 
      Pero no basta con hablar de eso, hay que también tratar. 
      Después de una devolución en Archidoxes, si inscribe la lista de toda una serie de productos limpios vegetales y minerales que efectúan la Renovación y la Restauración, a condición de ser traídos al estado de magisterio o de quintaesencia. El más noble y más poderoso de ellos, después del Antimonio, es " EL ORO POTABLE " que nombra también OLEUM AURI. 
      Estas preparaciones magistrales nos traen, retroactivamente, a la noción de PRIMUM ENS (siempre expresado en latino), que se puede traducir por " primera Esencia ", " primera Entidad ", o mejor todavía " PRIMERO SER " (el latino y griego - como el inglés - usando del participio presente, allí dónde empleamos más bien el infinitivo substantivé), sobre el cual Paracelso se extiende mucho en la segunda parte del Tratado. 
      Podemos interrogarnos lo que pensaba por esto " Primero Ser " metales, unos minerales y hasta otras sustancias. Las propiedades que le atribuye indicarían que este " Primero Ser " era lo que hay permanente y de inmutable - es decir de "esencial", en sentido propio - en el elemento en cuestión, algo que sea la prefiguración del concepto actual atómico y molecular. 
      Sin embargo con una diferencia enorme: los cuerpos simples de la química son poco activos en general en su estado natural, mientras que los " primeros seres " de Paracelso son altamente activos, purificadores, incluso transmutatorios. 
      Así como todo mismo aquel de lo que Paracelso habla ha probado y ha tratado (basta con leer el Primero y el Segundo Manuel que se encuentran en el fin de las obras completas en la edición Huser de 1605, para convencérselo) esto significaría que la alquimia conocía estados y propiedades de la materia que la ciencia moderna todavía no reencontró. Hay un "secreto", en todo caso, que parece quedado inviolado, por lo menos en los bienes del dominio público, es el de la SAL CIRCULADO con cual Paracelso hacía todas sus extracciones. 
Max LÉGLISE

EL LIBRO DE LA RENOVACIÓN Y DE LA RESTAURACIÓN 
Por TEOFRASTO,

Filósofo y Médico de Alemania, llamado 
PARACELSO EL GRANDE

      Debemos ante todo comprender lo que son la Restauración y la Renovación; cuales son estas cosas que restauran y renuevan, y además lo que puede ser renovado y restaurado en la creación de las cosas. Todo el Mineralia, en efecto, pues son rejuvenecidos, renovados y restaurados, de modo que el hierro herrumbroso puede ser devuelto de nuevo el hierro nuevo, y el cardenillo en su cobre. Así, el minio puede también ser convertido en su plomo, la cal de Júpiter de estaño. Aquí, por consiguiente, renovación y restauración significan este proceso que devuelve una sustancia destruida, o herrumbrosa, o consumida, a su juventud y a su esencia perfecta. Pero hay que comprender que esto no "es restaurado" ni " renovado", pero "solamente" "reducido", y no puede, de ningún modo, ser comparado con esta restauración o renovación que proponemos exponer. Porque aunque la roya no sea no obstante un metal, éste no ha sido destruido sin embargo en su esencia. Por consiguiente, en este caso, esta renovación no puede ser tomada aquí por una explicación que se refiere a la restauración y la renovación, porque en la raza humana, tal royadura y ablución no se efectúa; y es lo que hizo que los hombres no necesitaban una renovación de este género.

      También, si un hombre está sobre su decadencia o Decrepitus, esto puede ser comprendido como una suerte de roya en su sustancia, entonces parsimoniosamente su cuerpo será susceptible de ser devuelto por su estado de decrepitud el de la salud, como una vuelta de cualquier tipo de enfermedad a la salud. Pero para este sujeto no tenemos ahora ningún deseo de escribir. Podemos también considerar como una renovación lo hace que los metales emanan de (la asociación de) sal, azufre y mercurio. Cuando esta perfección es cumplida y traída al metal efectivo, este metal puede de nuevo volver a sus tres elementos primordiales, si aunque su sal, su azufre y su mercurio reaparecen como si estuvieran de allí en su primera generación, y el elemento metálico desaparece completamente y no hay más metal. También puede hacerse que la materia de los tres elementos primordiales vuelva a ser, otra vez, un metal como antes, es decir si el cobre es producido de nuevo desde los tres elementos primordiales del cobre, etcétera. En el caso de los metales, un tipo de regeneración se efectúa a partir de un metal antaño completo en un metal de nuevo perfecto y completo. Pero esto no es de ninguna manera una restauración o una renovación si esto se refiere al hombre, porque no podemos ser devueltos nuestros tres elementos primordiales, o reducidos a nuestro esperma, del cual, de nuevo, podríamos ser renovados una vez más y restaurados, como en el caso de los metales precitados. Porque tendríamos entonces el poder de perfeccionarnos yo mismo por una segunda generación mejor que la primera; también el hierro, el cual es reducido a sus tres elementos primordiales, y luego de plata o de oro, y se vuelve incorruptible por este solo proceso; O así como Saturno que de nuevo se reduce a su mercurio, al fin, ha transformado en un metal incorruptible. Deberíamos también ser también capaces de producir o de crear de mí mismo una criatura inmortal, mientras que al contrario no tenemos el poder. Porque faltamos de esta materia (1) primordial, y estamos en la imposibilidad de volver para atrás con el fin de estar constituidos por una masa irreductible, pero debemos progresar ya que comenzamos, y en ningún caso no podemos recobrar ni poseer aquel por que procedemos. 
      La restauración, entonces, o renovación, es de una naturaleza doble. Uno, tal como aplicada sobre los metales, que presentamos e hicimos clara. El otro, cuando una vieja pintura es renovada con colores frescos, de modo que dé el aire reciente y nueva como antes. Pero debemos, por consiguiente, comprender allí que una nueva materia se haya formado en el seno de una antigua, pero que la vieja pintura es tanto revestida como puede parecer fresca. Es por eso que, una vez más, este género de restauración no puede ser citado en referencia a la restauración y a la renovación del hombre. Pero restauración y renovación deben ser entendidas en este sentido: Que Humor Radicalis del hombre, actuando sobre y estimulando Spiritus Vitae, no será disminuida ni inhibido, pero más bien aumentada en sus poderes y empujar adelante, también un árbol al cual asistencia es prestada para la producción de sus flores y frutos, con el fin de que cuando éstos caen y murieron, sean con otros de nuevo procreados como antes. Pero, aunque el ejemplo aquí producido no ilustra en el detalle nuestra teoría, ofrece sin embargo el medio de comprender cómo promover Humor Radicalis de la vida totalmente como lo mostrábamos en el caso del árbol. Entendemos que la renovación y la restauración sean comprendidas así: que no son producidas en Humor Radicalis (2), sino en lo que es generado desde la antedicha y proceden de eso materialmente y corporalmente. Porque lo mismo que una campana dada forma por la fusión no recibe su sonido del sello sino del cuerpo, la restauración o renovación no toma tampoco su vigor en Spiritus Vitae, sino en lo que hace susodicho Spiritus; es decir que una es material, el otro sustancial. Pero cuando toda esta sustancia en la cual Humor Radicalis está presente habrá sido purificada, su sello será también perfeccionado, y mejor es el sello, mejor será el cuerpo. Y cuando decimos que Humor Radicalis procede del cuerpo y los miembros, lo comprendemos como esto, a saber que Humor Radicalis mismo, y lo que emana de eso, son como la raíz y el árbol del que una no puede vivir ni subsistir sin la otra.

      Debe también ser comprendido aquí que estas dos cosas son unidas tan íntimamente y conjuntas como incapaces de ser separadas. Humor Radicalis y Spiritus Vitae (3), con Humor Vitae, residente en los cuerpos y en los miembros, totalmente como en los metales se encuentra la tonalidad, la cual no es vista, solamente entendida. Porque Spiritus Vitae y Humor Radicalis verdaderamente son en los cuerpos. Sería vano, por consiguiente, de esforzársenos por purificar o por renovar el cuerpo por su intermediario; pero es exacto que el cuerpo y la materia que nacieron de eso y tienen allí su origen deberían ser restaurados y ser renovados. De ahí, puede ser deducido que la restauración y la renovación son las transmutaciones de miembros que existen de modo superfluo en el cuerpo; Con el fin de que todo lo que procede del cuerpo, y no del Humor Radicalis, desaparezca, y el fin de que algo de nuevo nazca en el lugar, tal como lo percibimos en un árbol, entre lo que todas las hojas, las flores, los frutos, y las setas caen y renacen, sin embargo que el bosque mismo no está en ninguna consideración cambiada, que se escame y renazca, pero queda. Así, además, queda Humor Radicalis. Es la vida en el cuerpo; y cuando los cuerpos mismos echan de nuevo los cabellos, las uñas, los dientes, y cosas semejantes, éstos pronto son renacidos. Es la restauración y la renovación, por la que la cosa que debería ser restaurada y renovada es restaurada y renovada. Porque cada restauración y renovación se produce en la superfluidad, y en estas cosas que tienen su origen y nacieron del Ser. El método por el cual el cuerpo es apto para ser restaurado y renovado es bastante demostrado por la superfluidad que no forma excrecimientos sobre la materia, tales como cabellos, dientes, piel y uñas, pero están en el cuerpo como algo en exceso. No están ausentes de la materia o las sustancias corporales, sino quedan en su esencia como cuatro Humores (4) (constituciones). Una procede de la frialdad y de la humedad, la cual es contenida en todo el cuerpo, y nació, no teniendo ni el menor lugar particular ni el menor origen o ni el punto inicial de donde proviene, así como probado concerniendo a los cuatro tipos de Humores. Un segundo emana exactos contrarias de la primera, es decir del calor y de la sequedad, las cuales, también, son parsimoniosamente en el cuerpo y no ocupan ningún lugar ni origen clases de matemáticas superiores, y también producen líquido. El tercero es frío y seco, teniendo origen idénticamente. El cuarto mismo es caliente y húmedo, que también procede como otros.

      Y debe ser anotado aquí que pasa que este cuatro Humores (5) todas no existe en todos los cuerpos, sino a veces solamente uno, a veces dos, algunas veces tres, otras veces cuatro. Debe, además, ser observado para su sujeto que en el proceso de renovación y de restauración, son consumidas y expulsadas, por la razón que la Naturaleza y la vida del hombre pueden existir sin ellas, y reposan de ningún modo en su necesidad ya que existen sólo como superfluidad, como la levadura en el vino, o el espuma fluyendo en otoño. { (5)} 
      En cuanto a los cuatro tipos de Humores tan manifestados en el hombre, esto, también, debe ser anotado: que éstas no son renovadas o restauradas porque no provienen de uno de los órganos, Neque Ex Majoribus Nec Minoribus. Tampoco que residen en la sangre o en la carne, ni en nada semejante. Otra vez, que es verdad sólo Humor sanguíneo viene de un hígado que rebosa sangre, o Melancholia del bazo, Cholera de la bilis, y el Phlegma del cerebro, y otras de este género, dado que los órganos susodichos no abastecen su Humor al hombre, sino dado que este Humores nacen de mismos y finalmente totalmente se dirigen a la muerte. No nos propondremos discutir aquí sobre estas cuestiones, porque son demasiado alejadas de nuestro texto sobre la renovación y la restauración. 
      Ya que, pues, ninguno de las cuatro Humores no tiene ni su sitio(plaza) ni su origen en los cuerpos, aquel de lo que hablamos, pero existen en Spiritus Vitae y en Humor Radicalis, Humores no pueden ser renovados o restaurados. Pero en cuanto el cuerpo habrá sido clarificado, su naturaleza también será aclarada.

      Señalamos, de la misma manera, como extraña para nuestro texto la repartición de Humores según la edad, la región y el régimen, porque ninguno es imprimida sobre un cuerpo por aquellos tres. Puede, en efecto, llegar que la vejez arrastra Melancholia de los cuerpos, pero no es Humor. También, si el lugar de residencia puede provocar Phlegma, Humor no es por eso flemático. El alimento puede también procurar que alguien se le parece, pero esto no necesita ser debatido aquí ya que lo negociábamos en la Construcción del Cuerpo (6). Para una repartición de este tipo una fase especial de inteligencia es requerida, visto que debe ser observado que son ni siquiera Humores, sino que a veces Mineralia también, y algunas veces corrupciones, todos existen como superfluidad contra Naturaleza y virtud. Del mismo modo, esto debe ser dicho a propósito de los órganos principales que resisten a la renovación y a la restauración, es decir, en el sentido que no los perciben porque ellos mismos no los reciben, sino porque agarran todo lo que los(las) atraviesa, y es preparado con ellos, totalmente como absorben el alimento, no una medicina. Pero por todas partes dónde a la menor ocasión de Humores o superfluidad es producida en ellos, deberían ser expulsadas. Así, además, esto debe ser también comprendido para otros órganos, a saber, los huesos, la médula, el cerebro, el corazón, el hígado, los pulmones, los riñones, el bazo, el estómago, los intestinos, los cartílagos, los músculos. Y sangre, también, debería ser conocido que la corrupción o la superfluidad existe en él, aunque sea sólo Accidens. Y tan también carne. Cet Accidens es purgado, para decirlo así, en el curso del proceso de renovación y de restauración. No verdaderamente que otra sangre sea engendrado, pero que lo que es contaminado o extirpado, y que el bono o preservado y predomina. El mismo juicio también conviene en cuanto a la carne.

      Expliquemosnos brevemente cuales son estas cosas que pueden ser restauradas y renovadas: Lepra, Caducus, Manejó, Pustulae, a Podagra, o Chiragra, o Arthetica, y otros todavía que es eliminado en el curso de la renovación y en el curso de la restauración: a menos que sea alguna enfermedad de nacimiento. Ésta no se irá. 
      Pero en cuanto a Lepra, se producen tal transformación en el cuerpo, como no sólo el Lepra, sino que hasta una enfermedad más fuerte que sería consumida y eliminada; no verdaderamente que hubiera una separación del puro ab impuro, pero Lepra transformó en salud, como el cobre él es de oro, de lo que nadie se asombrará porque la renovación y la restauración no consumen de otro modo que el fuego de plata o de oro sus falsedades e impurezas, y purifica. También Caducus y Podagra, Chiragra, Arthetica son llevados; porque todas las cosas que residen en el cuerpo entero son renovadas en seguida, la sangre y la carne, con otras cosas que son incluyas allí. Porque, lo mismo que el álcali purifica el mercurio leproso en una mejor plata, tan también la renovación y la restauración transmuten el cuerpo en una buena esencia, como enunciado más arriba. 
      La renovación y la restauración, entonces, expulsan todo lo que es superfluo e incompatible con la Naturaleza del cuerpo, y cambian todo de lo que la Naturaleza no quiere, o lo que era insignificante, en algo del bien. De ese modo, esto restablece todo y lo hace crecer de nuevo, así como lo vimos más alto, devuelve el cuerpo entero la juventud, etcétera, por esta razón que nada puede resistir a estas cosas que están en la naturaleza misma.

      Y ahora, debemos ver por cual vía la restauración y la renovación aparecerá en nosotros, a causa de su ignición, que hay en Spiritus Vitae y en Humor Radicalis. Es por la ignición que las operaciones anteriormente descritas se efectúan, lo mismo que en la fuerza por la cual una ortiga arde. ¿Porque que es tan sagaz que exactamente pueda sondear fuerzas de esta orden cuando no aparecen en nosotros en el acto natural, sino sensiblemente son aprehendidas? En este sentido, también, la renovación y la restauración son unas accesiones a la Naturaleza producidas por fuerzas que no podemos expresar. Sin embargo, sabemos que cada cosa visible es limpiada y purificada por el fuego. La Naturaleza, en efecto, exige que este proceso sea cumplido por el fuego, y que sea imposible por otro medio. Comprendemos, por consiguiente, dos fuegos, un material difunto y un esencial (7) muerto. El material muerto obra por la llama y consume; Lo esencial difunto por su Essentiam y su Virtutes. Así como una cantárida, quemando la piel y que lo levanta(indigna) en botones, un fuego muy violento no es sin embargo sin embargo del fuego, ni es sentida como tal. Una llama y una ortiga producen el mismo efecto, así como lo dijimos repetidas veces. 
      También está seguro que la renovación y la restauración cumplen de ese modo sus operaciones cuando penetran en el cuerpo o son asociadas con él, porque tal operación produce allí el mismo efecto en Mercurio Saturni o Martis que es asociado con su Réalgar, y aunque ningún calor sea todavía ardiente, sin embargo, arden juntos como la madera, y al fondo se encuentra el metal perfecto que antes parecía totalmente leproso.

      Y, una vez más, que puede completamente trazar o sondear cómo se hace que cuando un " migdalio " (8) fuertemente ha sido licuado con la ayuda del Circulado, se haga de Mercurius. La renovación y la restauración deben ser pensadas de otro modo por nosotros sólo en lo que cumplen sus operaciones también la cal, que mismo es apagado por el agua, y se purifica, de modo que todos sus poderes y acritudes sean llevados y echados por su esencial muerto.

      La renovación y la restauración de nuestra naturaleza no son diferentes de las del alcyon, la ave que, en efecto, se renueva en su propia naturaleza particular; y encontramos a muchos de otros animales semejantes que tienen el poder de hacerlo, cuya mención fue hecha a consideraciones diversas en nuestro Archidoxes, y más todavía en Secretis Nostris (9), al cual más ejemplos habrían sido citados si no fueran tan alejados nuestro texto que concierna a la renovación y la restauración, donde las demostraciones que hicimos también acabaron por ser comprendidas aquí en cuanto a la renovación, mientras que decimos y repetimos que bastante no podemos saber cómo obra el fuego, aunque lo vemos consumir la madera, porque de por su calor excesivo, lleva a cabo de y consume todo. Pero, dejando esto, tomemos otra dirección.

Siendo dado, pues, que hablamos bastante largamente hasta aquí del origen de la renovación y de la restauración, indicamos ahora estas cosas que renuevan y restauran. Tenemos, en efecto, en nuestro Archidoxes, enseñado por escrito cómo a prepararlos, y los titulamos según sus propios nombres con el fin de que puedan ser reconocidas y reparadas. Ahora tenemos la intención de levantar la composición, y por primera vez todos procedimientos. Pero mientras que enseñamos Simplicia y Arcana, debe ser entendido que sus operaciones son llevadas por maneras diversas. Porque se encuentra de allí cierto que purgan violentamente Lepra por medio de la renovación y por medio de la restauración, pero aparte de esto no tocan ninguna otra enfermedad; son perfeccionados a pesar de todo para la renovación y la restauración. 
      Excepto éstos, en las distinciones de estos tipos de las enfermedades, se encuentran Quintessentia, Magisterium, y Elementum Antimoni, el cual purifica el cuerpo de Lepra, totalmente a este respecto como la plata y el oro licuados, y en éstos no deja ningún rastro de impureza. 
      También Elementum Auri y su Quintessentia Auri, así como Oleum Auri del antedicho y Aurum Potabile, eliminan Lepra, conjuntamente con todas las enfermedades, renuevan y restauran. Quinta Essentia Ellebori, Chelidoniae y Melissae, y Valerianae, y Crocci, y Mannae, y Bethonica también renuevan el cuerpo, la excepción tenida por estas enfermedades que mencionamos más arriba, porque éstos no decaen de ninguna manera. 
      Quinta Essentia Perlarum, Smaragdi, Saphyrorum, Rubinorum, Granatorum, Hyacynthorum renuevan también el cuerpo hasta perfección total. Suprimen las enfermedades tartarosas como el Calculum, el Arenam, el Podagra, el Chiragra y el Arthetica, al mismo tiempo que las congelaciones y las coagulaciones, y enfermedades similares que resultan del Tártaro. Tan también la quintaesencia y los magisterios de los minerales y de los líquidos renuevan y restauran todo el cuerpo de la menor imperfección, y lo libera de Caduco, Syncopi, Suffocationes y toda enfermedad con pérdida de los sentidos, tal, que los Manejó, Vitista, y cosa semejante. 
      Magisteria y Essentia Tartari y Álcali también renuevan el cuerpo de una restauración perfecta, eliminan todo el Apostemata, el Putrefactiones y el Humores Grossos. 
      También, Essentiae, Extractiones y Magisteria Von Pharmacis Majoribus renuevan y restauran el cuerpo entero, eliminan las fiebres, a la vez diarias, quartes, crónicas y efímeras. Parsimoniosamente, las sustancias primarias de las piedras preciosas pueden renovar y restaurar la totalidad del cuerpo, y extirpar todas las enfermedades de las mujeres con su Accidens y, además, hacer productivo y fecundo al marido. Los antedichos arcanos quitan toda enfermedad antigua e incurable por la renovación y la restauración del cuerpo a sus fuerzas y energías superiores. 
      Parsimoniosamente, además, el Quintessentia ex Balsamo renueva y restaura el cuerpo. Elimina el pleurésies y las pestes gracias a sus admirables efectos y poder de perfección. De esta orden, también, son muchas cosas también enumeradas en otro lugar, a las cuales una virtud mucho superior puede ser atribuida.

      En estas materias, sin embargo, debe ser entendido que las composiciones deban cuidadosamente ser observadas. Porque aunque hubiera un gran número, no obstante ninguno misma generalmente basta con curar todas las enfermedades, pero tales enfermedades deben ser expulsadas por las medicinas de la renovación. Para acabar, pues, proponemos demostrar la manera y la práctica de nuestra intención, aunque no pudiéramos anotar todos los procedimientos porque esto no puede ser necesario. El que nos comprende puede cumplir nuestros escritos. El que no nos comprende no será más instruido por nuestros escritos. Sin embargo, consignaremos todo el proceso con bastantes detalles, pero sería, de verdad, una tarea pesada para nosotros redactar las cosas que han sido escritas por muchos de otros o son ya conocidas. Esto, en toda su perfección, no puede cumplirse mejor que por Primum Ens, de allí el cual se encuentra una naturaleza particular porque operando sobre el cuerpo y transmutan su esencia. Porque este Primum Ens, en efecto, es un compuesto imperfecto predestinado a un fin determinado y a una materia corporal. Y, porque no es perfeccionado, puede transformar todo lo que le es incorporado. Lo mismo que Mercurius, que es semejante a Primum Ens imperfecto, en su propia imperfección: aunque éste sea determinado y limitado, no es modificado sin embargo en su imperfección, sino en su limitación. 
      Mercurius, también, tiene el poder de renovar todo el cuerpo porque hay en él una fuerza poderosa y laxante, y transformadora también bien, que no puede ser bastante hecha más profundo. Sin embargo, no obstante, es completamente imperfecto e inútil en su operación, por la razón que esté Mercurius, y su Primum Ens no debería ser predestinado a un otro cuerpo. Porque tal, como él mismo es, tal es su perfección. Sin embargo, hablamos de Primum Ens que es perfeccionado para renovar y restaurar el cuerpo entero, tal, como es Primum Ens Auri. Y por esta razón, abraza completamente Spiritus Auri y es más sutil, hasta mucho más, en efecto, que el oro verdadero mismo. 
      De ahí, además, Primum Ens Auri mismo es penetrable, totalmente como Mercurius en los metales, y no contiene Spiritus Salis por el cual puede ser coagulado. Porque Spiritus Salis que coagula Primum Ens le quita tanta fuerza como el oro, en sus efectos, tiene sólo el centésimo de potencia de su Primum Ens. También el vino que jamás heló vuelve a su fuerza primitiva. 
      Ahora, con el fin de que pudiéramos hablar de y perfectamente escribir sobre la renovación y la restauración, debería ser entendido que Primum Ens, es decir el primer compuesto de oro que existe como Liquor todavía no coagulado, renueva y restaura todo sobre que se extiende, no sólo el hombre, sino que también todo ganado, frutos, hierbas y árboles. Y esto no es diferente a comprender del mineral de un metal que oculta virtudes mucho más grandes que su propio metal, porque en la forma mineral se encuentran Spiritus Arsenici, Manchados, Sulphuris y Mercurii. Cuando éstos son purificados por el fuego, se eliminan y queda un metal en su esencia. 
      Lo mismo ocurre a comprender en cuanto a Primum Ens el marcassites, tales como el Antimonii, el cual debería ser más conocido que Primum Ens Auri. In Primo Injerto Antimonii, en efecto, existe tal fuerza como de él mismo, de por su propia naturaleza particular, transmute todo aquel de lo que se apodera. Totalmente como Antimonium mismo le hace por el fuego, porque en su coagulat residente les Virtutes siguientes: separa(coge) del cuerpo todo lo que es generado por Humor Radicalis, y renueva totalmente susodicho cuerpo desde su solo fundamento; porque su Primum Ens se establece en tal predestinación como esta esencia sale de misma como el calor sale de un fuego. Esto debe ser comprendido también concerniendo a Primum Ens de las resinas. Ens Primum Sulphuris es una transmutación total del cuerpo en ciertas renovaciones y restauraciones; Y es tan vehemente que tiña a todo Entia Prima Metallorum en su propia esencia, anule sus efectos, los reduce de nuevo a su Materia Prima, y los encamine luego hacia un nuevo cuerpo perfecto. En efecto, el Primum Ens ex Sulphuris posee tal poder sobre el cuerpo del hombre, como renueva todo el Humores Radicalis, y todos sus alrededores.

      De la misma manera, también, podamosnos hablar de Ens Primum Gemmarum que, en efecto, de por su esencia fundamental, restablece más poderosamente(sumamente) el cuerpo entero en sus poderes primitivos, lo limpia de todas sus impurezas, y lo renueva y lo restaura totalmente como el fuego transforma el plomo de vidrio más puro. Porque Ens Primum Smaragdi mismo se regenera y se renueva por el hecho de que existe desde el origen como cuerpo perfecciona, tal un mármol verde, el cual, de por su propia predestinación, posee una naturaleza tal, que él mismo se renueva de toda suciedad e impurezas, y se coagula una segunda vez hasta que se vuelva puro. A veces él mismo se renueva así el tercero y la cuarta vez, y rejuvenece; y más a menudo, él mismo se regenera de esa manera, más puro y más fijo se hace. Tan lejos, por otra parte, como Virtutes des Prima Entia me sea conocido, éstos ciertamente sobrepasan mucho de todo el resto. 
      Además, también, concerniendo a Entia Prima Salium, debería ser observado que, en su Virtutes espiritual, están bien más lejos que en su perfección. Por consiguiente, Ens Primum Vitrioli transmute todos los metales blancos en rojos y los rojos en blancos, y domina todas las perfecciones comprendidas en ellos. Renueva y restaura todos los cuerpos imperfectos de los metales, como el estaño en su Primum Ens, y de nuevo de estaño, en el cual hay más Virtutes que en el estaño original. 
      También, devuelve Humor Radicalis todo lo que procede de este Humores Radicales, y devuelve a las antedichas renovación y restauración más perfectas, más abundantes y más plenas, porque nada más obra tan poderosamente sobre Humor Radicalis. 
      Del mismo modo Primum Ens de las hierbas y de los árboles se comporta antes de haber recibido su cuerpo, es decir su tallo o tronco, y es mil veces más poderoso que una vez corporifié. También, Ens Primum Melissae renueva y restaura el cuerpo mucho más fuertemente que parece posible para las cosas naturales. Hay que pues comprender que el alcyon ni no es renovado es restaurado ni por su propia naturaleza, sino que es en su naturaleza alimentarse y vivir Prima Entia en el sentido que: cuando come los cuerpos de las hierbas, o las semillas y otras de este género, su estómago, gracias a la digestión, los reduce a su Primum Ens, y luego, por este Primum Ens, perfecciona esta operación. Porque su digestión fue solamente predestinada a Prima Entia. Es por eso que transmute todo su alimento y su bebida en Primum Ens, y por qué también come sólo estos cuerpos que regeneran y restauran, que es proveído todo el tiempo y alimentado desde su nacimiento. Mientras tanto es su propia naturaleza que después de la muerte es renovada y restaurada; por el hecho de que todo este Prima Entia no pueden progresar en la ave mientras vive, ya que la vida de esta ave quita totalmente poder a estas entidades transformándoles en sangre y carne; pero cuando murió, prospera según las temporadas; y totalmente como Prima Entia se producen en la tierra, así se producen entonces en la ave misma, y de ese modo renuevan y restauran la piel muerta. Esto verdaderamente es, en la Naturaleza misma, una gran maravilla que sus poderes y virtudes. Si estas cosas no se extiendan delante de nuestros ojos, sería inverosímil de escribirlos. Por esta razón, también, pasa que el alcyons mismo mudan en épocas irregulares, algunos antes, algunos más tarde, mientras que comieron antes o más tarde Prima Entia; porque algunos nacen y sobrevienen antes o más tarde que otros. Además, mucho hacia son renovados y restaurados para este motivo que son alimentados y alimentados por Prima Entia mientras que son todavía imperfectos en la tierra. Hay más maravillas que nos son escondidas que reveladas.

      Podríamos escribirlo más copiosamente si no fueran tan alejados el texto del libro sobre la renovación y la restauración. 
      Y a pesar del hecho como lo escribimos, que no pudiéramos extraer Primum Ens, en su esencia, sin embargo esto es completamente posible para nosotros. Porque si sabemos donde se esconde el mineral del oro, es allá así dónde encontraremos su Primum Ens si llegamos antes de su perfección. Porque a ciertos signos, se puede saber cómo el metal es situado y emparentado. Así, mientras que está en su Primum Ens, devuelve los árboles fértiles así como sus cimientos terrestres. Renueva los viejos árboles que durante veinte años no llevaron ningún fruto; porque en cuanto Ens Primum Auri se apoderó de ellos, o de sus raíces, él empieza de nuevo a verdecer y a florecer temprano. Pero aunque hubiera mucha más maravilla que concierna a Ens Primum Auri al que describimos, bastan para una demostración de Primum Ens que se encuentra allí. 
      Pero cuando se ve llamas y chispas, debemos entonces concluir que el metal saca su Primum Ens, y entra en coagulación. Éstas están consideradas como indicios sobre Origen Mineralium que se aplican el oro, la plata o otros metales; porque los signos de otra Prima Entia en cuanto a su origen son semejantes a aquellos de quienes hablamos. 
      Cuando se ve y se encuentra un signo de este género, debe ser comprendido que susodicho Primum Ens no es concentrado, como es el caso cuando reposa en su perfección, pero cuando es diseminado al extremo en toda la tierra. Por consiguiente, esta tierra está en el poder de Prima Entia, y éstos son extraídos de eso. Tal es la celidonia cuando todavía no es constada. Su Primum Ens se encuentra en la tierra, donde tiene su sitio. Por esta razón, debemos tomar la misma tierra, y de ésta hacer un extracto, tan lejos como se encuentran la fuerza y los indicios de la celidonia. Debe ser anotado que entre Primum Ens y la perfección, hay esta diferencia: Primum Ens posee el poder de renovar por las razones que indicamos, pero una vez perfecciona, tiene sólo Virtutes de las naturalezas, de modo que tiende en esta dirección, pero no perfectamente. Podemos pues deducir de eso que si deseamos buscar al mismo Virtutes que las Prima Entia, deben ser sacadas de su coagulación, y desagregadas, como indicando en Arcana y Quintessentia. Pero qué toda cosa tuviera más fuerza en su Primum Ens, esto no maravilla a los filósofos porque también, fuera de una tierra cualquiera en la cual una hierba es esencialmente producida, antes de ser corporifiée, todo el Virtutes de éste pueden ser extraídos, con el fin de que el susodicho Virtutes puedan ser preservados y la tierra devuelta a su emplazamiento, de modo que en el futuro esto sea solamente de la tierra sin ninguna fertilidad, porque su Primum Ens que se encontraba en la tierra ha sido extirpado.

      De esa manera, a menudo sucede que el poder de Primum Ens de esta tipo pueda ser encerrado en un vaso, y traído a una condición tal misma como la forma de esta hierba crece sin la menor tierra, y que hasta cuando completamente se desarrolló, no tuviera cuerpo, sino algo en forma de cuerpo, como la buena razón que no posee Liquorem Terrae. De ahí, pasa que su tallo no sea nada más que una apariencia simple, que se puede de nuevo reducirse a un líquido con dedo. Totalmente como el humo que muestra una forma sustancial pero que es inasequible. En las cosas de esta naturaleza que crecen, Primum Ens es totalmente inalterado y en toda su perfección, como en la tierra. 
      Es por eso que, el oro terminado es producido de ese modo desde Ens Primum Auri, el cual al tacto es semejante al agua roja, y es elevado y exaltado como el oro. 
      Pero no decimos sobre eso más y procederemos luego por orden a la práctica de estas cosas que renuevan y restauran, si son preparadas según las reglas del arte. Estas cosas, aunque brevemente escritas por nosotros, son bastante patentes, sin embargo, para los hombres inteligentes, es decir los que poseen una instrucción sólida en medicina y Philosophia. 
      En primer lugar, pues, debemos distinguir estas cosas que renuevan y restauran, así como lo mostramos, y su Primum Ens debe ser extraído de eso, y por esto la obra de renovación y de restauración ser cumplido. Como consecuencia, establecemos cuatro misterios, es decir uno de Mineralia, uno de Gemmae, uno de Herbae y uno de Liquores, como sigue:

PRIMUM ENS MINERALIA 
( El Primero Ser Minerales) 
      Tome de Mineral Auri vel Antimonii, muy minuciosamente machacados, una libra, por Salis Circulati cuatro libras. Mézclelos juntos, y déjelos digerir un mes en Fimo Equino. De ahí saldrá una agua, cuya porción será Purum ab Impuro. Tome el puro, coagúlelo en una piedra, que usted calcinará con Vino Cenifiato, separa de nuevo, y disuelve sobre el mármol. Haga pudrir esta agua durante un mes, y de ahí Liquor será engendrado en cuál se encuentran todos los indicios como en Ens Primum Auri o en Ens Primum Antimonii. Es por eso que, con buena razón, nombramos ésta Primum Ens de estas cosas. También, esto también se entiende de Mercurius y otros. 
PRIMUM ENS GEMMARUM 
( El Primero Ser Yemas) 
      Tome esmeraldas, bien machacadas, 3j. Calcínelos en el Malo soluto hasta que hubieran encanecido, y que sean disueltas. Encierre la disolución en un frasco Luto Hermetis, y colocado a fuego desnudo, en un vaso desnudo, de manera que la materia flote arriba y manera que no toca el fondo, y continúes hasta que, de su estado espiritual, caiga al fondo en un cuerpo semejante a Liquor Mellis. Ésta manifiesta Virtutes de la Smaragdi, y, por esta razón, puede ser llamada con razón Ens Primum Smaragdi. 
PRIMUM ENS HERBARUM 
( El Primero Ser Hierbas) 
      Agarre de Melissa; bátala, enciérrela en un recipiente de vidrio Luto Hermetis, y coloqúela in Ventrem Equi, luego haga digerir un mes sobre la arena. Separe luego el puro del impuro, vierta el puro en un recipiente de vidrio con Malo soluto y, una vez cerrado, exponga esto in Lenguado durante un mes. Despachado este período, usted descubrirá Liquorem Spissum al fondo y la sal que flotará en superficie. Una vez separados éstos, usted tendrá Virtutes Melissae, como en su Primum Ens; y éstos verdaderamente son Ens Primum Melissae. 
PRIMUM ENS ex LIQUORIBUS 
( El Primero ser sacado de Licores) 
      Tome el mineral de Sulphuris, y de Manchado soluti; déjelos disolverse de ellos mismos completamente en una agua que usted destilará cuatro veces, hasta alcanzar blancura, la cual revela todo el Virtutes Entis primi Sulphuris. Por consiguiente, y con razón, podemos nombrarle Ens Primi Sulphuris. 
      Ahora que los cuatro tipos de Prima Entia generalmente han sido descritos así, hay que observar de qué modo utilizarles y bajo cual forma abordarles con el fin de que su Virtutes puedan ser percibidos. He aquí el método. Ponga cualquiera de este Prima Entia en buen vino, en cantidad tal para que sea teñido de eso. Habiéndolo hecho, está listo para este régimen. Un poco de este vino debe ser bebido cada día al amanecer, hasta que en primer lugar todas las uñas derriben dedos, luego pies, luego los cabellos y los dientes y, por fin, que la piel sea desecada y que una nueva piel sea concebida. 
      Una vez todo esto acabado, esta medicina o poción debe estar abandonada. Y, de nuevo, otras uñas, cabellos, y nuevos dientes crecen, tanto como la piel nueva, y todas enfermedades del cuerpo y del espíritu se eliminan, como se lo indicó anteriormente. Sobre esto, concluiremos nuestro pequeño libro sobre la renovación y la restauración. 
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 (1)  Habría que anotar que mientras que toda cosa es formada en los tres principios fundamentales, no pueden ser separadas sin la destrucción de la materia elemental misma; porque en la separación la virtud del Mercurio, del Azufre, de la Sal, desaparece y regresa a la primera materia, así como podemos verlo aparte del Microcosmo, el Mercurio que es transmuté en hollín, el Azufre en aceite, la Sal en álcali, de donde es manifiesto que la primera materia no pueda transformarse en última materia en ausencia de un médium. ¿? Chirurgia Magna, Tract III., Lib. III 
 (2)  Para la conservación de la humedad radical en su propia calidad, una medicina es requerida quién es también una humedad material, y mientras que ésta es administrada, ninguna enfermedad puede ser contraída. - de Morbis Metallicis, Lib. II., Tract IV., c. 5. En el mismo tratado, el alumbre es dicho contener una humedad elemental contra el fuego del Microcosmo. 
 (3)  El espíritu de vida es un espíritu situado en todos los miembros del cuerpo, sin embargo que pueden ser denominados individualmente. En ellos todos y cada uno de éstos, susodicho espíritu único reside, y es la sola virtud indiferentemente de ellos todos. Es este tono superior y más noble del cual todos los miembros valoran su vida. Pero siendo extendido y propagado, se manifiesta de varios modos según la diversidad de sus centros... No obstante, sus potenciales hacen sólo uno. Las virtudes que mantienen los huesos no son más débiles de ninguna manera que las que alimentan y fortifican el corazón, ni abundan más en el cerebro que en la médula, aunque lo contrario pueda parecer exacto. Hay la misma necesidad para el cerebro que para la médula, y las virtudes de los dos son idénticas. Una ley similar prevale a través de todos los miembros. Algunos de ellos pueden aparecer de una importancia más grande, sin embargo un espíritu de vida es el moderador, la virtud, el poder, y su operación a ellos todos. El espíritu de vida emana de causas o generaciones exteriores, no de las que son naturales según la carne. Mientras que la generación de otras cosas es doble, el del espíritu es simple. ¿? De Viribus Membrorum, Lib. I., c. I. 
 (4)  En cuanto a las cuatro constituciones - bilis, sangre, melancolía y flema, no deberíamos ser identificados de ninguna manera a esta opinión que sostiene que son o derivan estrellas o elementos. No consideramos esto como exacto, hasta al el menor grado. El principio o el origen de la bilis proviene de la amargura; la melancolía de la acidez; la flema tiene su fuente en la dulzura, porque toda cosa azucarada es fría y húmeda. La sangre deriva de la sal; todo lo que es salino es sanguíneo, caliente y húmedo es decir. Las cuatro constituciones, por consiguiente, son la acidez, la dulzura, la amargura y la salinidad. Si la sal en cualquier hombre predomina desde las ciénagas de la constitución, entonces es sanguíneo; si es la amargura, entonces es colérico; si es la acidez, es melancólico; si es la dulzura, es flemático. Así, por consiguiente, las cuatro constituciones existen en el cuerpo como en el cierto jardín, donde florecen amarissa, polypodium, vitriolo, y salitre(nitrato). Y ellos todos éstos pueden coexistir en el cuerpo, pero así, no obstante, un único prevaldrá. - Paramirum, Tract III., c. 10. 
 (5)  Cuatro humores son contenidos en el hombre - la sangre en las venas, la humedad en la carne, la viscosidad en los nervios, la engrasa en el gordo. Aquellos cuatro tienen cada una su utilidad natural. ¿? De Peste, cum additionibus, Lib. II., Tract III. Al mismo tiempo, la doctrina de los cuatro humores tal como expuesta comúnmente en su tiempo fue rechazada por Paracelso, porque era una cosa difícil de creer, fundada sobre la sola fe, mientras que la medicina está establecida no sobre la fe pero sobre la vista, y nada de allí esta materia debería ser aceptada sobre la fe, a excepción de las enfermedades del alma y a excepción de la salvación eterna. - Paramirum, Lib. I., c. I. 
 (6)  Paracelso posee un tratado sobre la ictericia, que se encuentra en el primer volumen del folio de Ginebra. Así como enL tantos otros casos, no hay ninguna obra que precisamente corresponda bajo este título al mencionado en el texto. 
 (7)  El fuego en su naturaleza es cuádruple; es decir que sol y la luna gobiernan una parte(partida) en el agua, el segundo y la tercera, que residen en el aire y en la tierra, son gobernadas de la misma manera por sol y la luna, y de ahí esta virtud magnética que concierne a aquel sobre lo que nada más debe abiertamente ser dicho, porque en ella reside el conocimiento de la obra de Sophía, la madre y la fuente de los Magos, es conjunto en toda criatura; dije. - de Pestilitate, Tract II. V. De vi magnetica mumiae in homine.  [Vuelta al texto] 
 (8)  N.D.T. Migdalio ": el pasaje correspondiente del original contiene un tipo de grafito manuscrito casi ilegible. 
 (9)  El lector de Paracelso no puede desrazonablemente ser propenso a imaginar que sus secretos sean sinónimos de toda su filosofía. En todo caso, no hay ningún tratado individual bajo este título.

* EXTRAIDO DE LA INSUPERABLE BIBLIOTECA UPASIKA.



LA ARCHIDOXIA MÁGICA  DE PARACELSO :

PARACELSO

LIBRO I 
 

Si los presentes escritos ven algún día la luz, estoy persuadido de que la mayor parte de mis lectores quedaran grandemente asornbrados de las insignes virtudes escondidas en estado latente dentro de Los metales preparados mediante un artificio manual. Algunos considerarán dichas virtudes como supersticiosas, mágicas, sobrenaturales; otros las colocarán entre las prácticas abominabics e idolatras, como si su preparación necesitase de conjuros diabólicos. He aquí cual será su razonamiento: ¿Cómo es que metales llevando grabados caracteres, letras y signos del mismo estilo, pueden tener virtudes, si alguna obra diabólica no interviene en su preparación? Les responderé de esta guisa: ¿Creéis, pues, como estoy oyendo, que tales cosas Llevadas a cabo por obra del Diablo poseerían sus virtudes y facultades de operar? ¿No creéis acaso que el Creador de la Naturaleza, Dios, habitando en los cielos, capaz también de inducir y de conferir las virtudes y facultades de operar de este metal así preparado, así como en las virtudes de las raíces, hierbas, piedras y otras cosas semejantes? Como si el Diablo fuese más fuerte, más ingenioso, más omnipotente, más poderoso que el Dios Único, eterno, omnipotente y misericordioso quien, para la salud y el bienestar del hombre, creó e hizo surgir por gradación los metales. las piedras, las hierbas y demás cosas semejantes, que viven y crecen dentro y sobre la tierra, en el aire y dentro de las aguas? Además, ello es cierto y la experiencia lo ha sacado a la luz, que el curso del tiempo ejerce fuerzas y acciones diferentes, sobre todo si algunos metales determinados son fundidos juntamente y trabajados en épocas especiales. He dicho ya que esto se constata y se pone en evidencia experimentalmente de muchas maneras. Nadie puede demostrar que los metales estén muertos y privados de vida. En efecto, sus aceites, sus sales, sus azufres y sus quintaesencias, -los cuales son su más pura Reserva-, tienen gran fuerza en activar y sostener a la vida humana, y en esto los a venta- jan a todos los cuerpos simples; es lo que pone en evidencia los remedios que usamos. En cualquier caso, si estos cuerpos estuviesen privados de vida, ¿cómo, os lo ruego, podrían operar la resurrección, la restitución en el umbral de la muerte, como se diría, de una fuerza lozana y llena de vida en miembros y en cuerpos humanos enfermos y casi moribundos’? En efecto, todo esto es notorio, ora en gente desvanecida, ora en personas en estado de crisis, así como en los calculosos, en los sifilíticos, en los hidrópicos, en los epilépticos, en los maníacos, en los gotosos y en muchos otros que el afán de ser breve me hace omitir. Ahora bien, y lo afirmo valientemente, los metales, las piedras y las raíces, las hierbas y todos los frutos son ricos de su propia vida, dependiendo dicha riqueza de la intervención del momento (astrológico) que actúa en su trabajo y preparación. El tiempo posee, en efecto, una fuerza y una eficacia manifiestas: numerosos argumentos están ahí para mostrarlo; el conocimiento que el público tiene de ello nos permite silenciarlos. Nos hemos propuesto, en efecto, exponer aquí no lo que es banal y de pública notoriedad, sino solamente las cuestiones difíciles, las incomprensibles, las que incluso chocan con el buen sentido. 
También los signos, los caracteres y las letras tienen su fuerza y su eficacia. Si la naturaleza y la esencia propia de los metales, la influencia y el poder del Cielo y de los Planetas, la significación y la disposición de los caracteres, signos y letras, se armonizan y concuerdan simultáneamente con la observación de los chas, tiempos y horas, ¿qué es lo que impediría que un signo o un sello fabricado convenientemente no poseyera su fuerza y su facultad de operar? ¿Por qué todo esto, en estado normal de salud, no valdría para la jaqueca o aquello otro no acomodaría la vista? ¿Por qué tal otra cosa no sería bien empleada para los cálculos de riñones? Y ¿por qué, incluso, no aliviaría de forma parecida a los que fatigan su cuerpo a fuerza de ingerir otros remedios? Sin embargo, nada debe ser ejecutado o esperado sin la ayuda y el socorro del mismo Padre de la medicina, Jesucristo, el verdadero y único médico. 
Los demás protestan y objetan que, salvo el de la cruz, cualquier signo y palabra no tienen fuerza alguna y ninguno de ellos es eficaz, ya que no son más que figuras y caracteres. Por si fuera poco, alegan que la palabra griega(aquí va una palabra griega) significa otra cosa que en latín, serpentees occidere, y que entre los alemanes Ignisz es la misma palabra que ardens entre los latinos. Dime, entonces, porqué la serpiente, tanto en Helvecia como en Argelia y en Suecia comprende la palabra griega Osr, Osva, Osv, etc., a no ser que entre los helvéticos, entre los argelinos y entre los suevos el griego sea un lenguaje tan vulgar que hasta las serpientes puedan llegar a entenderlo. Mas, decidme, pues, el porqué y el cómo las serpientes comprenden esas palabras. En qué academias las han aprendido para que, una vez la palabra apenas oída, revuelven enseguida la cola y se tapan con ella los oídos a fin de no escucharlas de nuevo. Apenas han oído esa palabra, a pesar de su naturaleza y de su espíritu, quedan inmovilizadas y no hieren ni envenenan a nadie con su mordedura ponzoñosa: otras veces, cuando un ligero ruido de pasos humanos hiere su oído, de repente, huyen y regresan hacia su madriguera. Vais a responderme: la naturaleza ha hecho esto; esta bien. Solamente os voy a pedir una cosa: La naturaleza, al haber hecho esto con las serpientes, ¿no podría haber hecho cosas parecidas para otros animales? Todavía vais a decirme otra cosa, que ahí entra en juego el miedo, y que éste hace temer a las serpientes espantadas la mera visión del hombre, las deja estu pefactas y las mantiene inmóviles; también vais a decirme que la serpiente permanecerá igualmente inmóvil, si el hombre avanza con gran estruendo gritando amenazando o produciendo cualquier otro ruido. De donde resulta que los caracteres, las palabras y los sellos poseen en sí mismos una fuerza secreta nada contraria a la naturaleza y que no tiene ningún vínculo con la superstición. Continuaréis diciendo que no son las palabras por sí mismas, sino el clamor concurrente del hombre el que produce tales efectos. Os voy a contradecir abiertamente. Si, en tiempo favorable (astrológico), escribes estas solas palabras sobre papel vitela, pergamino o papel, y las impones a la serpiente, ésta quedará tan inmóvil como si las hubieses pronunciado en voz alta. Además, no debe parecerte extraordinariamente imposible e increíble el que la medicina pueda aliviar al hombre, no por vía de absorción, sino llevando suspendido del cuello un sello a manera y usanza de un medallón. Veras como se opera un hecho semejante en la vejiga urinaria por la acción de las cantáridas. Si coges con la mano cantáridas y las mantienes, la orina vuélvase sanguinolenta; la vejiga, receptáculo de la orina, gusta de estar escondida dentro de lo más profundo del cuerpo, y la mano fuera del cuerpo gusta estar muy alegada de la vejiga. 
El hecho de que haya alguna fuerza incluso en las cosas muertas, el ejemplo del alción servirá corno prueba. Si despojas de su piel al alción muerto, verás que. Aunque esté desecada, todos los años abandona sus viejas plumas y produce unas nuevas y del mismo color. No solamente durante un año, sino que durante muchos de ellos seguidos podrás constatar este hecho. Sé que vas a preguntarme dónde he leído estas cosas, en qué escritor, en qué autor he descubierto la existencia real de estos hechos. OH. Sofista, despreciador de las cosas divinas, he aquí como voy a responderte: 
Dime pues, te lo agradecerá, quién inspiró al oso cuando éste, cada vez que nota su vista obscurecida por un aflujo inmoderado de sangre, corre de prisa hacia los panales y busca insistentemente las heridas y los aguijonazos producidos por las abejas, a fin de aliviar sus venas hinchadas, hasta que la extracción de cierta cantidad de humor y de sangre le devuelva la acuidad de la vista. (Quién enseñó al ciervo que el dictaron le era medicamento? ¿Quién mostró la hierba serpentaria a la serpiente, al perro que la hierba’ era teriaca y purgante? ¿Quién instruyó a la garza real para que, mediante el pico, sacara agua del mar y se la administrase por e! ano a modo de lavativa? A decir verdad, son numerosísimos los animales que conocen y practican cada uno la cura de sus propias enfermedades, ¿De dónde crees que habrán sacado tales artificios? Vas a decirme que son instintos de la naturaleza: te alabará y te aprobará. No obstante, si la Naturaleza ayuda a los animales, ¿por qué no ayuda mucho más al hombre? Hecho a imagen del creador de las cosas universales, el hombre recibe por añadidura un cerebro razonador a fin de que medite y saque partido de todas las cosas. Por lo demás, es falso y temerario el manifestar que los elementos extraños al hombre no curan en absoluto sus enfermedades. Por ejemplo, el sol, el que nos trae esplendor y luz, penetra de forma tal las cosas incluso escondidas, que calienta en gran manera las cavernas y los parajes más retirados. Nadie va a negarlo, en primavera, las partes terrestres más secretas y recónditas toman calor de doquiera: el sol, sin embargo, esparce SU luz solamente sobre las cosas elevadas y preeminentes. De ahí viene, en cierto modo, para todo lo que crece, la fuerza, el jugo vital, una nueva vida. El renova miento de la Naturaleza y la influencia reunida de los astros celestes y de los planetas, unidos a los demás remedios que sacamos de los metales, de las hierbas, de las piedras y otros semejantes, no podrían favorecer en el interior del cuerpo, ora en los órganos recónditos, nervios o venas, ora en las mismas enfermedades que se frenan en la carne y la sangre del hombre y que se producen por doquier, siguiendo causas variadas con el transcurso del tiempo. Por lo mismo que las enfermedades y los accidentes son variables, las curas y tratamientos que les son opuestos según la naturaleza, el tiempo y el día, son diferentes. 
Lo que es contrario a las enfermedades, por ejemplo los metales, es diferente en tiempos diferentes en razón directa de la preparación y del uso. Si combato la lepra mediante el oro qué o quién me va a impedir expulsar el mal con aceite a base de oro aplicado sobre la lepra, si fricciono con aceite de mercurio para curar la sífilis, este remedio no va a curarla. A condición, sin embargo, de que el tiempo oportuno sea observado y calculado con sumo cuidado. Sin esta precaución, en efecto, todas las lociones devienen inútiles. Y aunque hubiese bañado el cuerpo entero con aceite de mercurio, es preciso añadir todavía algunos otros remedios que las fuerzas del mercurio rechazan en algunos casos; de lo contrario, no solamente la recta observancia del tiempo, sino que todo el trabajo y la operación de la fricción serían nulos, y el enfermo volvería a sufrir al igual que antes. 
Es absolutamente verídico que los astros superiores y sus influencias infligen a los hombres la mayor parte de las enfermedades y las hacen penetrar en el interior de sus cuerpos. Sin embargo, éstas no invaden ni violentamente ni tan siquiera sensiblemente hasta el punto de notarlas de golpe, tal como ocurre con la llegada de la epilepsia, con un choc o un terror; pero se las gana insensiblemente, poco a poco, hasta que la dolencia ganada toma cuerpo: tal como el aceite que, destilado gota a gota, solamente llega a ser sensible cuando está lo suficientemente aniontonado para que el peso sea apreciable. Es así como el hombre toma conciencia de su mal, ora por la parálisis de los miembros, ora por la falta de apetito, ora por la aversión hacia todo brebaje, en suma no importa qué afección derivada de la naturaleza y el temperamento de cada uno, según la puesta en acción de los astros por un largo plazo de tiempo, con el auxilio de los demás accidentes preparados mediante la atracción del aire. 
 

De la cefalea o dolores de cabeza

Los dolores de cabeza son múltiples: nosotros mismos pillamos los unos comiendo o bebiendo desconsideradamente. Otros toman su origen en las malignas exhalaciones o vapores provenientes de los alimentos mal cocidos y que suben del estómago al cerebro, etc. 
Dejaremos a estos aparte y nos ocuparemos solamente de los dolores de cabeza más crueles y más graves. 
Contra el mal caduco o epilepsia

En esta enfermedad. Nos es preciso observar con atención si el epiléptico cae en crisis todos los meses. Si en los mismos días y horas y cuan veces si cae durante un tiempo igual o desigual, si titubea durante un tiempo antes de la caída, o bien si se derrumba como una masa, de golpe y porrazo. Hechas estas observaciones, buscad la razón si es en horas determinadas cuando cae, por nada del mundo lo hará de repente y en un momento; pero si este suceso se produce en horas y en momentos indeterminados, con toda certeza acaecerá lo contrario, que caerá súbitamente y de un solo golpe. La primera clase de epilepsia es mortal el enfermo está en peligro sobre todo si la caída va precedida por un poco de temblor, como si ya presintiera el mal. Pero la epilepsia que abate al enfermo de un solo golpe no es la peor. Antes al contrario es la más curable. La primera es natural la segunda no tiene nada en común con la naturaleza, y no destruye la complexión de todos. La primera anonada u obscurece el espíritu o los sentidos: no así la segunda. He aquí la operación mediante la cual se combate aquélla. 
Ante todo observa con cuidado cuáles son los días y la hora de la caída mas reciente, Una vez anotada esta observación, comprueba, a tenor de dicha hora, cuál es el planeta regente. Una vez conocidas esas cosas, calcula el año de nacimiento del enfermo, inscribe y observa bien si éste es un hombre o una mujer. 
Finalmente, empieza la cura, y todos los días, por la mañana, hazle tomar la siguiente medicina, a saber: 
Espíritu de Vitriolo  Gotas  5. 
Quintaesencia de Antimonio  Gotas  5. 
Quintaesencia de Perlas  Gotas  4. 
Echa esta mezcla en una taza llena de muy buena agua de rosas, y dásela a beber al enfermo, en el paroxismo, en cualquier día. Despees de la absorción, tendrás 4 horas iara ti. Durante ese tiempo, harás la siguiente placa de metal: 
Oro puro y fino 
En la Luna a 12° de Cáncer, haz fundir en un vaso de barro, y vierta en el agua pura. Observa con cuidado cuando tiene lugar en el Cielo la conjunción de los dos Planetas. En esta hora, licua el oro de nuevo; al encontrarse los dos Planetas, en un vaso de barro añade plata fina al oro fundido, de forma tal que el lingote sea mitad oro, mitad plata. Vierte el metal en fusión y martillea la laminilla a fin de darle la anchura de una mano. Recórtala por todo su alrededor para convertirla en triangular y darle la forma mas adelante descrita.

Luego pon al rojo vivo en el fuego, retira, y ponlo aparte hasta que la Luna ocupe el mismo signo y el mismo grado que ocupaba

Antes en el momento del ataque del paroxismo. En este momento, observa bien, graha o escribe sobre la lámina de oro y de plata los presentes caracteres, signos y letras (ver más arriba). Te darás prisa para terminar esta operación a la hora prevista, sin lo cual ésta resultaría inútil. Antes que los restantes signos, grabarás en el centro de la lámina el del Planeta que rige la hora durante la cual el paroxismo ha tenido lugar. 
Esta figura fue dibujada por Jacobo Seizen, consejero áulico de la corte del Príncipe de Salzburgo, quien fue afligido por la epilepsia en la hora de. Prepara los restantes signos según y conforme a la disposición adoptada en la figura. Si el enfermo es una mujer, pondrás el signo  en el lugar del 
Será preciso poner la edad del enfermo. El susodicho Jacobo Seizen tenía en efecto tantos años como indica la cifra en el signo más arriba indicado, XXXIV. Grabarás el número de los años en cualquier ataque: de forma sin embargo que en cualquier ataque la edad sea especialmente grabada. 
Una vez la figura preparada de la susodicha manera y después del paroxismo, afeitarás los cabellos de la cabeza del enfermo en una extensión de la anchura de la lámina; en el momento en que veas caer al enfermo, le darás a beber la preparación secreta más arriba descrita. Mientras esté por los suelos, lo sujetarás fuertemente, hasta que háyase tragado el remedio, y le impondrás la lámina que habrás fabricado en la parte afeitada de la cabeza; lo harás de forma que el lado correspondiente al grabado esté en contacto con la caheia. Deshaz las ligaduras y acuesta al enfermo. Después de este tratamiento, ya no volverá a caerse, incluso después de un intervalo de treinta años. El enfermo conservará siempre esta lámina pegada a su cabeza. Y si los cabellos vuelven a crecer, los afeitarás todos los meses en el mismo sitio. 
Figura para la conservación de la vista.

Fabrí cate un sello redondo, de plomo puro y de buena ley. En la hora de Venus y la Luna entrando en el signo de Aries. En la hora de Venus grabarás lo que está descrito en la figura más abajo indicada. Luego, en la hora de Saturno,’ fabrí cate una lámina de cobre, de la misma dimensión que la de piorno. Siempre en la hora de Saturno y la Luna en Capricornio, grabarás los siguientes signos. Una vez hecho esto, deja (le lado ambos sellos hasta que Venus entre en conjunción con saturno. Entonces, a la hora y en el punto de esta conjunción, reúne ambos signos de tal manera que los caracteres y signos queden encarados. Recúbrelos con cera, a fin de protegerlos de la humedad. Cose todo el Conjunto dentro de seda y suspéndelo al cuello a la hora de Mercurio, en miércoles. Este signo logra hacer recobrar la vista que se ha perdido, salvaguarda los ojos contra todo dolor, devuelve a los ancianos la vista propia de la juventud. He aquí la figura. 
 

Contra la con sunción o tabes y otras enfermedades del cerebro. 
Los siguientes metales todos previamente refinados. 
Plata 
Júpiter 
Oro 
Cobre 
Precisará que todos ellos sean fundidos en el momento de la Luna nueva, vierte, y de esta masa haz tantas piezas como quieras. Una vez fundidas, no las repongas de nuevo en el fuego. Si el planeta Jupiter cae dentro de su Casa, Piscis, graba en un lado los carácteres y signos, y en el otro escribe las palabras que encontrarás en la siguiente figura. En el borde de la pieza, fija una anulla de oro puro, y cuando la luna esté en su declinar, suéldala, a fin de que se pueda suspender. 
 

Importa poco la hora de la operación, con tal de que sea la del sol. Así es corno se prepara el sello. Este signo es muy poderoso contra las enfermedades de la cabeza y del cerebro: véase la forma más arriba indicada. 
Secreto poderoso contra la parálisis. 
He aquí un remedio que facilito para quienes han sufrido ya un conato de parálisis, a fin de justificar mi Archidoxia. Verdadera mente, es muy eficaz en toda clase de casos. Los antiguos pensaban. si bien andaban equivocados, que el hombre, una ve: 
atacado de apoplejía, devenía incurable Quienes son atacados por este terrible mal seguiran el tratamiento siguiente: 
Oro fino  Plomo ambos bien purificados 
refinados, Primo. Después de la puesta del sol (calcularla segun la epoca del año), funde el oro en un vaso de barro nuevo r preparado para este fin. Una vez esto llevado a cabo, echa el plomo en el oro y vierte de una sola vez. El plomo, en efecto, se une al oro inmediatamente y en el primer momento. Deja de lado este lingote. Finalmente, estando la Luna en los alrededores del gr 12 del signo de Leo, refunde esta aleación de Sol y de Saturno que será semejante al bronce de caldera. Añádele , retardes mucho, vierte de un solo golpe y dej alo de lado. Estando la Luna en el grado 12 de Escorpión. refunde la susodicha aleacion; durante la licuefacción, echa , vierte de una sola vez y déjalo aparte. Vierte de tal manera que corra ampliamente No labrarás ni cortarás de otra forma el liugote. Al entrar el Sol en el signo de Aries, cosa que ocurre todos los anos alrededor del décimo día de marzo, grabarás en la medalla fundida los signos tal como vienen descritos más adelante. 
 

El grabado debe estar empezado y terminado a la susodicha hora del Sol. No hay dierencia en cuanto al día, mientras el Sol este en Aries, como ya lo hemos dicho. Conservarás el signo preparado de esta guisa. En caso de apoplejía, indagarás con cuidado el tiempo, el día y la hora del ataque y en el mismo momento y hora del día, suspenderás el sello en el cuello del enfermo. Esto es un gran misterio. Al mismo tiempo, tratarás al enfermo no mortalmente atacado, con el oro potable estudiado por nosotros, etc. 
Contra los cálculos y arenillas de los Riñones. 
Para los calculosos, se prepara con oro, plata, estaño y plomo, un sello de la siguiente manera:

Oro 
Estaño 
Plata 
Plomo 
Echa todos esos metales desordenadamente en un crisol nuevo (como los que utilizan los orfebres); funde en el día de Saturno, en la décima hora antes de la meridiana (mediodía); estando la Luna en el ascendente, echa dentro de la aleación en fusión salitre mezclado con tártaro, a fin de que dicha aleación pueda ser más prontamente dúctil y separable. Cortarás y pulimentarás el lingote en la hora Venus del día de Venus, siguiendo la forma requerida. Al recortar la pieza, no le añadas nada No vas a soldarle ni anula ni orejera alguna, pero labrarás ésta limando la pieza después de la fusión. En consecuencia, harás la masa más amplia, de tal forma que la orejera y la pieza pertenezcan al mismo pedazo. Operarás con mucha atención para fundir hacia esta finalidad. A propósito de la aleación de los metales, sobre todo hablando del plomo y del estaño, hay que saber que la materia sale particularmente dura, as pera, impenetrable, dificilmente maleable y dúctil al martillo. Una vez, llevada a término esta preparación, esperarás la Luna llena hasta que su órbita llegue a su cenit. Luego empezarás a grabar, durante el transcurso de esta órbita, los siguientes signos, y apresu rarás esta operación de forma que todo esté grabado en una hora; marcarás una de las caras de la pieza con la letra A. Conserva esta pieza cuidadosamente hasta el día de Júpiter en el que la luna estará en buen aspecto con alguno de los planetas siguientes,

Una vez hecho esto, sobre la cara marcada con la letra B grabarás, en la hora de , los siguientes carácteres, tal como están representados. 
 

En el día de la Luna, en la hora de la Luna y la Luna en cuarto menguante, suspende la medalla en el cuello del enfermo que sufre de la Piedra. La anilla que mantiene el sello suspendido debe ser de hierro. Si, durante la noche, se moja este sello con vino, el enfermo, a la mañana siguiente, podrá beber de este liquido; sin embargo, será preciso hacerle llevar nuevamente el sello. De esta forma, se podrá muy eficazmente barrer de los riñones las arenillas y el tártaro; también ahí el espíritu de vitriolo Romano es muy eficaz. Sigue ahora la forma de los caracteres y del sello. 
 

De las Partes Genitales 
La erección del pene es en cierta forma una simpatía llegada de un hálito espeso que dilata el cuerpo como en un espasmo. Varias causas impiden esta apetencia y este prurito. Las hay que son naturales: si alguien perdiera su virilidad a consecuencia de una causa natural, utilizaríamos el siguiente remedio. Sobre un pergamino recién preparado. escribe las palabras y los signos siguientes y átalo todo alrededor del pene:

Todos los días cambiarás esta membrana, durante nueve días, por la mañana antes de la salida del Sól. Enrollarás la citada membrana en el lugar que queda al descubierto cuando el prepucio está algo retraído. La dejarás así día y noche, la cambiaras antes de la aurora y quemarás la vieja o anterior que habrás substituido; la ceniza resultante de esta combustión te la beberás mezclada con un sorbo de vino caliente. Este remedio es, a la vez, poderoso y económico. Quien mucho teme a este mal para sí mismo puede llevar suspendidos del cuello esos signos y palabras grabados sobre una lámina de plata; en ese caso, el grabado debe ser hecho antes de la salida del Sol, Con oro podrás hacer también la preparación de la laminilla. y el grabado de los signos: Es un específico seguro. 
Encantamientos y trampantojos, frutos de la maldad y del arte de los hombres perversos, han abolido la virilidad. En ese caso, una herradura encontrada por estos caminos de Dios servirá para confeccionarte una horquilla de tres puntas, el día de Saturno , en la hora misma de Saturno según este modelo:

En las puntas de esta horquilla grabarás esas tres clases de carácteres y de palabras, en el día del Sol, por la mañana, antes de la salida de este astro; -yen la empuñadura, sus carácteres propios. Una vez hecho esto, clavarás o plantarás esta horquilla en un curso de agua, de tal forma que la empuñadura no asome por ninguna parte y que no se la pueda encontrar fácilmente. Obrando así, al cabo de nueve días estarás lÍberado del maleficio, y el que te ha hecho sufrir se verá atacado por otro mal que no le abandonará durante mucho tiempo. Evidentemente, es a través de la naturaleza que hay que oponerse a estos diabólicos artificios, así corno Jesucristo rechazó al Diablo en el Desierto por una cita de las Escrituras, etc.
Cómo asegurar una larga vida al caballo. 
Quizás algunos sospecharán que estoy valiéndome de hechizos, encantamientos u otras similares obras mágicas. Ya una vez, he afirmado positivamente que no había yojamás escrito nada que no pudiera ser explicado a través de la Naturaleza, a través de las virtudes celestes y sus influencias, y de las cuales nosotros mismos no hayamos hecho la experiencia. En este momento volvemos a decir lo mismo. Si haces para tu caballo un freno o sujeción de piel de león y en el mismo, en tiempo oportuno, escribes estas palabras y carácteres, verás entonces a tu caballo mucho más vivaz y más paciente, no tan solo más que los demás caballos sino que también/ más que el hombre mismo, y su fuerza no le va a faltar. Para tu uso habitual, podrás servirte de este animal fortificado por la potencia de este freno durante más de treinta o cuarenta años por encima de la edad media de los caballos. Procura que tu freno esté hecho de tal forma que pueda aplicarse a modo de bozal, a fin de qup permanezca siempre en su sitio. Este freno debe estar hecho de piel de león. El curtidor adobará esta piel en la hora de Júpiter. Una vez preparado el cuero por el curtidor, el guarnicionero cortará la brida también en la hora de Júpiter. Preparará el freno cuando él quiera. Cuando el freno sea fabricado, prenderás en el mismo unas láminas de estaño, en la hora de Mercurio preparadas como sigue:

Y coserás estas láminas en las partes capitales del treno. Las siguientes láminas deberán ser fabricadas en la hora de la Luna, de forma que se encuentren en la parte anterior de la frente y en la región de la nariz. 
 

Estas numerosas láminas deberan estar hechas de plata. Z.55.A. K.R.X.X.X.X.X. Los frenos que siguen deberán estar fabricados en oro, en la hora de Sagitario 
Coloca este freno en tu caballo a la hora Venus entonces como la naturaleza puede traer ayuda por intermedio de los signos, de los carácteres y de las palabras, siempre y cuando obres en tiempo oportuno.

Ungüento vulnerario. 
La afinidad o armonía de las cosas es causa de muchos acontecimientos. Hemos experimentado la verdad de este axioma con la Usnea encontrada dentro de un cráneo humano abandonado por algún tiempo bajo los cielos. Con la citada Usnea se compondrá el siguiente remedio: 
Usnea 
Mumia 
Grasa humana 
Aceite de linaza 
Aceite de rosas 
Sangre humana 
Bolo arménico

Machaca todo esto en un mortero hasta que tenga la consistencia de ungüento, y luego lo conservarás en una caja de madera. Si se te presenta una herida, embadurna un trozo de madera con la sangre de la llaga, planta esa madera sangrante en el ungüento, luego de que la sangre se haya secado sobre la madera. Todas las mañanas, envuelve la herida con un lienzo nuevo previamente mojado con la orina de la persona herida. Por grande que sea la herida, ésta será curada, sin emplasto, sin ningún dolor. De esta forma, podrás curar a mucha gente veinte millas alejadas de ti, siempre que puedas procurarte cierta cantidad de sangre del enfermo. Este mismo remedio se puede aplicar a otras enfermedades, tales como el dolor de muelas, etc. Cualquier clase de dolor será desterrado, si plantas y dejas la madera sangrante en esta pomada. Si un clavo demasiado profundamente hundido hiere a un caballo, pon en el ungüento la madera teñida con su sangre; el caballo no sufrirá ya más algún dolor. Todo esto, con toda seguridad, es milagro y don divino. 
Ungüento de las armas. 
Mediante ese mismo procedimiento, puedes también preparar un ungüento que, sin dolor, curará toda clase de heridas, siempre que embadurnes con este ungüento las armas que habrán herido a alguien. El ungüento es el mismo que el anteriormente indicado más arriba; en él añadirás j.de miel y grasa de toro. Como no siempre se tienen a mano las armas causantes de la herida, la cura con la madera es también excelente. 
Contra la gota de los pies. 
Primo 
Mumia 
Olibano, 
Aguardiente 
Miel 
Vitriolo 
Masilia, Mirra en ca rn ada 
Amoniaco, Opopónaco, Bedelio 
T artaro 
3/4. 
Con todas esas cosas destiladas, compón un aceite. Enseguida: 
• Mandíbula inferior de un caballo; reducir a polvo muy fino y extraer del mismo el aceite. De este aceite de caballo ij. Aceite superior iiij. Mezclar, guardar a un lado y destilar. Además, fabrica los carácteres que siguen: 
Orofino Plata 
Limaduras de hierro. Plomo 
Licúa juntos esos metales en la hora de la Luna Nueva. Procura que el fuego sea lo bastante activo para que las limaduras de hierro puedan, en su fusión, mezciarse debidamente con los demás metales: efectivamente esas funden lentamente. Consecuentemente, las mezclarás con una perla -como se dice de Bórax, a fin de hacerlas fluir más rapidamente Una vez todo el conjunto en fusión, vierte el metal líquido encima de una losa bastante ancha, para que la lámina resulte menos espesa. Esta no se deja batir fácilmente, ya que las limaduras de hierro la vuelven poco maleable. Luego, a la hora exacta en la que Saturno entra en conjunción con Marte, graba y termina las palabras, signos o carácteres. Hay que hacer dos piezas en las cuales solamente será grabado uno de los lados de cada una de ellas, tal como indica el dibujo siguiente: 
 

Cuando habrás marcado y acabado las dos piezas citadas, durante la hora de la conjunción de Saturno y de Marte, ponlas aparte, separadas una de la otra, a fin de que no tengan ningún contacto entre ellas. Luego, haz un sello muy delgado de oro puro y fi- no. Los carácteres, signos y nombres que van a ir grabados en este sello tienen que serlo durante la conjunción de Venus celeste con Saturno y Marte. Si acercas los sellos entre sí, ve con mucho cuidado. Cuando Venus esté en conjunción con Saturno aplica la pieza marcada 2 sobre la cara o pieza del sello superior marcado 4. Cuando esté Venus en conjunción con Marte, aplica el lado de la pieza marcada más abajo 2 sobre la marcada 5. Con la Luna en el grado 6 de Cáncer, coloca las tres citadas medallas ordenadamente y unas contra las otras, de tal manera que la pieza de oro permanezca en medio. Luego, agujerea las tres piezas por el centro y cuélgalas reunidas al cuello del paciente, conglutinadas, si ello puede decirse, por un alambre de hierro que las atravesará. Extiende sobre los miembros del enfermo aceite del ya citado más arriba. Seguidamente, verás operaciones de la naturaleza muy notables, a observar incluso en los sexagenarios. Sigue a continuación la forma de la pieza de oro. 
  
 

Ungüento simpático contra la gota. 
Si has extraído sangre o colocado ventosas a quienquiera afectado por esta enfermedad, guarda la sangre, sin sabérlo él; que ignore el destino que se le da. Destila esta sangre a fuego lento o en baño de maría, unas tres veces. 
El agua ya citada 
Añadir: Grasa humana 
Aceite rosado . 
Jabón veneciano finamente licuado 
Grasa de oso 
Jugo de la siempreviva mayor 
Médula de toro 
Pon en mezcolanza todas esas substancias en un caldero de cobre; somételas a cocción lenta hasta que la mezcla haya adquirido la consistencia de una papilla; agita sin cesar con una espátula de madera. Cuando el conjunto habrá adquirido la consistencia de ungüento, la cocción será suficiente. Luego, una vez por semana y la Luna en ascendente, escarifica la planta de los pies del enfermo, en el lugar afectado por la gota, y en un aposento caliente extiende tu ungüento sobre las escarificaciones. Al término de siete semanas, la gota habrá desaparecido. La fuerza de esta pomada está en razón directa de su vejez. Conservará durante diez años su eficacia, mientras se guarde en lugar fresco. 
Contra la parálisis o contracción. 
El remedio para esta enfermedad es el aceite de azufre, algo nada menospreciable, Lo prepararás corno sigue: 
Azufre muy finamente pulverizado 
Pon en 
una vasija de barro encima de a cual colocarás un alambique de cristal, y sublima. Dentro de una cuba húmeda, a fines de disolución, todo el azufre que subirá y permanecerá en alambique. De ello resultará que. al término de algún tiempo, se convertirá en aceite, y luego prepararás la siguiente composición: 
Aceite de azufre 
Jabón de Hungría 
Aguardiente 
Aceite de oliva 
Aceite rosado

Opera la cocción de todas esas substancias al igual que para el precedente ungüento de la gota. Vigila para que no se inflame: en efeelo, torna fuego muy rápidamente; en baño seco, extiende esta pomada por encima de los miembros, durante treinta días seguidos. Esto conviene particularmente a los miembros inertes. 
Sello contra la parálisis. 
Oro, del peso de la moneda de oro Húngara. Precisa que sea puro, limpio de toda escoria y pasado tres veces por el antimonio. Añade algo de bórax, y funde, cuando la Luna esté en 1 9 ó 20 grado de Capricornio. Una vez licuada esta mezcla, echa a la misma hora 30 granos de limaduras de cobre y vierte. Consérvalo aparte hasta que la Luna esté en el mismo grado de Escorpión; tunde y echa 30 granos de limaduras de hierro. Vierte todavía y ponlo de lado hasta que la Luna entre en Leo. Luego, larnina y caba grabando todos los signos que deben entrar en su confección. Lleva esto a cabo en la hora de Júpiter. A la hora de Júpiter, graba tos sigilos sobre ambos lados de la medalla, tal como sigue. Llevarás sobre ti cste sello arrollado o cosido dentro de lino; pero procura que no esté en contacto con objeto alguno. Es preciso suspenderlo el día de Júpiter, a la hora de Júpiter. Siguen a continuación las formas de los sellos. 
 

Para los menstruos de las mujeres. 
Es una grave incomodidad la que ataca al sexo de las mujeres, y sobre lodo a cierta edad. En ciertas épocas, carecen de menstruaciones o abundan en éstas. Hay dos maneras de curarlas: ante todo, forzar el cese del flujo inmoderado de las menstruaciones y la reanudación de su curso normal; luego, impulsar y provocar los menstruos ausentes. Mas es preciso no actuar contra la naturaleza: 
esto conllevad a consecuencias mortales. 
Primeramente, para hacer llegar los meses retardados, fabrica cuidadosamente en la hora de Venus, un sello de cobre puro y sin aleación; pronto demostraremos la razón del porqué. Si en una hora no puedes terminarlo, déj alo, espera el retorno de esta hora y termina entonces la obra empezada. He aquí la forma del sello.

Este sello debe ser hecho de una sola pieza. La mujer lo llevará suspendido de un hilo que traspasará ambas orejas, de forma que la medalla quede fijada en la espalda contra el hueso sacro, al final de la espina dorsal. Los caracteres deben estar de cara contra el cuerpo. Hay que hacerlo a la hora de la Luna, cuando está en su declive o ya desaparecida. Si los meses corren más inmoderadamente de lo que la naturaleza pueda comportar, graba en la hora del Sol estos caracteres sobre plata pura: 
 

La mujer llevará esta pieza no tocando la piel, sino enrrollada en seda y pegada al ombligo, de tal forma que el lado marcado 10 mire al cuerpo. Si el flujo tarda todavía, lo llevará durante treinta días y lo retirará enseguida. Si lo llevase constantemente, el flujo sería continuo y, en ese caso, sería peor el remedio que la enfermedad. 
 

Contra la lepra. 
Los actuales remedios son un débil socorro para quienes son leprosos de nacimiento, pero nosotros tenernos otros que son eficaces. La lepra —es una verdad reconocida- puede ser atenuada, pero nunca curada radicalmente en la sangre, jor una poción en la cual se habrá echado oro. He aquí la causa: Toda persona sana lleva en sí un bálsamo particular. El leproso no lo tiene, por lo tanto no está sano; ningún miembro helado tiene bálsamo en el mismo. El leproso ni tan siquiera nota la fuerza del oro descendiendo hacia el ventrículo, Si éste, por consecuencia, distribuye oro a los miembros, una espécie de humor (facilitado por el oro o esparcido fuera de sí mismo) resulta parecido al citado bálsamo. He ahí porqué la acción y la marcha de la lepra son detenidas hasta el agotamiento de la fuerza del oro. Los médicos no pueden distinguir la lepra si el enfermo, tres dias antes de la consulta o visita, ha tomado oro. Aquí no hablamos de los leprosos absolutos, sino de aquéllos cuyo ataque está mal definido. En ese caso, hay un remedio bastante eficaz en el empleo simultáneo de remedios y del sello. Se hace el sello un tanto grande, de oro puro y fino, manufacturado en la hora de Saturno. Los carácteres serán grabados en la hora del Sol, estando la Luna y el Sol en Leo, cosa que ocurre durante el mes de julio. 
 

Suspenderás este sello en el cuello del leproso, en la hora de Venus y la Luna en ascendiente. Se le puede también poner en remojo en cualquier bebida y administrársela, y luego suspenderlo de nuevo. Todos los años hay que rehacer el sello en el mes de julio. Su Fuerza desaparece al término de un año, lo que permite a la lepra trabajar a su gusto en el interior del cuerpo humano que ya una vez ha atacado y del cual se ha apoderado. 
Contra el vértigo. 
Quienes son acometidos por el vértigo ven al cielo y a la tierra dar vueltas a su alrededor. Otros “en revolotear ante sus ojos moscas, nieblas y humaredas. Quienes padecen tales síntomas están predispuestos a la Epilepsia o a la Apoplejía. El vértigo viene a ser una perversión del cerebro el cual, a través de un denso vapor del estómago volviendo a descender a éste, a través del nervio óptico, desde la cabeza al estómago y, desde éste, remontando hacia aquélla, obscurece el espíritu tanto de la vista como el de los demás sentidos. Contra esta afección, prepara un sello de la siguiente manera: 
En la hora de Marte, en el día de Júpiter y la Luna en Aries (no hay aspecto de Marte más favorable que éste, ya que en este momento ningún otro planeta está en mal aspecto con Marte), a esta hora pues: 
Oro 
Hierro 
Plata 
Funde juntos esos tres metales, puros y escogidos. Después de la fusión, bátelos con el martillo hasta reducirlos a delgada lámina: añadirás una pequeña anilla. Graba sobre este sello los siguientes signos y suspéndelos a la hora del Plenilunio, precisamente durante la mutación. 
 

Además de llevar este sello sobre si mismo, podrás incluso adjuntar este remedio. 
Orégano. 
Unicornio 
Almizcle 
Espíritu de vitriolo

Haz tomar ese medicamento con una cuchara de plata, hacia las tres de la mañana, durante trece dias, de tal fotma que el enfermo tenga siempre una hora para descansar. 
Contra el Espasmo. 
Haz una mixtura de Oro. Plata, Cobre e Hierro la cual, con el martillo, extenderás en largo y ancho. Luego, cnnfecciona un sello en la hora de Saturno y una vez puesto el Sol. Con los citados metales, haz también un anillo, graba en éste los siguientes signos y colócalo inmediatamente después en el dedc auricular izquierdo. 
Todo esto hay que llevarlo en el tiempo, hora y día ya indicados. Los signos son los siguientes: 
 

Contra las Palpitaciones del Corazón. 
El corazón del hombre algunas veces late fuertemente. Llamamos a esto palpitación del corazón. Esta enfermedad es frecuente entre los grandes y entre los príncipes: dificilmente acomete a la gente llana, a la gente del pueblo. Ello prueba hasta a la evidencia que, por su admirable providencia, Dios ha dado a cada clase sus males y sus sufrimientos particulares y no ha tenido consideración para nadie ahorrándole molestias. Esta enfermedad dista mucho de ser leve. Cuando acomete a las raíces de la vida, no solamente tortura al enfermo con frecuentes síncopes, sino que al fin lo mata completamente. Tiene su asiento en el filete que envuelve el corazón . Para poner remedio a esta dolencia, estudiarás el tiempo y prepararás un sello en la forma que sigue. Primo . Día de la Luna, hora de la Luna, Plata . Echa en un crisol ae barro y deja hasta el momento de la hora del Sol, o sea a las cuatro horas en el orden de las horas móviles. En este momento, pon la plata al fuego y licúa. En ese me tal fundido echa de oro bueno y fino, apremia todo el conjunto y no viertas todavía. Deja que los metales se enfríen hasta la hora de Venus. Luégo, licúa de nuevo y echa de Cobre puro. Una vez hecho esto, vierte, bate el lingote muy delgado y prepárale para recibir los signos. Aguarda un buen aspecto de la Luna y Venus. Bajo este aspecto, después de los dos primeros signos, graba la palabra pannositam y nada más. Grábalas según la forma prescrita. A continuación, en el momento del Novilunio, graba debajo los tres signos inferiores siguientes, de tal manera que los dos superiores los sobrepujen. Una vez transcurrido el Novilunio, guarda aparte hasta el próximo Plenilunio. Por fin, y de nuevo en Luna Nueva, encima de todos los signos, graba en el mismo lado las palabras que encontrarás en la figura que sigue: 
 

Todo esto realizado, aguarda el paso del Sol por Leo; durante la primera entrada del Sol, graba en el otro lado esos carácteres y signos. Es indispensable que todas estas operaciones sean emprendidas y terminadas en la hora ya citada. Suspenderás este sello preparado y acabado en el pecho desnudo del enfermo, a la hora y en el punto de cambio de la Luna Llena. Contra la palpitación del corazón, existe un arcano muy poderoso, así como nuestro oro potable, y la quintaesencia de perlas preparada según nuestra fórmula. 
Preparación de Aceite de Coral y de Succino 
Coral 
Sal común 
Triturar todo junto y reducirlo a polvo muv fino. Meter enseguida en un alambique y recubrir con la pasta siguiente: 
Barro corriente o arcilla. 
Hueso de cabeza de cuadrúpedo. 
Limaduras de hierro, 
vidrio, 
sal común, 
albayalde, todo el conjunto baldeado juntamente.

A continuación, coloca el vidrio impregnado de arcilla en una “capella” (como se dice) llena de arena, somete a fuego lento. Luego sostiene éste gradualmente hasta que los espíritus y las radiaciones suban en el recipiente. Atiza el fuego a fin de evaporar toda el agua. Este aceite de coral es un remedio admirable para las palpitaciones de corazón, a condición de ser empleado sin coadyudante. 
Para la fractura de los huesos. 
Sea cual sea la forma en que los huesos sean rotos, contusionados o machacados, embadúrnalos, una vez reajuntados y unidos de nuevo, con el siguiente ungüento. De esta forma, todos los fragmentos serán de nuevo consolidados. 
Miel 
Antimonio, Aceite de Vitriolo . 
Grasa de tejón 
Sebo de ciervo 
Cera 
Jabón 
Tereben tina 
Grasa de oso

Este ungüento cura admirablemente si, en un sitio caliente, es una mano cálida la que lo extiende, a fin de hacerlo penetrar. 
Libro Segundo 
LIBRO II 
 

DE LOS SELLOS, DE LOS DOCE SIGNOS DEL ZODIACO 
Y DE LOS SECRETOS QUE ENCIERRAN

ARIES

El movimiento del cielo se lleva a cabo circularmente a tenor de los doce signos que forman alrededor del cielo una cintura similar a un círculo rodeando un cuerpo; esta cintura, esta especie de vía, es denominada Zodíaco. El primer signo es Aries; once más le siguen en el orden siguiente, hélos ahí: 
Aries,  Leo,  Sagitario, 
Tauro,  Virgo,  Capricornio, 
Géminis,  Libra,  Acuario, 
Cáncer,  Escorpión,  Piscis.

El sello de Aries se confecciona con las siguientes materias, a saber: 
Hierro  Oro

Plata  Cobre 
  
  
  
  
 

Estos cuatro metales deben ser fundidos juntamente, al entrar el Sol en Aries -eso ocurre el diez de marzo- en el punto de entrada del Sol; es preciso operar la fusión con fuego potente y fuerte. Es necesario que los metales sean reducidos a limaduras, ya que de otra manera su licuefacción no se operaría de forma óptima. Una vez todas las materias fundidas y preparadas, el día de Marte, la Luna en el signo de Aries (cosa que solamente ocurre una vez) alrededor del grado 9 ó 10 de Aries, hay que grabar y acabar este sello a la misma hora, y finalmente suspenderlo cuando Marte, en el noveno día del domicilio celeste, se encuentra en el octavo cielo. Mas arriba están indicados los sellos y carácteres. 
Este sello es un remedio seguro contra todo derrame descen diendo de la cabeza hacia la nuca y las espaldas. Su efecto es el de purgar al cerebro y desecarlo enteramente de su flema. Se obtienen resultados llevándolo día y noche en contacto con la cabeza, con el signo de Aries vuelto hacia la parte baja del cerebro.

TAURO

Este sello se fabrica con, los metales a continuación indicádos: 
Venus Júpiter 
Marte Sol 
Estos metales deben ser reunidos y licuados todos juntos, al entrar el Sol en Tauro, todos los años alrededor del 8 de abril. Es preciso haberlo directamente a la entrada del Sol en este signo. En el mismo momento, hay que haber empezado, grabado y completamente acabado este sello. De otra forma, éste permanecería sin eficacia alguna. La hora de suspender este sello es cuando la Luna está en el grado 10 de Tauro. Es necesario fabricar matrices o moldes de hierro semejantes a aquéllos de los que se sirve para forjar las monedas. En estas matrices serán grabados los signos adecuados: ello es debido a que, enseguida después de la fundición del sello, de alguna manera en el mismo momento, se le puedan imprimir los carácteres más abajo prescritos. Así de esta forma, la obra avanza más rápidamente. Puede hacerse igualmente para los demás sellos.. Efectivamente, a veces las horas corren demasiado rápidamente para poder preparar los sellos. De donde resulta un grave inconveniente: hay que tener en cuenta que el momento preciso es de gran eficacia en esos menesteres. La figura: 
  
 

Por su naturaleza y propiedad, este sello es un remedio eficaz para aquéllos que se han visto arrebatar su virilidad. Suspendido de forma que toque en el ombligo y que el signo de Tauro esté en contacto directo con el cuerpo, es una ayuda segura tanto para hombres como para mujeres. 
GEMINIS 
El sello de Géminis debe prepararse con ¡os siguientes metales: 
Oro y Plata, peso igual j; a través del sello, habrá que pasar una caña corta de las dimensiones de una pluma de escribir. He aquí cómo tiene ésta que pasar estando las figuras de la pieza en sentido vertical, se pasará la caña que se obturará del otro lado mediante masilla y que se llenará de mercurio vivo antes de obturar el orificio superior. Ante todo, hay que hacer esto, una vez la puesta en marcha de la confección de la pieza. El oro y la plata ya citados serán licuados conjuntamente, al entrar el Sol en el signo de Géminis, según el año, hacia el 10 u 11 de mayo, fecha que puede variar. Se prestará pues mucha atención a la condición (astrológica) del año, a fin de ejecutarlo de forma eficaz. Cuando la Luna atravesará el signo de Leo y de Piscis, grabarás los siguientes signos y carácteres: 
 

Lo suspenderás al entrar el Planeta Mercurio en la primera Casa del cielo; presentándose este mismo cielo claro, puro, límpido. Al llevarlo, el 4gno de Géminis estará vuelto del lado del cuerpo. El Mercurio deberá ser vertido dentro de la caña el día , a la hora del mismo Planeta, la Luna en menguante. 
CANCER 
Este sello se fabrica con buena Plata, escogida y refinada, del tamaño que quieras, a la hora de la entrada del Sol en el signo de Cáncer. Esto ocurre hacia el 10 ó 12 de junio. Sino acaece ningún mal aspecto entre la Luna y los demás planetas, grabarás este signo a la hora de la Luna. Hay que hacerlo en Luna creciente, y a la misma hora debe haber el comienzo y fin de la operación. De otra forma esto seria inútil. 
Suspenderás este signo en el día de la Luna, a la hora de la Luna decreciente. Hay que conservarlo y llevarlo correctamente. Para el peregrino es un fiel compañero, un remedio seguro para el hidrópico. Sirve para todas las afecciones del cuerpo causadas por el exceso de humores y de la flema.

LEO 
El sello de Leo se hace de oro puro y refinado durante sólo el mes de julio, cuando el Sol entra en su propia Casa, a saber la de Leo y hacia el 13 ó 14 de dicho mes: sin embárgo, conviene fundirlo durante el primer grado del citado signo y en la misma hora. 
Luego,estando el planeta Júpiter en su propia Casa, o sea en Piscis, esas figuras deben ser grabadas en un solo lado. Mas, en este caso, todos los signos del otro lado deben ser hechos cuando la Luna vaya declinando hacia la Casa de Júpiter , o sea la de Piscis. Conviene dtar muy atento para no volver de nuevo al fuego el sello después de la fusión. De otra forma las operaciones y el trabajo serían inútiles. 
  
  
 

El otro lado debe ser marcado de la forma prescrita en la figura. Se suspenderá este sello en el cuello, a la hora y en el día del Sol. Proporciona a quien lo lleva una fuerza admirable en todos los juicios, y le concilia el favor y la amistad, tanto de los hombres como de las mujeres. Es, además, un singular socorro contra las fiebres cuartanas. También se puede tomar bebida derramada encima del mismo; esta bebida actuará admirablemente contra la peste, sobre todo contra aquélla que mata por un proceso interno. Sirve también contra la inflamación de los ojos y para otros ardores del cuerpo que nuestros excesos y nuestras inconstancias acostumbran a provocar. En los casos de quemaduras, el sello debe ser impuesto contra la parte dolorosa, y su admirable ayuda expulsará el dolor; es así como nosotros hemos curado la quemadura de la esposa de Nicolás Scherer, nuestro compatriota, en Villach. Cierta cantidad de materias metálicas en ebullición habíanla quemado; no hemos utilizado ningún otro remedio, y hemos actuado de forma tal que el lugar afectado no ha sufrido inflamación ni supuración alguna. Añadamos también que ella ha llevado este sello hasta el fu ial de su convalescencia. 
VIRGO

El sello de Virgo se prepara con Cobre 3 j., Oro ., Plata 3 ij. y Estaño 3 B . Esos metales requieren que sean fundidos (lurante los días 12, 13 y 14 de agosto en la hora de la entrada del Sol en el signo de Virgo, y que scan batidos con el martillo en lámina delgada a la misma hora, enseguida después de la fusión. Si se da algún buen aspecto dc Mercurio con cualquier otro de los Planetas y que, además, sea su hora según el índice de las horas desiguales de los Planetas en el cielo, &abarás sobre el sello suso dicho estas figuras y estos nombres, de forma tal que esto esté acabado a la misma hora. 
  
 

Suspenderás este sello cuando el Planeta Mercurio esté en la primera Casa del cielo, en tiempo agradable, puro y claro a fin de que posea toda su fuerza (efectivamente, es preferible). Para suspenderlo, será preciso esperar la hora de Mercurio, dado que el movimiento del cielo lo coloca en su primera Casa. Si no es así, no hay otro momento favorable a la misma hora. Sería mucho más ventajoso el hacer coincidir su suspensión con la hora de Mercurio. 
LIBRA 
He aquí la fórmula de Libra, con figuras y sellos. Se funde y se derrama Cobre puro y escogido, a la hora en la que el Sol entra en Libra. Esta entrada del Sol en Libra tiene lugar en el mes de septiembre, los días 12, 13 y 14 acordes con el principio del año. Pero andad con cuidado: si aquel año Venus es dominante o la fuerza admirable de este sello desaparece pra aquéllos que lo llevan grabado y preparado (sobre todo si son nativos de Venus). Si Venus entra en el signo de Libra, estos caracteres, palabras y signos deben ser grabados y suspendidos a la hora de Venus hacia la novena o décima hora del mismo día (esas horas son dominadas por Venus). de la siguiente forma: 
 

Este sello es muy eficaz contra todos los encantamientos femeninos que arrebatan a los hombres su virilidad. Sirve incluso contra toda clase de enfermedades de las partes vergonzosas, etc... 
ESCORPION 
El sello de Escorpión se hace con hierro puro a la hora y en el día de la entrada del Sol en Escorpión; todos los años ocurre hacia los dia 12, 13 y 14 de octubre. Una de las caras será marcada enseguida. Luego, al entrar el Sol en Aries, graba la otra cara y suspéndelo cuando quieras. 
 

Este remedio posee gran fuerza contra toda enfermedad venenosa(20)Tiene virtudes admirables para todos aquéllos que lo llevan suspendido en el cuello, para soldados, capitanes, y para aquéllos que están expuestos a perpetuas guerras o querellas. En este aspecto, tiene un poder extraordinario. Como ya he dicho, este sello está hecho de hierro y fabricado siguiendo la fórmula más arriba expuesta, cuando Marte es el dominante del año y cuando entra en el primer grado de Escorpión. Luego, al entrar Marte en su propia Casa, la de Aries. graba como está indicado más arriba y suspéndelo en la hora de Marte. Si se coloca este sello en tina casa, ningún escorpión podrá vivir en la misma. También es un poderoso remedio contra la herida del escorpión. A los militares les confiere una gran fuerza en los combates. También es de gran utilidad para los leprosos que lo llevan, y más aún si beben oro en el cual el sello haya sido sumergido. He aquí lo que se graba en un lado:

Un anillo de oro puro debe ser fijado en la extremidad de la cola a fin de suspenderlo, de manera que la cabeza quede mirando para abajo. También, si se le fija en el bordé de la cama, resulta un excelente expediente contra las chinches. 
SAGITARIO 
La preparación del sello de sagitario se hace en el momento de la entrada del Sol en Sagitario (anualmente hacia el 12 ó 13 de noviembre) y en el primer grado de dicho Sagitario. Márcalo en la hora de Júpiter y suspéndelo a la misma hora, estando la Luna cn creciente. Este sello lo he descubierto después de largos años y lo he experimentado siguiendo el arte. 
 

A menudo me he servido de este sello para crear la confusión entre mis enemigos: ante su poder, quedaron pasmados y estupefactos al igual que los onagros; ni tan siquiera se atrevían a abrir la boca. Su anillo debe ser de plata, pero el sello debe ser enteramente de estaño, sin mezcla alguna ni aleación. Este sello quiere ser conservado y llevado en estado de pureza: ya que si es llevado durante el tiempo del comercio... pierde su fuerza y su eficacia. 
CAPRICORNIO 
Este signo nos pone en relación con Saturno, y su sello se hace con Oro. El Plomo no confiere poder alguno de operación a los demás metales. El anillo debe ser fabricado en Cobre. Prepáralo a la hora de la entrada del Sol en Capricornio, cuando el Sol está a gran distancia de nosotros. Graba en el día de Saturno y a la hora del mismo planeta. Luego, si por fortuna Saturno ha llegado a ser influyente gracias a un buen aspecto con los demás astros, suspóndelo en la hora de la conjunción y estando la Luna en decreciente. Para la conjunción, importa muy poco el que sea la Luna o algún otro planeta cualquiera. Esta pieza puede considerarse, con todo derecho, favorable al pueblo. Cura tolalmenté -y ello es cierto- lo que se denomina un lupus en las piern:is. Los antiguos lo han ignorado siempre: estaban seguros dc que no había ningún remedio contra esta enfermedad, y sin cnibargo este sello era muy seguro y eficaz, con exclusión de cualquier otro remedio. 
 

ACUARIO 
Al entrar el Sol en Acuario en el mes de enero, confeccionarás este sello con la siguiente aleación: Oro Plata j. 
Saturno 3 ij. Marte 3 j. Procura que, durante el tiempo que ya te he indicado, sea éste fundido, grabado y cincelado. Al entrar el planeta Saturno en la Novena Casa del cielo, graba rápidamente las figuras y las palabras en el orden en el que aparecen. No lo suspenderás hasta que el Sol se haya escondido bajo el horizonte. Es preciso observar también la hora de Saturno. Este sello te servirá contra la parálisis, contra la podagra fría, para la tensión (le los nervios y de los tendones. También sirve para conservar la 
  
 

memoria y predispone a su favor cerca del resto de los hombres a todos aquéllos que lo llevan. Sirve de antídoto para todos los venenos. Este modelo es de gran utilidad contra las arañas. Si se pone el sello a su vera, éstas se alejan rápidamente y ya no vuelven más. 
PISCIS 
El sello de Piscis se fabrica en el mes de febrero, cuando el Sol entra en el signo de Piscis. Entra en su composición los metales siguientes: Oro 3 j. Plata ij. Estaño 3 iiij. Hierro 3 j. Cobre 3 j. A la misma hora indicada, debe estar todo fundido y preparado. Luego, cuando Júpiter esté favorable en la Octava Casa del cielo, se suspenderá este sello en el día y a la hora de Júpiter. Este objeto es de gran eficacia para reprimir y dominar la cólera, que ocasiona las Parálisis, la Apoplejía, el Cólico y otras enfermedades. El hecho de llevar este sello desvía todas esas cosas, tanto en el hombre como en la mujer. Atempera la gota, el espasmo y otros dolores de los pies. 
  
 

Este sello debe colocarse bastante abajo y adherirlo debajo del ombligo, contra el vientre.

Y así termina el libro de los doce signos y de sus secretos. 
Libro Tercero 
LIBRO III 
 

Asimismo, cuando veas en el cielo a Marte y a Saturno en conjunción, coge hierro con el cual modelarás y formarás un ratón, que procurarás terminarlo antes del final de dicha conjunción. En la hora de Júpiter, grabarás sobre su vientre las palabras ALBAMATATOX. Luego, con la Luna cayendo en Cáncer y hacia el noveno o décimo grado, graba en el lado izquierdo 
Finalmente, estando la Luna en menguante y cayendo en el grado 9 o 10 de Piscis, graba en el lado izquierdo  ; en el dorso, en la hora del Plenilunio y a su propio punto, marca rectamente a todo lo largo de la espina dorsal hasta la cola, con el signo de Venus el cual debe mirar hacia la cabeza. 
 . 
Luego, confecciona, con plomo puro, un collar para el cuello del ratón, y, estando la Luna en creciente, el día de Saturno, en la primera hora nocturna (que es la primera hora de Saturno), graba encima esos carácteres  Una vez esto realizado, pon al ratón el collar durante la conjunción de Saturno y Marte como precedentemente. Coloca el ratón más o menos en el centro de la casa: los ratones y los lirones se irán y evitarán los edificios. Si alguna rata foránea se introduce furtivamente, no permanecerá más de una hora en el interior de los edilicios. Si, mediante un hilo, atas un ratón viviente a este ratón metálico, no vivirá éste más de unos momentos, morirá súbitamente y se hinchará como si hubiese comido algo venenoso. 
De los Rebaños. 
Por otro lado, no es preciso solamente enseñar a curar, sino que también hay que enseñar a conservar y a adquirir. Hay que poner mucha atención y observar con cuidado el tiempo durante el cual las ovejas mueren masivamente, como por contagio. En este caso, fabricarás un cordero u oveja en latón, tal como vamos a enseñártelo. Fuera de los límites de tu hacienda o de tu tierra, coge tierra por tres veces y extrae arena de un curso de agua vecino a tu hacienda o en el cual tu rebaño vaya a beber. Cuando la Luna esté en menguante, adereza todos esos materiales, amasándolos. Con esta tierra, con este barro, modela uná figura parecida a una oveja. En la hora de la Luna menguante, graba a discreción y separadamente sobre la oveja: 
 

Coloca esta oveja en el establo, sazónala con sal, a fin deque las ovejas acudan a lamer la sal esparcida. Como consecuencia, éstas llegarán a ser refractarias al contagio y su mortalidad será mucho menor. Las que con anterioridad estuvieren entermas, lamiendo la sal, entrarán en convalescencia, en virtud de la poderosa naturaleza actuando sobre las cosas de este orden! Pueden prepararse remedios del mismo tipo para los bueyes, cerdos y demás animales, según las condiciones, tiempos y días para cada uno de ellos. Silos bueyes aquejan una enfermedad de la sangre (como se dice vulgarmente), esta enfermedad es tan funesta para ellos como para los caballos la enfermedad denominada en alemán Feissel. Contra esta enfermedad de la sangre. escribirás sobre un huevo recién puesto: 
 

Abre la boca del animal y, en su interior, rompe el huevo a fin de que el líquido permanezca en el gaznate cerrándolo con la lengua del animal. Con el tiempo se restablecerá. Precaverse, no obstante, de hacerle beber durante las doce horas que seguirán. 
Haz lo mismo para el caballo afectado por la misma enfermedad. Rómpele el huevo en su gaznate, con la salvedad, primeramente, que en lugar de la palabra AMBRAMO de la cruz superior, pongas en su lugar, substituyéndola, La palabra KUPFAMILON:

El caballo vomitará enseguida. Luego harás que tome forraje adicionado con sal y vinagre y lo harás beber doce horas más tarde. Después de haber comido, lleválo a pasear para facilitarle la transpiración, y luego que descanse. Esto son arcanos de la Naturaleza que es poderosa según la época y el día, y cuya acción está subordinada a la observación del tiempo (astrológico).

Contra las Moscas. 
Las moscas irritan muy a menudo a los hombres y, además, durante el verano, perjudican a los alimentos. Si te molestan, toma un alambre de hierro o una aguja de acero pum preparados bajo el Plenilunio. Sobre la empuñadura graba los signos siguientes: 
  
 

Luego, desde la empuñadura a la punta, practica tres incisiones oblongas, una de ellas en la Luna Nueva. Enseguida, cuando haya conjunción de b y C graba estas palabras a todo lo largo de la frámea, tal como sigue:

Planta esta frámea en cualquier pared, no importa en qué lugar. Alrededor de la misma y con tiza, traza un círculo de la anchura del disco u órbita. Todas las moscas volarán, acudirán y permanecerán en ella hasta que las extirpes. Si lo haces, se esparcirán por doquier y atormentarán a los hombres a su manera. 
Libro Cuarto 
LIBRO IV 
 

SOBRE LA TRANSMUTACION DE LOS METALES, Y 
SUS EPOCAS

Si quieres transformar el oro en plata o la plata en oro, o cualquier metal que tú quieras en otro, observarás cuidadosamente la siguiente tabla. Es un importante estudio mediante el cual podrás llegar más rápida y más facilmente al final de tu empresa: 
 

Ejemplo. 
Si quieres cambiar el oro en plata, empezarás a trabajar en la hora de la Luna, ocupando ésta el sexto grado de Cáncer, si comprendes bien la precedente tabla de transmutación de los metales. Ya que todos los asuntos terrenales, las dificultades, y las relaciones entre cosas se conducen muy cómoda y muy felizmente teniendo en cuenta el movimiento del Cielo y el de los Planetas. En efecto, habiendo Dios ordenádolo todo de esta manera, la universalidad de los hombres que somos todos nosotros está regida y dirigida, a través de la fuerza y operación del firmamento, tanto hacia las enfermedades como hacia la salud. Y en la medicación, es esta operación la que hay que observar. Muy a menudo, efectivamente, cosas simples y sencillí simas muestran su poder en razón del aspecto del cielo, etc. 
APEND1CE.- He aquí, como memoria, la significación de los metales: 
 

Libro Quinto 
LIBRO V

DE LA CONSTELACION DEL ESPEJO 
 

He aquí, ante todo, la forma de preparar este real instrumento: 
empezarlo indiferentemente todos lo meses durante todo el año, aunque atendiendo cuidadosamente al signo que está en ascendiente en el cielo; observar atentamente el inicio de cada signo, su grado por encima del horizonte y juntamente con los signos meridianos como se denomina el Medio del cielo. Además, conocer la parte del cielo donde se encuentra el Planeta en cuestión, a la hora y en el día del inicio o “incoación” de este misterio. Asimismo, si el planeta está por encima o por debajo de la tierra, y cuándo deberá subir a nuestro horizonte. Además, saber las conjunciones de los Planetas, o en cuál signo o grado se encuentran el Sol o la Luna. También es necesario el poner mucha atención en las fases y mutaciones de la Luna, así como en los Equinoccios, sin servirse, para este cómputo, de las reglas o tablas de Ptolomeo. Las tablas de Ptolomeo han sido confeccionadas el año 140 después de Jesucristo. En aquel momento, el equinoccio fué el 31 de marzo a las 2h. 4m. a partir del mediódía. Así es el porqué, hoy día en nuestro siglo, o sea el año 1537, existe un. intérvalo de alrededor 5 días 7 horas 36m. Ahora bien, en la maquinación de esta obra tan admirable, hay que tener en cuenta al verdadero Equinoccio; el lugar del Equinoccio debe ser tomado en la Eciptica del Octavo Cielo, al que yo llamo inicio de Aries a causa de la división o reparto. Efectivamentc, la primera parte en el equinoccio a partir de la Eclíptica contiene 24 minutos de declinación. Y tenemos este día del Equinoccio. 
Ahí el lugar del Sol está próximo a la división de la Eciptica y al sexto círculo del Equinoccio en el octavo cielo. Y este punto es cierto. Entonces, dondequiera que se coloque el Sol, ora en la ascensión, ora en medio del cielo, ora en su declive, allí estará el inicio de Aries y de los signos. Y, una vez el Sol colocado en ese lugar, se sabe claramente la hora del día después del cual el comienzo de Aries y de los Signos, dondequiera que se encuentren en el cielo, podrá conocerse a tenor del lado sensible y descubrirse según la ascendencia en Oriente, durante todo el año, según el movimiento y el lugar del Sol. También es necesario tomar algunos lugares de Planetas según la igualdad de la Eclíptica. Esta igualdad de descripción en el octavo cielo ha sido formulada por mí mismo, Teofrasto. Una vez expuestas todas esas cosas por su modo y por su ámbito, pasemos a la obra en sí misma. Los siete metales deben tomarse siguiendo el peso prescrito, de tal manera empero que cada uno de ellos sea purificado y depurado del modo que indicamos a continuación: 
Oro  partes o 1/2 onzas ..........……..................10

Plata  “ ………………………………. 10

Cobre  "  . . . . . . . . . . . . . . . . . …… 5

Estaño  " . . . . . . . …………………… 2

Plomo  “……………………………......  2

Hierro  "  . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  1

Mercurio  ,,  ………………………… .  5 
  
 

todos esos metales, una vez purificados, deberán ser guardados por separado en un papel. Hasta ahí hablamos y nos referimos a un espejo. Efectivamente, la cantidad de oro mencionada sirve para confeccionar un espejo cuyo tamaño aproximado es el que ofrecemos a continuación: 
 

Siempre debe haber tres de estos espejos. En uno de ellos se ven las imágenes de los hombres, tales como ladrones, enemigos y. demás: asímismo las formas y figuras de los rebaños, ejércitos, combates, sitios, etc.; además, todas esas cosas humanas llevadas a cabo o a punto de ejecutar. Día y noche, todo esto se refleja en el espejo. En el segundo, pueden verse todos los discursos, palabras, consejos, manifestados oralmente o escritos, dónde y cuándo han sido éstos registrados y elaborados, con todo cuanto se ha decretado y concluido en esos consejos, con sus causas, etc. Es indispensable, sin embargo, que esas cosas hayan sido realizadas y pasadas u ocurridas, ya que en esta materia no puede ser visto ni sabido nada perteneciente al futuro. En el tercer espejo cabrían todas las cosas escritas y consignadas en los libros, todo cuanto la imaginación humana ha dado a conocer a través de la escritura, por más secreto y escondido que estuviere. Resumiendo, el hombre que mira en esta clase de espejos, verá aparecer en los mismos todas las cosas que se hacen o se han hecho bajo el horizonte, tanto distantes como próximas, tanto de día como de noche, tanto a escondidas como en público. Estos espejos deben fabricarse especial, única y exclusivamente para quienes tienen que utilizarlos. Toda persona para quien no han sido construidos, no puede mirar en ellos. Téngase en cuenta que, si se quieren hacer espejos más grandes, habrá que tomar mas metal. Cuanto mayor es el espejo, más extendido será su campo de reflexión. Efectivamente, si se quieren conocer y contemplar las grandes asambleas que se hacen en tiempo de guerra, de conflictos o de combates, un espacio estrecho no permitiría, ni a las personas, ni a los caballos, ni a los rebaños ni a ótros espectáculos semejantes el reproducirse tan clara y distintamente como en un gran espejo donde todas esas cosas se ofrecen mucho más aumentadas. Y no obstante, tanto trabajo supone el confeccionar un pequeño espejo que uno mayor. La única diferencia estriba en que en un espejo pequeño hay menos metal y menos labor de pulimiento. 
Los metales, una vez formados, purificados y trabajados, deben enseguida, para esta obra, ser purgados convenientemente. Es de capital importancia que cada metal sea purificado en la hora de su planeta correspondiente. Por lo demás, para con este planeta. habrá que observar los aspectos buenos o malos de las otras constelaciones favorables o desfavorables. 
Oro. 
Si el oro ha sido fundido tres veces en el antimonio, y luego pasado y depurado por Saturno, la obra no tiene necesidad de ninguna otra purificación. Además, batirlo muy delgado, hacerlo macerar 24 horas en agua con sal, lavarlo con agua pura, secado muy cuidadosamente con un lienzo de lino puro y conservarlo aparte para servirse del mismo cuando la ocasión lo requiera. 
Plata. 
He aquí la manera de purificar la plata. Extenderla en lámina delgada, luego hacerla cocer en agua adicionada con tártaro y sal, durante un cuarto de hora. Retirar, lavar con agua pura, secár con un lienzo limpio y guardarla aparte para servirse de la misma en el momento oportuno. 
Cobre. 
Colocar el cobre dentro de agua de vitriolo (alcohol alcanforado). mezclado con vinagre, durante 6 u 8 horas. De esta forma, quedará purificado. Lavar concienzudamente, secar y conservar aparte. 
Hierro. 
Limar. Lavar c&dadosamente las limaduras, y secar con precaución sobre brasas. 
Plomo. 
Licuar el plomo en una cuchara de hierro. Echar en el mismo un pedazo de cera del tamaño de una haba, la cual quedará consumida. Luego, verter en agua pura. 
Estaño. 
Fundir estaño, echar en el mismo, sebo, cera o miel que se quemarán por encima de él; verter el estaño en agua pura, secar y guardar aparte. 
Plata viva (azogue). 
Pasar tres veces por el tamiz en una vasija de madera limpia. Todo lo que ha pasado es lo suficiente bueno y purificado para esta obra, yio que ha permanecido en el tamiz es, sin duda alguna, sin valor. Guarda ahora aparte todos los metales. Así estarán preparadas todas las cosas para empezar. 
Una vez todo listo, es preciso conocer cuidadosamente y exactamente la complexión de la persona, hombre o mujer, para quien este espejo ha sido confeccionado: o sea, por el tema natal, tal como lo hemos muy claramente mostrado más arriba; no como algunos lo hacen, levantando las coordenadas del tema según la hora oficial del parto, sino remontando por el cálculo (de la hora del parto al momento exacto de la concepción) a la hora y al punto mismo en el que Dios todopoderoso envió un alma viviente al feto en el seno de su madre, y en el primer instante a partir del cual ésta empezó a vivir. Estas horas se presagian y se adivinan a partir de los fundamentos que yo, Teofrasto, he dadó y establecido exacta y verdaderamente para todos los hombres, sean éstos jóvenes o viejos. Una vez determinado el tema natal del hombre, conocida su complexión, juntamente con los planetas y los signos, éstos son los elementos suficientes para llevar a término esta obra. Ahí no se trata de conocer su fortuna, su infortunio, su muerte, su vida, sus enfermedades, etc.; no, ahí se trata solamente de saber la revolución del año durante el cual la persona ha nacido. 
Sigue ahora la tabla en donde aparece el prinéipio del espejo, pero no importa para quien ni para cualquiera que sea su planeta.

Si el hombre en cuestión es Saturnino, la primera operación debe hacerse cuando el planeta Saturno está en su propia Casa, es decir, en Acuario; o bien toma ante todo plomo refinado y purgado en el mismo punto y momento en el que la Luna aparece en el primer limite del grado 12 de Acuario cuando, por razón del tiempo, no es la Casa de Saturno de tal manera sin embargo que esté por lo menos en la doceava Casa celeste, Casa del infortunio, de la enemistad, de la envidia, en suma de todos los males, y que ci Sol esté en el grado quinto de Acuario, y la Luna, por el contrario, en el medio o en el grado 12; pon al fuego en un crisol de barro; conviene que todas esas cosas hayan sido aportadas y preparadas con anterioridad. Una vez licuado el plomo, y en el primer grado de la licuefacción, sepáralo del fuego y rápidamente cubre la vasija de barro y guárdalo aparte. Déjalo el tiempo necesario hasta que el Planeta haya conseguido llegar al onceavo domicilio del cielo u 11 grados de Sagitario y la Luna 19 grados de Sagitario : el Sol en el grado 3 de su recorrido en este mismo signo de Sagitario. Toma entonces el estaño previamente purgado y purificado, a fin de tenerlo fácilmente a mano. El plomo fundido ya mencionado será de nuevo licuado en su crisol; pon nuevamente en el fuego, de forma tal que corra fluido; echarás en él el estaño para que sean juntamente licuados. Si has agitado estos dos metales con un agitador de madera para que corran bien, retirarás y cubrirás como antes, y dejarás en reposo hasta Marte en la forma ya mencionada. Se hace lo mismo con los otros metales siguiendo la tenor de la tabla, hasta que todos los metales estén fundidos y en cohesión. 
Pero si la dominante del tema natal es Venus, empieza por el cobre y observa el proceso siguiente: Venus, Mercurio, Sol, Luna y tal como más arriba hemos hecho con respecto a Saturno, la numeración se hace por Júpiter y Marte y hasta Venus, y que contándolos todos, estén repetidos siempre por el dominante de la complexión y de la natividad. Solamente Mercurio, cuando es dominante del tema natal, es siempre el último, porque su metal no permanece en el fuego, sino que se expande por doquier en forma de vapor. Entonces, y a pesar de que sea su tiempo, será siempre el último. 
Los siete metales, como ya lo hemos dicho, habiendo sido todos reunidos, procura tener a tu alcance dos tablas de hierro pulimentadas; ante todo, con un alambre, formarás un molde o matriz que tenga la anchura del espejo, de manera que, metido entre las dos tablas de hierro, el espejo infundido en este molde adquiera su longitud exacta y determinada. Que el orificio (o entrada) superior sea extrecho, parecido al de una botella, a fin de que los metales puedan ser vertidos a su través, tal como lo muestra la figura más abajo indicada. Antes de verter el metal fundido, calentarás las tablas de hierro, y las untarás con sebo a fin y efecto de que los metales no permanezcan adheridos y de que el espejo en cuestión salga bien pulimentado y netamente claro. 
Forma de la botella de fusión, en la cual se ha formado el espejo

Una vez todas esas cosas llevadas a término, hay que prestu mucha atención al tiempo astrológico. Que el dominante de la natividad esté de la parte de acá de la tierra, es decir, en las. 1,2, 3, 4, 5 0 6 Casa del cielo, que la Luna esté en la Casa 10 del dominante de la natividad y que, además, no haya algún otro aspecto desfavorable tales como  y  o  ; entonces, vierte debidamente en nombre del Señor, los metales que han sido todos mezclados conjuntamente en la vasija de barro. El primer espejo es aquél en el cual se ven todas las cosas que tienen que reflejarse corporal y substancialmente, tales como hombres, imágenes, edificios, animales, etc. Procura que la fusión tenga lugar en el punto y en el momento en el que la Luna alcanza el décimo grado. Importa poco que esto ocurra durante el día o durante la noche. Luego, retira convenientemente el espejo de la horma y ponlo aparte. En una vasija de barro funde los granos, recortaduras y desperdicios restantes, no antes de la conjunción del Dominante de la Natividad y de la Luna. En la hora de esta conjunción, funde de nuevo los. metales en una sola masa. Una vez fundidos conjuntamente, déjalo en la vasija de barro y prepara el molde. Estando el Dominante de la Natividad en la décima Casa del cielo, es decir, en medio del cielo o en el cénit, funde el segundo espejo. En este momento la Luna debe colocarse o situarse en la segunda Casa o signo del Planeta dominante de la Natividad. Así como la Luna estaba anteriormente en el grado 10 de Capricornio, ahora ella debe estar en el grado 10 de Acuario. Si el dominante de la Natividad fuese Saturno, tendría dos domicilios, a saber Capricornio y Acuario. Si el Sol y la Luna presiden el tema natal, tienen por lo menos una Casa: Leo para eL Sol y Cáncer para la Luna. De esta manera, los tres espejos están dispuestos para ser fundidos, si la Luna transcurre por el grado 10 de Leo y el 10 de Cáncer. El espejo se confecciona de la forma ya indicada; con éste, se pueden conocer toda suerte de discursos, palabras, cantos ya pasados en el tiempo y, por añadidura, los días, tiempos y horas en los cuales esas cosas han tenido lugar. 
Finalmente refunde los metales en el momento de una conjunción directa en la que esté comprendido el Dominante de la natividad. Igualmente vale si es la Luna la que está en conjunción con cualquier otro planeta. El espejo conseguido se guarda aparte, y nuevamente recibe su forma como se ha dicho antes. Cuando el Planeta penetra en la 7, 8, 9, l0, 11 o 12a Casa, está ya por encima de la Tierra. Por lo demás, cuando la Luna esté de nuevo en el primer signo o Casa, el Planeta esté en el décimo grado, y ningún aspecto desfavorable se produzca, se opera la fundición del tercer espejo. En éste se pueden ver todas las cosas escritas, dibujadas pintadas, en las letras y en los libros, y mayormente todas las cosas escondidas que viven y que han sido hechas por los vivientes. Después de todas estas operaciones, si todavía queda metal, podrás emplearlo en todo cuanto quieras. Los espejos deben ser guardados en el orden de sus números 1, 2, 3. 
Cuando el Sol haya entrado en el signo o en la Casa del tema natal dominante, hay que alisar los espejos y pulimentarlos finamente de un lado con piedra de esmeril, de forma que no pueda descubrirse ni aspereza ni mancha alguna, ya que esto representaría un gran obstáculo para el éxito de la operación. Hecho esto, no ponerlos en absoluto los unos encima de los otros, sino que hay que separarlos y guardarlos cada uno de ellos aparte: la pulimentación debe ser emprendida a tenor del tiempo astrológico. Aunque los tres no hayan sido fundidos conjuntamente, ello no presenta ningún inconveniente, pero hay que apresurarse. Una vez los espejos limpios, habrá que prestar atención a la futura Nueva Luna posterior a la pulimentación. Entonces se los bruñirá. En el momentodel Novilunio, se pone un poco de polvo de esmeril encima de madera blanda y se frota muy suavemente el primer espejo; éste quedará claro y brillante. En el punto del Novilunio siguiente, será preciso pulimentar los espejos segundo y tercero, de los cuales hasta ahora se había aplazado su pulimentación, de forma tal que en modo alguno estén éstos juntos o reunidos, sino que, al contrario, sean guardados por separado. Si, además, el Dominante de la Natividad se encuentra en la cuarta Casa, es decir, en la Casa de todos los secretos y cosas escondidas, si el Sol y la Luna habitan durante y hasta ese tiempo en las Casas del Dominante de la Natividad, y que se produzca una conjunción de dos planetas importantes, entonces estos tres espejos deben ser colocados juntos dentro de agua clara de fuente, pura y fluida, de tal manera que se encuentren finalmente de nuevo bajo el agua. Se los dejará alli cerca de dos horas hasta el final de la conjunción; luego se retiran y se guardan enrollados en un lienzo de lino puro. 
Así pues este Instrumento real puede ser hecho en trece meses, si la operación se empieza en el tiempo requerido y se observen exactamente las épocas (astrológicas). Se puede hacer todos los años. No obstante, los hay más favorables que otros, sobre todo cuando el Dominante de la Natividad gobierna el año o es Dominante de la Parte de la Fortuna. 
Libro Sexto 
LIBRO VI

DE LA ALEACION DE LOS METALES 
 

Nadie puede negar que las aleaciones de metales no operen cosas admirables en las esferas sobrenaturales: lo cual puede ser demostrado mediante numerosas pruebas, tal como será dicho más claramente a continuación. Haz una composición conveniente de los siete metales en serie y en tiempo propicio, fúndelos en una sola masa, y lograrás así un tal metal en el que encontrarás todas las cualidades de los siete metales unidos íntimamente. Todas estas cualidades las verás solamente en un único metal denominado por nosotros Electrum. No solamente posee en sí mismo las fuerzas naturales de los siete metales, sino que, además, recibe otras fuerzas sobrenaturales. Efectivamente, los metales puros y simples no tienen en ellos más virtudes que las que Dios y la Naturaleza les ha atribuido, las cuales, en verdad, existen todas en tanto que son naturales. Así, pues, se sabe, por ejemplo, que el oro, el más noble, el más admirable, el más excelente de los metales, cura la Lepra con todos sus síntomas; que el cobre y el mercurio fortalecen y cicatrizan toda clase de llagas y heridas exteriores. Asimismo todos esos metales tienen fuerzas particulares de las cuales no hablaremos aquí; mas, no obstante, aportamos pruebas de las virtudes de los metales. 
Y, sin embargo, esta indisoluble e inalterada Esencia metálica no posee ninguna fuerza o utilidad en medicina, a no ser nociva. Es completamente indispensable que, para mostrar, sus virtudes médicas, pierdan los metales primeramente su estado metálico y estén ellos mismos cambiados y mostrando otra apariencia, en una constitución misteriosa tal como bálsamos, aceites, quintaesencias, tinturas y demás parecidos, y que sean por fin administrados al paciente. Al margen de esta preparación, sus cualidades naturales no son de socorro alguno para operaciones sobrenaturales, al contrario de lo que ocurre con nuestro Electrum, compuesto y conjuntado según el curso del cielo, como, a continuación, lo divulgamos en la práctica 
Ello es el porqué no alabamos porque sí, inmerecidamente, a nuestro Electrum. Su virtud es grande y muy grande. 
Pienso que es completamente necesario el describir las fuerzas y facultades de nuestro Electrum; habiendo omitido el tratado sobre los metales, nos proponemos comentar esto solamente. Por nada del mundo estos metales pueden compararse al Electrum, cosa que resplandece más claramente que la misma luz del pleno mediodía. Si, con este Electrum, se fabrica una copa o un plato, nadie podrá beber ni comer del mismo veneno alguno, ni ingerir cosas nocivas por intoxicacjón o por encantamiento, siguiendo las prescripciones requeridas. 
Nuestro Electrum posee, en efecto, una simpatía o afinidad extraordinaria para con el hombre; los siete Planetas y los Astros superiores colaboran ahí de tal manera que, mediante un entente o consentimiento singular, que, cuando uno transpira, el otro ya está contaminado, apenas el hombre ha tocado o asido con la mano el recipiente fabricado con el Electrum. Es por eso que los antiguos atribulan muchas cualidades a nuestro Electrum; confeccionaron una ingente cantidad de recipientes para comer y beber; en nuestro siglo, algunos de ellos han sido desprendidos y extraídos del seno de la tierra, en donde se los había escondido. Con este mismo Electrum se fabricaron en otros tiempos algunos ornamentos y clínodostales como anillos, brazaletes, medallas, sellos, imágenes, figuras, campanas, espejos, monedas, etc.; algunos han sido chapados con oro y plata, a fin de no traicionar el secreto. Pero esta costumbre ha desparecido hoy en día, y la misma cosa ha caldo en desuso y en el olvido. 
A fin de no dejar por más tiempo en la sombra ese misterio de la Naturaleza y las poderosas grandezas de Dios, sino para darlas a conocer por el público y destacarlas a plena luz, hoy en día no he podido impedir a mi ciencia vulgarizadora el que describa y publique estas cosas que las tinieblas de los sofistas habían ya por tanto tiempo mantenido en secreto y en la obscuridad. No parece muy oportuno el revelar ahora la universalidad de las fuerzas y virtudes de nuestroElectrum; puesto que si lo hiciera, el sofista calumniarla nuestro trabajo, el ignorante lo atacaría, el pobre de espíritu lo ridiculizaría, el pérfido y el impío lo deshonrarían. Frente a todos ellos, el silencio parece la defensa más segura. 
No obstante, me es imposible el no mostrar algunas fuerzas y admirables virtudes de nuestro Electrum. En su momento y en nombre de la verdad, podemos poner a la luz del día y testimoniar esas fuerzas y esas virtudes que nuestros ojos han visto producirse. Anillos fabricados con esta materia y puestos en el dedo impiden a quien los lleva -eso lo hemos visto- el sufrir convulsiones espasmódicas, acometidas de la parálisis, y toda suerte de dolores, así como soportar ataques de apoplejía y crisis de epilepsia. Si se pone un anillo de esta materia en el dedo anular de un epiléptico, incluso en el momento culminante de la más violenta crisis, será calmado inmediatamente y en estado de levantarse. Hemos visto y descubierto el hecho de que, si alguna enfermedad secreta está a punto de pillar a quienquiera que lleve este anillo en el dedo anular, el anillo transpirará, se manchará y se deformará, por razón misma de su gran simpatía: lo hemos diáfanamente demostrado en el Libro de las Simpatías. 
Igualmente hay que saber que nuestro Electrum ahuyenta a los malos espíritus; tiene incluidas dentro de sí la facultad de las operaciones celestes y la influencia de los siete Planetas. Y he aquí porqué los antiguos magos de Persia ylos caldeos han demostrado y puesto a la luz toda su fuerza. Si os contara en detalle todas sus maravillas, os escribirla una crónica prodigiosa; la omito solamente para evitar escándalos mayores, puesto que, a lo mejor, sería proclamado, por el sofista, muy grande y muy alto mago y hechicero. 
Sin embargo, no puedo pasar por alto un milagro muy grande que vi realizar en España por cierto nigromante. Éste tenía una campana que no pesaría más allá de dos libras. Cada vez que la hacía sonar, podía evocar y atraer espectros y visiones de espíritus numerosos y variados. Cuando le placía, inscribía en la superficie interna de dicha campana algunas palabras y caracteres; luego la ponía al voleo y en repique, y hacia que apareciese un espíritu de la forma y apariencia deseadas. Mediante el sonido de esta misma campana, podía atraer o rechazar otras numerosas visiones de espíritus, en particular, las de los hombres y las de los rebaños; con mis propios ojos, le he visto como producía muchos de esos fenómenos. Con todo, cada vez que hacía algo nuevo, cambiaba las palabras y los caracteres. No quería revelarme el secreto que conllevaban dichas palabras y dichos caracteres; aunque yo examinaba y sondaba la cuestión por mí mismo, y, finalmente, la descubrí de forma fortuita. Estos medios y estos procedimientos voy a disimularlos cuidadosamente ahora. Tened en cuenta que había mucha más virtud en la misma campana que en las palabras y caracteres. Seguramente que esta campana habría sido enteramente fabricada con Electrum. 
Así debió ser también fabricada la campana de Virgilio, el sonido de la cual aterrorizaba a los adúlteros de ambos sexos que llegaban a la corte del rey Arturo; hasta tal punto que eran presos de un gran desvanecimiento; completamente trastornados y como fulminados por el rayo, caían desde el puente hacia el riachuelo que corría debajo de ellos. No es esto una fábula, sino algo verdadero y digno de la Crónica. No menospreciéis, pues, el creer como posibles semejantes cosas. Supuesto que, efectivamente, el hombre visible (el hombre material) puede llamar a otro hombre y, por la entonación de su voz, forzarlo a hacer lo que le habrá ordenado mediante una simple palabra, incluso un vacuo sonido desprovisto de palabra- fuera de toda intervención por la fuerza y fuera de toda violencia; el poder la misma cosa es mucho más fácil al hombre invisible (el hombre espiritual) quien puede dominar conjuntamente lo visible y lo invisible no solamente por la palabra, sino también por el pensamiento de la palabra. Es cosa siempre muy razonable que lo que está abajo obedezca a lo que está arriba y que, además, le sea sometido. El hombre invisible, no será otra cosa más ni menos que el Astro mismo refugiado invisiblemente en él alma y en los pensamientos del hombre, quien aparece y sale a través de su imaginación. Si el astro del hombre puede ya existir y por el Espíritu Olímpico ser llevado a actuar sobre el prójimo, podrá entonces asimismo existir en los metales y producir su impresión para exaltarlos más fuertemente que su propia naturaleza, y ello por la fuerza y la operatividad de los astros; lo hemos enseñado en los demás libros de la Árchidoxia Mágica. Ejemplo: 
Con el Oro y el Mercurio, haced una amalgama, una composición, una aleación de ambos metales en el momento de la conjunción del Sol con Mercurio, sobre todo si en esta conjunción el Sol domina a Mercurio. Enseguida se les podrá fijar o coagular conjuntamente, de forma que devuelvan su tintura en forma de Mercurio vivo. Que en una conjunción como ésta se pueda más ampliamente aumentarla con el Mercurio vivo: ello es un importante y gran secreto de la Naturaleza. 
Asimismo, y fuera de toda conjunción, se pueden hacer composiciones y aleaciones entre el oro y la plata y el mercurio vulgar de la siguiente manera: Mantener el oro por encima del Mercurio vulgar el cual, bajo las apariencias del humo, subirá enteramente hacia el oro ylo volverá blanco, frágil y fusible como la cera. A la Plata se la puede tratar de la misma manera. Acostumbramos denominarla Magnesia de los Filósofos: para encontrarla, muchos filósofos, entre los cuales caben destacar Tomás de Aquino y Rupescissa y sus alumnos, han trabajado con sumo cuidado, aunque en vano. Este secreto es muy notable y singular el Mercurio vivo se alea en el fuego con los metales difícilmente fusibles, tales como la plata, el cobre, el hierro, acero, de manera que fundan conjuntamente y corran más fácilmente. Así es como se preparan muchas Tinturas y Elixires para la trasmutación de los metales: lo hemos mostrado de forma más desarrollada en el libro sobre la Transmutación de los Metales. 
Los filósofos nos han dicho mucho acerca de esta cuestión; aunque sus ojos han visto muy raramente, si no jamás, producirse estos hechos; es preciso mantener eso como un muy alto y muy noble arcano de la Naturaleza, que es preciso esconder muy cuidadosamente y no ponerlo temerariamente en mano de mis adversarios, quienes son indignos de poseerlo. ¿Para qué le servirían a una oca una gema o una perla? Esta no las conoce, no puede disfrutarlas, y preferirá un nabo cualquiera Así ocurre con el espíritu de los sofistas. Por la misma razón, son indignos de conocer estos arcanos. No hay que echar perlas a los cerdos ni objetos sagrados a los perros. Dios ha prohibido muy en serio que esto se hiciéra. 
Volvamos a la puesta en obra de nuestro Electrum, del cual más arriba hemos empezado a hablar: es necesario componerlo y trabajarlo según el movimiento del cielo y la conjunción de los siete Planetas. He aquí su proceso: 
Aguarda a la conjunción de Saturno y de Mercurio, en el principio de la cual todos los instrumentos deberán estar preparados -tales como el fuego, el crisol, el plomo puro y reducido finamente a granos y en láminas- a fin de evitar toda traba e impedimento. Al principio de la conjunción, hacer que corra el plomo en pequeña cantidad; esto para que el Mercurio esparcido por encima del Plomo no se evapore ni se escape. Durante el primer punto de la conjunción, retira del fuego el crisol con el plomo licuado, y echa el Mercurio; déjalos enfriar conjuntamente; luego aguarda la conjunción de Júpiter y de Saturno o de Mercurio; y, una vez todo aportado y preparado como se indica más arriba, vierte por separado en una vasija particular los dos metales, el puro estaño inglés y el plomo unido al Mercurio; los retirarás, los coagularás en el frío y los dejarás hasta que se hayan enfriado conjuntamente. De esta forma, habrás reunido en una sola masa los tres metales más fusibles y que conviene unir primeramente. Espera ahora que se produzca otra conjunción entre cualquiera de los otros Planetas, Sol, Luna, Venus o Marte y otro de los planetas Mercurio, Saturno o Júpiter. Entonces reúnelos de nuevo corno más arriba hemos dicho, viórtelos por separado, mézclalos en el momento de la conjunción y dójalos aparte. Harás lo mismo con todos los demás metales hasta que hayas fundido y unido en uno solo los siete metales siguiendo la requerida conjunción de los Planetas. Así habrás preparado el Electrum. Habiendo comprendido esto, cerramos este libro. 
Libro Séptimo 
LIBRO VII

DE LOS SELLOS DE LOS PLANETAS 
 

Los sellos de los Planetas, y ello es cierto, poseen gran fuerza y virtud, cuando son preparados y llevados en tiempos convenientes según el curso del Cielo. Nadie puede negar el gran poder de los astros superiores y de las influencias celestes sobre las cosas perecederas y mortales. En efecto, si los astros superiores y los Planetas pueden, a su voluntad, moderar, dirigir y forzar al hombre animal hecho sin embargo a imagen de Dios y dotado de vida y de razón, cuánto más podrán regir aquéllos a mínimas cosas tales como metales, piedras, imágenes, etc.; según su propiedad, los astros superiores y los Planetas se imprimen en estas cosas o las ocupan con todas sus fuerzas, de la misma manera que si estuviesen en ellas con toda su sustancia como están en el firmamento. Pues bien, al hombre le es posible reunirlos y fijarlos en un medio cualquiera a fin de que operen con eficacia, sea este medio el metal, la piedra, la imagen o cualquier otro objeto similar. 
Mas, y ello es muy digno de ser conocido, los siete Planetas no poseen mayores fuerzas de las que tienen en sus propios metales, a saber el Sol en el oro, la Luna en la plata, Venus en el cobre, Júpiter en el estaño, Mercurio en el hidrargirio, Marte en el hierro, Saturno en el plomo. Reuniremos ahora sus sellos y enseñaremos la fabricación del que conviene a cada Planeta, en su propio metal.

Sello de Saturno. 
Este sello debe ser hecho de plomo de Villach puro y refinado, y encerrar dentro de su circunferencia el cuadrado dibujado (por la figura). Este cuadrado será dividido en tres filetes y la suma (quince) estará inscrita sobre cada filete en una serie de tres números. En el otro lado del sello, habrá que grabar en relieve la imagen del Planeta: a saber, un hombre ya anciano, barbudo, con una guadaña en la actitud del sepulturero. Una estrella domina por encima de su cabeza, y más por encima viene escrito su nombre: 
Saturno. Para forjar este sello, te preocuparás por fabricar unos hierros grabados dobles, a fin de imprimir el sello por medio de la forja, tal como se hace para con las monedas, y en activar de esta forma la obra lo más rápidamente posible. Luego aguarda el día de Saturno y en el que la Luna entre en el primer grado de Tauro o de Capricornio, y el Planeta Saturno permaneciendo en buen curso y en aspecto favorable o bienhechor. Entonces funde el sello y aderézalo por la forja con los dos punzones. Guarda cuidadosamente este sello dentro de un paño limpio de seda negra.

Ante todo, este sello sirve para Las mujeres encinta. Llevándolo encima, no tendrán dificultad alguna en sus partos. Luego, todo lo que tocará a este sello, multiplicará y crecerá. Si un caballero lo lleva en su canillera o polaina izquierda, nadie podrá herir a su caballo. Pero, si por el contrario, se fabrica este sello, estando Saturno retrogradarte con respecto al día y a la hora de Saturno, se opondrá al éxito de toda buena empresa, y si se le coloca encima de alguien, esta perdona perderá sus fuerzas y perecerá. Asimismo, si en tiempo de guerra, se le mete en un lugar donde habiten soldados, éstos no tendrán ningún azar dichoso, sino que rápidamente levantarán el campo y se batirán en retirada. 
Sello de Júpiter. 
Este sello ha de ser fabricado con puro estaño inglés. En su círculo, por un lado, se establecerá un cuadrado dividido cada lado en cuatro cuadritos, y cualquier línea resultante debe formar el número 34 su adición. En el otro lado del sello será dibujada una imagen, la de un hombre, sacerdote y letrado, leyendo en un libro mantenido en la mano, y sobre la cabeza del cual se encuentran la estrella y el nombre de Júpiter. Para el sello, prepara dos punzones como los más arriba indicados. Entonces, en el día de Júpiter, la Luna entrando en el primer grado de Libra y el Planeta Júpiter en aspecto favorable, abre los punzones y foija el sello que guardarás dentro de seda azul. 
Este sello asegura a quien lo lleva la gracia, el amor y el favor de todo el mundo. Multiplicará y aumentará los días de aquél a quien se le imponga, y su portador será feliz en todos sus negocios y apartará de sí las preocupaciones y los temores.

Sello de Marte. 
Este sello requiere ser forjado con excelente y muy duro hierro de Carintia, en forma circular, y guardado para un tiempo oportuno; en unos de los lados debe haber un cuadrado multiplicado por el número 5, de manera que cualquier línea o columna forme la suma 65. En el otro lado, hay que grabar la imagen del Planeta, a saber un soldado armado, blandiendo a su izquierda un escudo y a su derecha una espada. Por encima de su cabeza, la estrellíy el nombre de Marte. Para este sello, hay que fabricar especialmente dos punzones muy duros; una vez éstos preparados, espera el día de la Luna, cuando ésta entre en el primer grado o punto de Aries o de Sagitario, estando este Planeta en buen movimiento, lugar y aspecto favorable. Entonces, antes de que este aspecto cambie, enrojece al fuego el hierro a forjar, para que éste quede mejor marcado; una vez marcado y enfriado, guárdalo dentro de seda encamada.

Este sello confiere a quien lo lleva gran fuerza y victoria en todos sus combates y luchas, y le hace triunfar, sin herida alguna, en todos sus encuentros. Si el susodicho sello se le esconde en algún castillo fortificado o en una ciudadela, todos los enemigos serán confundidos al querer sitiarla, tan grande es el poder conferido a este sello por su Planeta. Si se preparc este sello estando Marte retrogradante, bajo su aspecto férvido, maligno y desgraciado, entonces ocurre lo contrario. Por doquier donde se coloque, genéranse puras guerras, disensiones, odios, celos, en fin, toda suerte de calamidades y desdichas.

Sello del Sol. 
Se fabrica este sello con oro de Arabia o de Hungría, escogido y muy bueno. En un lado disponer un cuadrado cuya cuadratura será multiplicada por el número 6, de tal forma que en cada línea, tanto de través como en cruz, se cuente 111. Sabed que los números secretos y escondidos en cualquiera de estos signos son los números de todas las demás estrellas de estos planetas y a ellos atribuídas por Dios, tal como lo hemos manifestado en el Libro de las Estrellas. Al Planeta se le denomina precursor, o Estrella primera. Conviene, pues, que éste tenga bajo el mismo a las estrellas que dirige, etc. 
En el otro lado del sello, hay que esculpir la imagen del Planeta, a saber un rey coronado, sentado en trono real, reluciente de la real majestad, asiendo con su mano derecha el cetro, el Sol y el nombre del Sol por encima de su cabeza, y mostrando a sus pies la figura de un León. Estas dos imágenes son indispensables para este signo. Luego, presta atención a cuando entre la Luna en el primer grado de Leo, en el día del Sol. Si, en este momento, el Planeta está en buen movimiento, imprime la imaúen sobre el sello. Guárdalo, finalmente, dentro de fino tejido de lino amarillo. 
Es preciso saber que la forja de los sellos no está solamente instituida en forma tal que ningún impedimento llegue por razón del tiempo astrológico, sino que también para que todas esas cosas se hagan de repente y en un momento. Esta impresión es concomitante de la de las virtudes celestes. Tales como las impresiones celestes y las influencias astrales que se hacen sobrenaturalmente, muy rápido y en un momento, con tanta rapidez como la fecha lanzada por el arco, o la bala por la máquina de guerra, así es esta impresión, que quiere ser hecha lo más rápidamente posible.

El llevar este sello asegura el favor y la gracia de los grandes, reyes, príncipes, etc., y eleva al hombre, con rapidez, hasta un punto tal que, exaltado sin interrupción, tanto en bienes como en honores, llega a ser objeto de admiración general. 
Sello de Venus. 
Este sello se fabrica con cobre. Ppr un lado se marca con una figura cuadrangular conteniendo en cualquiera de sus lineas el número 152,. y multiplicado por el número 7. En el otro lado debe haber la figura del Planeta, es decir, una mujer teniendo ante ella a un niño sosteniendo un arco y un dardo inflamado. En la mano izquierda la mujer lleva un salterio o algún que otro instrumento músico; por encima de su cabeza, la estrella y el nombre de Venus. Para este sello, fabricarás dos puniones; luego, en el día de Venus, la Luha permaneciendo en el primer grado de Tauro y de.Virgo, y el Planeta en buen aspecto, forja el sello y consérvalo en un paño de lino verde.

Quien lleva este sello, está adornado por una gracia admirable e insigne; se atrae el amor, tanto de los hombres como de las mujeres. El sello mismo rechaza toda clase de odios y envidias. Si a tu enemigo irritado le haces beber un brebaje en el que se habrá mojado este sello, se convertirá en el amigo más seguro, no mostrará mala intención alguna, sino que te hará todo el bien de que será capaz. Este sello concede también buenas disposiciones para la música y asegura el éxito en ese arte. 
Sello de Mercurio.

Este sello debe ser fundido con Mercurio coagulado. Ningún metal puede ser forjado si éste no es maleable. Así el Mercurio no coagulado por nuestro procedimiento no puede ser martilleado. Es necesario un molde bipartido; en una de las partes, se ve el número; en la otra, la imagen, tal como lo hemos dicho a propósito de la forja de los demás metales. Por un lado, este sello es cuadrangular; este cuadrado está multiplicado por el número 8 y cada línea forma la suma 260. El otro lado muestra la imagen del mismo Planeta, que es un ángel alado en el dorso y en los pies, y que lleva en la mano derecha un bastón barrado con dos serpientes enroscadas; por encima de su cabeza, serán grabados la estrella y el nombre de Mercurio. 
Fijarás o coagularás el mercurio con plomo. Ningún otro metal tiene más afinidad con el mercurio que el plomo.. La fijación se lleva a término de la siguiente manera: Toma: plomo refinado ij. Fundirlo en un crisol de tierra refractaria. Retirar del fuego y dejar enfriar un poco. Cuando estará próximo a la condensación, verter mercurio vivo ij. Aguardar el día de Mercurio, cuando el Planeta esté en buen aspecto, y la Ltina entrando en el primer grado de Géminis y de Escorpión. Deja al Mercurio vivo correr poco a poco, viértelo en el molde, el cual sacudirás para que se deslice más sutilmente. Dejar enfriar cuidadosamente. Procurar que nada se adhiera al Mercurio vivo, pero que corra hacia fuera de forma fluida y rápida. Si en la fundición, por cualquier azar, el sello no se despega lo bastante netamente, podrás recortarlo a tu gusto y fantasía. Lo conservarás en lienzo de lino de color púrpura. 
 

Este sello confiere a quien lo lleva gran facilidad e inteligencia en el estudio de la Filosofia y la universalidad de las demás artes naturales. Si alguien fraga algún brebaje en el que se habrá mojado este sello, conservará una memoria prodigiosa y quedará curado de la fiebre. Colocado debajo de la cabeza de un durmiente, permitirá el ver y el constatar todo cuanto este durmiente pida a Dios de ver o conocer.

Sello de la Luna. 
Se fabrica este sello con plata pura. La cuadratura se multiplica por 9, de tal forma que cualquier línea nos dé el número 369. En el otro lado del sello, se verá la imagen del Planeta, la cual es una mujer vestida con ropa suelta y flotante, sosteniendo en la mano derecha la mitad de una Luna y de pie encima de otra mitad de una Luna. Sobre su cabeza, una estrella y su nombre: Luna. Para este sello se necesitan igualmente dos punzones. Finalmente, estando la Luna en buen aspecto, habrá que esperar a que, durante el día de la Luna, ésta esté entrando en el punto de Capricornio o de Virgo. Entonces marca el sello y consérvalo en un paño de lino blanco. 
 

Este sello preserva de muchas enfermedades a quien lo lleva. Sirve para viajeros y agricultores, protegiéndolos de los ladrones y bergantes. Los objetos encima de los cuales éste será colocado, conservarán su integridad y tendrán larga duración. 
 

Fin 



 
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publicado por masallaesoteric a las 20:47 · 3 Comentarios ·  Recomendar
 
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Muy bueno lo de Paracelso,un poco dificil de aplicar,leeremos poco a poco para digerirlo.

Un abrazo

Francesc
publicado por Francesc, el 07.07.2011 14:13
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publicado por Nikiforov, el 21.12.2011 00:07
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